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TESOROS DE LA BIBLIA: “¿Por qué no debemos ser quejumbrosos?”, Discurso, 15-21 Marzo 2021.

 

“¿Por qué no debemos ser quejumbrosos?” (10 mins.)

Como pueblo de Dios que somos debemos reflejar una serie de cualidades que permita la unidad y amor de nuestra conferencia, y claro, con ello se nos diferencia del mundo. recordemos que somos un pueblo aparte del mundo,pues vivimos en él pero no somos parte de él. ¿Cómo se distingue el pueblo de Dios de los demás? La respuesta es, por medio de cada uno de nosotros. como testigos dedicados a Jehová  Juramos que nuestra vida estaría su servicio y eso implica vestirnos de la nueva personalidad cristiana.

Esto implica, como bien sabemos imitar las cualidades de Jehová y de Jesús el cual nos sirve de ejemplo a imitar en todos los aspectos de nuestras vidas. Si no lo hiciéramos así, ¿Qué sería lo que realmente nos diferencia de los demás?, está claro que no  sólo decimos ser testigos de Jehová sino que tenemos que demostrarlo, no sólo a las personas de este sistema, sino también  a Dios.

¿Qué pasó en la antigüedad?Leamos por favor el libro de Números el capítulo 11 y el versículo 1, si lo encontró acompáñame por favor con la lectura dice así: Ahora bien, el pueblo comenzó a quejarse con amargura delante de Jehová. Cuando Jehová los oyó, se enfureció, y un fuego de Jehová empezó a arder entre ellos y a consumir a algunos en las afueras del campamento.

Notemos que estas personas fueron consumidas no por qué en alguna ocasión. Todos nosotros nos quejamos de vez en cuando como humanos imperfectos que somos.  en muchas ocasiones estamos sometidos a grandes presiones y esto nos lleva a quejarnos  injustificadamente. Leemos el versículo que dice que el pueblo empezó a quejarse con amargura. alguna que otra vez, ¿Qué podemos decir de nosotros? verdad que, alguna vez hemos sido injustos o visto sólo lo que nosotros queríamos ver y nos hemos quejado sin causa alguna. también en alguna ocasión hemos  pedido perdón después por nuestro comportamiento cuando estuvimos más tranquilos.

Los cristianos de hoy día luchamos contra muchas tentaciones, son muchos los estímulos externos que nos intentan conducir a conductas de inmoralidad sexual y fornicación. No obstante, estamos alertas y la gran mayoría de cristianos no sucumben a estas tentaciones, en este pecado de gran gravedad. No obstante, estamos alertas y la gran mayoría de cristianos no sucumben a estas tentaciones. ser personas quejumbrosa tiene la misma gravedad.

Ser personas quejumbrosas tiene la misma gravedad que este pecado, ser una persona murmuradora nos conlleva al mismo camino, qué es la desaprobación de Dios. ¿Que demostraron los israelitas?, Los israelitas que habían sido liberados de una vida de total esclavitud, no vieron lo bueno que tenían, lo bueno de cómo había cambiado su situación y empezaron pronto a quejarse por todo lo demás, por el desierto, por los Cananeos y por el Maná que proporcionaba Dios.

Vamos a leer ahora números capítulo 11  los versículos 4 al 6 dice así: Y la multitud de extranjeros que había entre ellos expresó sus deseos egoístas. Y los israelitas también se pusieron a llorar de nuevo y a decir: “¿Quién nos dará carne para comer?¡Cuánto echamos de menos el pescado que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, las sandías, los puerros, las cebollas y los ajos! Pero ahora nos estamos quedando sin fuerzas. Lo único que vemos es este maná

¿Podemos llegar alguna vez a ser un poco criticones? ¿Incluso de forma inconsciente? ¿Nos quejamos en exceso viendo solo lo que queremos?. Si creemos que alguna vez nos hemos pasado un poco de la raya, debemos tener cuidado ya que esta es una señal  de que estamos cayendo en  esta tentación. Tal como nos mantenemos limpios de la inmoralidad sexual, debemos mantenernos limpios de la crítica, de la queja, de los deseos egoístas carnales de este sistema.

¿Recordamos el día más importante de nuestra vida?  ¿Cual fue?, Cuando nos dedicamos y bautizamos. Recordamos, quizás, cuando metimos el primer pie en la fría agua de esa piscina. Y luego el segundo. Como fuimos poco a poco, bajando los escalones de esa escalera y cómo cada vez estaba más fría y nuestro cuerpo lo sentía. Pero nada importaba, porque estábamos llenos de gratitud por dar nuestras vidas a Jehová.

