Estudio de la Atalaya, Aprendamos del “Dios de todo consuelo”, 22-28-Junio-2026, Comentarios y Respuestas.

“Él nos consuela […] para que nosotros podamos consolar con el consuelo que recibimos de Dios” (2 COR. 1:4).
1. ¿Por qué debemos consolar a los demás?
Debemos consolar a los demás porque, de esa manera, seguimos el ejemplo de Jehová, que es “el Dios de todo consuelo” y nos consuela en “cualquier clase de prueba”. Además, todos vivimos angustiados por diversas pruebas, y de la misma manera que agradecemos que nos animen cuando estamos sufriendo, es bueno hacer lo mismo por los demás.
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Porque muchos de nuestros hermanos están pasando por pruebas difíciles y necesitan saber que estaremos a su lado para apoyarlos y consolarlos.
Porque muchos de nuestros hermanos están atravesando pruebas difíciles y necesitan saber que estaremos a su lado para apoyarlos y darles consuelo.
En lo personal, agradecemos que, cuando estamos pasando por momentos difíciles o sufriendo, alguien nos dé palabras de ánimo y nos brinde su ayuda. Con mayor razón, debemos hacer lo mismo con los demás, porque todos, en algún momento, lo vamos a necesitar.
Se nos invita a meditar en la Regla de Oro: hacer por los demás todo lo que nos gustaría que hicieran por nosotros. Todos necesitamos ánimo y, en algún momento, pasamos por situaciones de desánimo. Si nos gusta que nos animen cuando lo necesitamos, también debemos estar pendientes de los demás para brindarles ánimo.
También debemos hacerlo porque así imitamos a Jehová, quien es el Dios de todo consuelo y, como se muestra en 2 Corintios 1:3, 4, nos consuela en toda tribulación.
En este artículo, primero hablaremos de a qué se refiere la Biblia cuando habla del consuelo. Segundo, veremos cómo consolar a los demás. Y, tercero, qué hacer cuando necesitamos consuelo.
EL SIGNIFICADO DE “CONSOLAR” EN LA BIBLIA
2. En la Biblia, ¿qué significados puede tener la palabra griega que se ha traducido “consolar”?
En Biblia, la palabra griega que se ha traducido “consolar” puede tener varios significados según el contexto. Puede transmitir la idea de “animar”, “exhortar” y “aconsejar”. Literalmente significa “llamar al lado de uno”, dando la idea de acercarse a alguien que está sufriendo para brindarle apoyo, ayuda y ánimo. El resultado es que la persona queda fortalecida y consolada.
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Lo que significa es transmitir la idea de animar, exhortar y aconsejar. Literalmente, significa “llamar al lado de uno”.
La verdad es que estas expresiones no parecen muy similares. Habla de animar, exhortar y aconsejar. Sin embargo, la palabra consuelo abarca estos tres aspectos. Por eso, cuando exhortamos o aconsejamos a alguien, no debemos hacerlo de manera dura o poco amable. Todo debe estar entrelazado y reflejar un espíritu de consuelo.
El texto de Romanos 12:8 dice: “El que anima, que anime; el que da, que lo haga con generosidad; el que dirige, que lo haga con diligencia; el que muestra misericordia, que lo haga con alegría”.
El párrafo pone el ejemplo de una persona que corre en auxilio de un amigo que está sufriendo para brindarle el apoyo que necesita y animarlo.
3. ¿Qué buen ejemplo nos puso Bernabé? (Vea también la imagen).
Bernabé nos puso el buen ejemplo de ser una persona que consuela y ayuda a los demás. Se destacó por animar, apoyar y acudir en auxilio de sus hermanos. Por ejemplo, cuando los discípulos tenían miedo de Saulo por su pasado como perseguidor, Bernabé confió en él, lo ayudó y lo presentó a los apóstoles.
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Vemos que, en distintas ocasiones, Bernabé acudió en auxilio de los hermanos. En el caso de Saulo, cuando llegó a Jerusalén, los discípulos le tenían miedo debido a la fama que tenía por haber perseguido anteriormente a los cristianos. Sin embargo, como dice Hechos 9:27, Bernabé lo presentó ante los apóstoles y les contó con detalle lo que le había ocurrido. Incluso les explicó cómo Saulo había predicado con mucho valor. Como vemos en el versículo 28, gracias a ello, Saulo pudo reunirse con los discípulos y predicar libremente en Jerusalén.
