TESOROS DE LA BIBLIA, 14-20-Septiembre-2026, Jehová recompensa a los que siempre le obedecen. Discurso Preparado.

Jehová recompensa a los que siempre le obedecen (10 mins.)
¿Alguna vez hemos visto a un niño que obedece a sus padres solo cuando sabe que recibirá un premio o cuando está en problemas y necesita ayuda?
Quizás mientras los padres están presentes, el niño sigue las reglas. Pero cuando los padres se van o cuando desaparece el peligro, vuelve a hacer lo que quiere. ¿Por qué ocurre esto? Porque su obediencia depende de las circunstancias.
Para Jehová, la obediencia no debe ser así. Él no quiere que lo obedezcamos solamente cuando necesitamos su ayuda o cuando estamos pasando por un problema. Tampoco quiere una obediencia a medias. Jehová busca personas que le obedezcan siempre, incluso cuando nadie las está observando y cuando hacer lo correcto implique algún sacrificio.
Y eso es precisamente lo que veremos en el relato del libro de Jeremías. Vamos a analizar dos actitudes totalmente opuestas: por un lado, personas que obedecían a Jehová solo cuando les convenía; y por otro, los recabitas, que demostraron una obediencia constante.
Y veremos algo muy importante: Jehová recompensa a los que siempre le obedecen.
Muchos judíos solo obedecían a Jehová cuando necesitaban su ayuda (Jer 34:8-11; jr 49, 50 párrs. 13, 14).
En ese momento, Jerusalén estaba bajo el sitio del ejército babilonio. La situación era desesperada. El rey Sedequías y los habitantes de Jerusalén sabían que estaban en grave peligro.
Entonces hicieron un pacto delante de Jehová para poner en libertad a sus esclavos hebreos, tanto hombres como mujeres. Esto estaba de acuerdo con la Ley de Dios.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 34:8-11
“Jeremías recibió las palabras de Jehová después de que el rey Sedequías hizo un pacto con toda la gente en Jerusalén para proclamar una liberación, 9 para que cada uno pusiera en libertad a sus esclavos hebreos, tanto a hombres como a mujeres, y que así ninguno tuviera como esclavo a otro judío. 10 Y todos los príncipes y toda la gente obedecieron. Se habían comprometido a cumplir con el pacto de poner en libertad a sus esclavos y esclavas, y de no seguir teniéndolos como esclavos. Obedecieron y los liberaron. 11 Sin embargo, más tarde trajeron de vuelta a los esclavos y esclavas que habían liberado, y los obligaron a ser esclavos de nuevo.”
Al principio, todos obedecieron. Liberaron a sus esclavos. Parecía que finalmente habían reaccionado y que estaban arrepintiéndose de verdad.
Pero ¿Qué ocurrió después? Cuando las tropas egipcias acudieron en ayuda de Jerusalén, los babilonios se retiraron temporalmente. Y cuando los habitantes de Jerusalén vieron que el peligro parecía haber pasado, cambiaron de actitud. Volvieron a tomar a los esclavos que habían liberado y los obligaron nuevamente a servirles.
¡Qué triste! Mientras estaban en peligro, obedecieron. Pero cuando la situación mejoró, dejaron de obedecer. En realidad, estaban tratando la obediencia como una especie de moneda de cambio: “Jehová, nosotros hacemos esto y tú nos ayudas a salir del problema”.
Pero esa no es la clase de obediencia que Jehová desea. Por eso, este relato nos lleva a hacernos una pregunta muy importante: ¿Nuestra obediencia a Jehová depende de nuestras circunstancias?
Por ejemplo, cuando tenemos problemas, quizás oramos más, asistimos con más regularidad a las reuniones y nos esforzamos más en el ministerio. Pero ¿qué pasa cuando las cosas empiezan a mejorar? ¿Seguimos teniendo la misma determinación de obedecer a Jehová?
También podríamos preguntarnos: ¿obedecemos solamente cuando nos resulta fácil? Porque la verdadera obediencia se demuestra especialmente cuando hacer lo correcto no es lo más cómodo.
