BUSQUEMOS PERLAS ESCONDIDAS: 20-26-Octubre-2025, ECLESIASTÉS 9, 10, Respuestas.

Busquemos perlas escondidas (10 mins.)
Ec 10:12-14. ¿Qué advertencia nos dan estos versículos sobre el chisme? (it “Chisme, calumnia” párrs. 4, 8).
Mientras que el chisme puede parecer más o menos inofensivo —aunque puede convertirse en calumnia o conducir a ella—, la calumnia siempre es perjudicial y causa daño y contienda. Este tipo de acusación, por supuesto, es difamatoria.
Sea que el calumniador lo haga con un motivo malicioso o no, se coloca en una mala posición ante Dios, pues “todo el que siembra la discordia entre hermanos” practica una de las cosas que Dios odia.
La palabra griega para “calumniador” o “acusador” es di·á·bo·los. Este término también se usa en la Biblia como título de Satanás, “el Diablo”, el gran calumniador de Dios, lo cual indica quién fue el originador de la calumnia.
Es una advertencia sobre controlar nuestras palabras. Sea intencionadamente o no, podríamos caer en el chisme, y esto nos podría llevar a la calumnia, a causar problemas a otros y eventualmente, a nosotros mismos.
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Estos versículos, al describir cómo las palabras tontas en la boca del necio terminan en una calamidad que lleva a la ruina, nos advierten que hablar sin sabiduría daña tanto al que habla como a quienes lo escuchan. Así que el chisme, aunque parezca algo pequeño, puede escalar rápidamente y convertirse en calumnia, destruyendo buenas relaciones y reputaciones, tanto propias como ajenas.
Este pasaje nos recuerda la importancia de cuidar nuestras palabras; de allí que Proverbios 10:19 nos inste a ser prudentes en nuestro hablar. Las palabras imprudentes reflejan falta de sabiduría y nos alejan de los principios divinos. Además, el chisme va en contra del amor cristiano, que busca edificar y proteger a los demás.
Estos versículos nos motivan a reflexionar sobre cómo usamos nuestras palabras, ya que, como siervos de Jehová, debemos esforzarnos por hablar de manera que refleje su sabiduría y amor. Es por tal razón que debemos evitar el chisme y cultivar un lenguaje edificante, que honre a nuestro Padre celestial y contribuya a la paz en la congregación.
Eclesiastés 10:12-14 nos enseña que el chisme puede empezar con palabras tontas, pero terminar causando mucho daño. Si hablo sin pensar o repito cosas que no sé si son verdad, puedo arruinar amistades y dañar mi propia reputación. Por eso, prefiero pensar antes de hablar y mantenerme alejado de los chismes.
Cuando escuchamos a otros hablar mal de alguien, tratamos de no participar ni seguir la conversación. A veces es tentador opinar, pero recordar este texto nos ayuda a mantener la calma y a no involucrarnos en cosas que después pueden traer problemas. Es mejor usar nuestras palabras para animar, no para dañar.
En la congregación, si evitamos el chisme, ayudamos a mantener la paz y la confianza entre los hermanos. Todos cometemos errores, pero hablar de ellos a espaldas de alguien no soluciona nada. Es más sabio orar por la persona o hablar directamente con ella si es necesario. Así demostramos madurez y amor cristiano.
Estos versículos de Eclesiastés nos advierten sobre los peligros del chisme y la calumnia, destacando que las palabras imprudentes pueden llevar a consecuencias desastrosas. El chisme puede parecer inofensivo al principio, pero puede convertirse en calumnia y causar daño y contienda.
La calumnia siempre es perjudicial y coloca a quien la practica en una mala posición ante Dios. La conexión entre el término di·á·bo·los —calumniador— y Satanás, el gran calumniador de Dios, subraya la gravedad de este tipo de comportamiento y la importancia de cuidar nuestras palabras.
Es interesante notar cómo la Biblia destaca la importancia de controlar nuestra lengua y ser conscientes de las palabras que pronunciamos, ya que pueden tener un impacto duradero en nuestras relaciones y en nuestra relación con Dios. La sabiduría bíblica nos anima a reflexionar sobre el poder de nuestras palabras y a esforzarnos por hablar con amabilidad, verdad y amor.
