BUSQUEMOS PERLAS ESCONDIDAS: 13-19-Octubre-2025, ECLESIASTÉS 7, 8, Respuestas.

Busquemos perlas escondidas (10 mins.)
Ec 7:20-22. ¿Cómo nos ayudan estos versículos a decidir si debemos hablar con un hermano que nos ha ofendido? (w23.03 31 párr. 18).
El texto de Eclesiastés 7:20-22 nos recuerda que todos somos imperfectos y pecamos, incluso al pensar mal de otros. Esto debería impulsarnos a ser comprensivos con el hermano que nos ofendió. Antes de hablarle, debemos examinar nuestros motivos y recordar que también hemos cometido errores.
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Los versículos y principios nos guían a un autoanálisis reflexivo. ¿Tenemos todos los hechos? ¿Fue intencional? ¿Creará la confrontación un problema peor, como echar más leña al fuego? Si la ofensa no es grave, el amor y la madurez nos llevarán a pasar por alto la falta. Es mejor optar por el perdón y mantener la paz, demostrando ser tardos para la cólera.
Puede que en ocasiones nos parezca necesario hablar con un hermano que nos ofendió, pero antes de dar ese paso debemos hacernos un autoexamen: ¿tengo todos los hechos?, ¿será que lo hizo sin querer?, ¿hice yo algo parecido en el pasado? Si hablo con el hermano, ¿crearé un problema mayor que el que estoy intentando solucionar? Si dedicamos tiempo a pensar en estas preguntas, tal vez lleguemos a la conclusión de que es mejor mostrar amor y olvidar el asunto.
Eclesiastés 7:20-22, nos ayuda a reconocer que todos cometemos errores y que, en ocasiones, también hemos dicho o hecho cosas que pudieron ofender a otros sin querer. Esta reflexión puede llevarnos a ser más comprensivos y a considerar que, cuando un hermano nos ofende, es mejor mostrar amor y olvidar el asunto en lugar de confrontarlo.
El versículo 20 de Eclesiastés 7 nos recuerda que “no hay nadie justo en la tierra que haga siempre el bien”, lo que nos invita a ser humildes. Por su parte, los versículos 21 y 22 nos animan a no prestar demasiada atención a todo lo que se dice, pues incluso nosotros hemos hablado mal de otros alguna vez. Reflexionar en estos puntos nos ayuda a evitar confrontaciones que agraven el problema en lugar de resolverlo.
Estos versículos nos recuerdan una verdad fundamental: todos somos imperfectos y cometemos errores. Ningún ser humano puede afirmar que siempre hace lo correcto, así que, antes de ofendernos por las palabras o acciones de un hermano, conviene detenernos a reflexionar.
Eclesiastés 7:21, 22 señala que, si prestamos demasiada atención a lo que otros dicen, podríamos escuchar cosas que nos hieran, incluso de alguien cercano. Sin embargo, también nos invita a recordar que nosotros mismos, en algún momento, hemos hablado mal de otros o hemos deseado el mal sin pensar en las consecuencias.
Este recordatorio fomenta la humildad y la empatía. En lugar de reaccionar con rapidez, podemos preguntarnos: ¿realmente necesito confrontar a mi hermano por esto? ¿O puedo pasar por alto la ofensa con amor? Tal como aconseja La Atalaya de marzo de 2023, reflexionar sobre nuestra propia imperfección puede ayudarnos a no exagerar la ofensa y a evitar crear un problema mayor. En muchos casos, mostrar paciencia y amor contribuye más a la paz de la congregación que señalar cada falta.
Hoy en día, en un mundo donde las palabras se lanzan con rapidez —ya sea en persona o en redes sociales—, estos versículos nos animan a no ser susceptibles ni rencorosos. En vez de reaccionar de inmediato ante una ofensa, se nos invita a pensar, examinar nuestra propia conducta y cultivar la empatía. Esto promueve la paz en la congregación y refuerza la unidad cristiana, tan valiosa en un tiempo donde la sociedad fomenta la división y la confrontación.
