BUSQUEMOS PERLAS ESCONDIDAS: 27-Octubre-2-Noviembre-2025, ECLESIASTÉS 11, 12, Respuestas.

Busquemos perlas escondidas (10 mins.)
Ec 12:9, 10. ¿Qué nos enseñan estos versículos sobre los hombres que Dios usó para escribir la Biblia? (it “Inspiración” párr. 10).
Es obvio que los hombres que Dios usó para registrar las Escrituras no fueron siempre autómatas que únicamente se limitaron a registrar información dictada. Leemos, con respecto al apóstol Juan, que la revelación “respirada por Dios” le fue presentada por medio de un ángel “en señales”, y que Juan luego “dio testimonio de la palabra que Dios dio y del testimonio que Jesucristo dio, aun de todas las cosas que vio”. Fue “por inspiración [literalmente, ‘en espíritu’]” como Juan “[llegó] a estar en el día del Señor”, y se le dijo: “Lo que ves, escríbelo en un rollo”.
COMENTARIOS ADICIONALES
Estos versículos nos enseñan que los hombres que Dios usó para escribir la Biblia fueron guiados por la inspiración divina, pero no fueron simples autómatas que se limitaron a registrar información dictada. En lugar de eso, Dios les permitió usar sus facultades mentales y habilidades para seleccionar las palabras y expresiones que mejor describieran las visiones y mensajes que recibieron.
El pasaje de Eclesiastés 12:9, 10 destaca la importancia de la preparación y la dedicación de los escritores bíblicos, quienes meditaron y escudriñaron para presentar palabras deleitables y la escritura de palabras correctas de verdad. Esto sugiere que la inspiración divina no anuló la personalidad ni las habilidades de los escritores, sino que los guio para que escribieran de manera precisa y verdadera.
Nos enseña que no era un dictado palabra por palabra, ni tampoco ocurrencias personales del escritor. Se indica que el escritor tenía que poner de su parte, es decir, meditar, escudriñar y ordenar las ideas a fin de presentar “palabras deleitables” y la escritura de palabras “correctas de verdad.”
En Eclesiastés 12:9, 10 vemos que los hombres que Jehová usó para escribir la Biblia no fueron como robots. Ellos pensaron, investigaron y organizaron las ideas con cuidado, pero siempre guiados por el espíritu santo. Eso demuestra que Jehová respetó su forma de expresarse y, aun así, se aseguró de que todo lo que escribieran fuera verdadero y útil para nosotros.
Estos versículos me ayudan a ver que escribir la Biblia tomó esfuerzo. Los escritores no copiaban sin pensar; ellos meditaban y buscaban la mejor manera de transmitir la verdad. Eso me enseña que, cuando estudiamos o preparamos algo para Jehová, también debemos hacerlo con cuidado y dedicación, no de forma apresurada.
También aprendo que Jehová es un excelente Maestro. Él podría haber hecho que su Palabra fuera escrita de una sola manera, pero decidió usar a personas con distintos estilos y personalidades. Eso hace que la Biblia sea más rica, más cercana y fácil de entender para todos, sin dejar de ser completamente inspirada por Dios.
Nos enseñan que los escritores bíblicos no actuaron como simples copistas, sino que investigaron, reflexionaron y organizaron cuidadosamente las ideas. Jehová permitió que usaran su capacidad de razonamiento para presentar “palabras deleitables” y “correctas de verdad”, lo que revela un proceso activo y consciente bajo la guía del espíritu santo.
El apóstol Juan recibió la revelación “en señales” por medio de un ángel y luego dio testimonio de lo que vio. Y aunque fue llevado “en espíritu” al día del Señor, se le mandó escribir lo que vio. Esto indica que, aunque la visión provenía de Jehová, Juan tuvo que traducirla en palabras usando sus facultades mentales y su estilo personal, pero siempre bajo inspiración divina.
Así como Habacuc recibió la orden de escribir la visión con claridad y como Lucas investigó cuidadosamente antes de redactar su relato, queda claro que Jehová no anuló la individualidad de los escritores; más bien los dirigió para que el mensaje fuera exacto, verdadero y útil, sin añadir ni quitar nada a su Palabra, como indica Proverbios 30:5, 6.
