TESOROS DE LA BIBLIA, 12-18-Enero-2026, Qué aprendemos de lo que le pasó a Sebná, Discurso Preparado.

Qué aprendemos de lo que le pasó a Sebná (10 mins.)
La disciplina nunca es fácil de recibir. A nadie le gusta que le corrijan, y menos aún cuando esa corrección implica perder prestigio o responsabilidades. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la disciplina es una expresión del amor de Jehová y una herramienta poderosa para ayudarnos a crecer espiritualmente.
Para resaltar el valor de la disciplina, consideremos el ejemplo de dos personas a las que Jehová disciplinó: Sebná, que vivió en tiempos del rey Ezequías, y un hermano de nuestros días llamado Graham. En este discurso nos centraremos primero en Sebná y luego extraeremos lecciones prácticas que nos ayudarán a todos, sin importar nuestra edad o responsabilidades en la congregación.
No dejemos de ser humildes cuando recibamos más responsabilidades en la congregación (Is 22:15-19; w18.03 25 párrs. 7-9).
Sebná fue un hombre con grandes privilegios. La Biblia indica que estaba “a cargo de la casa” del rey Ezequías, una posición de enorme autoridad y confianza (Isaías 22:15). Sin embargo, con el tiempo permitió que el orgullo se infiltrara en su corazón. En lugar de usar su cargo para honrar a Jehová, empezó a buscar su propia gloria. Se mandó a hacer una tumba lujosa y se paseaba en carruajes impresionantes, como si quisiera ser recordado por su grandeza personal (Isaías 22:16-18).
VAMOS A LEER ISAÍAS 22:15-19
“Esto es lo que dice el Señor Soberano, Jehová de los ejércitos: “Ve a ver a ese mayordomo, Sebná, que está encargado de la casa, y dile: 16 ‘¿Qué tienes aquí, y a quién tienes aquí, para que te hayas labrado aquí una sepultura?’. Él se está labrando su sepultura en un lugar alto; se está tallando una tumba en el peñasco. 17 ‘¡Mira! Jehová te tirará hacia abajo con violencia y te agarrará con fuerza. 18 Sin falta te enrollará bien apretado, como una pelota, y te lanzará a una tierra espaciosa. Allí morirás y allí acabarán tus gloriosos carros, una vergüenza para la casa de tu amo. 19 Y yo te quitaré de tu puesto y te echaré de tu cargo.”
Este relato nos deja una advertencia muy clara. Cuando recibimos más responsabilidades en la congregación —ya sea como ancianos, siervos ministeriales, padres, o hermanos con privilegios— existe el peligro de empezar a pensar que somos especiales o más importantes que los demás. Por eso, la Biblia nos recuerda: “El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse; y un espíritu altivo, antes del tropiezo” (Proverbios 16:18).
Si actualmente tenemos responsabilidades especiales, preguntémonos con sinceridad: ¿me esfuerzo por mantenerme humilde? ¿Reconozco que todo lo que tengo proviene de Jehová? El apóstol Pablo lo expresó claramente cuando preguntó: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). Y añadió este consejo práctico: “No piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar; sino que piense de tal modo que tenga juicio sano” (Romanos 12:3).
Si perdemos alguna responsabilidad, sigamos dándole a Jehová lo mejor de nosotros (Is 36:3; w18.03 25 párr. 10).
Debido a su orgullo, Jehová decidió quitarle el cargo a Sebná y dárselo a Eliaquim (Isaías 22:19-21). Poco después, cuando el rey asirio Senaquerib amenazó a Jerusalén, Ezequías envió a negociar a Eliaquim y a otros dos hombres. Uno de ellos era Sebná, que ahora servía como secretario del rey, un puesto mucho menos destacado que el anterior (2 Reyes 18:17-25).
VAMOS A LEER ISAÍAS 36:3
“Entonces Eliaquimg hijo de Hilquías, que estaba a cargo de la casa, el secretario Sebnáh y Joá hijo de Asaf el registrador salieron al encuentro de él.”
Un detalle muy significativo es que la Biblia no dice que Sebná se negara a servir ni que se apartara lleno de amargura. Al contrario, parece que aceptó humildemente su nueva asignación. Esto sugiere que permitió que la disciplina de Jehová lo ayudara a cambiar.
Esta es una lección muy valiosa para nuestros días. Cuando alguien pierde un privilegio en la congregación, puede sentirse herido, desanimado o incluso injustamente tratado. Pero Jehová ve más allá del momento presente.
Proverbios 3:11 y 12 nos recuerda que Jehová disciplina a los que ama. Si aceptamos la corrección con humildad y seguimos dándole lo mejor de nosotros en cualquier circunstancia, Jehová nos sostendrá y nos recompensará.
El apóstol Pedro nos anima con estas palabras: “Humíllense bajo la poderosa mano de Dios, para que él los ensalce a su debido tiempo” (1 Pedro 5:6, 7). Cuando somos como arcilla blanda en las manos de Jehová, él puede moldearnos y ayudarnos a crecer espiritualmente.
Si somos padres o ancianos y debemos corregir a alguien con la Biblia, imitemos la forma en que Jehová corrigió a Sebná (w18.03 26 párr. 11).
El caso de Sebná también nos enseña cómo corregir a otros. Jehová fue firme, claro y justo. No ignoró el problema ni lo pasó por alto, pero tampoco destruyó a Sebná como persona. Le quitó el cargo, sí, pero le permitió seguir sirviendo. La disciplina tuvo un propósito correctivo, no vengativo.
Esto es especialmente importante para padres y ancianos. Cuando tenemos que corregir a alguien, debemos hacerlo basándonos en la Biblia, con amor y con el objetivo de ayudar, no de humillar. Al igual que Jehová, debemos mostrar que confiamos en que la persona puede cambiar y mejorar.
Cuando la disciplina se da con amor, produce buenos resultados. Puede doler al principio, pero con el tiempo fortalece la fe y la relación con Jehová.
Ilustración
La imagen de nuestra guía de actividades nos muestra a un hermano que recibe un consejo dado con cariño y se deja moldear. Al principio le cuesta aceptar el consejo de los dos ancianos, pero lee la Biblia, medita y, con el tiempo, se ve que disfruta predicando con uno de los ancianos que lo aconsejó. Esto es lo que Jehová quiere para nosotros: que nos dejemos moldear por él y que sigamos sirviéndole con amor y humildad.
Conclusión
El relato de Sebná nos deja tres lecciones claras y prácticas. Primero, nunca debemos perder la humildad cuando recibimos responsabilidades. Segundo, si perdemos algún privilegio, sigamos sirviendo a Jehová con todo el corazón. Y tercero, cuando tengamos que corregir a otros, hagámoslo como Jehová: con firmeza, justicia y amor.
Si aplicamos estas lecciones, veremos la disciplina no como un castigo, sino como una muestra del amor de nuestro Padre celestial, que siempre busca lo mejor para sus siervos.
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