Estudio de la Atalaya, Ayudemos de inmediato a quienes tienen “la actitud correcta”, 1-7-Diciembre-2025, Comentarios y Respuestas.

“Todos los que tenían la actitud correcta para obtener vida eterna se hicieron creyentes” (HECH. 13:48).

1. ¿De qué maneras reaccionan las personas cuando les predicamos? (Hechos 13:47, 48; 16:14, 15).

Las personas pueden reaccionar de distintas maneras cuando les predicamos: Algunas aceptan el mensaje de inmediato, con alegría, tal como ocurrió en el siglo primero. Otras al principio no muestran interés, pero con el tiempo pueden abrir su corazón y querer aprender más sobre Dios.

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Es verdad que hay muchos tipos de personas: hay quienes aceptan la verdad enseguida, pero también es cierto que hay quienes al principio no muestran tanto interés. Sin embargo, con el tiempo, si se va cultivando ese interés, pueden llegar a conocer a Jehová y amarlo profundamente.

Cuando el apóstol Pablo en Hechos 13:48 dijo que tenían “la actitud correcta” para obtener vida eterna, la nota explica que ese verbo transmite la idea de que se pusieron a sí mismos en condición de obtener vida, porque demostraron una actitud, inclinación o disposición que les permitía alcanzarla. Es decir, no solo se trata de tener una buena actitud de corazón; a veces una persona no acepta la verdad de inmediato, pero luego puede esforzarse y adoptar la actitud necesaria para obtener la vida eterna.

En el relato de Hechos 16:14, 15 se destaca que Jehová abrió el corazón de Lidia para que respondiera al mensaje. Esto nos indica que no solo depende de nuestra habilidad, sino de cómo actúa el espíritu santo de Jehová en cada persona.

2. ¿En qué sentido puede decirse que predicar es como cuidar de una huerta?

Puede decirse que predicar es como cuidar de una huerta porque, al igual que un agricultor siembra y cultiva las plantas, nosotros cultivamos el interés de las personas por comprender el valor de las enseñanzas de la Biblia.

A veces el agricultor encuentra un fruto ya maduro y lo cosecha de inmediato; de manera similar, mientras predicamos podemos encontrar personas que están listas para aceptar el mensaje, y debemos ayudarlas sin demora.

Se necesita observar y distinguir entre una planta que requiere cuidado y una que ya está lista; del mismo modo, debemos discernir el grado de disposición de cada persona y actuar según lo que necesite.

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Predicar se asemeja a cuidar una huerta porque implica sembrar, cultivar y estar atentos para discernir cuándo alguien está preparado para aceptar el mensaje y atenderlo según su necesidad.

Lo que hace un agricultor es sembrar y cultivar las plantas. Nosotros, de forma similar, también lo hacemos, porque cultivamos el interés de las personas para que puedan comprender el valor de las enseñanzas de la Biblia.

Al igual que en una huerta hay plantas que dan frutos antes y otras después, el agricultor hábil rápidamente recoge las que ya están maduras y las trata de manera adecuada. Del mismo modo, en el ministerio, si hay personas que rápidamente muestran interés, debemos atenderlas de inmediato.

Es la idea que muestra Juan 4:35, 36: “Levanten la vista y miren, los campos están blancos, listos para la siega”. Así que, si notamos que una persona muestra interés, debemos atender ese interés de inmediato, no dejarlo para otro día. Como indica el párrafo, “quizás en la primera conversación vemos que esa persona ya está dispuesta al mensaje”. Debemos apresurarnos a ayudarla y guiarla por “el camino que lleva a la vida”.

 SI LA PERSONA ESTÁ INTERESADA EN EL MENSAJE

3. Si estamos predicando y encontramos a una persona interesada en el mensaje, ¿Qué podemos hacer? (1 Corintios 9:26).

Podemos ayudarla de inmediato a empezar a andar por el camino que lleva a la vida. Para ello, durante la primera conversación es recomendable ofrecerle un curso de la Biblia e invitarla a asistir a nuestras reuniones.

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Una buena meta es que, si vemos que la persona está dispuesta y muestra interés, podamos, con confianza, ofrecerle directamente un curso bíblico desde la primera conversación.

Normalmente nos cuesta, en una primera conversación, invitar a las personas a un curso bíblico o a asistir a nuestras reuniones, incluso si la persona está receptiva. Pero en 1 Corintios 9:26 se nos anima a no perder el tiempo. Nuestro objetivo es estudiar la Biblia con las personas y ayudarlas a conocer a Jehová; así que, si alguien está receptivo, no debemos dejar pasar la oportunidad.