¿Qué perlas espirituales ha encontrado en la lectura bíblica de esta semana?
Eclesiastés 9:1. Aunque la calamidad ataca a los sabios y a los justos, esto sucede únicamente por permiso de Dios, y Él nunca los abandonará. Por la mano, o poder aplicado, de Dios, los justos pueden ser librados de una prueba o recibir fortaleza para aguantarla. Recordar esto puede consolar al siervo de Jehová cuando se encuentra en dificultades.
Eclesiastés 9:4. El empleo debe ser parte de su vida, no su vida entera. Por lo tanto, cuide su salud, descanse lo suficiente. De nada sirve convertirse en esclavo del empleo y sacrificar la salud, la familia y las amistades por conseguir triunfos que, en realidad, son imaginarios.
Eclesiastés 9:7. La persona que realmente tiene una vida significativa y plena se ocupa en las obras en las que Jehová se deleita. Esto requiere que lo tomemos en consideración constantemente. Esta actitud es muy diferente de la que tiene la mayoría de la gente, que se plantea la vida en términos estrictamente humanos.
Eclesiastés 9:17. La vida es preciosa, y Dios quiere que disfrutemos de ella. Puesto que no tenemos dominio sobre el resultado de la vida, es mejor escuchar la sabiduría divina, aunque la mayoría de la gente no la aprecie. En vista de las incertidumbres de la vida, debemos vigilar el corazón, ejercer cautela en todo lo que hacemos y obrar con sabiduría práctica.
Eclesiastés 10:1. Hay que tener cuidado con nuestra forma de actuar y hablar. Basta con un único desliz —como una reacción furiosa, un exceso con el alcohol o una acción contraria a la castidad— para echar a perder el respeto y el buen nombre del que gozábamos.
Eclesiastés 10:2. Puesto que no tenemos dominio sobre el resultado de la vida, es mejor escuchar la sabiduría divina, aunque la mayoría de la gente no la aprecie. En vista de las incertidumbres de la vida, debemos vigilar el corazón, ejercer cautela en todo lo que hacemos y obrar con sabiduría práctica.
Eclesiastés 10:8. Puesto que cualquiera de nosotros puede morir súbitamente, debemos usar la vida en el servicio de Jehová, por si la muerte pone fin a todo cuanto hacemos. También es necesario que seamos hábiles en nuestro servicio, porque la ineptitud —aun en asuntos sencillos, como cavar un hoyo o cortar madera— puede causarnos daño a nosotros y perjudicar a otros.
Eclesiastés 10:9. Es necesario que seamos hábiles en nuestro servicio, porque la ineptitud —aun en asuntos sencillos, como cavar un hoyo o cortar madera— puede causarnos daño a nosotros y perjudicar a otros. De ahí la importancia de hacer las cosas con diligencia y esmero.
Eclesiastés 9:1. Nos recuerda que la vida del justo y del sabio está en manos de Jehová. Esta verdad nos da paz cuando enfrentamos incertidumbre. Saber que Jehová tiene el control nos ayuda a confiar en Él, incluso cuando no entendemos lo que ocurre a nuestro alrededor. Esta lección sirve para fortalecer la fe en momentos de prueba.
Eclesiastés 9:2,3. Muestra que todos, sin importar su conducta, enfrentan la muerte. Esta realidad nos enseña que no debemos vivir con arrogancia ni con desprecio por los demás en el ministerio. Esta lección nos motiva a predicar con urgencia, sabiendo que todos necesitan esperanza antes de que llegue su fin.
Eclesiastés 9:4. Este versículo dice que “más vale un perro vivo que un león muerto”. Esta expresión nos enseña que, mientras hay vida, hay oportunidad. En la congregación, esta lección nos impulsa a valorar a cada hermano, incluso si está débil espiritualmente, porque mientras esté vivo, puede fortalecerse y servir a Jehová.
