La Atalaya de Estudio, “Artículo 25”, 17-23-Agosto-2026, Cómo seguir siendo amigos de los hermanos. Respuestas.

“Vístanse de tierna compasión, bondad, humildad, apacibilidad y paciencia” (COL. 3:12).

1. ¿Dónde podemos encontrar buenos amigos?

Podemos encontrar los mejores amigos dentro del pueblo de Jehová, como dice Salmo 119:63. El salmista consideraba compañeros a quienes respetaban a Jehová y obedecían sus mandamientos.

Nosotros también disfrutamos de una hermandad mundial unida por el mismo amor a Jehová y por los mismos principios bíblicos. Eso hace que nuestras amistades sean mucho más profundas que aquellas que se basan únicamente en gustos o aficiones. Esto nos hace pensar en el gran privilegio que tenemos de pertenecer a una familia espiritual que se apoya mutuamente.

En la congregación encontramos personas dispuestas a animarnos, escucharnos y acompañarnos en los momentos difíciles. Sin duda, contar con amigos fieles dentro de la organización de Jehová es una bendición que merece todo nuestro agradecimiento.

2. ¿Qué clase de amistad queremos tener con los hermanos?

No queremos que los hermanos sean simplemente personas conocidas con las que coincidimos en las reuniones, sino verdaderos amigos. Jesús dijo en Juan 13:35 que el amor identificaría a sus discípulos, y precisamente ese amor es el fundamento de nuestras amistades.

Ahora bien, una amistad fuerte necesita tiempo, interés y dedicación. No basta con compartir las mismas creencias. También debemos preocuparnos sinceramente por los demás y fortalecer esos lazos. Esto nos hace pensar en si estamos dando pasos para conocer mejor a nuestros hermanos y acercarnos a ellos.

Cuando cultivamos amistades espirituales sólidas, toda la congregación disfruta de un ambiente más cálido, y nosotros mismos encontramos ánimo y apoyo para seguir sirviendo a Jehová con alegría.

3. ¿Por qué puede ser difícil seguir siendo amigos de los hermanos?

Puede resultar difícil porque todos somos diferentes e imperfectos. Con algunos hermanos conectamos enseguida, mientras que con otros quizás tengamos opiniones, formas de ser o circunstancias muy distintas.

Además, las enfermedades, los problemas emocionales o las situaciones personales pueden afectar la manera en que alguien actúa o se relaciona con los demás. Eso puede provocar malentendidos o pequeñas tensiones. Sin embargo, recordar que todos estamos luchando nuestras propias batallas nos ayuda a ser más comprensivos.

Esto nos hace pensar en que la amistad cristiana no consiste en encontrar personas sin defectos, sino en aprender a querernos a pesar de ellos. Cuando actuamos así, contribuimos a que la congregación siga siendo un lugar seguro y lleno de cariño para todos.

CUALIDADES QUE NOS AYUDAN A PROTEGER LA AMISTAD

4. ¿Cómo podemos fortalecer nuestra amistad con los hermanos?

Una forma muy práctica de fortalecer la amistad es pasar tiempo con nuestros hermanos y fijarnos en sus buenas cualidades. Pablo expresó a los tesalonicenses cuánto deseaba volver a verlos, como indica 1 Tesalonicenses 2:17, porque sabía que la cercanía fortalece el cariño.

Hoy tenemos muchas oportunidades para hacer lo mismo durante la predicación, las reuniones, las asambleas o al compartir momentos sencillos después de las actividades espirituales. Cuanto más conocemos a los hermanos, más fácil nos resulta comprenderlos y apreciar sus virtudes.

Esto nos hace pensar en si aprovechamos esas ocasiones o si solemos marcharnos deprisa. Cada conversación sincera puede convertirse en el comienzo de una amistad que nos anime durante muchos años.

5. ¿Qué nos ayudará a proteger nuestra amistad con los hermanos? Ponga un ejemplo (Colosenses 3:12).

Colosenses 3:12 nos anima a vestirnos de tierna compasión, bondad, humildad, apacibilidad y paciencia. Estas cualidades son esenciales porque evitan que pequeños roces se conviertan en problemas mayores.