Los habitantes de Jerusalén nos dejaron una advertencia. No queremos obedecer a Jehová solo cuando estamos en problemas. Queremos obedecerle porque lo amamos y porque reconocemos que sus normas siempre son para nuestro bien.
Ahora veamos un ejemplo completamente diferente.
Los recabitas obedecieron al pie de la letra el mandato de Jehonadab (Jer 35:5, 6; jr 76 párrs. 17, 18).
Jehová quería enseñar una lección muy poderosa al pueblo de Judá. Por eso utilizó a los recabitas como ejemplo.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 35:5, 6
“Entonces puse vasos y copas llenos de vino delante de los hombres de la casa de los recabitas y les dije: ‘Beban vino’. 6 Pero ellos dijeron: No beberemos vino, porque Jehonadab hijo de Recab, nuestro antepasado, nos dio este mandato: ‘Nunca beban vino, ni ustedes ni sus hijos’.”
Jeremías puso delante de los recabitas vasos y copas llenos de vino y les dijo: “Beban vino”.
Ahora pensemos en la situación. Estaban dentro del templo. Jeremías era un profeta de Jehová. Él mismo les estaba diciendo que bebieran. ¿Qué hicieron ellos? Respondieron: “No beberemos vino”, porque su antepasado Jehonadab, hijo de Recab, les había dado ese mandato.
Jehonadab les había ordenado que no bebieran vino, que no construyeran casas ni plantaran semillas, sino que vivieran en tiendas.
Y aquí hay un detalle muy interesante. Los recabitas no estaban obedeciendo directamente un mandato de Jehová relacionado con el vino. Estaban obedeciendo una instrucción de un antepasado humano, Jehonadab.
Sin embargo, llevaban generaciones respetando aquella instrucción. Por eso, cuando Jeremías puso el vino delante de ellos, no pensaron: “Bueno, quizás esta sea una ocasión especial”. Tampoco dijeron: “Estamos dentro del templo y un profeta nos está diciendo que bebamos, así que seguramente la regla ya no aplica”.
No buscaron excusas. Simplemente dijeron: “No beberemos”. ¡Qué buen ejemplo de firmeza!
Pensemos en esto: si ellos estaban dispuestos a obedecer durante generaciones una instrucción dada por un hombre imperfecto, ¿Cuánto más deberíamos nosotros estar dispuestos a obedecer los mandatos de Jehová, nuestro Creador?
Además, los recabitas demostraron que la obediencia verdadera no depende de que alguien esté vigilándonos. Ellos no sabían que su ejemplo terminaría formando parte del relato bíblico. No estaban intentando impresionar a nadie. Simplemente habían decidido que iban a respetar la instrucción que habían recibido.
Y eso nos enseña algo muy bonito. Nuestra obediencia a Jehová también debe ser constante. No debería depender de quién nos está observando, de si vamos a recibir algún reconocimiento o de si estamos pasando por un problema.
Debemos obedecer porque queremos agradar a Jehová. Y cuando obedecemos de esa manera, podemos tener la seguridad de que él lo nota.
Eso nos lleva al tercer punto.
Jehová recompensó a los recabitas por ser fieles y obedientes (Jer 35:18, 19; it “Recabitas” párrs. 5, 6).
Veamos qué pensó Jehová de los recabitas.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 35:18, 19
“Y Jeremías les dijo a los de la casa de los recabitas: ‘Esto es lo que dice Jehová de los ejércitos, el Dios de Israel: “Como ustedes han obedecido la orden de su antepasado Jehonadab y siguen obedeciendo todas sus órdenes, cumpliendo al pie de la letra con lo que él les mandó, 19 esto es lo que dice Jehová de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Siempre habrá un descendiente de Jehonadab hijo de Recab sirviendo en mi presencia’”’.”