Eclesiastés 12:9, 10 destaca que el objetivo del escritor era lograr una escritura deleitable que expresara la verdad de forma correcta, lo que requería de su parte una selección cuidadosa de los términos. Por ello, aunque la revelación pudiera venir por medio de un ángel en señales, como le ocurrió a Juan, Jehová consideró oportuno que el escritor se esforzara para que el resultado final fuera exacto y verdadero.
Eclesiastés 12:9, 10 muestra que los hombres que Dios usó para escribir la Biblia no fueron simples secretarios mecánicos, sino siervos fieles que usaron su experiencia, su mente y sus capacidades bajo la guía del espíritu santo. El congregador no solo transmitió lo que aprendía, sino que meditó, investigó y seleccionó cuidadosamente las palabras para expresar con precisión la verdad de Dios.
En el libro Perspicacia vemos que los escritores inspirados recibieron la revelación “en señales” y luego, bajo inspiración, usaron sus facultades para describir lo que veían. Jehová no anuló su personalidad ni su estilo de escritura, sino que los dirigió para que el resultado fuera exacto, armonioso y acorde con su propósito.
Cada libro bíblico refleja el estilo y la sensibilidad del escritor humano, pero al mismo tiempo mantiene la autoridad y la pureza del mensaje divino. Esto resalta la perfecta cooperación entre Dios y el hombre en la producción de la Biblia, asegurando que sus palabras fueran agradables, veraces y útiles para todas las generaciones.
Este texto nos recuerda que, al igual que los escritores bíblicos dedicaron esfuerzo y reflexión para transmitir la verdad, nosotros también debemos esforzarnos en meditar y explicar con claridad las Escrituras. No basta con repetir información; debemos presentarla de forma atractiva, exacta y fiel, ayudando a otros a ver la belleza y la verdad de la Palabra de Dios.
¿Qué perlas espirituales ha encontrado en la lectura bíblica de esta semana?
Eclesiastés 11:1. La pregunta es: ¿Qué tiene que ver este principio con las amistades? Si entablamos muchas, muchas amistades, alguna de ellas habrá que nos ayude en tiempos difíciles. Ser generosos con los demás es sabio, porque, cuando pasemos angustia, podremos recibir apoyo.
Eclesiastés 11:4. Las esperanzas del labrador aumentaban cuando se levantaba una nube en las partes occidentales. Sin embargo, el labrador que, por fiarse de las variables nubes, se retrajera de segar, saldría perdiendo. Este hecho se usa como una amonestación para que los siervos de Dios sigan adelante con su obra en cualquier circunstancia.
Eclesiastés 11:7. Tanto el sol como la luz son para el disfrute de los seres vivos. Así, Salomón indica en estos versículos que es bueno estar vivo y que uno “se regocije” antes de que lleguen los días oscuros, es decir, la vejez, que nos dejará sin vitalidad. Por eso, hay que utilizar el tiempo de la mejor manera posible, alabando a nuestro Dios Jehová.
Eclesiastés 11:9. Piense en sus años de juventud como un regalo de Dios, porque, en verdad, lo son. ¿Qué hará con ellos? Puede gastar toda esa energía y entusiasmo en pasarlo bien, yendo de una diversión a otra sin pensar en el futuro. Pero si hiciera eso, “la juventud y la flor de la vida” realmente serían “vanidad”. ¡Cuánto mejor es aprovechar la juventud preparándose para el futuro!
Eclesiastés 12:8. No hay nada impropio en comer y beber con moderación, y el matrimonio es, en sí, una institución divina. No obstante, si nos damos cuenta de que las actividades normales de la vida se han convertido en nuestro interés principal, ¿por qué no hacer de este asunto un tema de oración? Jehová puede ayudarnos a mantener los intereses del Reino en primer lugar, a hacer lo que es correcto y a cumplir con nuestros deberes para con Él.
Eclesiastés 12:9. Salomón procuró llegar al corazón de sus lectores con palabras deleitables y temas de verdadero interés, que valían la pena, ya que sus palabras, las que se hallan en las Escrituras, son el producto de la inspiración del espíritu santo. Podemos aceptar sus hallazgos y su consejo sabio sin reservas.