El artículo las compara con el aceite de un motor: aunque haya fricción, permiten que todo siga funcionando correctamente. Por ejemplo, si un hermano nos responde con poca amabilidad porque está pasando por un mal día, la compasión y la paciencia nos ayudarán a no reaccionar impulsivamente ni sacar conclusiones precipitadas.

Esto nos hace pensar que proteger una amistad vale mucho más que ganar una discusión. Cuando imitamos estas cualidades de Cristo, contribuimos a que la paz y el amor sigan reinando dentro de la congregación.

CUANDO SURGEN DESACUERDOS

6. ¿Por qué pueden ser una amenaza los desacuerdos?

Los desacuerdos pueden convertirse en una amenaza porque, cuando estamos convencidos de que nuestra opinión es la correcta, es fácil que el orgullo tome el control. Entonces dejamos de escuchar al otro y empezamos a defender nuestra postura por encima de la amistad.

Lo que comenzó siendo una diferencia sin importancia puede transformarse en resentimiento y, con el tiempo, enfriar una relación que antes era muy cercana. Esto nos hace pensar en cuántas veces una conversación sincera y humilde habría evitado un problema mayor.

En la congregación, todos buscamos honrar a Jehová, no demostrar quién tiene la razón. Cuando recordamos eso, los desacuerdos dejan de ser una amenaza y se convierten en oportunidades para cultivar la humildad y fortalecer nuestras amistades.

COMENTARIO ADICIONAL

Los desacuerdos son peligrosos cuando dejamos que el orgullo sea más fuerte que el cariño. Si cada uno insiste en que su opinión es la mejor, un asunto pequeño puede acabar dañando una buena amistad.

Por eso, conviene preguntarnos qué es más importante: ¿tener la razón o conservar la paz con nuestro hermano? Cuando ponemos la amistad por delante de nuestro punto de vista, imitamos la forma de pensar de Cristo.

7. ¿Cómo les enseñó Jesús a sus discípulos que la clave para resolver los desacuerdos es la humildad?

Jesús no solo enseñó la humildad con palabras, sino también con su ejemplo. Cuando los discípulos discutían sobre quién era el más importante, él les explicó que el verdadero grande era quien servía a los demás, como muestran Mateo 20:25-28.

Más tarde, la noche antes de morir, reforzó esa lección al lavarles los pies, una tarea que normalmente estaba reservada para los siervos, según Juan 13:3-5, 12-16. De esa manera, les enseñó que la humildad protege la amistad porque nos ayuda a valorar más a nuestros hermanos que nuestro propio prestigio.

Esto nos hace pensar en si estamos dispuestos a ceder, escuchar o servir cuando surge una diferencia. Esa actitud fortalece enormemente la paz y la unidad de la congregación.

8. ¿Cómo nos ayuda la humildad a proteger nuestras amistades cuando surgen desacuerdos? (Colosenses 3:13; vea también las imágenes).

La humildad nos ayuda a no reaccionar impulsivamente cuando alguien nos molesta y a poner el valor de la amistad por encima del deseo de demostrar que tenemos razón.

Colosenses 3:13 nos anima a seguir soportándonos y perdonándonos generosamente, mientras que Salmo 4:4 aconseja no dejarnos dominar por las emociones.

Además, Eclesiastés 7:21, 22 nos recuerda que todos decimos cosas de las que luego nos arrepentimos. Esto nos hace pensar en la importancia de dejar pasar ciertos comentarios o pequeños roces, en lugar de alimentar el problema.

En la vida diaria, muchas discusiones desaparecen cuando decidimos responder con calma y dar por terminado el asunto. Esa forma de actuar refleja el espíritu humilde que Jesús demostró siempre.

ILUSTRACIÓN

Imágenes de un hermano mayor imitando la humildad de Jesús. 1. Jesús le lava los pies a un apóstol. 2. Un hermano joven le señala algo en el mapa del territorio de su congregación a un hermano mayor, que escucha pero no se ve muy convencido. 3. Los mismos hermanos disfrutan predicando juntos.

Si somos humildes, nos será más fácil pasar por alto los pequeños desacuerdos y perdonar con generosidad. (Vea el párrafo 8). a

9. ¿Cómo nos puede ayudar la humildad si un desacuerdo se alarga en el tiempo? (Proverbios 17:9).

