Estudio del Libro de la congregación, 1-7-Diciembre-2025, Lecciones que aprendo de la Biblia, Lecciones 40 y 41, Respuestas.

Estudio bíblico de la congregación (30 mins.) lfb lecciones 40, 41.

Análisis de la lección 40: David y Goliat

¿A quién escogió Jehová para que fuera el siguiente rey de Israel?

Jehová escogió a David, el hijo menor de Jesé, para que fuera el siguiente rey de Israel. Cuando Jesé le presentó a seis de sus hijos a Samuel, él dijo que Jehová no había escogido a ninguno y le preguntó si tenía más hijos. Jesé respondió que faltaba su hijo menor, David, que estaba cuidando las ovejas. Cuando David entró, Jehová le dijo a Samuel: “¡Este es!”. Entonces Samuel lo ungió derramando aceite sobre su cabeza para ser el siguiente rey de Israel.

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Jehová eligió a David, el hijo menor de Jesé. A simple vista, David no parecía el candidato ideal: era joven, de poca estatura y pasaba sus días cuidando ovejas, una labor que muchos consideraban poco importante. Quien lo viera desde fuera quizás pensaría: “Este muchacho no tiene perfil de rey”. Pero Jehová no se fijó en su apariencia ni en su posición familiar. Él vio algo que nadie más veía: un corazón sincero, leal, obediente y valiente. Mientras otros habrían escogido al más fuerte o al más impresionante, Jehová escogió al que tenía las cualidades espirituales apropiadas.

Podemos imaginar la sorpresa de Samuel cuando Jehová le mostró que no debía elegir al hijo mayor ni a ninguno de los otros hermanos, sino a ese joven pastor, quizá impregnado del olor de las ovejas y con las manos endurecidas por el trabajo. A pesar de su apariencia humilde, él sería el próximo rey. Jehová confirmó a Samuel que David era el escogido, y Samuel lo ungió como el futuro rey de Israel.

Desde un punto de vista humano, la elección de David podía parecer poco lógica, pero espiritualmente era exacta, porque Jehová mira el corazón y no las apariencias. Esto nos recuerda que, aunque a veces no nos sintamos capaces o “suficientes”, si cultivamos un corazón que agrade a Jehová, él verá en nosotros un valor que otros tal vez pasen por alto.

¿Cómo venció David a Goliat?

David venció a Goliat usando su honda después de haber ido al campamento del ejército para llevar comida a sus hermanos, que eran soldados, y de escuchar que Goliat gritaba: “Manden a un hombre que pelee conmigo”. Entonces David dijo: “¡Yo pelearé con él!”. Aunque Saúl le dijo que solo era un muchacho, David respondió: “Jehová me ayudará”.

David tomó su honda, escogió cinco piedras lisas, puso una en su honda, corrió hacia Goliat y la lanzó con fuerza. Con la ayuda de Jehová, la piedra se clavó en la frente de Goliat y lo derribó.

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David venció a Goliat porque no confió en armas humanas ni en su propia fuerza, sino en Jehová. Desde el principio, su manera de ver la situación fue distinta a la de todos. Mientras los demás solo veían a un gigante imposible de derrotar, David veía a un hombre que había osado desafiar al Dios verdadero.

Cuando Saúl intentó ponerle su armadura, David la rechazó. No porque despreciara la ayuda, sino porque sabía que su seguridad no dependía de un equipo de guerra, sino de la protección de Jehová.

David Eligió usar lo que conocía: una simple onda y cinco piedras lisas. Humanamente, aquello parecía absurdo: un muchacho con una onda frente a un guerrero enorme, armado y experimentado. Pero la clave no fue la puntería de David, sino que Jehová dirigió el resultado. La piedra golpeó al filisteo justo en la frente y lo derribó. David entró en la batalla convencido de que Jehová estaba con él, y Jehová le dio la victoria.

¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?

Este relato nos enseña que Jehová ve el corazón y no solo la apariencia exterior. También nos muestra que puede usar a personas humildes para cumplir cosas grandes. Además, aprendemos que Jehová es más poderoso que cualquier enemigo, por más grande o fuerte que parezca, y que él ayuda y da fuerza a quienes confían plenamente en Él.

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Este relato nos enseña que no necesitamos ser los más fuertes ni los más capaces para enfrentar nuestras dificultades. A veces nos sentimos como David: pequeños ante problemas enormes, sin recursos, sin títulos o sin poder. Pero si confiamos en Jehová, usamos lo que sí tenemos y damos el paso con fe, él puede transformar lo que parece pequeño en algo poderoso.

Nos muestra que Jehová observa el corazón con una ternura extraordinaria. Mientras otros se fijaban en la estatura, la fuerza o la experiencia, Jehová veía la fe, la lealtad y la humildad de David. Para él no importaba si David tenía una apariencia impresionante o un historial de guerra; lo verdaderamente valioso era lo que había en su interior.