Si encontramos a una persona interesada en el mensaje y la invitamos de inmediato a un estudio bíblico y a asistir a nuestras reuniones, actuaremos tal como dice el texto: no correremos sin una meta ni pelearemos dando golpes al aire, sino que seremos directos y, tal vez así, logremos llevar a la persona por el camino de la vida eterna.

Este párrafo nos enseña a revisar un poco la manera en que afrontamos esta situación, porque puede haber un método que uno crea que funciona. Por ejemplo, pensar: ‘Es demasiado pronto. ¿Cómo le voy a hablar de las reuniones si he conversado solo dos veces con él? Mejor espero un poco más’. Pero hay personas que, desde el primer día, la primera hora o incluso el primer minuto, agradecerán escuchar esa invitación.

4. ¿Qué experiencia muestra que hay personas dispuestas a aceptar un curso bíblico desde el primer momento?

La experiencia de una chica en Canadá muestra que hay personas dispuestas a aceptar un curso bíblico desde el primer momento. Ella tomó un folleto, escuchó que incluía un curso bíblico gratis, dijo que estaba interesada y dio su número de teléfono. Envió un mensaje preguntando por el curso ese mismo día y hasta pidió que empezaran al día siguiente. Inició el curso de inmediato, asistió a una reunión ese fin de semana y progresó rápidamente.

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La experiencia de esta joven que menciona el párrafo relata que, un jueves, ella tomó un folleto del carrito. La hermana que estaba allí le explicó que incluía un curso bíblico gratuito, y la joven dio su número de teléfono para que la visitaran rápidamente. La hermana le propuso el fin de semana, pero la joven dijo que estaba disponible al día siguiente. Así que se hicieron los arreglos para comenzar su primer curso de la Biblia, y ella asistió a la reunión ese mismo fin de semana y progresó muy rápidamente.

Cuando alguien está verdaderamente interesado, suele mostrar una actitud de empatía y se mostrará receptivo a cualquier comentario que podamos hacer para ayudarle a conocer a Jehová y a su Hijo, Jesús.

Puede suceder que, acostumbrados a un territorio algo apático y no muy receptivo hacia los temas espirituales, sin quererlo estemos predispuestos a pensar que a las personas no les interesa estudiar la Biblia o que no lo harán de inmediato. Así que este tipo de experiencias nos recuerdan que quizás debamos cambiar nuestra mentalidad y ser más optimistas, porque seguro que podemos llevarnos gratas sorpresas.

5. ¿Qué debemos tener presente al ofrecer un curso bíblico? (Vea también las imágenes).

Debemos tener presente que no todas las personas aceptarán de inmediato un curso bíblico. En muchos casos será necesario conversar primero sobre un tema que despierte su interés antes de poder ofrecer el curso. Aun así, si mantenemos una actitud positiva y mostramos interés personal, es posible que pronto podamos comenzar un curso bíblico con la persona.

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Debemos tener presente cuáles son las inquietudes o necesidades de la persona a la que vamos a predicar en ese momento. Quizás esté ocupada con asuntos familiares o tenga preocupaciones personales y necesite que la escuchemos. Seguramente tengamos que conversar un rato con ella y demostrarle interés. Si lo hacemos así, será más fácil que la persona muestre interés y comience un curso bíblico.

Tenemos que mantener una actitud positiva; nosotros somos los primeros que debemos cambiar nuestra mentalidad. Si somos positivos y mostramos interés en la persona, es muy probable que podamos comenzar un curso bíblico con ella.

El ejemplo de las plantas nos muestra que a cada persona debe tratársela de manera distinta según su necesidad, y eso se refleja muy bien en la imagen. A la izquierda vemos a un militar retirado, y a la derecha, a una madre con sus dos hijos, que está muy ocupada. Lo que le interese o necesite una persona puede ser totalmente distinto de lo que necesite otra. Por eso, debemos adaptarnos a cada uno y tratarles como realmente lo necesitan para captar su atención.

Basándonos en la imagen, a la izquierda, quizás al militar retirado le hablaríamos de los gobiernos y de si existe alguno que pueda eliminar de raíz los problemas. Es alguien que ha visto mucho sufrimiento en su vida y seguramente pueda darnos su opinión. Mientras que, a la derecha, una madre con dos niños, muy ocupada, tal vez necesite que hablemos brevemente sobre la crianza de los hijos, la familia u otros temas prácticos.