Es interesante que su nombre era José, pero que los propios apóstoles, por su comportamiento lo llamaron Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”. Sin duda, ese nombre no fue un detalle menor. Bernabé no tenía la obligación de actuar como intermediario entre los apóstoles y Saulo, pero vio la necesidad de ayudar y brindar consuelo, y no dudó en hacerlo. Por eso, ese nombre le quedaba muy bien, porque dar consuelo formaba parte de su manera de ser.
En la imagen se ve cómo Bernabé mira a Saulo con una sonrisa mientras se lo presenta a dos de los apóstoles. Allí se aprecia claramente que hace honor a su sobrenombre. Sin duda, está siendo un verdadero “Hijo del Consuelo”.
El detalle que se comenta en el párrafo también puede apreciarse en la imagen. La actitud de Bernabé refleja claramente por qué fue llamado “Hijo del Consuelo”. Además, el hecho de que a partir de ese momento ya no se le vuelva a mencionar como José nos ayuda a entender que esa forma de actuar era una característica constante de su personalidad.
Quizás le costó esfuerzo, pero siempre procuraba brindar consuelo a los demás. En nuestro caso, tal vez en algunas ocasiones, debido a las circunstancias que estamos atravesando, no lo hacemos porque nosotros mismos estamos pasando por un momento difícil. Sin embargo, el ejemplo de Bernabé nos ayuda a ver que siempre podemos esforzarnos por ser personas que consuelan a los demás.
El párrafo dice que les contó todo con detalle. Entonces, para poder explicar la historia de Pablo con precisión, antes tuvo que escucharlo con mucha atención. Esto nos enseña que nosotros también debemos hacer lo mismo con nuestros hermanos.
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Bernabé mira a Saulo con una sonrisa y lo lleva a la casa de uno de los apóstoles para presentárselo. Los dos apóstoles que se encuentran allí miran a Saulo con desconfianza mientras este se les acerca.
Bernabé hizo honor a su nombre. (Vea el párrafo 3).
CÓMO CONSOLAR A LOS DEMÁS
4. ¿Cuál es una de las mejores maneras de consolar a los demás? (Romanos 1:11, 12).
Una de las mejores maneras de consolar a los demás es visitándolos si es posible. Pasar tiempo con una persona que está sufriendo puede fortalecerla mucho, tal como Pablo reconoció en Romanos 1:11, 12 al destacar el efecto poderoso que tiene animar a los hermanos en persona. Si las circunstancias no permiten una visita, también podemos consolarlos mediante un mensaje, una llamada, una tarjeta o una carta.
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Como dijo Pablo: “Estoy deseando verlos”. Por eso, si es posible, una visita en persona es una muy buena manera de consolar a los demás.
De ser posible, no debería ser solo una visita de “hola y adiós”, sino que deberíamos pasar tiempo con la persona e interesarnos verdaderamente por ella. Y, en caso de que no podamos ir a visitarla, estaría bien que le enviemos un mensaje animador, la llamemos por teléfono o incluso le escribamos una carta.
Una de las mejores maneras de consolar a los demás es visitar a nuestros hermanos cuando se encuentren en dificultades. Si tenemos el mismo punto de vista que tenía Pablo, como se muestra en Romanos 1:11, estaremos deseando ir a verlos para transmitirles ánimo, consejos y el consuelo que necesiten. Y eso, como dice el párrafo, requiere tiempo, esfuerzo y, sobre todo, cariño.
5. ¿Qué podemos esperar en este sistema?
En este sistema podemos esperar que la vida sea cada vez más difícil y que consolar a nuestros hermanos en persona requiera más esfuerzo y valor. Puede haber situaciones en las que ayudar a otros implique enfrentar riesgos o dificultades, pero debemos estar dispuestos a seguir el ejemplo de siervos fieles como Onesíforo y otros hermanos que han apoyado a sus compañeros de creencia a pesar de la oposición o la persecución.