Cuando un desacuerdo se prolonga, la humildad nos ayuda a dejar de centrarnos en quién tiene la razón y a concentrarnos en restaurar la amistad. Proverbios 17:9 muestra que quien promueve el amor deja atrás la ofensa, y 1 Corintios 6:7 incluso indica que, en ocasiones, es mejor sufrir una pérdida que mantener un conflicto entre hermanos.

Si hablamos con bondad, como anima Salmo 34:14, y estamos dispuestos a reconocer nuestros propios errores, será mucho más fácil reconciliarnos. También debemos estar preparados para perdonar de corazón, tal como enseñó Jesús en Lucas 17:3, 4.

Esto nos hace pensar que la verdadera victoria no consiste en convencer al otro, sino en conservar una amistad que honra a Jehová. Esa actitud hace que la congregación sea un lugar donde siempre prevalece el amor sobre el orgullo.

CUANDO NUESTRAS PERSONALIDADES SON DIFERENTES

10. ¿Por qué nos puede resultar difícil cultivar y mantener una amistad con alguien?

A veces nos cuesta mantener una amistad porque cada persona tiene una personalidad, una historia y una manera de reaccionar muy diferentes. Puede que ciertos rasgos nos resulten difíciles de entender o que alguien se comunique de una forma muy distinta a la nuestra debido a su cultura, a experiencias pasadas o simplemente a su carácter.

Sin embargo, eso no significa que esa persona quiera menos a Jehová o sea un peor hermano. Esto nos hace pensar en que no debemos juzgar rápidamente a los demás por la primera impresión.

En la congregación aprendemos que la unidad no consiste en ser iguales, sino en querernos a pesar de nuestras diferencias. Cuando aceptamos esa realidad, nuestras amistades se hacen mucho más fuertes y maduras.

11. ¿Cómo logró Jesús mantener su amistad con personas que eran muy diferentes a él?

Jesús logró mantener la amistad con personas muy distintas porque veía más allá de sus defectos y tenía paciencia con su proceso de crecimiento espiritual. Un ejemplo claro fueron Santiago y Juan, quienes pidieron ocupar los primeros puestos en el Reino, como relata Marcos 10:35-37.

Esa actitud contrastaba totalmente con la humildad que Jesús había demostrado al dejar su posición celestial para venir a la Tierra, tal como explica Filipenses 2:5-8. Aun así, Jesús no dejó de quererlos ni perdió la confianza en ellos.

Esto nos hace pensar en que las diferencias de personalidad no tienen por qué romper una amistad. Si imitamos la paciencia de Cristo, veremos el potencial espiritual de nuestros hermanos y no solo sus debilidades actuales.

12. ¿Qué ayudó a Jesús a ser paciente con sus amigos?

Jesús era paciente porque tenía expectativas realistas. Sabía que sus discípulos habían crecido en un ambiente donde se daba mucha importancia a la posición y al prestigio. Por eso comprendía por qué todavía luchaban contra el orgullo y la ambición.

Marcos 9:34 muestra que discutían sobre quién era el más importante. Y en Marcos 10:42-45, Jesús volvió a enseñarles que la verdadera grandeza consiste en servir a los demás. Él entendía que cambiar una forma de pensar adquirida durante años requería tiempo.

Esto nos hace pensar en que nosotros tampoco deberíamos esperar cambios inmediatos en nuestros hermanos. Cuando comprendemos su situación y somos pacientes con su progreso, contribuimos a crear un ambiente donde todos pueden seguir creciendo espiritualmente.

13. ¿Cómo nos ayuda la paciencia a proteger nuestras amistades? (Efesios 4:2).

La paciencia nos ayuda a aceptar que todos tenemos rasgos de personalidad diferentes y que ninguno es perfecto. Efesios 4:2 nos anima a soportarnos unos a otros con amor, mientras que Proverbios 14:29 destaca el valor de quien sabe controlar sus reacciones.

Muchas veces, aquello que nos molesta de un hermano no es un defecto moral, sino simplemente una característica de su forma de ser. Esto nos hace pensar en cuánto agradecemos que otros también sean pacientes con nuestras propias peculiaridades.