ILUSTRACIÓN

Serie de imágenes: 1. Dos hermanos le predican a un señor mayor que está sentado al aire libre en la entrada de su casa. 2. Dos hermanas le predican a una mujer en la puerta de su casa y le entregan el folleto “Disfrute de la vida”. La señora tiene a su hijo más pequeño en brazos y a su hijo mayor de pie junto a ella.

¿Qué les diría usted a las personas de estas imágenes para que quieran aprender más de la Biblia? (Vea el párrafo 5). 

6. ¿Qué podemos hacer para que la persona nos permita volver para seguir hablando de la Biblia?

Podemos lograr que la persona nos permita volver evitando, de preferencia, usar palabras como “clase”, “curso” o “estudio”. En su lugar, se sugiere usar expresiones como “conversar”, “hablar” o “conocer mejor la Biblia”.

Para mostrar que nos gustaría regresar, podemos comentar algo que despierte interés, como por ejemplo: “Es sorprendente que la Biblia responde preguntas que uno se ha hecho toda la vida” o “La Biblia no solo habla de cosas religiosas, también da consejos muy prácticos y útiles”.

También podemos explicar que puede aprender cosas valiosas en poco tiempo, diciendo algo como: “En solo 10 o 15 minutos puede aprender cosas que pueden ayudarlo mucho”.

No es necesario mencionar compromisos semanales, para evitar que la persona se sienta presionada o agobiada. De esta forma, aumentan las posibilidades de que esté dispuesta a que regresemos para seguir hablando de la Biblia.

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Podemos hacer lo que algunos publicadores y precursores hacen: en lugar de utilizar palabras como clase, curso o estudio, que quizás puedan sonar a compromiso o a exámenes, sería mejor usar expresiones como conversar, hablar o conocer la Biblia. Esto puede dar mejores resultados.

¿Cómo despertar el interés de la persona? Por ejemplo, diciendo: ‘La Biblia responde preguntas que nos hemos hecho toda la vida. ¿Sabía usted eso? ¿Sabía que la Biblia da consejos muy prácticos y útiles para nuestra vida?’ Esto puede despertar interés y dar pie a realizar esa revisita.

Podemos evitar cualquier palabra que haga que la persona se sienta comprometida —como decir que iremos todas las semanas— porque podría interpretarlo como una obligación. Debemos evitar que se sientan comprometidas para que así nos permitan conversar de manera distendida sobre temas muy bonitos y prácticos que se encuentran en la Biblia.

Queremos ponernos en el lugar de las personas. Somos conscientes de que están muy ocupadas. Las personas tienen que trabajar mucho y cumplir muchas obligaciones, y lo que menos queremos es transmitirles que aprender más acerca de Jehová es otra obligación o un problema más en su vida. Por el contrario, se trata de una conversación amable cuyo objetivo es darles ideas que pueden serles de gran ayuda y muy útiles en su vida.

La Biblia es un libro muy extenso y la persona puede sentirse un poco intimidada. Pero el párrafo dice que podríamos mencionar que, con tan solo unos minutos, la persona podrá aprender y despejar dudas que quizás ha tenido durante toda su vida.

7. ¿Cuándo se dan cuenta algunas personas de que han encontrado la verdad? (1 Corintios 14:23-25).

Algunas personas se dan cuenta de que han encontrado la verdad cuando asisten a su primera reunión cristiana. Tal como sucedía en tiempos del apóstol Pablo, al estar presentes y escuchar lo que se enseña, muchas reconocen que han hallado la verdad. Hoy ocurre lo mismo: al asistir a una reunión, algunas personas sienten ese impacto espiritual y comienzan a progresar rápidamente.

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Muchas veces el punto de inflexión de muchas personas es precisamente cuando asisten a nuestras reuniones.

Aunque el estudio es la entrada, podríamos decir que las reuniones son el plato principal, porque al estar presentes y escuchar lo que se enseña, muchos reconocen que han hallado la verdad. Por eso, cuando un estudiante empieza a asistir a las reuniones, su crecimiento se acelera muchísimo, y es muy conveniente que incluso en la primera conversación lo mencionemos.

A veces puede costarnos invitar a las personas a las reuniones. Por eso, en la lección 10 del folleto Disfrute de la vida se incluye directamente una invitación titulada ‘Porque es bueno que asista a las reuniones’. Por lo tanto, no es necesario esperar a ese punto para invitarlas; podemos hacerlo desde el primer momento. Esto será una ocasión especial para enfatizar la importancia de que vengan a reunirse con nosotros y lo beneficioso que será para ellas.