Eclesiastés 9:5, 6. Nos enseña que los muertos no tienen conciencia ni participación en lo que ocurre. Esta verdad nos protege de ideas falsas sobre la muerte y nos da consuelo. En la vida diaria, nos ayuda a enfocarnos en lo que podemos hacer ahora, sin temor a los muertos ni a las tradiciones que los veneran.
Eclesiastés 9:7. Nos anima a disfrutar con alegría lo que Jehová nos permite hacer. Esta lección sirve para mantener una actitud agradecida y positiva, incluso en tareas sencillas. En la vida diaria, nos ayuda a no vivir amargados ni quejándonos, sino a valorar cada bendición.
Eclesiastés 9:8. Este versículo habla de llevar ropa blanca y aceite en la cabeza; esto transmite la idea de vivir con dignidad y alegría. En la congregación, esta lección nos recuerda que debemos mantener una buena imagen espiritual: limpia y agradable, que refleje que estamos en paz con Jehová.
Eclesiastés 9:9. Nos anima a disfrutar la vida con la esposa amada. Esta es una lección para la vida diaria que nos enseña a valorar el matrimonio como un regalo de Jehová. Nos impulsa a cultivar el amor y la alegría en el hogar, sin dejar que las preocupaciones nos roben ese gozo.
Eclesiastés 9:10. Nos exhorta a hacer todo con todas nuestras fuerzas. Esta lección es vital para el ministerio; nos recuerda que debemos predicar con entusiasmo, sin dejar las cosas para después, porque en la tumba no podremos servir. Nos motiva a dar lo mejor ahora.
Eclesiastés 9:11, 12. Estos versículos nos enseñan que el éxito no siempre depende de la habilidad y que los sucesos imprevistos llegan a todos. Esta lección sirve para la vida diaria: nos ayuda a no confiar en nuestras capacidades ni en la suerte, sino en Jehová, y a estar preparados para lo inesperado.
Eclesiastés 9:13-15. Nos muestran que la sabiduría puede salvar, aunque no siempre se reconozca. En la congregación, esta lección nos enseña a valorar los consejos sabios, aunque vengan de personas humildes. Nos recuerda que el verdadero valor no está en la apariencia, sino en la sabiduría que viene de Jehová.
Eclesiastés 9:16. Nos dice que la sabiduría es mejor que la fuerza, aunque a veces se desprecie. Esta lección es útil para el ministerio: nos anima a usar la sabiduría de Jehová, no métodos humanos, para tocar corazones. Por lo tanto, nos recuerda que lo que vale es lo que edifica, no lo que impresiona.
Eclesiastés 9:17. Destaca el valor de las palabras calmadas del sabio. En la congregación, esta lección nos enseña a hablar con serenidad, sin gritar ni imponer. Nos ayuda a cultivar un ambiente de paz y respeto donde la sabiduría pueda florecer.
Eclesiastés 9:18. Concluye que la sabiduría es mejor que las armas, pero que un solo pecador puede destruir mucho bien. Esta lección sirve para la vida diaria y la congregación: nos alerta sobre el daño que puede causar una mala actitud o una acción imprudente. Nos invita a proteger la unidad y la paz con conducta sabia.
Eclesiastés 10:1. Nos enseña que un poco de tontedad puede arruinar la sabiduría. Esta lección es para la vida diaria; nos recuerda que debemos cuidar nuestra reputación y no permitir que pequeños errores opaquen años de buen ejemplo.
Eclesiastés 10:2. Nos muestra que el sabio toma el camino correcto. Esta lección sirve para el ministerio; nos anima a seguir la guía de Jehová, aunque el mundo tome otro rumbo. Nos da seguridad al andar por el camino estrecho.
Eclesiastés 10:3. Revela que el insensato se delata por su conducta. En la congregación, esta lección nos ayuda a discernir con quién debemos tener cuidado y nos motiva a cultivar sensatez para no ser motivo de tropiezo.