Este texto me enseña que todos fallamos, así que cuando alguien me trata mal o dice algo injusto, trato de no guardar rencor. Recuerdo que yo también he cometido errores, y eso me ayuda a ser más comprensivo y mantener la paz.
Este texto me consuela porque me recuerda que no debo reaccionar rápido ni dejar que el enojo se quede en mi corazón. Si pienso con calma, puedo ver la situación con más equilibrio y actuar como Jehová espera, mostrando paciencia y amor.
Cuando me han ofendido, este versículo me anima a dejar el asunto en manos de Jehová. Recordar que yo también cometo errores me ayuda a promover la paz pasando por alto la falta y evitando confrontaciones que puedan agravar la situación. Esto me quita una carga de encima y me da paz interior.
Estos versículos de Eclesiastés nos ayudan a decidir si debemos hablar con un hermano que nos ha ofendido, ya que nos invitan a reflexionar sobre nuestras propias acciones y actitudes. Nos recuerdan que todos somos imperfectos y cometemos errores. Esto nos hace considerar si estamos siendo hipócritas al juzgar a nuestro hermano, pues nosotros también hemos fallado en el pasado.
Nos animan a ser más comprensivos y misericordiosos con los demás, lo que podría llevarnos a decidir no hablar con el hermano que nos ofendió y, en su lugar, optar por perdonar y olvidar el asunto. De esta manera, podemos abordar la situación con humildad, empatía y comprensión.
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Eclesiastés 7:1. El valor reside en labrar un buen nombre ante Dios mediante la fidelidad y la obediencia constante. Esto es superior a cualquier riqueza material. Toda nuestra vida es una oportunidad para mostrar esta valiosa lealtad.
Eclesiastés 7:9. Es fundamental cultivar la paciencia y la madurez. En lugar de reaccionar impulsivamente ante un comentario hiriente, evite ser susceptible. No se precipite a sacar conclusiones. Esto promueve la paz y previene la insensatez.
Eclesiastés 7:10. Notemos que el versículo no dice que esté mal preguntarse por qué los tiempos pasados eran buenos, sino por qué eran mejores que los de ahora. A fin de cuentas, los buenos recuerdos son un regalo de Jehová. El problema está en comparar nuestras circunstancias anteriores con las actuales y llegar a la conclusión de que ahora todo es peor.
Eclesiastés 7:16. Es una advertencia contra el perfeccionismo y la tendencia a juzgar a otros de forma farisaica. La justicia extrema, no bíblica, puede llevar al desánimo, a la desolación e incluso a creerse superior, lo cual es contrario a la humildad cristiana.
Eclesiastés 8:4. Se debe mostrar sumisión a la autoridad gubernamental. Se reconoce el poder de los que tienen el mando para gobernar. Aunque no se esté de acuerdo con todas sus acciones, se respeta la posición de autoridad permitida por Dios.
Eclesiastés 8:6. El texto da esperanza al saber que Dios ha fijado un tiempo para eliminar la maldad y la miseria. Enfocarse en la promesa del juicio divino impulsa a las personas a hacer los cambios necesarios en su vida y a actuar con urgencia.
Eclesiastés 8:11. La paciencia de Dios al no ejecutar la sentencia de inmediato no es debilidad, sino una oportunidad para que la gente se arrepienta. Esto subraya la necesidad de tomar una postura ahora, antes de que llegue la ejecución del juicio.
Eclesiastés 8:17. Ayuda a contrarrestar el orgullo intelectual. Se destaca que las respuestas a las preguntas profundas de la vida no pueden hallarse solo con el esfuerzo humano. La humildad es indispensable para aceptar la verdad revelada por Dios en su Palabra.
Eclesiastés 7:1. Este texto nos enseña que un buen nombre, una buena reputación, es muy importante y la construimos día a día con nuestras acciones y decisiones.
