TEXTO DIARIO, De hoy Viernes 26 de mayo 2023, El que sea mayor entre ustedes, que se vuelva como el más joven, y el que dirige, como el que sirve (Luc. 22:26).

Examinemos las Escrituras todos los días 2023

Viernes 26 de mayo

El que sea mayor entre ustedes, que se vuelva como el más joven, y el que dirige, como el que sirve (Luc. 22:26).

Para comportarnos como “el más joven”, tenemos que pensar que los demás son superiores a nosotros (Filip. 2:3). Cuanto más nos esforcemos por tener esa actitud, menos probable será que hagamos tropezar a los demás. Todos los hermanos y hermanas son superiores a nosotros en algo. Esto es fácil de ver cuando nos centramos en sus cosas buenas. Debemos tomar a pecho el consejo que el apóstol Pablo les dio a los corintios: “¿Quién hace que tú seas diferente a los demás? En realidad, ¿qué tienes tú que no hayas recibido? Entonces, si lo recibiste, ¿por qué vas presumiendo como si no lo hubieras recibido?” (1 Cor. 4:7). Así que no caigamos en la tentación de atraer la atención sobre nosotros mismos o de creernos superiores a los demás. Si un hermano da muy buenos discursos o si una hermana empieza muchos cursos bíblicos, siempre deberían darle el mérito a Jehová. w21.06 21, 22 párrs. 9, 10.

PERDONEMOS DE CORAZÓN

¿Qué aprendemos de la parábola de Jesús sobre el rey y el esclavo?

Después de advertirles a sus discípulos que no hicieran tropezar a otros, Jesús les contó una parábola sobre un rey y uno de sus esclavos. El rey le perdonó al esclavo una deuda que era tan grande que nunca podría pagarla. Más tarde, ese mismo esclavo no quiso perdonarle a otro esclavo una deuda mucho más pequeña. Al final, el rey metió en la cárcel a aquel esclavo que no tuvo misericordia. ¿Qué aprendemos? Jesús afirmó: “Así es como mi Padre celestial los tratará a ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos” (Mat. 18:21-35).

Si nos negamos a perdonar, ¿cómo hacemos daño a los demás?

Lo que hizo aquel esclavo no solo lo perjudicó a él, sino a otros también. Para empezar, fue cruel con su compañero y “mandó que lo metieran en prisión hasta que pudiera pagar la deuda”. Y, además, hizo daño a otros esclavos que vieron lo que había hecho. Jesús dijo: “Cuando los demás compañeros esclavos se enteraron de lo que había pasado, se disgustaron mucho”. De manera parecida, lo que nosotros hacemos también tiene un efecto en los demás. Si alguien nos trata mal y nos negamos a perdonarlo, ¿qué puede pasar? Para empezar, le hacemos daño a él porque le negamos nuestro perdón y nuestro cariño, y quizás hasta lo ignoremos. Además, hacemos que los hermanos de la congregación se sientan incómodos al notar que no estamos en paz con esa persona.

¿Qué aprende de lo que le pasó a una precursora?

Perdonar a nuestros hermanos nos beneficia a nosotros y hace que los demás se sientan mejor. Ese fue el caso de una precursora a la que llamaremos Crystal. Ella recuerda lo mal que la hacía sentir una hermana de la congregación: “Sus palabras a veces eran tan hirientes como un cuchillo. Cuando salíamos a predicar, no quería que me pusieran ni siquiera en el mismo vehículo que a ella. Empecé a perder el entusiasmo y la alegría”. A Crystal le parecía que tenía motivos justificados para estar dolida. Pero decidió no guardarle rencor ni caer en la autocompasión. Fue humilde y aplicó los consejos bíblicos del artículo “Perdonemos de corazón”, de La Atalaya del 15 de octubre de 1999. Así que perdonó a la hermana. Dice: “Ahora entiendo que todos nos estamos esforzando por ponernos la nueva personalidad y que Jehová nos perdona todos los días con generosidad. Siento que me he quitado un enorme peso de encima y he recuperado la alegría”.

Según Mateo 18:21, 22, ¿qué problema parece que tenía el apóstol Pedro, y qué aprende usted de la respuesta de Jesús? y ¿Qué nos puede ayudar si nos vemos en la misma situación?

Sabemos que debemos perdonar porque eso es lo correcto. Pero aun así puede que nos cueste trabajo hacerlo. Parece que al apóstol Pedro también le pasó eso a veces (lea Mateo 18:21, 22). ¿Qué nos puede ayudar? Primero, meditar en todas las veces que Jehová nos ha perdonado (Mat. 18:32, 33). No merecemos su perdón, pero él nos lo da con generosidad (Sal. 103:8-10). Al mismo tiempo, “también tenemos la obligación de amarnos unos a otros”. Así que perdonar no es algo opcional; se lo debemos a nuestros hermanos (1 Juan 4:11). La segunda cosa que puede ayudarnos es meditar en lo que sucede cuando perdonamos. Ayudamos a la persona que nos trató mal, contribuimos a la unidad de la congregación, protegemos nuestra amistad con Jehová y nos quitamos un peso de encima (2 Cor. 2:7; Col. 3:14). La tercera ayuda es orar a Jehová, que es quien nos pide que perdonemos a los demás. No permitamos que Satanás altere la paz de la que disfrutamos con nuestros hermanos (Efes. 4:26, 27). Necesitamos la ayuda de Jehová para no caer en la trampa de Satanás.

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Por toolsjw

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