Eclesiastés 10.4. Nos enseñan que la calma puede aquietar grandes pecados. Esta lección es muy útil en la vida diaria y en la congregación; nos recuerda que no debemos reaccionar con ira, sino con serenidad, para evitar conflictos y restaurar la paz.
Eclesiastés 10:5-7. Estos versículos muestran injusticias en la asignación de puestos. Esta lección sirve para la congregación; nos enseña a no desanimarnos si no se nos reconoce y a confiar en que Jehová valora la competencia y la humildad, aunque el mundo no lo haga.
Eclesiastés 10:8, 9. Nos advierte sobre los riesgos del trabajo. Esta lección es útil para la vida diaria; nos llama a ser prudentes, a no actuar sin pensar y a tomar precauciones en todo lo que hacemos.
Eclesiastés 10:10. Nos enseña que la sabiduría hace que las cosas salgan bien. Esta lección sirve para el ministerio y la vida diaria; nos motiva a prepararnos y a afilar nuestras herramientas espirituales para que el esfuerzo sea más efectivo.
Eclesiastés 10.11. Muestra que, si la serpiente muerde antes de ser encantada, el arte del encantador no sirve. Esta lección nos recuerda que el momento oportuno es clave. En el ministerio, nos enseña a actuar con prontitud antes de que sea tarde.
Eclesiastés 10:12-14. Contrastan las palabras del sabio y del insensato. Esta lección sirve para la vida diaria; nos llama a cuidar lo que decimos, porque nuestras palabras pueden edificar o destruir. Nos enseña a hablar con propósito y sabiduría.
Eclesiastés 10:15. Muestra que el insensato se agota sin lograr nada. Esta lección es para la vida diaria; nos enseña que, sin dirección ni entendimiento, el esfuerzo se desperdicia. Nos motiva a buscar guía en Jehová antes de actuar.
Eclesiastés 10:16, 17. Contrasta dos tipos de gobernantes. Esta lección sirve para la congregación; nos enseña a valorar el liderazgo maduro, que actúa con responsabilidad, y a evitar la inmadurez que busca placer en lugar de servir.
Eclesiastés 10:18. Nos advierte que la pereza causa deterioro. Esta lección es para la vida diaria; nos llama a ser diligentes, a no descuidar nuestras responsabilidades, porque lo que se descuida se arruina.
Eclesiastés 10:19. Nos recuerda que el dinero cubre necesidades, pero no debe ser el centro de la vida. Esta lección sirve para mantener el equilibrio y disfrutar lo que Jehová nos da, sin caer en la codicia.
Eclesiastés 10:20. Nos enseña a cuidar lo que decimos, incluso en privado. Esta lección es vital para la vida diaria; nos recuerda que nuestras palabras pueden llegar lejos y que debemos ser leales y respetuosos, aunque nadie nos escuche.
Eclesiastés 9:1. Este texto nos enseña que, en lugar de angustiarnos por el futuro, descansamos en la soberanía de Dios. Nuestra vida y nuestros talentos están bajo el cuidado amoroso de un Dios sabio. Tener esto presente puede aliviar nuestro estrés y ansiedad.
Eclesiastés 9:4. Nos enseña que, mientras hay vida, hay esperanza y oportunidad. Jehová Dios nos ha dado el hoy. No malgastemos este tiempo lamentando el pasado o temiendo el futuro. Nuestro hoy está lleno de potencial para crecer, mejorar y hacer las cosas mejor, y salir de nuestra zona de confort.
Eclesiastés 9:5. Este texto nos hace pensar que nuestra vida es finita, y por lo tanto nos motiva a valorar cada momento y enfocarnos en lo realmente importante. La organización nos ha animado a reflexionar sobre si este fuera nuestro último mes de vida: ¿qué relaciones valoraríamos más y qué actividades insignificantes dejaríamos de lado?
Eclesiastés 9:7. Este texto nos enseña que Jehová quiere que disfrutemos de nuestras actividades diarias, como comer y beber. Es importante agradecer y apreciar tales momentos, que son regalos que vienen de Jehová. Esto es también el gozo que viene de Jehová.