Muchas personas, aunque al principio no comprendan algunas cosas, se animan mucho solo con el calor, los abrazos y el estar con los hermanos, y sienten un impacto que las impulsa a seguir progresando rápidamente.

La nota de estudio de 1 Corintios 14:23-25, en cuanto a los no creyentes, muestra cómo ellos se beneficiaban de asistir a las reuniones, porque iban aprendiendo a su propio ritmo. Sin embargo, había cosas que, por ejemplo, les censuraban o sacaban a la luz secretos de su corazón, y esto podía hacer que reaccionaran quizás de manera más rápida. La lección que podemos aprender de esta nota es que cualquier cosa que se diga en la congregación, ya sea por comentarios desde la plataforma, puede tocar el corazón del no creyente y acelerar su progreso.

También vemos muchos comentarios de hermanos que dicen: ‘Cuando fui por primera vez a la reunión, me di cuenta del cariño con el que me trataron y de la hospitalidad que me ofrecieron’. Así que eso es algo clave que debemos cuidar mucho.

8. Si invitamos a una persona a una reunión, ¿Qué podemos explicarle? (Isaías 54:13).

Podemos explicarle que nuestras reuniones son sencillas, organizadas y centradas en la Biblia, diferentes de las ceremonias que quizás conoce. También que la congregación funciona como una familia, donde procuramos conocernos por nombre.

Además, podemos aclararle que el propósito de las reuniones es adorar a Jehová, aprender y animarnos, que somos neutrales en temas políticos y que no hay debates ni discusiones. Para ayudarla a saber qué esperar, podemos mostrarle el video “¿Cómo son nuestras reuniones?”.

COMENTARIOS ADICIONALES

Podemos explicarle que nuestras reuniones no son ceremoniosas, sino didácticas, organizadas y centradas en la Biblia. La congregación funciona como una familia, y tratamos de conocernos por nombre, algo que tal vez no ocurre en otras religiones que conozca.

Podemos explicarle que nos reunimos para adorar a Jehová, aprender de él y animarnos unos a otros. No hablamos de política ni apoyamos partidos, y no se hacen debates ni discusiones acaloradas.

Podemos explicarle que el Salón del Reino es un lugar simple, bien iluminado y diseñado para aprender. También podemos mostrarle el video “¿Cómo son nuestras reuniones?” para que tenga una idea clara antes de asistir.

Estaría muy bien explicarle por qué nos reunimos y cuál es el propósito de nuestras reuniones. Nos reunimos para adorar a Jehová, como dice Isaías 54:13, y para ser enseñados por él. ¿Y en qué ambiente nos reunimos? El versículo lo describe de una manera muy bonita: al hacerlo, nuestra paz será abundante. Por eso nos encanta fomentar un ambiente respetuoso, alegre y pacífico, donde nuestras conversaciones sean edificantes y animadoras.

Isaías 54:13 dice: ‘Todos tus hijos serán enseñados por Jehová’. Esto nos muestra que es Jehová quien nos enseña. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado al explicar las diferencias entre nuestras reuniones y las de otras religiones. Debemos ser respetuosos, porque no queremos ofender a nadie.

Para que la persona se haga una idea de cómo son nuestras reuniones antes de asistir por primera vez, le podemos mostrar el vídeo Cómo son nuestras reuniones, de manera que llegue más tranquila.

Si invitamos a una persona a la reunión y vemos que es prudente, podríamos mostrarle lo que dice Hebreos 10:24-25. Seguimos el mandato de no dejar de reunirnos y de animarnos mutuamente, sobre todo al ver que el día se acerca.

Si lo pensamos, los vecinos solo ven una puerta metálica negra y no saben qué ocurre al otro lado. En muchos salones nuevos se pone más cristal para que se vea que hay sillas y que es un auditorio, pero en otros lugares no es así. Por eso, podemos mostrarles un poco para que se hagan una idea de lo que sucede al otro lado.

El párrafo destaca otras ideas que podemos explicar, por ejemplo, que no hablamos de temas políticos y que tampoco hay debates ni discusiones. Pensemos que hay personas que se reúnen en centros culturales, cuyo objetivo suele ser debatir o compartir ideas para buscar soluciones; en esas reuniones, las conversaciones pueden extremarse. Por eso, es bueno detenerse en esto y explicar que nuestras reuniones no tienen nada que ver con eso.

Algo que llama mucho la atención de las personas de otras religiones es que aquí todos nos conocemos por nombre. Además, somos todos una familia y estamos deseosos de contarnos cosas unos de otros y animarnos.