Eclesiastés 12:11. De la misma manera, los buenos consejos pueden lograr resultados estabilizadores. Los sabios se “entregan”, es decir, encuentran satisfacción en analizar “las colecciones de sentencias” que reflejan la sabiduría de su “solo Pastor”, Jehová.
Eclesiastés 12:14. Como Salomón, debemos meditar en lo que dice la palabra de Dios acerca de la vida. Entonces nos fortaleceremos en nuestra resolución de temer y obedecer a Dios. Saber que Jehová se interesa íntimamente en nosotros nos acerca más a Él.
Eclesiastés 11:1, 2. Esta lectura es un recordatorio de la importancia de ser generosos y cultivar amistades, no solo con la esperanza de recibir ayuda en momentos difíciles, sino también como una forma de demostrar amor y cuidado por los demás, siguiendo el ejemplo de Jesucristo y reflejando la bondad de Dios. Al hacer esto, podemos fortalecer nuestras relaciones con los demás y también con Jehová.
Eclesiastés 11:4. Este versículo nos muestra que no podemos dejar que la indecisión o la negatividad nos impidan actuar y avanzar en la vida. En su lugar, debemos ser decididos y tomar acción con fe, confiando en que Dios nos guiará y nos ayudará a superar los desafíos.
Eclesiastés 11:6. Este texto nos enseña que debemos trabajar con diligencia y dedicación en el ministerio cristiano, confiando en que Dios hará crecer lo que sembremos, y no desanimarnos aunque no veamos resultados inmediatos.
Eclesiastés 11:7. Este texto nos recuerda que Dios ha creado cosas buenas y hermosas en el mundo, y que debemos apreciar y disfrutar de estas bendiciones. También nos enseña a valorar la vida y las oportunidades que tenemos, y a encontrar alegría en la relación con Jehová Dios y en las actividades que realizamos.
Eclesiastés 11:8. Este texto nos enseña que, aunque la vida puede ser incierta y no sabemos qué sucederá mañana, debemos disfrutar cada día y encontrar alegría en las cosas buenas que Jehová Dios nos da, sin importar las circunstancias.
Eclesiastés 11:9. Este versículo nos enseña a disfrutar de la juventud de manera que complazca a Dios, tomando decisiones sabias y morales, y aprovechando al máximo el tiempo que tenemos para servirle y hacer su voluntad.
Eclesiastés 11:10. Esto nos enseña a alejarnos de las cosas que dañan nuestro cuerpo y mente, y a vivir de manera que complazcamos a Jehová. Esto incluye evitar la inmoralidad, la glotonería y otros comportamientos que puedan dañar nuestra relación con Dios y con nosotros mismos.
Eclesiastés 11:10. Nos recuerda que la juventud es un tiempo valioso que debemos aprovechar para servir a Jehová y hacer su voluntad, en lugar de dejarnos llevar por los deseos y pasiones mundanas. Al seguir estos principios, podemos mantener una buena relación con Jehová y vivir de manera que le agrademos.
Eclesiastés 12:1. Este texto nos enseña sobre la importancia de que los jóvenes cristianos se acuerden de Dios y le sirvan con fidelidad, especialmente en un mundo donde la mayoría de las personas están alejadas de Él. Dios considera valiosos a los jóvenes cristianos y confía en ellos para servirle con dedicación.
Eclesiastés 12:1. La adoración a Dios implica actuar de acuerdo con sus leyes y principios, y confiar en su amor y cuidado. Los jóvenes que adoran a Dios se destacan por su fe y dedicación en un mundo que puede ser hostil o indiferente.
Eclesiastés 12:2. Este versículo nos enseña que debemos recordar a Dios y servirle en nuestra juventud, antes de que llegue la vejez y sus dificultades. La vida es como las estaciones, y si no aprovechamos el tiempo para servir a Dios, podemos encontrarnos sin saber cómo enfrentar los problemas y desafíos que vengan.
Eclesiastés 12:3. Este pasaje nos enseña que la vejez es una etapa de la vida que conlleva desafíos y cambios significativos en nuestro cuerpo y en nuestra capacidad para realizar actividades cotidianas. La descripción gráfica de los efectos del envejecimiento nos recuerda la importancia de aprovechar al máximo el tiempo que tenemos y de buscar una relación significativa con Dios mientras aún tenemos la oportunidad.