Eclesiastés 9:8. La “ropa blanca” simboliza pureza y la unción con el aceite, el Espíritu Santo. Esto nos motiva a vivir cada día con integridad y santidad, que es nuestra identidad cristiana. Al comenzar nuestro día, podemos pensar: ¿Cómo puedo vestir mi actitud y mis acciones de pureza y santidad hoy?
Eclesiastés 9:9. En una vida fugaz, las relaciones profundas son un tesoro valioso. Jehová nos regala el amor humano, como el matrimonio y la familia, como un refugio de gozo y compañerismo en medio de un mundo vano. Esto nos motiva a darles atención y tiempo de calidad.
Eclesiastés 9:11. Este texto nos recuerda que la vida no es predecible. Esto nos libera de la ansiedad por el “éxito”, según el mundo. Nuestra tarea no es controlar los resultados, sino ser fieles. Jehová está a cargo de los resultados, incluso cuando son inesperados.
Eclesiastés 9:18. Nos enseña que debemos cuidarnos, especialmente de nuestras amistades o de las personas a quienes damos espacio en nuestra vida. Un solo momento de necesidad o pecado puede echar a perder años de buen trabajo. Esta verdad nos motiva a caminar con humildad y dependencia de Dios.
Eclesiastés 9:18. Nos enseña que es importante orar a Jehová pidiendo discernimiento para identificar áreas de nuestra vida donde un poco de negligencia podría causarnos un gran daño, y pedirle a Jehová sabiduría para fortalecer esas áreas.
Eclesiastés 10:1. Nos enseña que hay que cuidar los detalles. Un pequeño descuido, un comentario negativo o un mal hábito puede contaminar una reputación, una relación o un proyecto de gran valor. La excelencia está en la atención a lo pequeño.
Eclesiastés 9:5. Este texto me recuerda que los muertos no tienen conciencia ni sufren, así que no hay razón para tenerles miedo ni creer que pueden ayudarnos o hacernos daño. Saber esto me da mucha paz y me ayuda a no dejarme llevar por supersticiones. También me hace valorar más el tiempo que tengo para servir a Jehová mientras estoy vivo, porque cuando uno muere ya no puede hacer nada.
Eclesiastés 9:7. Este versículo me enseña que Jehová quiere que disfrutemos de la vida de una manera sana. No se trata solo de trabajar o de preocuparnos, sino de tener un equilibrio. Si estamos sirviendo fielmente a Jehová, podemos disfrutar con alegría de las cosas simples: una comida, la familia, los amigos o un día tranquilo. Eso también forma parte de su bendición.
Eclesiastés 9:10. Aquí se nos anima a dar lo mejor de nosotros en todo, especialmente en las cosas espirituales. No debemos hacer las cosas a medias o sin ganas, porque esta vida es nuestra única oportunidad para servir a Jehová. Esto me motiva a esforzarme más en la predicación, en mis asignaciones y también en mi trabajo, sabiendo que Jehová valora la diligencia.
Eclesiastés 9:11. Este texto me enseña que no todo depende de que uno sea fuerte, sabio o preparado. A veces, las cosas cambian de un momento a otro. Me ayuda a no confiar solo en mis planes ni a sentirme frustrado cuando algo sale mal. En vez de eso, debo aprender a confiar más en Jehová, porque Él es el único que puede ayudarnos a enfrentar los imprevistos de la vida.
Eclesiastés 9:18. Esto me hace pensar que un solo acto imprudente puede dañar el esfuerzo de muchas personas. En la congregación, por ejemplo, si uno se porta mal o actúa con orgullo, puede afectar la paz del grupo. Por eso es mejor actuar con sabiduría y humildad, buscando siempre la paz y no dejar que el orgullo o la imprudencia dañen lo que otros han hecho bien.
Eclesiastés 10:1. Aquí se muestra lo frágil que puede ser una buena reputación. Aunque uno haya actuado bien por mucho tiempo, un solo error o una mala actitud puede arruinar esa buena imagen. Esto me anima a ser cuidadoso con mis palabras y acciones, sobre todo cuando represento a Jehová, porque mantener una buena reputación cuesta esfuerzo, pero perderla puede ser muy fácil.