9, 10. Si invitamos a alguien a una reunión, ¿Qué podemos decirle para ayudarlo a vencer sus posibles temores? (Vea también la imagen).

Podemos ayudar a la persona a vencer sus temores explicándole que nadie la presionará para hacerse Testigo de Jehová ni para cambiar de religión; puede simplemente sentarse y escuchar.

Le aseguramos que quienes no son Testigos son bienvenidos y no se obliga a nadie a participar. No hay reuniones separadas para niños, así que las familias se sientan juntas y los padres saben qué se les está enseñando.

No se piden colectas ni dinero, siguiendo el principio de “Recibieron gratis, den gratis”, y no necesita ropa cara, porque Dios ve el corazón, no la apariencia.

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Si la persona decide asistir, podemos ayudarla a sentirse cómoda presentándole a algunos hermanos, mostrándole los textos bíblicos y enseñándole cómo seguir la reunión. Esto aumenta las posibilidades de que regrese.

Como sabemos que muchas veces la gente tiene prejuicios sobre nosotros por cosas que oyen y que no son ciertas, podemos tranquilizarlas explicándoles cómo son nuestras reuniones. Por ejemplo, hay un detalle interesante en el párrafo: explicarles que pueden asistir con sus hijos, de manera que ellos estén por un lado y sus hijos por otro. Así tendrán la tranquilidad de que no hay nada oculto ni extraño, y que simplemente se trata de aprender cosas sobre Dios.

También podemos explicarles que el hecho de asistir no los convierte en testigos de Jehová, sino que pueden venir, sentarse a escuchar, y nadie los presionará para que participen o cambien de religión.

Podemos decirle que no hacemos colectas ni pedimos dinero, ya que seguimos el consejo que se nos da en Mateo 10:8, que dice: ‘Así como recibieron gratis, den gratis’. Además, los que no son testigos son bienvenidos y pueden simplemente sentarse a escuchar sin tener que participar si no quieren.

Como vemos en la ilustración, todos podemos contribuir a que se sientan a gusto: estar pendientes, darles la bienvenida y hacer que se sientan tan cómodos que quieran volver.

Podemos decirle que el tema de la ropa tampoco es algo que deba preocuparle, porque mientras sea ropa digna, Jehová se fijará en su corazón. De esa manera, la persona interesada se sentirá acogida y percibirá que está en un lugar agradable.

Otro detalle es que, durante la reunión, no debemos quedarnos quietos ni estar pendientes únicamente de una persona. El párrafo indica que, si por ejemplo alguien no tiene Biblia, podemos enseñarle la JW, mostrarle cómo buscar los textos bíblicos y ofrecerle algún apoyo para que no se sienta solo.

En la imagen podemos apreciar a la mujer con los niños que, en la imagen anterior, estaba siendo atendida en casa por las dos precursoras o publicadoras. Como vemos, seguramente no tardaron en invitarla a las reuniones y, tal como podemos apreciar, ella aceptó.

ILUSTRACIÓN

Los hermanos en el Salón del Reino le dan una calurosa bienvenida al Salón del Reino a la mujer de la imagen anterior. Ella tiene a su hijo más pequeño en brazos mientras su hijo mayor habla con otro niño.

Mientras más rápido asista una persona a las reuniones, más rápido progresará. (Vea los párrafos 9 y 10).

SI EMPEZAMOS UN CURSO BÍBLICO

11. ¿Cómo mostramos que respetamos el tiempo de la persona?

Mostramos que respetamos el tiempo de la persona cuando, por ejemplo, si acordamos una hora, cumplimos con la puntualidad, aunque en la zona no sea común hacerlo. También hacemos que la primera sesión sea corta y razonable para no agobiar a la persona.

No nos extendemos más de lo acordado, incluso si la persona desea seguir conversando, y evitamos hablar demasiado, dándole a ella la oportunidad de expresarse.

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Siendo puntuales a la hora concretada y recordando que no es necesario empezar y terminar de principio a fin una lección o varias lecciones. Como dice Proverbios 10:19, tenemos que ser prudentes, adaptarnos a la persona y escucharla de manera sincera. Así le vamos a demostrar que ella es la prioridad y que queremos que se sienta a gusto y que la verdad llegue a su corazón.

Debemos evitar hablar de más. Como a veces no nos escuchan tanto en el territorio, cuando alguien sí lo hace podemos dejarnos llevar y tratar de explicarle demasiado. Pero, como señala Proverbios 10:19, hablar en exceso aumenta la posibilidad de equivocarnos. En cambio, si escuchamos con atención y explicamos las cosas de la Biblia de manera sencilla, es mucho más probable que acertemos.