Nos enseña que Jehová sigue siendo así con nosotros hoy. Él no se fija en si somos jóvenes o mayores, si tenemos mucho o poco conocimiento, o si somos tímidos o extrovertidos. Puede que alguien se sienta inseguro porque no comenta mucho, porque siente que no tiene tantas habilidades o porque piensa que no es tan capaz como otros hermanos. Pero Jehová no hace esas comparaciones.

Nos enseña que Jehová presta atención a cuán sinceramente lo amamos, cuánto deseamos hacer lo correcto y cuánto nos esforzamos por obedecerlo, incluso cuando nadie nos ve. Qué reconfortante es saber que Jehová es un Padre sabio y cariñoso que siempre mira más allá de las apariencias.

Nos recuerda que no necesitamos impresionar a nadie; lo que realmente importa es lo que somos ante Jehová. Esto despierta en nosotros el deseo de seguir cultivando un corazón como el de David: un corazón que confía, que obedece, que se arrepiente cuando falla y que siempre procura agradar a Jehová.

Cuando recordamos que Jehová es más poderoso que cualquier enemigo, por grande o fuerte que parezca, sentimos más ánimo para enfrentar cualquier desafío, seguros de que, si Jehová está con nosotros, no estamos solos frente a nuestros gigantes.

¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?

Aprendemos que no debemos juzgar por las apariencias; debemos ver a las personas como Jehová las ve. Por más pequeña o grande que parezca una persona, la verdadera fuerza proviene de Jehová.

Este relato nos muestra que, si confiamos en Jehová, podemos enfrentar problemas que parezcan tan grandes como un “Goliat”, y que con su ayuda podemos salir vencedores. Con la ayuda de Dios, incluso alguien considerado pequeño o sin experiencia puede lograr cosas importantes.

De este relato aprendemos que la fe y el valor basados en Jehová son más fuertes que cualquier arma o amenaza, por más gigante que parezca. Jehová merece nuestra confianza en situaciones difíciles.

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Una lección práctica es que no importa si otros nos consideran pequeños o sin importancia; Jehová puede usarnos de manera extraordinaria si confiamos en él. David era el menor de su familia, cuidaba ovejas y no tenía posición ni fama, pero poseía algo que Jehová valora profundamente: un corazón lleno de fe.

En la vida diaria, esto puede aplicarse a muchas situaciones. Tal vez un joven se sienta menos porque sus compañeros lo subestiman, o un hermano piense que su asignación en la congregación es pequeña en comparación con la de otros. Sin embargo, este relato nos muestra que Jehová no se deja llevar por esas medidas humanas. Para él, lo importante no es cuán grande parezca lo que hacemos, sino el espíritu con el que lo hacemos.

Aprendemos a no compararnos con otros ni desanimarnos si sentimos que hacemos poco. Más bien, este relato nos impulsa a preguntarnos: “¿Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que Jehová me ha dado?”. Lo verdaderamente importante es cuidar nuestra relación con Jehová, mantener la obediencia y fortalecer nuestra confianza en él.

Aprendemos que Jehová puede darnos el valor necesario para enfrentar nuestros propios Goliat: problemas familiares, presiones en la escuela o el trabajo, tentaciones persistentes, miedos profundos o inseguridades que nos hacen sentir incapaces. Al igual que David, podemos sentirnos pequeños, pero si confiamos en Jehová, él puede transformar nuestra aparente debilidad en una gran victoria espiritual.

Análisis de la lección 40: David y Saúl

¿Por qué Saúl quería matar a David?

Saúl quería matar a David porque le tenía envidia. David ganaba muchas batallas, era muy famoso y la gente cantaba que él había vencido a “decenas de miles”, mientras que Saúl solo a “miles”. Esa comparación despertó los celos de Saúl y desde entonces intentó matarlo varias veces.

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La razón principal por la que Saúl quiso matar a David fue que permitió que la envidia y los celos invadieran su corazón. Al principio, Saúl apreciaba a David, pero cuando escuchó a las mujeres cantar que David derrotaba a decenas de miles, se sintió amenazado. Es como si hubiera pensado: “La gente admira más a David que a mí, y podría quitarme el lugar”. Ese pensamiento, en vez de rechazarlo, se quedó en su mente y terminó arraigándose en su corazón.

Saúl llegó a temer perder su fama, su poder e incluso el trono. En vez de alegrarse de que Jehová estuviera usando a David y verlo como un aliado, comenzó a considerarlo un enemigo. Esa envidia fue creciendo poco a poco, convirtiéndose primero en resentimiento y luego en odio, hasta llevarlo a intentar matarlo en varias ocasiones.

Esto nos muestra lo peligroso que es no detener los celos y la envidia a tiempo. Un pensamiento aparentemente pequeño —“¿por qué lo felicitan más a él que a mí?”— puede crecer y transformarse en algo muy dañino si lo alimentamos.

