TEXTO DIARIO, Sábado 29 de octubre del 2022, Cuando hay comunicación, los planes salen bien; haz tu guerra con orientación experta (Prov. 20:18).

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Sábado 29 de octubre
Cuando hay comunicación, los planes salen bien; haz tu guerra con orientación experta (Prov. 20:18).
En un curso bíblico, el maestro es el principal responsable de ayudar al estudiante a entender la Palabra de Dios. Si el maestro nos invita a acompañarlo, recordemos que estamos allí para apoyarlo (Ecl. 4:9, 10). Entonces, ¿qué podemos hacer para cumplir bien con nuestro papel? Preparémonos bien. Primero, pidamos al maestro que nos hable un poquito sobre el estudiante. Podemos preguntarle cuáles son las circunstancias del estudiante, qué lección analizarán y qué objetivos concretos tiene para esa clase en particular. También podríamos preguntarle si hay algo que deberíamos o no deberíamos decir o hacer, y cómo podemos animar al estudiante a progresar. Claro, el maestro no nos dará detalles de su vida privada, pero lo que sí nos cuente nos puede ser útil. Una misionera llamada Joy cuenta: “Hablar de estas cosas ayuda a mi acompañante a interesarse en la persona y a saber qué decir durante la clase”. w21.03 9 párrs. 5, 6.
¿Por qué es importante que nos preparemos bien?
Cuando acompañemos a alguien a un curso bíblico, es bueno que preparemos de antemano la lección (Esd. 7:10). Dorín, mencionado en el párrafo 3, explica: “Agradezco que mi compañero vaya bien preparado. Así puede aportar algo útil”. Además, esto le dará un buen ejemplo al estudiante, pues es probable que se dé cuenta de que ambos van bien preparados. Incluso si no podemos estudiar a fondo la lección, dediquemos tiempo a identificar los puntos clave.
¿Qué nos ayudará a ser más específicos cuando oramos en un curso bíblico?
La oración es una parte esencial de la clase bíblica, así que pensemos de antemano qué diremos si nos piden que oremos. De este modo, podremos ser más específicos (Sal. 141:2). Hanae es una hermana de Japón que sigue recordando las oraciones de una hermana que acompañaba a su maestra. Dice: “Me daba cuenta de la profunda amistad que tenía con Jehová, y quería ser como ella. Además, cuando mencionaba mi nombre en sus oraciones, me hacía sentir querida”.
Según Santiago 1:19, ¿cómo podemos ser buenos compañeros durante un curso bíblico?
Apoyemos al maestro. Una precursora especial de Nigeria llamada Omamuyovbi dice: “El buen compañero presta atención durante el estudio. Además, hace buenos comentarios pero no habla demasiado, pues sabe que el maestro es el responsable de dirigir el curso”. Entonces, ¿cuándo deberíamos hablar y qué deberíamos decir? (Prov. 25:11). Escuchemos con atención tanto al maestro como al estudiante (lea Santiago 1:19). Solo así estaremos listos para ayudar si es necesario. Claro, debemos ser prudentes para no hablar demasiado, interrumpir la explicación del maestro o desviarnos del tema. Pero de manera breve podemos usar un comentario, un ejemplo o una pregunta para dejar claro el punto que se está analizando. A veces quizás nos parezca que no podemos aportar mucho al estudio. Pero, si felicitamos a la persona y nos interesamos en ella, la ayudaremos a progresar.
¿Cómo podría ayudar nuestra experiencia personal a un estudiante?
Compartamos nuestra experiencia personal. Si lo vemos apropiado, podríamos contarle brevemente al estudiante cómo aprendimos la verdad, cómo superamos una dificultad o cómo hemos visto la mano de Jehová en nuestra vida (Sal. 78:4, 7). Puede ser que esto sea justo lo que el estudiante necesita oír. Quizás fortalezca su fe, lo anime a dar pasos que lo lleven al bautismo o lo ayude a ver cómo vencer una dificultad (1 Ped. 5:9). Gabriel, un precursor que vive en Brasil, recuerda qué lo ayudó cuando estaba aprendiendo de la Biblia: “Las experiencias que los hermanos me contaban me enseñaron que Jehová conoce nuestros problemas. Si ellos lograron superarlos, yo también”.
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