Eclesiastés 7:2. Nos enseña a no huir de los momentos serios o difíciles. En lugar de vivir en una burbuja de entretenimiento, aceptamos esos momentos difíciles, especialmente cuando alguien sufre la pérdida de un ser querido. Algunos podríamos sentir que no sabemos qué decir, pero lo mejor es simplemente estar allí, acompañar y dar un abrazo sincero.
Eclesiastés 7:3. nos enseña que hay que evitar la zona de confort. A veces nos sentimos incómodos, desafiados o tristes; en lugar de rechazarlo de inmediato, preguntémonos: “¿Qué me está enseñando esta situación?”. Los hombres y mujeres de fe crecieron en medio de la incomodidad.
Eclesiastés 7:5. Este texto nos enseña que nuestras amistades influyen en nosotros. Es conveniente ser amigos de personas sinceras y sabias que nos dirán la verdad con amor. Su “corrección” es un regalo que nos ayuda a crecer. En cambio, evitamos a quienes dan alabanzas constantes y vacías.
Eclesiastés 7:8. Nos enseña que hay que terminar lo que empezamos. En lugar de dejar las cosas a medias, podemos visualizar la satisfacción de lograrlo. Para llegar a eso, necesitamos la ayuda de Jehová y poner en práctica la paciencia y la constancia. El entusiasmo inicial es bueno, pero la culminación es mejor.
Eclesiastés 7:9. Aprendemos que debemos dominar nuestro enojo en lugar de decir “yo soy así”. El enojo es como el fuego: puede calentar una habitación o puede quemar la casa entera. Podemos hacer una pausa y respirar antes de reaccionar.
Eclesiastés 7:10. Este texto nos recuerda las palabras de Jesús de no volver la vista al pasado. La nostalgia excesiva es un freno. En lugar de idealizar el ayer, buscamos las oportunidades y la belleza del hoy. Jehová está haciendo algo nuevo en nuestra vida ahora mismo; solo lo veremos si dejamos de mirar hacia atrás.
Eclesiastés 7:12. Nos enseña que buscar sabiduría en la palabra de Dios no es solo acumular datos. Es forjar un escudo que nos protege de tomar malas decisiones, de caer en trampas y de perder el rumbo. Literalmente, salva vidas.
Eclesiastés 7:14. Nos enseña que es normal tener días buenos y días malos. Si hoy es un buen día, damos gracias y lo disfrutamos. Pero, si es un día no muy bueno, recordamos que Jehová está en control incluso de los ciclos de la vida. Confiamos en que él puede usar todas las estaciones para nuestro bien y mantener nuestro corazón en paz.
Eclesiastés 7:16-18. La vida no es en blanco y negro. Evitamos los extremos de creernos los únicos y los mejores, y de pensar que los demás son inferiores. Es mejor andar tranquilos, con humildad, dependiendo de Jehová y haciendo el bien según nuestras circunstancias.
Eclesiastés 7:1. Este texto me enseña que una buena reputación, forjada por una vida íntegra ante Jehová, tiene más valor que cualquier riqueza o prestigio conseguido en este mundo. De allí que el día de la muerte puede ser mejor que el del nacimiento si marca el cierre de una vida fiel.
Eclesiastés 7:2. Este texto nos recuerda que pensar en la muerte no es algo negativo. Al estar cerca del dolor o asistir a un funeral, entendemos lo corta que es la vida. Esa reflexión puede ayudarnos a vivir con más sentido en vez de andar sin rumbo.
Eclesiastés 7:5, 6. Estos textos me enseñan que aceptar la corrección de alguien sabio es señal de humildad y madurez espiritual, porque Jehová valora a quienes se dejan moldear. Esto nos anima a aconsejar con amor, pero también con firmeza cuando es necesario.
Eclesiastés 7:7. Este texto me enseña que la injusticia y la corrupción pueden desviar incluso a la persona más sabia si no se mantiene alerta. De allí que nuestro corazón debe estar protegido por los principios bíblicos y nuestra determinación debe ser rechazar todo lo que comprometa nuestra lealtad a Jehová.