En la congregación encontramos hermanos tímidos, muy habladores, reservados o expresivos, y todos tienen un lugar valioso dentro del pueblo de Jehová. Cuando aprendemos a aceptar esas diferencias, nuestras amistades se vuelven más profundas y la unidad se fortalece.

14. ¿En qué nos centraremos si somos pacientes?

Si somos pacientes, aprenderemos a fijarnos principalmente en las buenas cualidades de nuestros hermanos y no en aquello que los hace diferentes de nosotros.

Jesús vio el egoísmo de Santiago y Juan, pero también percibió su fe y el profundo deseo que tenían de formar parte del Reino. Esa visión equilibrada le permitió seguir confiando en ellos.

Esto nos hace pensar en si solemos recordar primero los defectos o las virtudes de quienes nos rodean. Cuando entrenamos nuestra mente para valorar lo positivo, dejamos de considerar las diferencias como un obstáculo.

En la congregación, eso crea un ambiente donde cada hermano se siente apreciado y donde las amistades pueden crecer sobre la base del respeto y el cariño sincero.

15. ¿Quién puede ayudarnos a seguir siendo amigos de personas que son muy diferentes a nosotros?

La ayuda más importante viene de Jehová. Él nos conoce mejor que nadie porque nos creó y entiende perfectamente tanto nuestra personalidad como la de nuestros hermanos. Por eso, podemos pedirle que nos ayude a mantener la calma cuando anticipamos una situación difícil y que nos conceda el fruto de su espíritu, especialmente la paciencia y el autocontrol, como indican Lucas 11:13 y Gálatas 5:22, 23.

Esto nos hace pensar en la importancia de orar antes de reaccionar, no después. Cuando buscamos primero la ayuda de Jehová, es mucho más fácil responder con serenidad y comprensión.

Así, nuestras diferencias dejan de separarnos y se convierten en una oportunidad para demostrar que el espíritu santo realmente está actuando en nuestra vida.

COMENTARIO ADICIONAL

Quien más puede ayudarnos es Jehová. Él conoce nuestra forma de ser y también la de nuestros hermanos. Por eso, entiende perfectamente las dificultades que podemos tener.

Si le pedimos espíritu santo, como indican Lucas 11:13 y Gálatas 5:22, 23, nos dará paciencia, autocontrol y la calma que necesitamos para seguir tratando con cariño a personas muy diferentes de nosotros.

CUANDO LOS HERMANOS SUFREN

16. ¿Cómo pueden actuar los hermanos que están sufriendo?

Cuando un hermano está sufriendo física o emocionalmente, es posible que reaccione de formas que nos sorprendan. Tal vez se vuelva más reservado, esté irritable, responda con poca paciencia o incluso diga cosas de las que después se arrepienta.

Como ocurrió con Job, según Job 6:2, 3, su intenso sufrimiento hizo que hablara impulsivamente. El dolor puede afectar la manera de expresarse. Muchas veces desconocemos todo lo que esa persona está soportando y, sin querer, esperamos de ella más de lo que puede dar en ese momento.

Esto nos hace pensar en la importancia de no juzgar una reacción aislada sin conocer el contexto. En la congregación, todos necesitamos sentir que, incluso en nuestros peores momentos, seguimos siendo queridos y comprendidos.

17. ¿Qué aprendemos de cómo Jesús trató a Bartimeo?

Jesús nos enseñó que la compasión nos lleva a mirar más allá del comportamiento y a fijarnos en el sufrimiento de la persona. Cuando Bartimeo gritaba una y otra vez para llamar su atención, algunos quisieron hacerlo callar.

Sin embargo, Jesús no vio a un hombre molesto, sino a alguien desesperado que necesitaba ayuda. Mateo 20:34 dice que Jesús se sintió profundamente conmovido, y Marcos 10:46-52 muestra que lo trató con bondad, elogió su fe y le devolvió la vista.

Esto nos hace pensar en cómo reaccionamos cuando un hermano parece actuar de forma difícil. Si aprendemos a mirar con los ojos de Jesús, veremos personas que necesitan comprensión más que críticas, y nuestras amistades serán mucho más fuertes.

18. ¿Cómo debemos tratar a un amigo que está sufriendo? (1 Tesalonicenses 5:14).