Eclesiastés 10:4. Este texto me enseña a mantener la calma cuando alguien con autoridad me corrige. En lugar de responder con orgullo o discutir, debo aceptar con humildad la corrección. A veces, guardar la calma evita que el problema crezca. En la congregación, en el trabajo o en casa, la paciencia y la humildad ayudan más que una reacción impulsiva.
Eclesiastés 10:18. Este texto me enseña que si no atendemos nuestras responsabilidades a tiempo, los problemas se van acumulando. Lo mismo pasa en lo espiritual: si dejo pasar las reuniones, el estudio personal o la predicación, mi fe se va debilitando poco a poco. Ser constante y trabajador me protege, igual que cuidar bien una casa evita que se deteriore.
Eclesiastés 9:1. Este texto nos enseña a confiar en la soberanía de Dios y a aceptar que hay cosas que no podemos entender. Nos motiva a vivir de manera que agrademos a Dios, aprovechando cada momento y buscando su guía y protección. También nos recuerda que la vida es breve y que debemos aprovecharla para hacer el bien y servir a Dios de todo corazón.
Eclesiastés 9:2. Este versículo nos enseña que, desde una perspectiva humana, la vida puede parecer injusta porque tanto los justos como los injustos experimentan situaciones similares. Sin embargo, como testigos de Jehová, sabemos que Dios ve todo y que su justicia prevalecerá en el debido tiempo. Nos anima a confiar en la justicia divina y a no juzgar solo por las apariencias.
Eclesiastés 9:3. Este versículo nos enseña que la vida en la tierra puede ser injusta y frustrante, pero nos anima a confiar en la justicia y sabiduría de Dios que prevalecerá en el debido tiempo.
Eclesiastés 9:4. Nos enseña que mientras hay vida hay oportunidad de servir a Dios y hacer su voluntad. Nos anima a aprovechar cada momento para buscar y servir a Jehová, y a no rendirnos ante las dificultades. También nos recuerda que la vida es un regalo valioso que debemos usar para honrar a Dios.
Eclesiastés 9:5. Nos recuerda que la vida es breve y que debemos aprovechar el tiempo que tenemos para buscar y servir a Dios, ya que después de la muerte no hay conciencia ni actividad.
Eclesiastés 9:7. Este versículo nos enseña a disfrutar de los frutos de nuestro trabajo y a encontrar alegría en las cosas simples de la vida, reconociendo que Dios aprueba y bendice nuestros esfuerzos.
Eclesiastés 9:9. Este versículo nos anima a disfrutar y valorar el tiempo con nuestro cónyuge, en armonía con los principios bíblicos, y a cultivar un matrimonio fuerte y feliz basado en el amor, el respeto mutuo y la lealtad, siguiendo el consejo bíblico de tratar a nuestro cónyuge con amor y consideración y disfrutar de la vida juntos de manera que complazca a Dios.
Eclesiastés 9:10. Esto me recuerda que debo trabajar con diligencia y esfuerzo en todo lo que hago, sabiendo que Dios me ha dado la capacidad para hacerlo y que mi trabajo debe ser hecho como si estuviera trabajando para Jehová.
Eclesiastés 9:11. Esto me recuerda que, aunque me esfuerce y planifique, hay momentos en que el tiempo y los sucesos imprevistos están fuera de mi control, y debo confiar en la soberanía de Dios y su dirección perfecta en mi vida.
Eclesiastés 9:12. Este versículo nos enseña que la vida es frágil y puede cambiar en un instante, y que no sabemos cuándo llegarán tiempos difíciles o el momento de nuestra muerte, por lo que debemos estar preparados y vivir cada día con sabiduría y en armonía con Jehová.
Eclesiastés 10:1. Nos recuerda que, como cristianos, debemos cuidar nuestra conducta y palabras, ya que un pequeño error o una actitud insensata puede dañar nuestra reputación y la de la organización de Jehová, y afectar negativamente nuestras relaciones con los demás y con Dios.
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