Jehová dijo que los recabitas habían obedecido la orden de su antepasado Jehonadab y que seguían cumpliendo al pie de la letra todo lo que él les había mandado. Y entonces Jehová hizo una promesa extraordinaria: “Siempre habrá un descendiente de Jonadab, hijo de Recab, sirviendo delante de mí”.
Jehová había observado su fidelidad. Aunque se trataba de una instrucción humana, Jehová valoró muchísimo la actitud que demostraron: obediencia, respeto y lealtad. Y utilizó su ejemplo para mostrarles a los habitantes de Judá que ellos también debían obedecerle.
En cierto sentido, Jehová les estaba diciendo: “Si los recabitas son capaces de respetar durante generaciones la palabra de un hombre, ¿por qué ustedes no me obedecen a mí, que soy su Creador y que les he hablado mediante mis profetas?”
Pero Jehová no solamente utilizó a los recabitas como ejemplo. También los recompensó. Les aseguró que siempre habría un descendiente de Jehonadab sirviendo delante de él. Esto nos enseña una verdad muy consoladora: Jehová nunca pasa por alto nuestra obediencia ni nuestros esfuerzos por hacer lo correcto.
Quizás nosotros no recibamos inmediatamente una recompensa visible. Tal vez obedecer una norma de Jehová implique renunciar a algo que nos gusta. Quizás tengamos que mantenernos firmes ante la presión de otras personas. O quizás nadie se dé cuenta del esfuerzo que hacemos por mantener una buena conciencia. Pero Jehová sí lo ve.
Por eso son muy apropiadas las palabras de Hebreos 6:10: “Jehová no es injusto para olvidar nuestras obras ni el amor que mostramos por su nombre”.
¡Qué tranquilizador es saberlo!
Jehová no olvida. No olvida las veces que obedecemos aunque nos cueste. No olvida las decisiones que tomamos para mantenernos limpios moralmente. No olvida cuando rechazamos una tentación. No olvida cuando seguimos asistiendo a las reuniones aunque estemos cansados. No olvida cuando participamos en la predicación aunque las circunstancias no sean fáciles. Y tampoco olvida las pequeñas decisiones que tomamos cada día para demostrarle que lo amamos.
Ilustración
En la imagen de nuestra guía de actividades podemos apreciar que, en un comedor del templo, los recabitas se niegan a beber el vino que les ofrece Jeremías. Su ejemplo nos enseña que nosotros también debemos obedecer a Jehová siempre, incluso cuando hacerlo implique sacrificios o cuando nadie nos esté observando.
Conclusión
Así que, hermanos, ¿qué podemos aprender de estos dos ejemplos?
Los habitantes de Jerusalén obedecieron cuando tenían miedo, pero cuando el peligro pasó dejaron de hacerlo. Los recabitas, en cambio, demostraron una obediencia constante durante generaciones. Uno de estos ejemplos terminó en desaprobación; el otro recibió la aprobación y la bendición de Jehová.
Hoy nosotros también estamos rodeados de presiones para que cedamos en nuestros principios cristianos o para que obedezcamos a Jehová solamente cuando nos resulta conveniente. Pero no queremos ser como aquellos judíos. Queremos ser como los recabitas: personas firmes, constantes y leales.
Por eso, cuando tengamos problemas, sigamos obedeciendo a Jehová. Cuando las cosas nos vayan bien, sigamos obedeciendo a Jehová. Cuando nadie nos esté observando, sigamos obedeciendo a Jehová. Y cuando obedecer implique hacer sacrificios, recordemos que Jehová los ve y los valora.
Así que hagamos todo lo posible por obedecer sus normas morales, seguir sus principios y aceptar la dirección que nos da mediante su organización.
No obedezcamos solamente por miedo ni porque esperamos recibir algo a cambio. Obedezcamos porque amamos a Jehová. Y tengamos siempre presente el título de nuestro discurso: “Jehová recompensa a los que siempre le obedecen”.
Si permanecemos fieles y obedientes, podemos estar completamente seguros de que Jehová nunca olvidará nuestro amor y nuestros esfuerzos por servirle.
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