La bondad y la compasión deben impulsarnos a consolar a quienes están pasando por momentos difíciles. 1 Tesalonicenses 5:14 nos anima a hablar de manera consoladora con quienes están desanimados.

Y Proverbios 17:17 nos recuerda que el verdadero amigo demuestra su amor especialmente en tiempos de angustia. Eso significa que no basta con sentir pena. Debemos buscar maneras concretas de acompañar, escuchar y animar.

Esto nos hace pensar en que una llamada, una visita, un mensaje o simplemente dedicar tiempo a escuchar pueden convertirse en un gran alivio para alguien que está sufriendo.

En la congregación, estos pequeños gestos hacen que el amor cristiano deje de ser una idea y se convierta en una realidad que todos pueden experimentar.

19. ¿De qué maneras podemos mostrar bondad y compasión? (Vea también las imágenes).

Podemos mostrar bondad esforzándonos por comprender cómo se siente nuestro hermano antes de sacar conclusiones. Jesús enseñó en Mateo 7:12 a tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran, mientras que 1 Pedro 3:8 nos anima a tener compasión y cariño fraternal.

Eso implica escuchar con atención, permitir que la persona se desahogue, ofrecer palabras que animen, como sugiere Proverbios 12:25, y evitar responder sin conocer todos los hechos, tal como advierte Proverbios 18:13.

Además, Efesios 4:32 nos recuerda que debemos ser bondadosos y compasivos. Esto nos hace pensar en que, a veces, el mejor apoyo no consiste en tener todas las respuestas, sino simplemente en estar presentes y demostrar que nuestro hermano no está solo.

ILUSTRACIÓN

Imágenes de una hermana consolando a otra hermana. 1. La primera escucha con atención mientras la segunda se desahoga entre lágrimas. 2. Más tarde, la primera le lleva unas galletas caseras a la segunda.

Los buenos amigos se consuelan mostrando compasión y bondad. (Vea el párrafo 19).

20. ¿Qué clase de amigos queremos ser?

Todos agradecemos profundamente tener amigos que son pacientes con nuestras imperfecciones y que no dejan de querernos cuando cometemos errores. Por eso, este estudio nos anima a preguntarnos qué clase de amigo queremos ser nosotros.

¿Seremos personas humildes cuando haya desacuerdos, pacientes con quienes son diferentes y compasivas con quienes están sufriendo? Cultivar esas cualidades nos permite reflejar la personalidad de Jehová y seguir el ejemplo perfecto de Jesús.

Esto nos hace pensar en que todos podemos contribuir al ambiente espiritual de la congregación. Cuando cada uno procura ser esa clase de amigo, la congregación se convierte en un lugar donde todos encuentran comprensión, ánimo y verdadera paz.

¿CÓMO PODEMOS PROTEGER NUESTRAS AMISTADES EN LAS SIGUIENTES SITUACIONES?

Cuando surgen desacuerdos.

Podemos proteger nuestras amistades actuando con la misma humildad que demostró Jesús. En lugar de empeñarnos en demostrar que tenemos razón, procuraremos escuchar, perdonar y valorar más la relación con nuestro hermano que nuestra propia opinión.

Si aprendemos a ceder cuando sea apropiado y resolvemos las diferencias con calma y bondad, evitaremos que pequeños desacuerdos dañen una amistad que Jehová considera muy valiosa.

Cuando nuestras personalidades son diferentes.

La clave está en desarrollar paciencia y tener expectativas realistas, tal como hizo Jesús con sus discípulos. En vez de fijarnos constantemente en aquello que nos diferencia, procuraremos valorar las buenas cualidades de cada hermano.

Además, si pedimos la ayuda del espíritu santo, Jehová nos dará la paciencia y el equilibrio necesarios para disfrutar de amistades fuertes, incluso con personas muy distintas a nosotros.

Cuando los hermanos sufren.

Cuando un hermano está pasando por una situación difícil, necesitamos tratarlo con bondad y profunda compasión. Eso significa escucharlo, intentar comprender cómo se siente, no sacar conclusiones precipitadas y buscar maneras prácticas de animarlo.

Al igual que hizo Jesús, veremos más allá de su reacción momentánea y procuraremos ser ese amigo que permanece cerca, precisamente cuando más se le necesita.

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Por toolsjw

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