12. ¿Cuál debe ser nuestro objetivo desde la primera clase?

Nuestro objetivo desde la primera sesión debe ser ayudar a la persona a conocer y amar a Jehová y a Jesús. Para lograrlo, debemos enseñar todo con la Biblia y no basarnos en ideas personales. Centramos las enseñanzas en Jesucristo, tal como hizo el apóstol Pablo, y ayudamos al estudiante a cultivar cualidades valiosas como la fe, la sabiduría, el discernimiento y el temor de Jehová.

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Nuestro objetivo desde la primera sesión debe ser que el estudiante comience a desarrollar una fe fuerte y una amistad estrecha con su amoroso Padre celestial.

Nuestro objetivo desde el principio es que lleguen a conocer a Jehová y a Jesús, y que lleguen a amarlos. Además, que toda la enseñanza que demos esté siempre basada en la Biblia y no en nuestro propio conocimiento.

Pablo nos pone un ejemplo muy bueno en 1 Corintios 2:2, donde dice: ‘Cuando estuve con ustedes, decidí centrarme solamente en Jesucristo’. Qué importante es que los estudiantes se acerquen más a Jesús, pues así también se acercarán más a Jehová, y que no se queden solo con lo que nosotros les decimos.

Debemos recordar que solo somos un instrumento que usa Jehová para que las personas lleguen a conocerlo a Él y a su Hijo. El apóstol Pedro nos puso un buen ejemplo cuando entró en la casa de Cornelio, en Hechos 10:25, 26. Cornelio cayó a sus pies y le rindió homenaje, pero Pedro le dijo que se pusiera de pie y le recordó que él solo era un hombre. Y eso es exactamente lo que debemos recordar nosotros.

De acuerdo con lo que dice 1 Corintios 3:11-15, estamos en una obra de edificación espiritual. Por eso, debemos poner un buen fundamento: la fe en Cristo, y también ayudar a que se desarrollen cualidades cristianas que les permitan resistir el ‘fuego’, es decir, las pruebas que, sin duda, enfrentarán los nuevos discípulos o las personas que están estudiando la Biblia.

Para soportar las pruebas, los estudiantes necesitan cualidades como la sabiduría, la fe y el discernimiento. Por lo tanto, otro objetivo importantísimo es ayudarles a desarrollar esas cualidades cristianas.

Cuando una persona llega a conocer y amar a Jehová y a Jesús, ella misma se hace preguntas y busca las respuestas. Seguramente reflexionará y pensará: “Cómo Jehová ve esto y qué opina al respecto”. Por eso, esta es una clave fundamental que debemos aplicar siempre para ayudar a que la persona progrese.

13. ¿Cómo podemos ser pacientes y comprensivos con el estudiante? (2 Corintios 10:4, 5; vea también la imagen).

Podemos ser pacientes y comprensivos con el estudiante imitando la manera en que Jesús enseñaba. Evitamos hacer preguntas que puedan incomodarlo. Si no entiende un punto, seguimos con la lección y lo retomamos más adelante, sin presión. Si le cuesta aceptar una enseñanza, le damos tiempo para que la verdad llegue a su corazón.

Recordamos que las creencias arraigadas pueden ser como fortalezas difíciles de derribar, por lo que necesitamos ayudarlo primero a confiar en Jehová como su refugio. Así demostramos paciencia, comprensión y verdadero amor cristiano mientras lo ayudamos a progresar.

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No le vamos a hacer preguntas que lo hagan sentirse incómodo. Y si se está tratando algún asunto o alguna lección que le cuesta entender, le dejamos pasar un poco de tiempo y más adelante se vuelve a considerar.

Si le cuesta aceptar alguna enseñanza, debemos permitir que esta llegue a su corazón poco a poco mediante más instrucción bíblica, para que él mismo decida cambiar, sin decirle nunca lo que tiene que hacer.

El Salmo 91:9 muestra el poder de hacer de Jehová nuestro refugio, y debemos ayudar a que la persona lo comprenda. Nadie abandona su casa, aunque esté cayéndose a pedazos, si no tiene a dónde ir. Primero hay que ofrecerle ese lugar de refugio y darle tiempo, como se observa en la imagen, para que la persona reflexione y la verdad llegue a su corazón. Puede que esto no ocurra de inmediato, pero le estamos mostrando el refugio al que debe acudir, de manera que, cuando esté lista y preparada, deje su “casa” y se acerque al verdadero refugio: Jehová.

