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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

 

Jueves 29 de octubre 2020

Tomen el escudo grande de la fe, con el cual podrán apagar todos los proyectiles encendidos del inicuo (Efes. 6:16).




Algunos de “los proyectiles encendidos” que Satanás puede lanzarnos son mentiras sobre Jehová, como que no le importamos y que no nos quiere. Una chica de 19 años llamada Ida dice: “A menudo, me parece que Jehová está lejos de mí, que no quiere ser mi Amigo”. ¿Cómo les hace frente a estos sentimientos? Ella explica: “Las reuniones son como una inyección para mi fe. Antes, me limitaba a sentarme y nunca levantaba la mano. Me parecía que a nadie le importaban mis comentarios. Pero ahora me preparo para las reuniones y trato de responder dos o tres veces”. El caso de Ida destaca una verdad importante. El escudo de los soldados romanos tenía un tamaño fijo, pero el escudo de la fe puede hacerse más grande o más pequeño. Su tamaño depende de nosotros (Mat. 14:31; 2 Tes. 1:3). Por eso es tan importante que fortalezcamos nuestra fe. w18.05 29, 30 párrs. 12-14.

“EL YELMO DE LA SALVACIÓN”

¿En qué se parece nuestra esperanza a un casco?

El yelmo o casco de los soldados romanos estaba diseñado para repeler los golpes dirigidos a la cabeza, el cuello y la cara. Algunos cascos tenían un asa para llevarlos en la mano.

Tal como el casco protegía la cabeza del soldado, “la esperanza de la salvación” protege nuestra mente, es decir, nuestra capacidad de pensar (1 Tes. 5:8; Prov. 3:21). La esperanza nos ayuda a mantenernos centrados en las promesas divinas y a ver los problemas con equilibrio (Sal. 27:1, 14; Hech. 24:15). Eso sí, para que el casco espiritual nos proteja, debemos llevarlo en la cabeza, no en la mano. En otras palabras, la esperanza tiene que ser muy real en nuestra mente.

¿Cómo puede intentar Satanás que nos quitemos el casco espiritual? y ¿Cómo podemos demostrar que no nos hemos dejado engañar por Satanás?

Satanás puede intentar que nos quitemos el casco espiritual. ¿Cómo? Piensa en lo que hizo con Jesús. Seguro que sabía que Jesús esperaba gobernar a la humanidad en el futuro. Pero antes tendría que sufrir y morir, y después esperar al momento que Jehová había establecido. Así que el Diablo lo tentó con la posibilidad de cumplir su esperanza más rápido. Le dijo que, si realizaba ante él un solo acto de adoración, podría tenerlo todo de inmediato (Luc. 4:5-7). De manera parecida, Satanás sabe que Jehová ha prometido darnos cosas materiales en el nuevo mundo. Pero antes tenemos que esperar y quizás sufrir problemas. Así que el Diablo nos tienta con la posibilidad de disfrutar de una buena vida aquí y ahora. Quiere que busquemos primero las cosas materiales y dejemos el Reino en segundo lugar (Mat. 6:31-33).

Muchos jóvenes cristianos no se han dejado engañar por Satanás. Por ejemplo, una chica de 20 años llamada Kiana dice: “Sé que el Reino de Dios es lo único que puede resolver todos nuestros problemas”. ¿Qué efecto tiene esa esperanza en su forma de pensar y actuar? Ella responde: “La promesa del Paraíso me ayuda a poner en perspectiva mis metas. No trato de aprovechar mis talentos para ganar dinero o para llegar lo más alto posible en una empresa. En vez de eso, invierto mi tiempo y energías en las metas espirituales”.

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