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En este sistema podemos esperar que, a medida que pase el tiempo, la vida será más difícil y también será más difícil poder consolar a nuestros hermanos. Por eso debemos estar preparados. ¿Y cómo podemos hacerlo? Pues aprendiendo de buenos ejemplos. Tenemos un gran ejemplo en los hermanos de Rusia, que están dispuestos a perder su libertad por apoyar a los hermanos que están siendo juzgados. Entonces, si ahora nos preparamos, será mucho más fácil hacerlo cuando lleguen momentos difíciles.
El ejemplo de Onesíforo, quien, al igual que los hermanos de Rusia mencionados en el párrafo, estaba dispuesto a arriesgarse por apoyar a sus hermanos, es muy animador. Él buscó a Pablo cuando estaba en prisión en Roma y lo hizo sin descanso hasta encontrarlo. Claro, si alguien está preso y otra persona lo busca de una cárcel a otra, también podría correr el riesgo de ser detenido. Pero a él no le importó eso; lo que quería era encontrar a su hermano y darle ánimo.
6. ¿Cómo podemos imitar a Jehová al consolar a otros? (Vea también la imagen).
Podemos imitar a Jehová al consolar a otros escuchándolos con atención, paciencia y cariño. Así como Jehová escuchó a Elías y a Habacuc sin cansarse ni enojarse, nosotros debemos ser “rápidos para escuchar”, no interrumpir ni molestarnos aunque la persona se muestre reiterativa o diga algo que no parezca apropiado. De esa manera, demostraremos respeto, comprensión y verdadero interés por los demás.
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Podemos imitar a Jehová escuchando con atención y respetando a nuestros hermanos cuando nos estén contando algo. Seamos rápidos para escuchar.
Es interesante que Habacuc expresó sus preocupaciones de una manera que podría parecer poco respetuosa, pero Jehová no se ofendió ni reaccionó negativamente a sus palabras; más bien, vio lo que había detrás de ellas. Quizás se trataba de un siervo fiel que estaba angustiado y necesitaba respuestas.
Cuando un hermano está pasando por un momento difícil, no deberíamos centrarnos tanto en cómo dice las cosas, sino en por qué las dice. Y si primero escuchamos con empatía, será mucho más fácil que después acepte el consuelo o el consejo que podamos darle.
Tenemos que tener en cuenta que escuchar no es lo mismo que quedarse callado esperando a que la otra persona termine de contar lo que le pasa para poder aconsejarle. Santiago 1:19 dice que tenemos que ser rápidos para escuchar. Debemos escuchar sin prisa y sin estar pensando en qué vamos a decir después. Una frase muy bonita dice que tenemos dos orejas y una boca, lo que quiere decir que tenemos que escuchar el doble de lo que hablamos, sobre todo cuando vamos a consolar a alguien.
El párrafo menciona algunos ejemplos, y uno de ellos es el de Elías. Él sintió que su vida estaba en peligro, así que le abrió su corazón a Jehová y le explicó lo que le ocurría. Jehová ya sabía por lo que estaba pasando. Sin embargo, lo escuchó atentamente, le mostró cariño y, aunque Elías incluso repetía sus preocupaciones, Jehová no se cansó de escucharlo.
En la imagen vemos a dos hermanas con un bizcocho y un café sobre la mesa. Normalmente, esto se suele tomar por la tarde, pero el reloj marca las 9:45, lo cual indica que la hermana que está escuchando lleva un buen rato haciéndolo.
En la imagen también vemos en la expresión del rostro de la hermana que está triste, que se siente muy afectada. También vemos la cocina; no se aprecia muy bien, pero parece que está sin recoger. Tal vez ha estado demasiado angustiada para realizar las tareas normales de la casa. Seguramente la hermana al final ayudará con eso, pero en este momento lo más importante de todo es escuchar.
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Una hermana escucha pacientemente a una hermana desahogarse. Van pasando las horas y se hace tarde.
Imitemos a Jehová y escuchemos con atención a nuestros hermanos. (Vea el párrafo 6).
7. ¿Cómo podemos averiguar lo que necesita alguien que está sufriendo?
