TEXTO DIARIO, Domingo 25 de diciembre 2022, Siembra tu semilla por la mañana, y que no descansen tus manos hasta el atardecer (Ecl. 11:6).

Examinemos las Escrituras todos los días 2022
Domingo 25 de diciembre
Siembra tu semilla por la mañana, y que no descansen tus manos hasta el atardecer (Ecl. 11:6).
Podemos estar seguros de que la obra de predicar el Reino terminará en el momento debido. Pensemos en lo que ocurrió en los días de Noé. Jehová demostró que siempre actúa en el momento perfecto. Con unos ciento veinte años de antelación, decidió cuándo empezaría el Diluvio. Décadas más tarde, le mandó a Noé que construyera el arca. Durante unos cuarenta o cincuenta años, Noé trabajó sin descanso. Aunque las personas no lo escucharon, siguió advirtiéndoles hasta que Jehová dijo que era hora de entrar en el arca. Entonces, en el momento perfecto, “Jehová cerró la puerta” (Gén. 6:3; 7:1, 2, 16). Pronto, Jehová le pondrá fin a la predicación, “cerrará la puerta” del sistema de Satanás y traerá un nuevo mundo de justicia. Mientras llega ese momento, sigamos el ejemplo de Noé, Habacuc y otros siervos fieles de Dios que no han dejado que sus manos descansen. Estemos centrados, seamos pacientes y tengamos una fe fuerte en Jehová y sus promesas. w20.09 37:18, 19.
¿Cómo demostramos paciencia cuando les predicamos a nuestros familiares?
Un campo en el que se nos puede hacer difícil ser pacientes es cuando les predicamos a nuestros familiares. En Eclesiastés 3:1, 7, encontramos un principio que nos puede ayudar. Allí dice: “Hay […] un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar”. Aunque con nuestra buena conducta damos testimonio, siempre estamos pendientes de cualquier oportunidad para hablar de la verdad (1 Ped. 3:1, 2). Predicamos y enseñamos con entusiasmo, pero somos pacientes con todo el mundo, incluida nuestra familia.
¿Cuáles son algunos ejemplos de paciencia que podemos imitar?
Hallamos buenos ejemplos de paciencia en los siervos fieles del pasado y de nuestros días. Habacuc deseaba ver el fin de la maldad, pero dijo con confianza: “Me mantendré de pie en mi puesto de guardia” (Hab. 2:1). El apóstol Pablo dijo que deseaba de corazón terminar su ministerio. Aun así, con paciencia siguió dando “un testimonio completo de las buenas noticias” (Hech. 20:24).
Veamos el ejemplo de un matrimonio que se graduó de la Escuela de Galaad y fue a servir a un país donde hay pocos Testigos y donde la religión mayoritaria no es cristiana. Encontraron a pocas personas que quisieran estudiar la Biblia. En cambio, sus compañeros de clase que estaban en otros países les enviaban noticias emocionantes de todas las personas a las que ayudaban a bautizarse. Aunque la obra avanzaba a paso lento, el matrimonio seguía predicando con paciencia. Después de ocho años de predicar sin ningún resultado aparente, por fin tuvieron la alegría de que uno de sus estudiantes se hiciera Testigo. ¿Qué tienen en común estos ejemplos del pasado y de nuestros días? Que no se hicieron perezosos ni dejaron descansar sus manos, y Jehová los bendijo por su paciencia. Así pues, imitemos “a los que por su fe y paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:10-12).
¿Por qué fortalece la fe nuestro deseo de seguir predicando?
Como tenemos fe en el mensaje que llevamos, queremos que lo escuchen tantas personas como sea posible. Confiamos en las promesas de la Palabra de Dios (Sal. 119:42; Is. 40:8). Hemos visto cumplirse algunas de las profecías de la Biblia en nuestros días. También hemos visto cómo las personas mejoran su vida cuando empiezan a poner en práctica los consejos bíblicos. Todo esto nos convence más y más de que el mundo entero necesita oír las buenas noticias del Reino.
En armonía con Salmo 46:1-3, ¿por qué fortalece la fe en Jehová nuestro deseo de seguir predicando? y ¿Cómo nos ayuda también la fe en Jesús?
También tenemos fe en Jehová, la fuente del mensaje que llevamos, y en Jesús, a quien ha nombrado Rey del Reino (Juan 14:1). Pase lo que pase, Jehová siempre será nuestro refugio y nuestra fuerza (lea Salmo 46:1-3). Además, estamos convencidos de que Jesús dirige desde el cielo la predicación con el poder y la autoridad que Jehová le ha dado (Mat. 28:18-20).
Dé un ejemplo que demuestre por qué debemos seguir predicando.
Gracias a la fe, estamos cada vez más convencidos de que Jehová bendecirá nuestros esfuerzos, a veces de maneras que no nos imaginamos (Ecl. 11:6). Por ejemplo, todos los días miles de personas pasan por delante de nuestros carritos y mesas de publicaciones. ¿De verdad tiene éxito este método de predicar? ¡Claro que sí! Nuestro Ministerio del Reino de noviembre de 2014 habló de una universitaria que decidió escribir un artículo sobre los testigos de Jehová. No logró encontrar ningún Salón del Reino, pero se topó con una mesa de publicaciones en la universidad. Así consiguió la información que necesitaba para su artículo. Con el tiempo se bautizó, y ahora es precursora regular. Casos como este nos motivan a seguir predicando, pues demuestran que todavía hay personas que necesitan oír el mensaje del Reino.
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