Eclesiastés 7:8. Este texto me enseña que Jehová valora la paciencia y la perseverancia más que el entusiasmo inicial, y que el final de un asunto revela el carácter verdadero. Esto me motiva a no rendirme ni cansarme si el fin de este sistema no llega pronto.
Eclesiastés 7:9. Este versículo me enseña que el enojo precipitado es señal de insensatez. De allí que Jehová nos llame a cultivar el autodominio, especialmente cuando enfrentamos provocaciones. Esta enseñanza me es muy útil en el ministerio, ya que me ayuda a responder con calma cuando nos ofenden o cuando la gente solo quiere debatir.
Eclesiastés 7:19. Este texto me enseña que la sabiduría que viene de Jehová da más fuerza que cualquier poder humano y nos capacita para enfrentar desafíos, tomar decisiones acertadas y resistir la presión. En el ministerio, esta enseñanza nos recuerda que nuestro éxito en la predicación no depende tanto de nuestra fuerza física, sino de nuestro discernimiento espiritual.
Eclesiastés 7:20-22. Estos textos me enseñan que todos fallamos y que no hay justo que nunca peque. De allí que debemos ser humildes y no tomar a pecho cada comentario, sino recordar que también nosotros hemos dicho cosas que no deberíamos. Jehová nos llama a cultivar la misericordia y el perdón tanto hacia los demás como hacia nosotros mismos.
Eclesiastés 8:5. Este texto me enseña que la persona sabia no solo obedece, sino que también discierne el momento y el modo correcto de actuar. Esto me recuerda que Jehová no solo nos enseña, sino que también espera que hagamos las cosas con buen juicio. Esta lección me es útil en el ministerio para saber cuándo hablar, cómo abordar a alguien y cuándo esperar, a fin de obtener buenos resultados.
Eclesiastés 8:6. Este texto muestra que cada asunto tiene su tiempo y procedimiento, y aunque los problemas humanos son muchos, Jehová nos da guía para enfrentarlos con orden y paciencia. Esta verdad me ayuda a no desesperarme y a confiar en que hay una manera correcta de resolver cada situación siempre que me apoye en la guía de Jehová.
Eclesiastés 8:9. Este texto muestra que el dominio del hombre sobre el hombre solo ha traído sufrimiento. De esto aprendo a no poner mi esperanza en los sistemas humanos, sino en el Reino de Dios. En el ministerio puedo usar este texto como una base sólida para explicar por qué oramos por ese Reino y por qué mantenemos nuestra neutralidad en relación con los gobiernos humanos.
Eclesiastés 8:10. Este texto muestra que los malvados pueden ser honrados en vida, pero pronto son olvidados, mientras que lo que realmente perdura es la aprobación de Jehová. Esto me anima a buscar el reconocimiento de Jehová y no el de los hombres.
Eclesiastés 7:8. El versículo resalta que la verdadera sabiduría no está en empezar con entusiasmo, sino en tener paciencia hasta el final. La arrogancia nos lleva a apresurarnos o a rendirnos, mientras que la paciencia da fruto. Este texto me hace pensar que, en la vida cristiana, no basta con empezar bien; lo importante es mantenerse fiel hasta el final.
Eclesiastés 7:8. A veces, cuando estamos en una prueba o en un proyecto espiritual, como un curso bíblico, al principio hay mucha ilusión, pero con el tiempo puede surgir el cansancio. Este versículo me anima a ser paciente, a no dejarme llevar por la impaciencia o el orgullo, sino a confiar en que Jehová bendecirá el resultado si sigo adelante con aguante.
Eclesiastés 7:9. Aquí se advierte que dejarse llevar por la ira es señal de necedad. La calma refleja madurez y sabiduría. Este texto contiene un consejo muy práctico para la vida diaria. A todos nos puede pasar que alguien diga algo que nos moleste, ya sea en el trabajo o incluso en la congregación. Pero si reaccionamos con ira, lo único que hacemos es empeorar las cosas.