Eclesiastés 12:4. Este versículo nos enseña que la vejez es una etapa en la que nuestras capacidades físicas y sensoriales disminuyen. Por eso es importante aprovechar al máximo el tiempo que tenemos para buscar una relación significativa con Dios y servirle de manera que le agrade.
Eclesiastés 11:1. En este texto, Jehová nos invita a ser generosos de una manera que no siempre parece lógica. “Echar pan a las aguas” suena a pérdida, pero Dios promete que, tras un tiempo, hallaremos bendiciones. Esto nos hace pensar: ¿a quiénes podemos bendecir hoy sin esperar nada a cambio? La bendición de Jehová vuelve de maneras inesperadas.
Eclesiastés 11:2. Nos enseña que Jehová quiere que no pongamos límites a nuestra generosidad. Es verdad que la congregación no es una institución de beneficencia; aun así, podemos ayudar a nuestros hermanos cuando estén en una situación difícil. Podemos compartir nuestro tiempo, ofrecer ayuda práctica o brindar palabras amables.
Eclesiastés 11:4. Este texto nos hace pensar que, si esperamos las condiciones perfectas para servir, orar o empezar algo nuevo, nunca lo haremos. La bendición está en la siembra, no en la espera. Como dice la canción de JW: “El día es hoy”. Debemos movernos hoy con fe y sin temor, sin mirar atrás.
Eclesiastés 11:6. Este texto nos enseña la importancia de ser constantes. Cada pequeño acto de fe —una oración, un gesto de amor, un trabajo bien hecho— es una semilla. Esto nos motiva a ser fieles en lo pequeño, en la “mañana” y en el “atardecer” de nuestro día. La emoción está en no saber qué fruto específico brotará, pero sí en confiar en que algo bueno lo hará.
Eclesiastés 11:5. Jehová está obrando en lo invisible, en nuestra vida y en el mundo, de maneras que nuestra mente no puede comprender. Esta verdad no debe abrumarnos; más bien, debe impulsarnos a confiar en Él, porque El mismo poder que forma una vida en el vientre materno está actuando a nuestro favor.
Eclesiastés 11:7. Jehová Dios nos invita a ver y disfrutar de las cosas simples de la vida: el calor del sol, la belleza de un amanecer, la risa de un amigo. Verlo así nos despierta la curiosidad por lo bueno que nos rodea y también nos motiva a disfrutar de los regalos diarios que Jehová Dios nos provee.
Eclesiastés 11:9. Este texto nos recuerda que la juventud es un regalo de Dios y que podemos aprovecharla de la mejor manera. Él no nos obliga a servirle, pero nos advierte que, sea lo que sea que alguien decida, habrá consecuencias. Esto nos motiva a vivir una vida tan plena que sea una ofrenda de gozo.
Eclesiastés 11:8. Nos enseña que la vida es una mezcla de luz y sombra. Esto nos motiva a vivir con realismo y esperanza, y a aprovechar cada día bueno como un don de Dios, recordando que Él está con nosotros en los días difíciles. Todo tiene su tiempo, y Jehová Dios no nos deja solos.
Eclesiastés 11:10. Nos enseña que es importante liberarnos de cargas innecesarias, como la amargura, el rencor, los malos hábitos y la ansiedad. Cuidar y limpiar nuestra mente y nuestro interior no es fácil, pero con la ayuda de Jehová, de su Espíritu Santo y de su Palabra, lo lograremos.
Eclesiastés 12:1. Nos enseña que debemos valorar a los jóvenes de la congregación. Muchos jóvenes hoy no quieren saber nada de Dios, pero ellos son el futuro de la congregación y necesitan nuestro apoyo, ánimo y cariño, tal como Timoteo lo recibió de Pablo y de su familia.
Eclesiastés 11:2. Este texto me enseña que debo ser generoso y no guardar todo para mí. A veces uno piensa que es mejor quedarse con lo que tiene ‘por si acaso’, pero Jehová quiere que aprendamos a compartir. Si ayudamos a otros ahora, quizás más adelante nosotros también recibamos ayuda cuando la necesitemos.
