TESOROS DE LA BIBLIA, 10-16-Agosto-2026, ¿Qué hace que los “higos” sean buenos o malos? Discurso Preparado.

¿Qué hace que los “higos” sean buenos o malos? (10 mins.)
Cuando vamos al mercado o a la frutería, todos buscamos lo mismo: fruta dulce, madura y de buena calidad. Nadie escoge una fruta podrida o dañada. A simple vista podemos distinguir una fruta buena de una mala.
Jehová utilizó un ejemplo parecido para enseñar una importante lección espiritual. En una visión que recibió el profeta Jeremías, mostró dos cestas de higos: una llena de higos muy buenos y otra llena de higos tan malos que no se podían comer. Aquellos higos representaban dos clases de personas.
La pregunta es: ¿Qué hacía que unos fueran buenos y otros malos? ¿Era su situación? ¿El lugar donde vivían? ¿Su posición? ¿O había algo mucho más importante?
Hoy analizaremos tres ideas que responderán esta pregunta.
Los judíos desterrados que se habían arrepentido eran como higos buenos (Jer 24:1, 2, 5-7; w94 1/3 14 párr. 6).
Para entender esta visión debemos situarnos en el año 617 antes de nuestra era. Nabucodonosor acababa de llevar cautivos a Babilonia al rey Joaquín, a los príncipes y a muchos artesanos de Jerusalén.
Desde un punto de vista humano, parecía que ellos eran los grandes perdedores. Habían perdido su hogar, su libertad y su nación. Sin embargo, Jehová veía la situación de una manera completamente distinta.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 24:5-7
“Esto es lo que dice Jehová, el Dios de Israel: ‘Igual que a estos higos buenos, consideraré buenos a los desterrados de Judá, a quienes envié de este lugar a la tierra de los caldeos. 6 Mantendré mis ojos puestos en ellos para su bien y haré que regresen a esta tierra. Los edificaré y no los derrumbaré; los plantaré y no los arrancaré. 7 Y les daré un corazón para que me conozcan, para que sepan que yo soy Jehová. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque volverán a mí con todo su corazón’.”
Después de comparar a los desterrados con higos buenos, Jehová prometió cuidar de ellos, hacerlos regresar a su tierra y darles un corazón para conocerlo.
¿Por qué los llamó higos buenos? No porque fueran perfectos, sino porque aceptaron la disciplina de Jehová con humildad. El destierro fue doloroso, pero permitió que muchos reflexionaran, se arrepintieran y fortalecieran su relación con Jehová.
La Atalaya del 1 de marzo de 1994 explica que el cautiverio fue un medio de refinamiento. Jehová vio la buena condición de su corazón y los comparó con los primeros higos maduros, considerados los más sabrosos y valiosos.
Esto nos enseña una importante lección. Cuando Jehová permite que enfrentemos pruebas o cuando recibimos consejo basado en la Biblia, lo importante no es la prueba en sí, sino nuestra reacción. Una persona humilde acepta la corrección, aprende de ella y permite que Jehová moldee su personalidad.
Jehová siempre observa el corazón. Él valora mucho más una actitud humilde y arrepentida que una apariencia de éxito o una posición privilegiada.
Los judíos desobedientes, que no se habían arrepentido, eran como higos malos (Jer 24:8-10; w94 1/3 15 párr. 10; it “Egipto, egipcio” párr. 74).
Ahora veamos el otro grupo. En Jerusalén permanecieron el rey Sedequías y gran parte del pueblo. Ellos pensaban que, por seguir viviendo cerca del templo, disfrutaban del favor de Jehová y eran mejores que los que habían sido llevados al destierro. Pero estaban completamente equivocados.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 24:8-10
“Pero, en cuanto a los higos malos que no se pueden comer de lo malos que son, esto es lo que dice Jehová: ‘Así consideraré al rey Sedequías de Judá, a sus príncipes, al resto de Jerusalén que queda en este país y a los que están viviendo en la tierra de Egipto. 9 Los convertiré en motivo de horror y de calamidad para todos los reinos de la tierra, en objeto de insultos, un tema de proverbios, un motivo de burla y una maldición en todos los lugares adonde los disperse. 10 Y enviaré contra ellos la espada, el hambre y la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus antepasados’.”