A veces, las doctrinas o enseñanzas que las personas han tenido durante toda su vida están tan arraigadas que son como una ciudad fortificada que no se derrumba fácilmente. Por eso debemos ser pacientes. Es necesario, en ocasiones, abordar el asunto desde distintos ángulos para que, al final, la persona reconozca que esa enseñanza, aunque haya estado presente por mucho tiempo, no se fundamenta en las Escrituras. Intentar imponer nuestras creencias o forzar a la persona a llegar a la conclusión que queremos suele ser contraproducente.

La última cita del párrafo anterior, 2 Corintios 1:24, dice que somos colaboradores para que los demás estén felices, y al principio señala que no somos los amos de la fe de los demás. Por lo tanto, debemos ser muy respetuosos y mostrar la verdad con mucho tacto.

Imaginemos a esta persona que ha sido militar, como vemos en la imagen. Quizá ha sentido orgullo por algo que hizo durante toda su vida y ahora está aprendiendo que eso no es lo que agrada a Jehová. Por eso, es muy amoroso que, antes de derrumbar una idea, se le ayude a construir un refugio, fomentando su amistad con Jehová.

ILUSTRACIÓN

El señor de la imagen anterior está estudiando el libro “Disfrute de la vida” con dos hermanos. Al fondo en una repisa se ven dos medallas militares.

Dejemos tiempo para que la verdad llegue al corazón. (Vea el párrafo 13).

SI LA PERSONA ASISTE A UNA REUNIÓN

14. ¿Cómo debemos tratar a quienes vienen a nuestras reuniones?

Debemos tratar a quienes vienen a nuestras reuniones con amor e imparcialidad, tal como Jehová desea. Esto incluye recibirlos con respeto y bondad sin importar su cultura, su situación económica o su lugar de origen.

COMENTARIOS ADICIONALES

Debemos tratar a la persona con respeto y cariño, reflejando ese amor, porque eso es lo que Jehová Dios quiere: que tratemos al prójimo como a nosotros mismos. Por lo tanto, la enseñanza que recibirá en el salón debe ser clara y edificante; no podemos ser punzantes ni decir palabras hirientes a la persona.

Santiago 2:1-4 destaca la importancia que Jehová otorga a este tema. Compara a un hombre pobre con un hombre rico, mostrando favoritismo al colocar al rico en las primeras filas y al pobre de pie. El versículo 9 advierte que continuar mostrando favoritismo constituye un pecado y que la ley condena a quienes lo hacen como transgresores. Por eso, para Jehová esto es algo sumamente importante.

15, 16. ¿Qué podemos hacer para que los nuevos se sientan a gusto?

Para que los nuevos se sientan a gusto, podemos darles la bienvenida con amabilidad, sin agobiarlos. Invitarlos a sentarse con nosotros y ayudarlos a conseguir una Biblia y las publicaciones, o compartirles las nuestras. También podemos hacerlos sentir cómodos, por ejemplo, asegurándoles que no importa si su ropa es sencilla y que los testigos de Jehová somos personas normales.

Podemos mostrar interés personal sin entrometernos en asuntos privados. Ser respetuosos al hablar de otras creencias, evitando comentarios que puedan ofender a quienes nos visitan. También podemos explicar términos o conceptos bíblicos que usamos con frecuencia y que quizás ellos no entiendan.

COMENTARIOS ADICIONALES

Independientemente de por qué asistan a nuestras reuniones, ya sea por curiosidad o porque alguien los haya invitado, debemos acercarnos y darles la bienvenida. Si está a nuestro alcance, podemos entregarles una Biblia o una publicación de estudio, como La Atalaya, o compartirla con ellos, siempre siendo muy amigables.

Para que los nuevos se sientan a gusto, podemos ser respetuosos y evitar decir algo en contra de sus creencias.

Nuestros comentarios sobre su vestimenta deben ser cuidadosos, porque, como se menciona en el párrafo, un hombre se sintió muy nervioso al ver que su ropa no era muy formal. Sin embargo, el hermano fue amable y le dijo que no se preocupara, que nosotros éramos personas normales y que no debía sentirse así. Esto también puede ayudar a que las personas se sientan más cómodas.

También se recuerda a quienes presentan discursos públicos la importancia de usar un lenguaje claro y comprensible. Además, debemos ser cuidadosos al hablar sobre ideas contrarias a lo que enseña la Biblia; no empleamos ironía ni palabras como “mundanos”, sino términos como “no creyentes” o “no testigos”. Hablamos con prudencia porque, como dice 2 Corintios 6:3, no queremos que nadie tropiece.