Podemos averiguar lo que necesita alguien que está sufriendo escuchándolo con mucha atención y haciéndole preguntas con tacto. Como no podemos leer los corazones como lo hace Jehová, no debemos dar por sentado lo que la persona necesita ni basarnos solo en lo que nosotros necesitaríamos en su situación. Cada persona es diferente, por eso debemos tomarnos el tiempo para comprender lo que siente y cómo podemos ayudarla.
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Jehová puede leer los corazones, pero nosotros no. Así que la única manera de saber qué consuelo necesita alguien es escuchándolo con mucha atención.
Como dice Proverbios 20:5, los pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas. Es decir, cada persona es un mundo, y lo mejor que podemos hacer es tomarnos nuestro tiempo para escuchar atentamente y hacer preguntas con tacto que nos permitan averiguar lo que siente y necesita.
Debemos ponernos a pensar en lo que está pasando el hermano o la hermana que estamos escuchando, y ponernos en el lugar que nos gustaría que los demás se pusieran por nosotros. Cuando nos ponemos en los zapatos de los demás, logramos percibir y entender mejor la situación por la que están pasando.
En la imagen se ve que la hermana que está contando lo que le ocurre está muy angustiada, y la hermana que la escucha está muy atenta a lo que ella le dice. De esa manera podemos ayudar a nuestros hermanos.
8. ¿Cómo consoló Jesús a Marta y a María, y qué aprendemos? (Vea también las imágenes).
Jesús consoló a Marta y a María de maneras diferentes, tomando en cuenta lo que cada una necesitaba. A Marta le fortaleció la fe al hablarle sobre la resurrección, mientras que a María la consoló mostrando empatía, llorando con ella y acompañándola en su dolor.
Aprendemos que no existe una fórmula única para consolar a todos; debemos escuchar, mostrar comprensión y esforzarnos por descubrir qué necesita cada persona para brindarle el apoyo adecuado.
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Las dos habían sufrido la misma pérdida; sin embargo, Jesús les respondió de manera muy diferente a cada una. A Marta le habló sobre la resurrección y así fortaleció su fe en esa esperanza. En cambio, cuando María se acercó llorando, él lloró con ella y le preguntó dónde habían puesto a Lázaro. Esto nos enseña que no hay una fórmula universal para todo el mundo. Cada persona es diferente y debemos averiguar lo que necesita cada una.
En la imagen vemos a un anciano que va a consolar a dos hermanos que han perdido a su esposa. En un caso, le lee la Biblia y lo escucha; en el otro caso, lo que hace es recordar con él a la persona que perdió. Así que cada uno tiene sus propias necesidades, y los ancianos también tienen que adaptarse para poder ayudar.
En la imagen vemos que, en el caso del hermano de la izquierda, quizás la pérdida es muy reciente como para hablarle de una esperanza. Tal vez en ese momento solo necesita llorar y desahogarse, y el hermano lo escucha, le da su apoyo y le pone la mano en el hombro, como diciéndole: “Estoy aquí, desahógate”.
En la imagen de la derecha vemos que quizás ya ha pasado más tiempo; el hermano ha asimilado un poco más la pérdida de su esposa, y un buen consejo o hablarle de la esperanza de la resurrección quizás sea muy apropiado en ese momento. Hay que adaptarse a las circunstancias de cada hermano.
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Imágenes de un anciano que visita a dos viudos: 1. El anciano pone su mano sobre el hombro de un hermano mientras este llora. 2. El anciano le muestra un texto bíblico a un hermano mayor y miran juntos las fotos de un álbum.
Al consolar a otros, tratemos de averiguar lo que de verdad necesitan. (Vea el párrafo 8).
9. ¿Cómo nos ayuda la Biblia a consolar a otros? (Romanos 15:4, 5).
La Biblia nos ayuda a consolar a otros porque mediante ella podemos darles “el consuelo de las Escrituras” y fortalecer su esperanza. Los textos bíblicos pueden animar y dar fuerzas a quienes están pasando por dificultades. Para hacerlo mejor, podemos prepararnos teniendo a la mano versículos animadores y pedirle a Jehová que nos ayude a usar su Palabra de la manera más adecuada.