Eclesiastés 11:2. Nos enseña que ser generosos demuestra que confiamos en que Jehová siempre nos proveerá lo necesario, no solo con cosas materiales, sino también con tiempo, cariño o apoyo espiritual.
Eclesiastés 11:4. Aquí aprendo que, si espero el momento perfecto para actuar, nunca haré nada. Es como un agricultor que dice: ‘Hoy no siembro porque hace viento, o mañana tampoco, porque parece que lloverá’. Al final, no cosecha nada.
Eclesiastés 11:4. A veces uno puede pensar que no es el mejor momento para predicar, bautizarse o hacer un cambio espiritual, pero ese momento ideal nunca llega. Lo mejor es actuar ahora y confiar en que Jehová bendecirá nuestros esfuerzos, incluso si las circunstancias no son perfectas.
Eclesiastés 11:6. Este texto me anima a seguir constante en el servicio a Jehová. A veces parece que no hay resultados o que el trabajo en la predicación no da fruto, pero si seguimos sembrando con perseverancia, Jehová se encargará de que, en su tiempo, haya una cosecha. Eso también se aplica a otras áreas: enseñar a los hijos, dar buen ejemplo o animar a los hermanos. Si seguimos activos espiritualmente, tendremos la satisfacción de saber que hicimos todo lo posible.
Eclesiastés 11:9. Este versículo me recuerda que Jehová quiere que disfrutemos de la vida, especialmente cuando somos jóvenes. Él no quiere que vivamos tristes o sin diversión, pero sí que tengamos equilibrio. Podemos disfrutar, pero sin olvidarnos de que nuestras decisiones tienen consecuencias.
Eclesiastés 11:9. Nos enseña que, si pensamos en cómo Jehová verá nuestras acciones, eso nos ayudará a elegir actividades sanas y que nos dejen una buena conciencia. Así disfrutamos la vida de verdad, sin arrepentimientos.
Eclesiastés 12:1. Este texto porque me recuerda que no debo esperar a ser mayor para servir a Jehová. Cuando uno es joven, tiene más energía y tiempo para usarlo en cosas que realmente valen la pena.
Eclesiastés 12:1. Nos enseña que, si uno aprende a poner a Jehová primero desde temprana edad, eso lo protege de cometer errores y lo ayuda a construir una vida feliz. Servir a Jehová desde joven es una decisión que siempre trae bendiciones.
Eclesiastés 12:3. Este versículo resume lo más importante de la vida. A veces el mundo nos hace pensar que lo principal es tener dinero, éxito o cosas materiales, pero nada de eso da verdadera felicidad.
Eclesiastés 12:3. Aprendemos que lo que realmente importa es tener una buena relación con Jehová, respetarlo y obedecerlo. Cuando vivimos de acuerdo con sus mandamientos, tenemos paz, propósito y la satisfacción de saber que estamos haciendo lo que él espera de nosotros.
Eclesiastés 12:14. Este texto me recuerda que Jehová ve todo, incluso las cosas pequeñas que nadie más nota. Y eso no da miedo; más bien da consuelo, porque Él ve nuestros esfuerzos sinceros, aunque los demás no los vean.
Eclesiastés 12:14. Me recuerda que cuando hago algo bueno en secreto, como ayudar a alguien o mantenerme fiel, sé que Jehová lo valora y lo toma en cuenta. También me ayuda a pensar antes de actuar, porque sé que todo lo que hago tiene valor ante sus ojos.
Eclesiastés 11:1. Este versículo habla de echar nuestro pan a las aguas para volverlo a encontrar después de muchos días. Por lo tanto, nos enseña una lección de generosidad, ya que el pan representa el sustento, y al enviarlo sobre las aguas, nos estaríamos privando de algo valioso. Sin embargo, podemos hallarlo nuevamente, porque, de un modo inesperado, quien es generoso siempre será recompensado.