La actitud de Saúl nos sirve de advertencia amorosa. Si no cuidamos nuestro corazón, podemos llegar a hacer cosas que jamás pensamos que seríamos capaces de hacer.

¿Por qué David no quiso matar a Saúl?

David no quiso matar a Saúl porque respetaba al rey ungido de Jehová. Aunque tuvo varias oportunidades para hacerlo, como cuando Saúl dormía en la cueva o cuando estaba acostado en su campamento, David se negó porque sabía que era Jehová quien decidiría cuándo terminaría el reinado de Saúl. David confiaba en que Jehová se encargaría de Saúl en el momento apropiado.

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La razón principal por la cual David no quiso matar a Saúl fue que tenía un profundo respeto por Jehová y deseaba respetar sus decisiones. Para David, Saúl no era solo un rey, sino el ungido de Jehová. Eso significaba que, aunque Saúl se estuviera comportando equivocadamente, Jehová había permitido que él ocupara esa posición.

David tuvo oportunidades muy claras de quitarle la vida a Saúl y así poner fin a sus problemas, pero él comprendía que hacerlo no era su decisión, sino un asunto que le correspondía únicamente a Jehová. Es conmovedor ver cuán sensible era su conciencia, pues incluso se sintió mal por haber cortado un pedazo de la ropa de Saúl, algo que para muchos habría parecido insignificante.

Que David no quisiera matar a Saúl nos muestra el nivel de respeto que tenía, no solo por la persona de Saúl, sino por la autoridad que Jehová había establecido. David prefería sufrir persecución y vivir escondido antes que tomar la justicia por su propia mano y desagradar a Jehová. Esa actitud revela un corazón profundamente leal y obediente.

¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?

Nos enseña que Jehová observa la conducta y la actitud del corazón, no solo las acciones externas. Jehová es quien pone y quita a los reyes, y nadie puede tomar su lugar por la fuerza.

De este relato aprendemos que Jehová protege a quienes son leales, como protegió a David de los intentos de Saúl por matarlo. Jehová actúa con justicia y en el tiempo adecuado.

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Aprendemos que Jehová se complace profundamente en quienes respetan su voluntad, aun cuando podrían encontrar razones para hacer lo contrario. David tuvo dos oportunidades claras de quitarle la vida a Saúl, pero eligió no hacerlo porque deseaba honrar la autoridad que Jehová había establecido y dejar la justicia completamente en sus manos.

Nos enseña que Jehová valora profundamente el dominio propio, la obediencia y el amor a la paz. Él no solo observa nuestras acciones, sino también las motivaciones que hay detrás de ellas.

Nos enseña que, aunque a veces podríamos sentir que es justo responder de la misma manera cuando alguien nos hace daño, Jehová se alegra cuando escogemos el camino más difícil: el de la paciencia, el perdón, el respeto por su organización y el dejar la justicia en sus manos.

Al ver cómo Jehová bendijo a David, aprendemos que cuando seguimos la manera en que Jehová dirige las cosas, eso nos trae bendiciones. Puede que por un tiempo parezca que quienes actúan mal prosperan, pero Jehová lo ve todo y actúa en el momento perfecto.

¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?

La lección que aprendemos es que no debemos dejarnos llevar por la envidia, porque puede hacernos actuar injustamente, como Saúl. Debemos respetar la autoridad, aun cuando no sea perfecta, tal como David respetó al rey Saúl.

Podemos aprender que debemos confiar en Jehová para que sea él quien resuelva los problemas difíciles, sin tomar la venganza por nuestra cuenta. La paciencia y la lealtad son cualidades que Jehová valora, como las mostró David.

Aprendemos que, cuando tenemos la oportunidad de hacer algo malo para “vengarnos”, debemos recordar que Jehová ve y recompensa las decisiones correctas y que él tomará acción en el momento adecuado.

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Aprendemos lo peligroso que es permitir que los celos y el resentimiento se guarden en el corazón. Si no los detenemos a tiempo, podemos terminar pensando mal de un hermano, viéndolo como una competencia e incluso haciéndole daño con palabras, chismes o actitudes frías. Sin darnos cuenta, podríamos alejarnos de personas a las que Jehová está usando y perder nuestra paz interior.

Aprendemos a valorar el ejemplo de David. Él demuestra que es posible mantener un corazón limpio aun cuando otros nos tratan injustamente. En lugar de intentar hacer justicia por nuestra propia cuenta, podemos imitar su actitud: respetar la organización de Jehová, conservar la calma, seguir haciendo lo que es correcto y dejar el juicio final en las manos de Dios.

Aprendemos a alegrarnos de los logros de los demás. Cuando vemos a un hermano o hermana a quien Jehová está usando de manera especial, en vez de compararnos, podemos alegrarnos y pensar: “Qué hermoso que Jehová lo esté usando”. Esta manera de pensar protege nuestro corazón y nos mantiene cerca de Jehová.

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Por toolsjw

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