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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Miércoles 19 de agosto del 2020

Mis ovejas escuchan mi voz (Juan 10:27).

Demostramos que escuchamos a Jesús no solo prestando atención a sus palabras, sino obedeciéndolas. No nos dejamos distraer por “las inquietudes de la vida” (Luc. 21:34). Más bien, consideramos una prioridad obedecer sus mandatos, incluso cuando afrontamos circunstancias difíciles. A pesar de todo, seguimos fieles a Jehová pase lo que pase. También escuchamos a Jesús cuando colaboramos con quienes él ha nombrado para dirigirnos (Heb. 13:7, 17). En los últimos años, la organización de Dios ha hecho muchos cambios. Por ejemplo, nos ha dado nuevos métodos y herramientas para la predicación. También ha cambiado el formato de la reunión de entre semana y la manera de construir, remodelar y dar mantenimiento a los Salones del Reino. ¿Verdad que agradecemos que se nos guíe de forma tan amorosa y bien meditada? Podemos estar seguros de que Jehová bendecirá nuestros esfuerzos por obedecer la oportuna dirección de la organización. w19.03 10, 11 párrs. 11, 12.

¿Cómo nos beneficia escuchar a Jesús?

Escuchar todo lo que Jesús enseñó nos beneficia mucho. ¿Cómo? Por ejemplo, él les prometió a sus discípulos que sus enseñanzas los reconfortarían. Dijo: “Hallarán refrigerio para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mat. 11:28-30). La Palabra de Dios —incluidos los cuatro relatos de la vida y el ministerio de Jesús— nos alienta, nos ayuda a recuperar la fortaleza espiritual y nos hace sabios (Sal. 19:7; 23:3). Jesús afirmó: “¡Felices son los que oyen la palabra de Dios y la guardan!” (Luc. 11:28).

De acuerdo con Juan 12:27, 28, ¿cuál fue la tercera vez en que Jehová habló desde el cielo? y ¿Por qué consolaron y fortalecieron a Jesús las palabras de Jehová?

 (Lea Juan 12:27, 28). El Evangelio de Juan relata la tercera vez en que Jehová habló desde el cielo. Unos días antes de morir, Jesús estaba en Jerusalén para celebrar su última Pascua. Después de decir que se sentía angustiado, le pidió a Dios en una oración: “Padre, glorifica tu nombre”. Y Jehová le respondió desde el cielo: “Lo glorifiqué, y también lo glorificaré de nuevo”.

A Jesús lo angustiaba pensar en la gran responsabilidad que tenía de ser fiel a Jehová. Sabía que lo azotarían y lo matarían (Mat. 26:38). Pero lo que más le importaba era glorificar el nombre de su Padre. Le preocupaba que su muerte manchara la reputación de Dios, porque lo habían acusado de blasfemia. Pero las palabras de su Padre debieron darle la certeza de que el nombre de Jehová sería glorificado. De seguro que estas lo tranquilizaron y lo fortalecieron para aguantar lo que iba a sufrir. Aunque es posible que solo él las comprendiera, Jehová se aseguró de que quedaran registradas para el beneficio de todos nosotros (Juan 12:29, 30).

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