Una gratitud similar tenían los israelitas al principio cuando Jehová los liberó de Egipto y cruzaron el mar Rojo, incluso, esta gratitud los llevó a cantar alabanzas a Dios. Pero empezaron a caminar y caminar, a caminar por un desierto lleno de incomodidad y miedos a que fueran atacados y poco a poco esta gratitud empezó a desaparecer y también estas alabanzas, y fueron sustituidas por el descontento.

Cuando salimos de la piscina, cuando finalmente nos hemos bautizado, sentimos muchas cosas, estamos profundamente agradecidos, damos alabanza a Jehová, nos aplauden, nos abrazan y nosotros hacemos lo mismo. Es el día más feliz de nuestra vida, todos los hermanos nos felicitan y nos quieren y nosotros mostramos el mismo amor y gratitud. Somos Testigos de Jehová, y ahora, en este momento más que en ninguno, sentimos unas fuerzas especiales para dar lo mejor de nosotros. Estamos contentos y felices, y también preparados para dar el 100% de nosotros.

No obstante, a medida que empezamos a dar pasos, uno tras otro, puede que esa energía, ese 100% empiece a ir decayendo un poco. E inconscientemente, empezamos a desarrollar deseos egoístas como hemos leído en Números 11:4-6. Quizás queremos la misma atención por parte de nuestros hermanos que tuvimos al principio, quizás empezamos a querer más responsabilidades o que se nos considere más importantes para ciertas tareas.

Quizás empezamos a compararnos con otros hermanos hasta el punto que podemos caer en el gran error de ponernos en contra de ellos como hicieron muchos israelitas cuando se pusieron en contra de Moisés y Aarón, en contra de Jehová. Quizás estamos empezando a murmurar contra otros hermanos y la congregación en general por nuestros deseos egoístas. Los israelitas demostraron por medio de sus murmuraciones que no agradecían como era debido lo que Jehová les estaba dando. Si caemos en el mismo error que estos israelitas, estaríamos cayendo en la misma trampa, en el mismo pecado.

No estaríamos agradeciendo como es debido el gran privilegio que nos dio Jehová ese día que nos permitió sumergirnos en agua y convertirnos en sus Testigos. Si nos hemos dado cuenta que nuestra actitud no siempre ha sido la mejor y de hecho, nos quejamos en exceso por causas sin justificación y motivadas por egoísmo, tenemos que preguntarnos durante cuánto tiempo más tendremos esta actitud. Porque esta es la pregunta que se hace Jehová, que nos está viendo, y está viendo como tratamos a nuestra congregación.

La pregunta que hizo Jehová en Números 14:27 y en la traducción con referencias es: ¿Hasta cuándo tendrá esta mala asamblea esta murmuración que está llevando a cabo contra mí?. Hemos de reflexionar y si vemos indicios de que estamos siendo quejumbrosos, nos tenemos que preguntar: ¿Hasta cuándo tendremos nosotros esta actitud?

Leamos el pasaje de Números 11:10-15 para ver cómo se sintió Moisés al ver como el pueblo se quejaba de esa forma. Dice: “Pues bien, Moisés oyó que el pueblo lloraba, una familia tras otra, cada persona a la entrada de su tienda de campaña. Y Jehová se enojó mucho, y Moisés también estaba muy disgustado.  Entonces Moisés le dijo a Jehová: “¿Por qué haces sufrir a tu siervo? ¿Qué he hecho yo para no contar con tu favor y que me obligues a cargar con todo este pueblo?  ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Fui yo quien los dio a luz, para que tú me digas ‘Llévalos en tu seno como hace el siervo que carga a un niño de pecho’ y que yo tenga que llevarlos a la tierra que juraste darles a sus antepasados?  ¿Dónde conseguiré yo carne para dársela a todo este pueblo? Porque siguen llorando delante de mí y diciendo ‘¡Danos carne para comer!’.  Yo solo no soy capaz de soportar a todo este pueblo. Es demasiado para mí.  Si así es como me vas a tratar, por favor, mátame de inmediato. Si cuento con tu favor, no me hagas ver más calamidad”

Una actitud quejumbrosa, criticona… hace mucho daño a nuestros hermanos, corrompe y contamina a la congregación y las destruye. Hermanos, ¿Que nos anima este relato Bíblico?  a no ser quejumbrosos. Si tenemos la expresión facial de nuestra hermana de la imagen, cambiémosla inmediatamente porque tenemos mucho que agradecer como los israelitas aunque estemos pasando por momentos difíciles. El ser quejumbroso no agrada para nada a Dios y es motivo de destrucción, nos hace personas egoístas y desagradecidas y hace mucho daño a los demás. Meditemos en las bendiciones que nos da Jehová, de esta forma, viendo todo lo bueno que tenemos, hará que no caigamos en ser quejumbrosos.

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