Eclesiastés 7:9. Cuando recuerdo que la ira es propia de los tontos, eso me ayuda a detenerme y pensar: ¿quiero verme como alguien necio o como alguien que refleja el espíritu de Jehová? Eso me motiva a respirar profundo y actuar con calma.
Eclesiastés 8:5. El texto subraya que la obediencia y la sabiduría práctica ayudan a evitar problemas. La sabiduría no solo consiste en saber qué hacer, sino también en saber cuándo y cómo hacerlo. Este versículo nos recuerda que no basta con saber lo que es correcto; también importa cómo y cuándo actuar.
Eclesiastés 8:5. Si debemos dar un consejo a un hermano, hay que hacerlo con amor y en el momento oportuno, pues eso puede marcar la diferencia. Además, al ser obedientes a las normas de Jehová evitamos sufrimientos innecesarios. Es un recordatorio de que la sabiduría no es solo conocimiento, sino también tacto y obediencia.
Eclesiastés 8:12. El texto reconoce que el malvado a veces parece prosperar, pero al final los que temen a Dios tendrán una verdadera recompensa. A veces vemos que personas que hacen lo malo viven tranquilamente y hasta parecen felices, mientras que nosotros enfrentamos pruebas.
Eclesiastés 8:12. Pero este versículo me da mucha paz, porque me recuerda que Jehová no se olvida de los que le temen. Tal vez ahora no veamos toda la justicia, pero en el futuro seguro que sí. Eso me ayuda a no envidiar al malvado ni desanimarme, porque sé que, al final, a los que tememos a Jehová nos irá bien.
Eclesiastés 7:8. Este texto me enseña que no debo rendirme cuando algo no sale como espero al principio. A veces los buenos resultados llegan con el tiempo. Si soy paciente y no me desespero, Jehová puede bendecir mis esfuerzos. Por ejemplo, cuando predico y no hay buena respuesta, en vez de frustrarme, puedo recordar que el final puede ser mejor que el inicio.
Eclesiastés 7:9. Este versículo me recuerda que dejarme llevar por la ira no me ayuda en nada. Si me enojo rápido, solo me hago daño a mí mismo. Por eso, cuando algo me molesta, trato de calmarme y pensar cómo reaccionaría un siervo de Jehová. Ser tranquilo demuestra sabiduría y autocontrol.
Eclesiastés 7:16. Aquí entiendo que no debo pensar que soy mejor que otros ni imponer mis puntos de vista. A veces podemos ser tan estrictos con nosotros mismos o con los demás que perdemos la alegría de servir a Jehová. Él no quiere perfección; quiere que seamos equilibrados y humildes.
Eclesiastés 7:20. Este texto me ayuda a no ser tan duro conmigo mismo ni con otros cuando cometemos errores. Todos fallamos, pero Jehová ve nuestro esfuerzo por hacer lo correcto. Lo importante es arrepentirnos y seguir adelante.
Eclesiastés 7:21, 22. Este consejo me enseña a no tomarme todo tan personal. Si alguien dice algo negativo de mí, no debo enojarme ni guardar rencor, porque yo también he cometido errores. Es mejor dejar pasar las ofensas y mantener la paz.
Eclesiastés 8:5. Aprendo que obedecer las normas de Jehová me protege. A veces cuesta esperar el momento correcto para actuar, pero si confío en Jehová, él me guía y me evita muchos problemas.
Eclesiastés 8:11. Este texto me recuerda que, solo porque algo malo no tenga consecuencias inmediatas, no significa que Jehová no lo vea. Él tiene su tiempo para todo. Eso me anima a seguir haciendo lo correcto, aunque parezca que otros se salen con la suya.