Eclesiastés 11:1. Nos dice que echemos el pan a las aguas y que, después de muchos días, lo volveremos a encontrar. Esta es una lección para la vida diaria y el ministerio, ya que nos enseña a ser generosos sin esperar una recompensa inmediata. Si bien Jehová ve nuestras acciones, será a su debido tiempo cuando nos bendecirá. Eso debe motivarnos a realizar nuestro servicio con dedicación y esmero.
Eclesiastés 11:2. Nos anima a compartir con siete o hasta con ocho, pues no sabemos qué desastre sucederá en la tierra. Esta lección es muy útil en la congregación, ya que nos enseña a ser generosos con todos y no solo con unos pocos. Y al decir que no sabemos qué desastre puede venir, nos prepara para ser solidarios, especialmente en tiempos difíciles.
Eclesiastés 11:3. Nos recuerda que las nubes cargadas derraman lluvia y que el árbol caído queda donde cayó. Esta lección nos sirve para la vida diaria, ya que nos enseña que hay cosas inevitables que debemos aceptar porque simplemente no las podemos cambiar. Esto nos ayuda a vivir con equilibrio y a no lamentarnos por las cosas del pasado.
Eclesiastés 11:4. Nos advierte que quien observa el viento no sembrará y quien mira las nubes no cosechará. Esta es una lección útil para el ministerio. Primero, nos enseña que si esperamos condiciones perfectas, nunca actuaremos. En segundo lugar, nos impulsa a predicar aunque haya obstáculos, confiando en que Jehová bendecirá nuestros esfuerzos.
Eclesiastés 11:5. Nos recuerda que no entendemos cómo actúa el espíritu en el bebé ni la actividad de Jehová. Esta lección nos enseña humildad y confianza en Jehová, ya que nos recuerda que no siempre tenemos que saberlo todo ni exigir explicaciones sobre los arreglos de la congregación o los cambios en la organización.
Eclesiastés 11:6. Nos anima a sembrar por la mañana y seguir trabajando hasta el atardecer. Esta lección es vital para el ministerio. Nos enseña a ser constantes y a no rendirnos, porque no sabemos qué esfuerzo dará su fruto ni cuándo lo hará. Esto debe motivarnos a mantenernos activos, sabiendo que Jehová puede bendecirnos más de lo que imaginamos.
Eclesiastés 11:7. Nos recuerda que la luz es dulce y es agradable ver el sol, así como vivir muchos años y disfrutar de ellos, pero teniendo presente que muchos serán los días oscuros que están por venir. Esta es una lección para la vida diaria. Nos recuerda que vivir es un regalo, por lo que debemos disfrutar cada día con gratitud y aprovechar bien el tiempo antes de que lleguen los días calamitosos.
Eclesiastés 11:9. Este versículo le habla al joven y lo invita a disfrutar su juventud, pero le recuerda que Jehová lo llamará a juicio. Aquí hay varias lecciones importantes: les enseña que pueden disfrutar, pero con responsabilidad; les recuerda que tendrán que rendir cuentas a Jehová por cada una de sus decisiones; y también les enseña que la alegría verdadera no está separada de la obediencia a Dios.
Eclesiastés 11:10. Este texto les recomienda a los jóvenes sacar de su corazón las preocupaciones y alejar de su cuerpo las cosas que les hagan daño, porque la juventud es pasajera. Por lo tanto, los exhorta a no preocuparse demasiado, a cuidar su salud y a vivir con propósito, aprovechando su juventud de manera sabia y sin agobiarse. Es decir, disfrutar de su juventud como un regalo de Jehová, pero con equilibrio y responsabilidad.
Eclesiastés 12:1. Al decir “Acuérdate de tu gran Creador en tu juventud”, nos enseña que lo peor de la vejez es no poder estar tan activos como antes. Por eso, los jóvenes deben aprovechar su energía y vitalidad para servir a Jehová, y así no lamentarse cuando con la vejez lleguen los problemas de salud o las deficiencias físicas y mentales.
Eclesiastés 12:2-5. Aquí se describe poéticamente el deterioro físico que llega con la vejez. Esta lección es para la vida diaria, porque nos ayuda a valorar el tiempo presente, a no postergar las metas espirituales y a estar muy activos en el servicio antes de que lleguen los días en que ya no podamos, por falta de energía, salud o facultades mentales.