Jehová los comparó con higos tan malos que no podían comerse. ¿Qué los convirtió en higos malos? No fue permanecer en Jerusalén. Fue su actitud. Se negaron a arrepentirse. Rechazaron las advertencias de Jehová. Confiaron en alianzas políticas con Egipto en lugar de confiar plenamente en Dios. Su orgullo y su terquedad les impidieron cambiar.
Finalmente sufrieron las consecuencias. Jerusalén fue destruida en el año 607 antes de nuestra era. Sedequías fue capturado, vio morir a sus hijos, quedó ciego y terminó prisionero en Babilonia. Los que buscaron refugio en Egipto tampoco escaparon del juicio de Jehová.
Todo esto demuestra que Jehová no juzga a las personas por dónde están ni por las apariencias. Lo que determina si alguien es un higo bueno o un higo malo es la condición de su corazón y su disposición para obedecer.
Este relato también nos advierte de un peligro muy actual. Podríamos pensar que, por asistir regularmente a las reuniones, participar en la predicación o tener responsabilidades en la congregación, ya contamos automáticamente con la aprobación de Jehová.
Pero Jehová mira mucho más allá de las apariencias. Él examina si realmente somos obedientes, humildes y estamos dispuestos a cambiar cuando es necesario.
Los cristianos podemos ser como higos buenos si nos hacemos un autoexamen sincero y hacemos los cambios necesarios (w13 15/3 10 párrs. 10, 11).
Esta visión no pertenece solamente al pasado. La Atalaya del 15 de marzo de 2013 explica que Jehová sigue examinando el corazón de sus siervos. Por eso, cada uno de nosotros debería preguntarse: ¿Soy un higo bueno a los ojos de Jehová? No basta con responder rápidamente que sí. Es necesario hacerse un autoexamen sincero.
Podríamos preguntarnos: ¿Acepto de buen grado el consejo bíblico cuando alguien me ayuda a mejorar? ¿Me adapto con rapidez a las instrucciones de la organización de Jehová? ¿Estoy luchando por eliminar actitudes, pensamientos o hábitos que puedan afectar mi espiritualidad?
Responder con sinceridad estas preguntas puede revelar aspectos que necesitan atención. Ser un higo bueno no significa ser perfecto; significa ser moldeable.
Cuando la Biblia nos corrige, cuando un anciano nos da un consejo o cuando recibimos orientación mediante la organización de Jehová, ¿cómo reaccionamos? Una persona orgullosa busca justificarse. En cambio, una persona humilde analiza el consejo, ora a Jehová y hace los cambios necesarios.
Esa fue, precisamente, la diferencia entre los higos buenos y los higos malos. Unos permitieron que Jehová transformara su corazón; los otros endurecieron el suyo. Cada uno de nosotros decide, todos los días, cuál de esas dos actitudes tendrá.
Ilustración
La imagen de nuestra Guía de actividades muestra dos canastas de higos delante del templo de Jehová. Una contiene higos buenos y la otra, higos podridos. Esta ilustración nos enseña que Jehová no juzga por las apariencias ni por las circunstancias externas, sino que valora más la actitud humilde y arrepentida de una persona.
Conclusión
Volvamos a la pregunta del principio: ¿Qué hace que los higos sean buenos o malos? No son las circunstancias. No es el lugar donde se encuentren. No es la posición que ocupen. Lo que realmente hace la diferencia es la disposición del corazón.
Los judíos desterrados fueron como higos buenos porque aceptaron la disciplina de Jehová y se arrepintieron. Los judíos que permanecieron en Jerusalén fueron como higos malos porque rechazaron el consejo y endurecieron su corazón.
Nosotros también podemos ser como higos buenos si examinamos con sinceridad nuestra condición espiritual y hacemos los cambios necesarios cada vez que Jehová nos los indique. Así demostraremos que tenemos un corazón humilde, obediente y dispuesto a ser moldeado.
Y, si mantenemos esa actitud, Jehová nos seguirá considerando como esos higos buenos: personas muy valiosas para él, dignas de su amor, de su aprobación y de sus bendiciones.
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