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Debemos consolar con la Biblia. Se supone que ya hemos escuchado a la persona, conocemos su situación y lo que necesita. Por ejemplo, si alguien está amargado o tiene problemas, podemos analizar la situación. Algunos pueden sentirse amargados por la crueldad de otros, por celos o por envidia. Si ya hemos escuchado a la persona, podemos escoger algunos textos que le puedan dar consuelo.
El texto de Romanos dice que el consuelo de las Escrituras nos da esperanza, y la esperanza de por sí nos anima. En Isaías 40:31 se compara con el vuelo del águila, pues dice que los que ponen su esperanza en Jehová recobrarán las fuerzas y alzarán el vuelo como si tuvieran alas de águila. Esa esperanza basada en los textos de la Biblia es como esas corrientes de aire que nos sostienen cuando, por nuestras propias fuerzas, no podemos mantenernos.
La Biblia nos enseña en Juan 14:26 que podemos pedirle ayuda a Jehová, porque él puede hacer que recordemos esas palabras o enseñanzas que, en ese momento, pueden ser muy apropiadas para ayudar a esa persona.
Algo que nos ayudará a recordarlos es hacer una lista personal. Podemos hacerlo en la propia aplicación, señalando ciertos textos e incluyéndolos en una lista. También podemos recurrir precisamente a la publicación que se ha preparado hace poco sobre textos bíblicos para la vida cristiana, donde aparece un enlace. Buscando por temas podemos encontrar una gran cantidad de textos bíblicos y, además, experiencias de siervos del pasado que vivieron situaciones diferentes y que podemos aplicar a nuestros tiempos.
10. ¿Por qué es tan importante hablar con bondad al consolar?
Es tan importante hablar con bondad al consolar porque nuestras palabras pueden curar o herir. Cuando alguien necesita corrección o consejo, debemos pensar bien antes de hablar y elegir palabras amables, tal como Jehová lo hizo con Elías. Al hablar con cariño, respeto y amabilidad, podemos ayudar a nuestros hermanos a cambiar su manera de pensar, animarlos y fortalecerlos.
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Porque, como dice Proverbios 12:18, las palabras dichas sin pensar son como los golpes de una espada. Esta comparación del daño que se puede hacer con una espada nos lleva a pensar que esas heridas no desaparecen de un día para otro, sino que pueden durar mucho tiempo. Por eso es muy importante pensar bien lo que vamos a decir, porque, como también muestra el texto, nuestras palabras pueden curar las heridas.
El ejemplo de Elías muestra que él pensaba que había fallado como profeta y que era el único de todo Israel que seguía sirviendo a Dios. Con mucho cariño, Jehová corrigió su manera de pensar sin decirle directamente que estaba equivocado.
Llama la atención esta expresión al final, cuando habla de ser amables y positivos al dar discursos o comentarios en las reuniones. Pensando en eso, es cierto que quizá en la reunión haya alguien que necesite consuelo, y justo aquello que uno comenta puede dar en el punto exacto. Pero si el comentario fuera negativo, quizá podría hacer daño. Así que debemos procurar que nuestros comentarios y lo que decimos sean positivos.
Las personas escuchan con más apertura cuando se sienten seguras, y la amabilidad crea un espacio seguro. Cuando animamos a alguien a ajustar su manera de pensar, las palabras suaves le ayudan a aceptar la orientación sin sentirse atacado.
Los textos de 1 Reyes 19:9-18 muestran cuando Jehová le habla a Elías. Pero al principio no le da consuelo directamente sobre aquello de lo que se había quejado cuando dijo: “Soy el único que queda y quieren matarme”. En lugar de eso, Jehová le da una comisión: le dice que vaya por su camino y que unja a un rey y luego a otro. Al final de todo esto, después de darle ese encargo tan importante y con tanta responsabilidad, Jehová le recuerda, como si dijera: “Por cierto, hay 7.000 más que me adoran como tú”. Y esa fue una manera maravillosa de darle consuelo y ánimo.
11. ¿Qué necesitan muchas veces quienes están sufriendo? (1 Juan 3:18).
