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TESOROS DE LA BIBLIA: “Seamos mansos cuando estemos bajo presión”, Discurso, 12-18 Abril 2021.

“Seamos mansos cuando estemos bajo presión” (10 mins.)

La mansedumbre es una cualidad que define al pueblo de Dios, esto significa que tratamos con docilidad y suavidad todas las situaciones de nuestra vida porque nuestro carácter es manso. Hemos cultivado la mansedumbre y ésta se manifiesta en el trato con las personas, con nuestros hermanos, con nuestra familia.

Sabemos cómo Jehová trata a su pueblo, y tenemos el ejemplo a imitar de Jesús de cuando estuvo en la Tierra y se enfrentó a muchas situaciones en su vida. Siempre mantuvo la calma, fue manso, no se alteró ni actuó por impulso.

Nosotros imitamos el ejemplo de Jesús. Ser mansos puede ser relativamente fácil en ciertos ambientes. Por ejemplo, en la congregación cristiana estamos rodeados de hermanos y hermanas que comparten nuestro mismo vivir cristiano y valores bíblicos.

En la congregación es fácil ser manso porque nos amamos y todos somos mansos. No ocurrirá ninguna situación que nos ponga en alerta o nos genere estrés.

Tenemos muchos ejemplos de personas en la antigüedad que no eran perfectas como Jesús que también fueron mansas, como Moisés.

No obstante, Moisés tuvo sobre sí mismo una gran presión que le provocó un enorme estrés. Moisés siempre tuvo que tener la guardia alta porque el contexto en el que vivía y las personas con las que convivía así se lo exigía.

En el ambiente cristiano de la congregación no tenemos estrés ni se nos somete a ninguna presión. Justo lo contrario, disfrutamos de la compañía de nuestros hermanos y hermanas y pasamos el mayor tiempo que podemos con ello.

La cosa empieza a cambiar cuando salimos de nuestros salones y cogemos el coche, otro tipo de transporte o vamos caminando a nuestros hogares. Todo cambia cuando el ambiente en el que nos rodeamos es el trabajo o los estudios y ya no estamos rodeados de hermanos.




Sino de personas que no se esmeran ni se esfuerzan en ser mansas sino que tienen otros objetivos como sus propios intereses. Estamos hablando de ambientes totalmente diferentes, y aquí es más difícil ser mansos y nos puede pasar como le pasó a Moisés.

Moisés fue un fiel servidor de Jehová, aguantó mucho e hizo muchas cosas como hemos visto durante estas semanas en la reunión. Pero llegó un momento en el que ya no pudo soportar más y cedió. La alta presión que vivía constantemente día tras día, el estrés que le generó y su propia situación personal le llevó a perder la calma y cometer errores. Leamos Números 20:2-5. “Ahora bien, allí no había agua para el pueblo, y ellos se reunieron contra Moisés y Aarón. El pueblo se puso a discutir con Moisés y a decir: “¡Ojalá hubiéramos muerto cuando nuestros hermanos murieron delante de Jehová! ¿Para qué han traído a la congregación de Jehová a este desierto? ¿Para que nosotros y nuestro ganado muramos aquí? ¿Por qué nos han sacado de Egipto para traernos a este terrible lugar? Aquí no se puede sembrar ni hay higos ni vides ni granadas ni agua para beber”.

Toda la mansedumbre que había cultivado Moisés la perdió en un solo instante con una sola acción cometiendo un error muy importante y grave por el que sería castigado por Jehová, tanto a él como a Aarón. El quejumbroso pueblo de Israel seguía quejándose sin motivo, clamando y riñendo a Moisés como si él tuviese la culpa de que no hubiera agua. Seguían quejándose sin motivo aún cuando Jehová siempre les aportó todo lo que necesitaban.

Moisés debía estar acostumbrado al comportamiento tan desastroso de un pueblo que mostraba una vez tras otra falta de humildad y amor por todo lo que Jehová había hecho y seguía haciendo por ellos. Pero esta vez, Moisés no pudo más y todo el trabajo y esfuerzo que había hecho por ser manso lo perdió en un solo instante.

Entonces, ¿por qué le ocurrió esto a Moisés si ya estaría acostumbrado a las quejas y riñas del pueblo? Porque Moisés sigue siendo un humano imperfecto que llegó a punto de inflexión máximo. Moisés se encontraba en el final de los 40 años de un duro viaje por el desierto soportando los llantos injustificados de su pueblo.

Tras todos estos años, esta situación se presenta cuando su hermana, quien posiblemente lo había ayudado en Egipto salvándole la vida, había fallecido recientemente y enterrada en Qadés, un lugar del desierto donde acamparon los israelitas.

Moisés no se encontraba en el mejor momento y el pueblo se volvió nuevamente en contra de él, quién había sido siempre un líder bueno y había atendido a sus súplicas y exigencias, y siempre había intermediado entre Jehová y el pueblo. Un pueblo arrogante en el que múltiples veces Moisés le pidió y le rogó a Dios que lo perdonara.