Eclesiastés 12:6. Habla del cordón de plata, el tazón de oro, la vasija y la rueda que se rompe. Estas son imágenes que representan la fragilidad de la vida. Esta lección nos enseña que, mientras estemos en este sistema, la muerte es inevitable y puede llegar de forma repentina. Por ello, debemos tener un sentido de urgencia y no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy por Jehová.
Eclesiastés 12:7. Este texto enseña que la vida viene de Jehová y que él tiene el poder de devolverla. Por ello, en el ministerio, esta verdad nos es muy útil para dar una base sólida a la esperanza de la resurrección y para consolar a quienes han perdido seres queridos, mostrándoles que Jehová no olvida a los que han muerto y pronto cumplirá su promesa de devolverles la vida mediante la resurrección.
Eclesiastés 12:9. Este texto muestra cómo el congregador se preparaba para enseñar lo que sabía. Esto debe motivarnos a preparar bien nuestras asignaciones, a investigar y meditar antes de hablar, y a enseñar con amor y responsabilidad.
Eclesiastés 12:10. Dice que el congregador buscó palabras agradables y verdaderas. Esta lección sirve para el ministerio y también para la vida diaria. Nos enseña que debemos hablar con precisión, pero sin exagerar; suavizar la verdad, pero sin que pierda su firmeza; y usar palabras que edifiquen, pero sin querer impresionar.
Eclesiastés 12:13. Este texto resume todo con una conclusión: temer a Dios y obedecer sus mandamientos. Esta lección aplica a todos los aspectos de la vida, porque nos da dirección, sentido y paz. Nos muestra que el propósito del ser humano no debe ser acumular, disfrutar o destacar, sino vivir para Jehová.
Eclesiastés 12:14. Este texto es una advertencia: Jehová juzgará todas nuestras acciones, incluso las ocultas. Esto nos enseña a vivir con integridad, sabiendo que nada escapa a los ojos de Jehová. También nos motiva a ser sinceros, a corregir lo que está mal y a cultivar una conciencia limpia.
Eclesiastés 11:4. Aquí se nos muestra que, si una persona se queda esperando las condiciones perfectas, nunca va a actuar. Igual que un agricultor que duda porque ve mucho viento o muchas nubes, nunca siembra y, al final, se queda sin cosecha.
Eclesiastés 11:4. Este texto nos recuerda que, en la predicación o en cualquier aspecto espiritual, nunca habrá el momento perfecto. Si nos ponemos a pensar que estamos cansados, que hace calor o que quizá la gente no nos escuche, podemos frenarnos. Pero Jehová quiere que confiemos y que demos el paso, porque solo actuando se ven los resultados.
Eclesiastés 1:9. El versículo reconoce que es natural que un joven quiera disfrutar de la vida, pero al mismo tiempo recuerda que hay límites y que Jehová nos pedirá cuentas de cómo usamos esos años.
Eclesiastés 1:9. No es un consejo que apaga la alegría, sino que nos da equilibrio. Como jóvenes podemos disfrutar, tener metas y hacer cosas sanas, pero siempre con Jehová en mente. Si pensamos en eso, nuestras decisiones serán más sabias y evitaremos arrepentimientos más adelante.
Eclesiastés 12:1. Este texto nos anima a no dejar para después nuestra relación con Jehová. El tiempo de la juventud es valioso y se puede usar para fortalecer nuestra fe antes de que lleguen los problemas de la vida.
Eclesiastés 12:1. Nos hace pensar en no posponer las metas espirituales. A veces uno puede pensar: “Ya serviré más adelante, cuando tenga más tiempo.” Pero si aprovechamos ahora para acordarnos de Jehová y servirle con energía, estamos invirtiendo en lo mejor.
Eclesiastés 12:13. Después de analizar la vida y ver que todo lo humano es pasajero, el escritor llega a esta conclusión: lo que da verdadero sentido es temer a Jehová y obedecerlo. Este versículo nos recuerda que todo lo demás en la vida puede ser secundario. El trabajo, los estudios, los proyectos… todo eso pasa. Pero lo que nunca pierde valor es nuestra relación con Jehová. Y si lo ponemos a Él en primer lugar, vamos a sentir que nuestra vida tiene un propósito real.
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