Muchas veces quienes están sufriendo necesitan más que solo palabras de consuelo; necesitan ayuda práctica y muestras de amor. Podemos seguir el ejemplo de Bernabé ayudando de manera concreta a quienes pasan por dificultades. De esa forma demostramos con hechos nuestro amor y apoyo, tal como enseña 1 Juan 3:18.
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Necesitan que les ayudemos de manera práctica, es decir, con acciones. Por ejemplo, eso fue lo que hizo Bernabé, quien, además de ser un hermano que siempre estaba consolando a los demás, ayudó de manera práctica cuando vendió un terreno y usó el dinero para ayudar a hermanos nuevos que eran pobres.
En el párrafo podemos ver el ejemplo de una hermana que cuenta que hubo una inundación y que, rápidamente, los hermanos acudieron, la ayudaron y eso fortaleció muchísimo su fe. Además, esa ayuda le dio gloria a Jehová, que es lo que buscamos.
12. ¿Cómo ayudamos a nuestros hermanos cuando aguantamos las dificultades?
Ayudamos a nuestros hermanos cuando aguantamos las dificultades porque nuestro ejemplo de fidelidad y confianza en Jehová puede animarlos y fortalecerlos. Al ver que seguimos sirviendo a Jehová a pesar de los problemas, ellos reciben ánimo y comprueban que Jehová nos ayuda a mantenernos firmes.
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Cada vez que llegamos al salón y vemos a nuestros hermanos que sabemos que tienen problemas graves, ya sean de salud, emocionales o de otro tipo, y aun así los vemos allí fielmente, eso nos anima y nos consuela. Algo parecido le pasó a Pablo, quien dijo en Colosenses 2:1, 2: “Quiero que se den cuenta de la gran lucha que tengo”. ¿Y con qué propósito? Para animarlos y consolarlos.
Algunas veces pensamos que tenemos que ser perfectos o dar una determinada apariencia, pero todos sufrimos en algún momento. A veces, compartir cómo hemos sufrido y cómo Jehová nos ha ayudado puede ayudar a otros a pensar: “Yo no soy el único. Si Jehová los ayudó a ellos, también puede ayudarme a mí”.
En Colosenses 2:1, 2, el apóstol Pablo dice que uno de sus objetivos era consolar incluso a quienes no lo habían visto personalmente. Aunque conocía a algunos hermanos de Colosas, parece que todavía no había visitado esa congregación, por lo que muchos no lo conocían. Sin embargo, al enterarse de la gran lucha que estaba enfrentando —pues cuando escribió esta carta se encontraba preso en Roma— y de cómo Jehová lo estaba ayudando a mantenerse fiel, aquellos hermanos sin duda se sintieron muy animados.
De manera parecida, cuando leemos sobre los hermanos de Rusia u otros siervos de Jehová a quienes no conocemos personalmente, sus experiencias y la forma en que Jehová los fortalece también nos animan muchísimo.
13. ¿Qué cualidad necesitamos, y por qué?
Necesitamos ser pacientes, porque nuestros esfuerzos por consolar a un hermano quizás no den resultados de inmediato. La Biblia nos anima a seguir consolándonos unos a otros, lo que implica hacerlo de manera constante. Por eso debemos ser perseverantes y no darnos por vencidos al ayudar a quienes necesitan ánimo.
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Necesitamos ser pacientes. La Biblia nos anima a seguir animándonos unos a otros, como dice 1 Tesalonicenses 5:11. Así que debemos aplicar este consejo y no rendirnos. Debemos tener en cuenta que no siempre será fácil dar consuelo, pero, si mantenemos esa actitud y seguimos esforzándonos, sin duda el hermano lo agradecerá y, lo más importante, estaremos agradando a Jehová.
Muchas veces los resultados no serán instantáneos. En algunos casos, quizá tarden un tiempo en verse, incluso años. Por eso, debemos cultivar la paciencia y seguir brindando consuelo, confiando en que los resultados llegarán con el tiempo.
En 1 Tesalonicenses 5:14 se dice que debemos advertir a los indisciplinados, consolar a los deprimidos y apoyar a los débiles. Pero, sobre todo, añade: “Sean pacientes con todos”. Esto nos anima a ejercer la paciencia. Sea cual sea el problema que tenga el hermano, debemos escucharlo con paciencia.
