TEXTO DIARIO, Martes 3 de enero 2023, La Mantengan los ojos bien abiertos y eviten todo tipo de codicia (Luc. 12:15).

Examinemos las Escrituras todos los días 2023
Martes 3 de enero
Mantengan los ojos bien abiertos y eviten todo tipo de codicia (Luc. 12:15).
Sabemos que Judas Iscariote se convirtió en un traidor despreciable, pero no siempre fue una mala persona (Luc. 6:13, 16). Sin duda, Jesús confiaba en él, porque lo puso a cargo de la caja en la que guardaban el dinero. Jesús les había advertido muchas veces a los apóstoles que tuvieran cuidado con la codicia (Mar. 7:22, 23; Luc. 11:39). Pero, después de un tiempo, Judas empezó a robar. Demostró que se había vuelto codicioso en cierta ocasión poco antes de la muerte de Jesús. Simón el leproso había invitado a su casa a Jesús y a sus discípulos, entre los que estaban María y su hermana Marta. Mientras comían, María se levantó y derramó sobre la cabeza de Jesús un aceite perfumado muy caro. Judas y los otros discípulos se indignaron. Los discípulos tal vez pensaron que el dinero podría haberse usado en el ministerio. Pero Judas estaba molesto por otro motivo: “era un ladrón” y quería robar dinero de la caja (Juan 12:2-6; Mat. 26:6-16; Luc. 22:3-6). w21.06 18 párrs. 12, 13.
¿Cómo nos ayuda 1 Corintios 4:6, 7 a evitar el orgullo?
¿Podríamos nosotros también caer en la trampa del orgullo y cometer un pecado, igual que Uzías? Veamos el ejemplo de José, a quien le iba muy bien en los negocios y era un anciano de congregación muy respetado. Presentaba discursos en las asambleas, y los superintendentes de circuito le hacían consultas. Pero él reconoce: “Confiaba en mi habilidad y en mi experiencia. Dejé a Jehová a un lado. Pensaba que era fuerte, así que no les hice caso a las advertencias y consejos de Jehová”. José terminó cometiendo un pecado grave y fue expulsado. Hace unos años fue readmitido. Él explica: “Jehová me ha enseñado que lo importante es hacer lo que él nos pide que hagamos, y no el título que tengamos”. Siempre recordemos que todos nuestros talentos y las responsabilidades que tengamos en la congregación vienen de Dios (lea 1 Corintios 4:6, 7). Si somos orgullosos, Jehová no nos usará.
¿Qué hicieron tanto Satanás como Eva por culpa de la codicia?
Cuando hablamos de la codicia, puede que pensemos en Satanás. Mientras era uno de los ángeles de Jehová, seguro que disfrutó de muchos privilegios muy buenos. Pero él quería más. Codiciaba recibir la adoración que solo Jehová merece. Satanás quiere que nos volvamos como él, y por eso procura que no estemos contentos con lo que tenemos. La primera vez que intentó hacer esto fue con Eva. Con amor, Jehová les había permitido a ella y a su esposo comer de todos los árboles del jardín excepto uno hasta quedar satisfechos (Gén. 2:16). Pero Satanás engañó a Eva y le hizo creer que necesitaba comer del árbol prohibido. Ella no agradeció lo que tenía; quería más. Y sabemos cómo terminó todo: pecó y con el tiempo murió (Gén. 3:6, 19).
¿Cómo cayó el rey David en la trampa de la codicia?
Veamos el caso del rey David. Jehová le había dado muchísimas cosas, como riquezas, prestigio y la victoria sobre muchos de sus enemigos. David estaba muy agradecido por ello y dijo que todo lo que Dios le había dado era más de lo que podía contar (Sal. 40:5). Pero, en cierto momento, se volvió codicioso y se olvidó de lo que Jehová le había dado. Quería más. Aunque tenía varias esposas, empezó a desear a la esposa de otro hombre, algo que Jehová condenaba. La mujer se llamaba Bat-Seba y el esposo era un hitita llamado Urías. David fue egoísta, cometió adulterio con Bat-Seba y la dejó embarazada. Por si todo eso no fuera suficiente, se las arregló para que mataran a Urías (2 Sam. 11:2-15). ¿En qué estaba pensando? ¿Creyó que Jehová no lo estaba viendo? Después de tanto tiempo siendo fiel a Jehová, acabó cediendo al egoísmo y la codicia, y lo pagó muy caro. Afortunadamente, con el tiempo David confesó su pecado y se arrepintió. ¡Y qué agradecido estaba de que Jehová lo hubiera perdonado! (2 Sam. 12:7-13).
Según Efesios 5:3, 4, ¿cuál es el antídoto contra la codicia?
¿Qué aprendemos de lo que le pasó a David? Que el antídoto contra la codicia es estar siempre agradecidos por todo lo que Jehová nos ha dado (lea Efesios 5:3, 4). Debemos estar contentos con lo que tenemos. A nuestros estudiantes de la Biblia les enseñamos a pensar en algo bonito de su vida y luego darle las gracias a Jehová por eso. Si hacen esto por una semana, al final habrán hablado sobre siete cosas distintas en sus oraciones (1 Tes. 5:18). ¿Hacemos nosotros algo parecido? Si meditamos en todo lo que Jehová ha hecho por nosotros, seremos más agradecidos y estaremos contentos con lo que tenemos. Entonces no caeremos en la trampa de la codicia.
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