Eclesiastés 8:12, 13. Esto me da mucha paz. Puede parecer que las personas malas viven mejor, pero al final los que temen a Jehová son los que realmente tienen su bendición. Eso me motiva a seguir fiel, aunque el mundo parezca injusto.
Eclesiastés 7:1. Este texto nos enseña que la buena reputación es más valiosa que cualquier cosa material o placer temporal. También nos recuerda que la forma en que vivimos y nos comportamos puede tener un impacto duradero en nuestra reputación y en la opinión que los demás tienen de nosotros. Como cristianos, debemos esforzarnos por mantener una buena reputación.
Eclesiastés 7:2. Este versículo nos enseña la importancia de reflexionar sobre la muerte y la brevedad de la vida, y cómo esto puede ayudarnos a ser más sabios y valorar nuestra relación con Jehová.
Eclesiastés 7:2. Nos recuerda que debemos aprovechar los momentos difíciles, como los funerales, para considerar nuestra propia muerte y la importancia de servir a Jehová. Además, nos enseña a mostrar respeto y apoyo a quienes están sufriendo la pérdida de un ser querido.
Eclesiastés 7:5. Este texto nos recuerda la importancia de buscar y valorar el consejo sabio y constructivo de hermanos espirituales y maduros en la congregación. En lugar de dejarnos llevar por halagos o comentarios superficiales, debemos buscar la guía y la corrección de aquellos que tienen experiencia y conocimiento en las Escrituras, para crecer espiritualmente y tomar decisiones que agraden a Jehová. Al hacer esto, podemos mantener una relación estrecha con Dios.
Eclesiastés 7:9. Este versículo nos enseña a controlar nuestra ira y a no dejar que el enojo nos domine. La paciencia puede ayudarnos a tomar decisiones más sabias y a evitar acciones de las que luego nos arrepintamos.
Eclesiastés 7:10. Este versículo nos enseña a no idealizar el pasado ni comparar negativamente el presente con él. En lugar de eso, debemos enfocarnos en vivir cada día de manera que agrademos a Dios y aprovechemos las oportunidades que nos da.
Eclesiastés 7:11. Este versículo destaca el valor de la sabiduría comparándola con una herencia valiosa. Ambas cosas pueden beneficiar a quienes las poseen y les ayudan a aprovechar la vida de manera positiva.
Eclesiastés 7:12. Este texto nos enseña que la sabiduría divina es más valiosa que el dinero, ya que puede protegernos y preservarnos la vida. La verdadera sabiduría proviene de conocer y amar a Jehová, y nos ayuda a tomar decisiones que nos acerquen a él y nos alejen de la adversidad.
Eclesiastés 7:15, 16. Este versículo nos muestra la realidad de la vida, donde a veces las cosas no parecen justas. Hay personas buenas que sufren y personas malas que prosperan. Esto nos invita a confiar en la justicia de Dios y no en la justicia humana.
Eclesiastés 7:20. Este texto nos recuerda que todos nos equivocamos y que solo Jehová es perfecto. Esto nos ayuda a ser humildes y a buscar su guía y perdón.
Eclesiastés 7:21. Este versículo nos aconseja no preocuparnos demasiado por lo que otros dicen de nosotros, ya que eso puede llevarnos a la amargura o la ansiedad.
Eclesiastés 7:22. Este versículo nos recuerda que todos tenemos defectos y cometemos errores, lo que nos lleva a ser humildes. Al reconocer que nosotros mismos hemos pecado, podemos aprender a perdonar a los demás y a ser más compasivos. La Biblia nos guía para vivir una vida justa y agradable a Dios, y este versículo nos anima a seguir sus principios para lograrlo.
Eclesiastés 7:29. El texto nos muestra que la desobediencia de Adán y Eva llevó a la humanidad a desviarse del camino recto que Dios había establecido. Aunque tenemos la capacidad de elegir entre el bien y el mal, es importante meditar y reflexionar sobre nuestras decisiones para tomar opciones sabias y justas que nos beneficien a nosotros y a los demás.
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