QUÉ HACER CUANDO NOSOTROS NECESITAMOS CONSUELO
14, 15. ¿Qué debemos hacer si nos sentimos abrumados o angustiados?
Si nos sentimos abrumados o angustiados, debemos orarle a Jehová y contarle con sinceridad lo que sentimos, pidiéndole que nos consuele. Él escucha nuestras oraciones y puede darnos la paz que protege nuestro corazón y nuestra mente.
También podemos pedir ayuda a hermanos maduros o a un anciano de confianza, contándoles cómo nos sentimos para que puedan escucharnos, animarnos y darnos apoyo basado en la Biblia.
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Una de las cosas que debemos hacer es orar a Jehová, ya que, como dice Salmo 94:19, cuando las preocupaciones nos abruman, él nos consuela y nos tranquiliza. Aunque Jehová ya sabe lo que necesitamos, al abrirle nuestro corazón le demostramos la fe que tenemos en él, y siempre nos consolará de la mejor manera posible.
La otra recomendación sería pedir ayuda. Proverbios 14:10 dice que cada persona conoce su propia amargura o dolor. Quizás compartir las alegrías nos resulte más natural, pero muchas veces nos guardamos las penas por no incomodar a otros o por pensar que los demás ya tienen suficientes preocupaciones. Sin embargo, no debemos tener una actitud pasiva. Debemos pedir ayuda y expresar lo que realmente necesitamos para que los demás puedan apoyarnos.
Nuestros hermanos no van a saber de antemano lo que nos ocurre. Por eso, es necesario que les digamos cómo nos sentimos para que también puedan brindarnos esa ayuda.
Puede ser útil escoger un texto bíblico que vaya directamente al punto de lo que nos está contando y llegue a su corazón. O quizás recordemos algún artículo o una experiencia que encaje con su situación y pueda consolarlo. Si somos nosotros quienes nos sentimos abrumados o angustiados, también podríamos pedirle a algún hermano que nos comparta un texto bíblico o una experiencia que lo haya ayudado a él.
16. ¿Qué es posible que ocurra cuando otros intenten animarnos, pero qué debemos recordar?
Cuando otros intenten animarnos, es posible que cometan errores o digan o hagan algo que, en vez de hacernos sentir mejor, nos haga sentir peor. Sin embargo, debemos recordar que todos somos imperfectos y que, como dice Santiago 3:2, todos tropezamos con nuestras palabras.
Por eso, conviene centrarnos en las buenas intenciones de nuestros hermanos, ser pacientes y perdonarlos, teniendo presente que “el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.
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Como somos imperfectos, a veces nos equivocamos, y más aún cuando vamos a dar un consejo. Por eso, aunque en alguna ocasión alguien no encuentre las palabras más adecuadas y, sin querer, nos haga sentir peor, debemos valorar el esfuerzo que ha hecho y ser agradecidos. Lo importante es reconocer que su intención era ayudarnos y consolarnos.
Recordemos lo que dice Santiago 3:2: que todos tropezamos muchas veces. Así que es normal que, en ocasiones, nos equivoquemos con nuestras palabras. Pero lo importante es que nos concentremos en la buena intención del hermano y tengamos paciencia.
17. ¿Qué meta deberíamos ponernos?
La meta que deberíamos proponernos es consolarnos y animarnos unos a otros tanto como podamos. Dado que en los últimos días las dificultades aumentan y la oposición se hace más intensa, todos necesitamos apoyo y ánimo. Por eso, debemos esforzarnos por fortalecernos y consolarnos unos a otros.
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Debemos ponernos la meta de consolarnos unos a otros tanto como podamos. Sobre todo porque sabemos que nos acercamos cada día más al fin de este sistema y que los tiempos serán cada vez más críticos. Por eso, es necesario que todos nos demos consuelo y ánimo.
¿QUÉ RESPONDERÍA?
¿Cuál es el significado de “consolar” en la Biblia?
En la Biblia, la palabra griega que se traduce como “consolar” puede tener el sentido de animar, exhortar o aconsejar, dependiendo del contexto. Literalmente significa “llamar al lado de uno”, lo que sugiere acercarse a alguien que está pasando por una situación difícil para ofrecerle apoyo, ayuda y ánimo. De esta manera, la persona recibe fuerzas y se siente fortalecida.
