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Ilustraciones Teocráticas para Nuestro Ministerio, Tema: «PERDONAR»

«PERDONAR»

1) Imaginémonos que vamos en un avión que está despegando. Al mirar por la ventanilla, vemos cerca de la pista a una conocida que hace el rudo gesto pueril de sacar la lengua. Sabemos que se siente molesta y que tal vez esté pensando en nosotros. O puede que ni siquiera se acuerde de nosotros. En cualquier caso, cuando el avión describe un círculo para ganar altitud, pasamos muy por encima de aquella persona, que ahora nos parece como una motita de polvo. Al cabo de una hora estamos a cientos de kilómetros de distancia, y su rudo gesto ha quedado muy atrás. De igual modo, muchas veces nos resultará más fácil perdonar si intentamos ser como Jehová y, sabiamente, dejamos pasar la ofensa (Proverbios 19:11). ¿No nos parecerá insignificante el desaire de aquí a diez años o cuando llevemos doscientos años en el Milenio? ¿Por qué no pasarlo simplemente por alto? (w99 15/10 págs. 15-16)

2) El auténtico amigo es indulgente con los defectos de poca monta. Ocurre igual que con las frambuesas: aunque a algunos no les gustan por sus semillitas, los amantes de esta fruta ni siquiera las notan. Así mismo, al amigo legítimo se le quiere por sus virtudes y se le pasan por alto las faltas leves. Pablo nos exhorta: “Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente” (Colosenses 3:13). Quienes aprenden a ser magnánimos mantienen sus relaciones. (w00 1/12 págs. 22-23)

3) Las lesiones físicas van de pequeños cortes a heridas profundas, y no todas requieren el mismo grado de atención. Lo mismo sucede con los sentimientos lastimados: algunas heridas son más profundas que otras. ¿Es necesario convertir en un conflicto toda leve magulladura que suframos en nuestras relaciones interpersonales? Las irritaciones menores, los desaires y las molestias forman parte de la vida y no requieren necesariamente un perdón formal. Si se nos conoce como personas que rechazamos a los demás por cualquier decepción insignificante e insistimos en que se disculpen antes de volver a tratarlos con cortesía y educación, es posible que los obliguemos a ser muy cautelosos con nosotros o a mantener las distancias. w97 1/12 pág. 18)

4) Pensemos en una casa que está en muy mal estado: las canaletas de desagüe se están cayendo, las ventanas están rotas y el techo tiene filtraciones de agua. La mayoría de la gente se fija en el aspecto deplorable que presenta la casa y cree que lo mejor es derrumbarla. Pero entonces llega una persona con un criterio muy distinto. Esta ve más allá de lo superficial y se da cuenta de que la estructura es sólida, por lo que es posible restaurar la casa. Decide comprarla y con esfuerzo logra reparar los desperfectos superficiales y mejorar su apariencia. Ahora la gente que pasa frente a ella comenta lo preciosa que es. ¿Podemos ser como esta persona que se esforzó por restaurar la casa? En vez de fijarnos en los defectos superficiales de nuestros hermanos, ¿podemos ver sus buenas cualidades y su potencial de crecimiento espiritual? En tal caso llegaremos a amarlos por su belleza espiritual, tal como lo hace Jehová (léase Hebreos 6:10). (w08 15/3 pág. 27 párr. 9).

Recopilatorio de varias publicaciones publicada por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

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