Pero Moisés llegó a un tope, llegó a su máximo por la enorme presión y estrés que acumulaba encima y le falló gravemente a Dios. ¿Cómo? Números 20:10: “Entonces Moisés y Aarón reunieron al pueblo delante del peñasco, y Moisés les dijo: “¡Oigan ahora, rebeldes! ¿Es que quieren que nosotros les saquemos agua de este peñasco?”.

En primer lugar, veamos la palabra que usa: “rebeldes”. Estas semanas hemos estudiado mucho de la vida de Moisés. Y cuando leemos este versículo, claramente nos damos cuenta que Moisés no estaba en sí mismo y que había perdido los papeles. No es una palabra que vemos en el vocabulario de Moisés y que verdaderamente nos sorprende.

Nos sorprende pero también lo entendemos, porque muchas veces nosotros mismos nos hemos visto en situaciones parecidas. Situaciones que posteriormente reflexionamos en ellas y pensamos cosas similares a: “¿cómo pude hacer o decir eso?”. Esto es porque no estábamos en nosotros mismos, sino que estamos en un estado exacerbado y hemos actuado en caliente porque nos ha podido la presión y el estrés. Esto nos puede llevar a cometer errores y aún peor, a fallarle gravemente a Jehová.

En Números 20:10 el texto que hemos leído muestra un momento muy tenso para Moisés quién acumulaba muchas cosas atrás, durante muchos años, su hermana acababa de fallecer y el pueblo seguía siendo quejumbroso. ¿Y cuál fue el grave error de Moisés? Todos cometemos errores, Moisés se encontraba bajo mucha presión, ¿tan grave fue su error? Sí, ¿por qué?

Fueron una cadena de errores. En primer lugar. Moisés se dirigió al pueblo cuando Jehová no se lo había ordenado. Segundo, se dirigió al pueblo llamándoles “rebeldes”, palabra muy poco bonita y que Jehová no aprobó. En tercer lugar, Moisés no glorificó a Jehová y Aarón tampoco; en el versículo hemos leído que “nosotros les sacaremos agua”.

Estas palabras de Moisés da a entender que este milagro al golpear el peñasco dos veces y salir una gran cantidad de agua no se debe al poder de Jehová, sino que lo habían hecho Moisés y Aarón, por su cuenta. Esta falta de humildad, olvido hacia Jehová fue cometido por el orgullo y cólera que les hizo sentir la ira de Moisés al perder la calma ante las quejas del pueblo.

Sí, Moisés había sido siempre manso pero en un instante de debilidad, en un instante de estrés acumulado, de presión… perdió los papeles y tuvo una sentencia firme este error. Un grave error que provocó que Jehová actuará en consecuencia y en justicia como en casos similares. Leamos Números 20:12: “Más tarde, Jehová les dijo a Moisés y a Aarón: “Como ustedes no mostraron fe en mí ni me santificaron ante los ojos del pueblo de Israel, no llevarán a esta congregación a la tierra que yo les daré a ellos”.

Un grave error que tuvo un castigo consecuente. Jehová había confiado en Moisés para muchas cosas, por medio de él tuvo lugar la liberación de Egipto, por ejemplo, entre muchas tantas cosas. Eran los líderes de la nación y es lógico que Dios le exigiera mayor rectitud a ellos.

 Esta grave repercusión ocurrió porque en situaciones de enorme estrés y presión, se puede perder la calma y esto nos lleva a cometer errores. No es fácil mantenerse firme a muchas situaciones y mantener la calma para no actuar en caliente. Pero debemos esforzarnos por ser personas mansas que no nos enojamos con facilidad.

Enojarse con facilidad no es un comportamiento cristiano y nos llevará a hacer cosas de las que nos arrepentiremos cuando estemos más calmados y tranquilos. Si no somos mansos, actuará en nosotros el orgullo, el egoísmo y la ira.

Cuando se nos trata mal debemos ser pacientes, cultivar la gran paciencia que nos dice la Biblia. No responder en caliente, no irritarnos ni guardar rencor ni tratar de vengarnos. En muchas situaciones es mejor no decir nada y dejar que pase la situación, ya la persona se calmará y verá sus propios actos.

No permitamos que nuestros actos estén influenciados y respondan en consecuencia de la misma forma que la cólera e irá del que nos está provocando. Los nuestros deben ser calmados, pacientes y amorosos. Si nos descuidamos y nos dejamos llevar por la situación que se nos presenta y la usamos para descargar todo el estrés y presión que tenemos acumulado a lo largo del día o días. Estaremos cometiendo un grave error tal como hizo Moisés.

El estrés nos debilita, así que esforcémonos por ser mansos aún más cuando estamos en situaciones bajo presión. De esta forma, siempre estaremos alerta y evitaremos sentimientos negativos como el orgullo, la ira o el egoísmo. Si así lo hacemos, si somos pacientes, seremos personas mansas y prudentes, y nuestro comportamiento y compostura siempre agradará, alabará y honrará a Jehová.

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