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Hemos visto que consolar significa acercarse a alguien para animarlo, darle apoyo y aconsejarlo con palabras bondadosas hasta que se sienta fortalecido.
¿Cómo podemos consolar a los demás?
Podemos consolar a los demás visitándolos si es posible, escuchándolos con atención, tratando de averiguar lo que realmente necesitan y usando la Biblia para fortalecerlos. También podemos animarlos mediante una llamada, un mensaje, una carta o una tarjeta cuando no sea posible estar con ellos en persona. Al escuchar con paciencia, hacer preguntas con tacto y compartir textos bíblicos apropiados, podemos brindar el apoyo y el consuelo que necesitan.
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Podemos consolar a los demás de muchas maneras: visitándolos si es posible, escuchándolos con atención y usando la Biblia para fortalecer su esperanza.
Otra manera es escucharlos con atención. Jehová nos puso el ejemplo: él no se cansó de escuchar a sus siervos, aunque ya sabía lo que necesitaban y por lo que estaban pasando. Así que, cuando estemos tratando de consolar a otros, escuchémoslos con atención y no los interrumpamos.
Tratemos de averiguar lo que de verdad necesitan haciendo preguntas con tacto.
Marta y María, cuando falleció su hermano Lázaro, recibieron una respuesta diferente de parte de Jesús. A una le habló de la resurrección para fortalecer su fe, y a la otra simplemente la acompañó y lloró con ella para consolarla. Esto nos enseña que cada persona es diferente y necesita algo distinto.
Una sugerencia es usar la Biblia y pedirle a Jehová en oración que nos dé su espíritu santo para recordar los textos bíblicos que pueden ayudar a la persona.
Es importante hablar con bondad, especialmente cuando tenemos que animar a alguien o ayudarlo a cambiar su manera de pensar. Como dice Proverbios 12:18, las palabras dichas sin pensar son como golpes de una espada, pero la lengua de los sabios cura las heridas.
Otra forma de ayudar es hacerlo de manera práctica. Todos conocemos a hermanos que siempre están dispuestos a ayudar cuando hay una mudanza, una reparación en casa o una situación difícil. Ese tipo de ayuda dice mucho más que cualquier palabra y es el ejemplo que queremos imitar.
Podemos animar a otros al aguantar nuestras propias dificultades, porque al ver cómo Jehová nos ayuda a nosotros, nuestros hermanos pueden sentirse fortalecidos para enfrentar sus propios problemas.
Y por último, debemos ser pacientes y no darnos por vencidos si nuestros esfuerzos no producen resultados inmediatos.
¿Qué podemos hacer cuando necesitamos consuelo?
Cuando necesitamos consuelo, podemos orarle a Jehová y contarle con sinceridad todo lo que sentimos, confiando en que él nos dará la paz y la ayuda que necesitamos. También podemos pedir ayuda a un amigo maduro o a un anciano de confianza, expresándoles cómo nos sentimos para que puedan animarnos y fortalecernos.
Además, debemos ser pacientes y perdonar si quienes intentan consolarnos cometen errores o no encuentran las palabras adecuadas. En esos casos, conviene centrarnos en sus buenas intenciones y recordar que todos somos imperfectos.
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Debemos orarle a Jehová y pedirle que nos consuele. Salmo 62:8 nos invita a derramar nuestro corazón delante de él, porque él es un refugio para nosotros. Así que debemos ser específicos y contarle por lo que estamos pasando y lo que estamos sintiendo.
Podemos pedir ayuda a hermanos que hayan pasado por situaciones similares. Ellos pueden explicarnos cómo se han beneficiado de lecturas bíblicas o de experiencias, y pueden ayudarnos.
Debemos ser pacientes y perdonar. Sabemos que todos somos imperfectos y que podemos cometer errores al intentar animar a otros hermanos. Pero recordemos lo que dice Santiago 3:2: el que nunca tropieza con sus palabras es perfecto. Por eso, debemos centrarnos en las buenas intenciones de los hermanos.
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