17. ¿Cuál debe ser nuestra meta si encontramos a alguien que tiene “la actitud correcta”?

Nuestra meta debe ser ayudar a la persona a empezar a andar por “el camino que lleva a la vida”. Para lograrlo, si encontramos a alguien con “la actitud correcta”, debemos ofrecerle un curso bíblico e invitarlo a nuestras reuniones, aprovechando su disposición para aprender.

COMENTARIOS ADICIONALES

Nuestra meta, como dijo Jesús, es hacer discípulos. Entonces, si la persona tiene la actitud correcta, no dudemos en ofrecerle un curso bíblico e invitarla a las reuniones lo antes posible.

Que no seamos nosotros quienes pongamos barreras por miedo. Podemos ir, si lo vemos apropiado, directos al grano, porque nuestro objetivo es empezar un curso bíblico para que las personas se hagan amigos de Jehová.

¿QUÉ CONTESTARÍA?

¿Qué podemos hacer durante la primera conversación si vemos que la persona tiene “la actitud correcta”?

Durante la primera conversación, si vemos que la persona tiene “la actitud correcta”, podemos ayudarla de inmediato ofreciéndole un curso de la Biblia e invitándola a asistir a nuestras reuniones, sin demora.

COMENTARIOS ADICIONALES

De inmediato, no esperar; lo mejor es ofrecerle un curso o invitarlo a la reunión. En principio, se sugiere que sea el fin de semana.

Si empezamos a darle clases de la Biblia a una persona, ¿Qué sugerencias podemos aplicar desde la primera lección?

Desde la primera lección, podemos respetar el tiempo del estudiante siendo puntuales, haciendo la sesión corta y permitiéndole que se exprese. También podemos enseñar centrados en la Biblia y en Jesús, ayudando a cultivar cualidades valiosas como la fe, la sabiduría, el discernimiento y el temor de Jehová.

COMENTARIOS ADICIONALES

Podemos ser pacientes y comprensivos, no presionar si no entiende o acepta de inmediato una enseñanza, y ayudarlo a confiar en Jehová como su refugio para derribar creencias arraigadas. Nuestro objetivo es que el estudiante comience a conocer y amar a Jehová y a Jesús desde la primera lección.

Podemos empezar respetando el tiempo del estudiante: siendo puntuales, haciendo el estudio breve y permitiendo que se exprese, siendo pacientes, sin presionarlo para que acepte de inmediato una enseñanza y ayudándolo a confiar en Jehová como refugio para corregir creencias arraigadas, pero, sobre todo, procurando que comience a conocer a Jehová y a Jesús desde la primera lección.

¿Qué podemos hacer para que las personas que vienen a nuestras reuniones se sientan a gusto?

Para que las personas que vienen a nuestras reuniones se sientan a gusto, podemos darles la bienvenida con amabilidad, acercándonos a ellos sin agobiarlos. Invitarlos a sentarse con nosotros y proporcionarles una Biblia y las publicaciones, o compartir las nuestras.

COMENTARIOS ADICIONALES

Podemos hacerlos sentir cómodos, asegurándoles que no importa su vestimenta y que somos personas normales. Mostrar interés personal sin entrometernos en sus asuntos privados. Ser respetuosos con sus creencias, evitando comentarios que puedan ofenderlos o hacer que no quieran volver.

Podemos explicar palabras y conceptos bíblicos que usamos y que podrían no entender, especialmente durante discursos o intervenciones. Estas acciones ayudan a que los visitantes se sientan bienvenidos y más dispuestos a regresar.

Podemos hacer que se sienta tranquilo, explicándole que este es un lugar sin ceremonias. También podemos contarle un poco sobre lo que va a encontrar: que es gratuito, que se encontrará con personas normales y que no necesita vestirse de forma especial.

Sabemos que, con nuestro lenguaje y la manera de expresarnos, podemos contribuir a que quienes asisten a nuestras reuniones se sientan a gusto. Hemos destacado que el orador nunca debe menospreciar ninguna doctrina que no esté aceptada por la Biblia, y que nuestras palabras siempre deben estar cuidadosamente pensadas.

Algo que caracteriza muy bien a nuestra congregación es cómo trata a las personas que participan en el estudio. Desde el primer momento se les abren las puertas y todos se acercan de manera amable, haciéndolos sentir que son parte de la congregación desde el primer minuto. Esto es algo que quienes asisten a nuestras reuniones agradecen desde su primera visita.

Un detalle más que hemos observado es que debemos ser muy respetuosos y, de manera especial, no entrometernos en asuntos privados.

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Por toolsjw

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