TESOROS DE LA BIBLIA, 17-23-Agosto-2026, No se deje engañar por los falsos profetas. Discurso Preparado.

No se deje engañar por los falsos profetas (10 mins.)
Queridos hermanos, vivimos en una época en la que la información está al alcance de un clic. Con un teléfono podemos enterarnos en cuestión de segundos de lo que está sucediendo al otro lado del mundo. Pero hay un problema: no toda la información es verdadera, y no toda tiene buenas intenciones.
Todos los días nos encontramos con noticias falsas, desinformación, opiniones disfrazadas de hechos y personas que intentan influir en nuestra manera de pensar.
Pensemos en algo sencillo. Si alguien nos diera una instrucción equivocada en una situación de peligro, las consecuencias podrían ser graves. Por ejemplo, imaginemos que estamos enfermos y alguien nos recomienda tomar una medicina que no necesitamos. O pensemos en alguien que nos indica que conduzcamos en sentido contrario por una autopista. Una instrucción equivocada puede costarnos la vida.
Pues bien, en sentido espiritual, las consecuencias pueden ser todavía más serias. Nuestra vida espiritual depende de que sigamos la guía correcta.
Jehová siempre ha proporcionado a su pueblo instrucciones claras y confiables. Pero, al mismo tiempo, Satanás ha utilizado personas que intentan confundir al pueblo de Dios.
Por eso, en este discurso analizaremos el contraste entre el mensaje de un profeta verdadero y el mensaje de los falsos profetas en los días de Jeremías. Y veremos cómo podemos aplicar estas lecciones para proteger nuestra fe hoy.
Jeremías, el profeta de Dios, le dio al pueblo instrucciones que podían salvarles la vida (Jer 26:2-6).
Pensemos primero en la difícil comisión que recibió Jeremías. Al principio del reinado de Jehoiaquim, la nación de Judá se encontraba en una condición espiritual deplorable. La adoración falsa, la injusticia y la desobediencia se habían convertido en algo común.
En ese contexto, Jehová envió a Jeremías al patio del templo, el centro de la vida pública y religiosa de la nación. Allí tenía que transmitir un mensaje muy importante.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 26:2
“Esto es lo que dice Jehová: ‘Ponte de pie en el patio de la casa de Jehová y háblale a toda la gente de las ciudades de Judá que viene para adorar en la casa de Jehová. Diles todo lo que yo te mande; no te calles ni una palabra’”
Jehová le dijo a Jeremías que transmitiera todo lo que él le mandara, sin quitar ni una sola palabra. Por qué era tan importante que Jeremías transmitiera el mensaje exactamente como Jehová se lo había dado? Porque la vida de aquellas personas estaba en juego.
Jehová dijo luego, en el versículo 3: “Quizás escuchen y cada uno deje su mal camino, y entonces yo cambie de opinión sobre la calamidad que tengo pensado mandarles por sus malas acciones”.
Hermanos, pensemos por un momento en esas palabras: “Quizás escuchen”. ¿Qué nos enseñan sobre Jehová? Nos enseñan que, aunque el mensaje de Jeremías era fuerte, Jehová no quería que aquellas personas murieran. Quería que reaccionaran, que cambiaran su actitud y que pudieran salvarse.
Por eso, el mensaje de Jeremías no era simplemente un mensaje de condenación. Era una advertencia amorosa. Jehová les estaba diciendo, en esencia: “Si escuchan, si cambian, si obedecen, puedo evitarles la calamidad”. Esto también nos ayuda a entender por qué Jeremías no podía modificar el mensaje para hacerlo más agradable.
Imagínese que Jeremías hubiera pensado: “Este mensaje es demasiado fuerte. La gente se va a molestar. Mejor voy a suavizarlo un poco”. ¿Qué habría sucedido? Habría puesto en peligro la vida de las personas. Por eso, Jeremías dijo exactamente lo que Jehová le había mandado.
Esto nos enseña una lección importante: cuando Jehová da una instrucción para proteger a su pueblo, debemos verla como una expresión de su amor, aunque a veces no sea lo que queremos escuchar. Jehová no siempre nos dice lo que resulta más cómodo. Pero siempre nos dice lo que necesitamos escuchar.
Los falsos profetas contradecían a Jeremías (Jer 27:14, 15).
El mensaje de Jeremías no fue bien recibido por todos. Había personas que afirmaban hablar en nombre de Jehová, pero que en realidad transmitían un mensaje completamente diferente. Eran los falsos profetas.
¿Por qué su mensaje podía resultar tan atractivo? Porque el pueblo estaba asustado. Babilonia representaba una amenaza real. Y, en lugar de animar al pueblo a arrepentirse y aceptar la disciplina de Jehová, los falsos profetas les decían exactamente lo que querían escuchar.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 27:14
“No escuchen las palabras de los profetas que les dicen ‘Ustedes no servirán al rey de Babilonia’, porque les están profetizando mentiras.”
Y luego Jehová dijo algo muy serio en el versículo 15: “Y es que yo no los he enviado […] ellos están profetizando mentiras en mi nombre, y conseguirán que yo los disperse y mueran, tanto ustedes como los profetas que están profetizando para ustedes”.
Imaginemos la situación. Por un lado estaba Jeremías. Su mensaje no era popular. Decía, en esencia: “Acepten la disciplina de Jehová, arrepiéntanse y obedezcan”. Pero por otro lado estaban los falsos profetas diciendo algo mucho más agradable: “Paz. Todo estará bien. Babilonia no nos dominará. No tenemos que preocuparnos”.
¿Quién creen que era más fácil de escuchar? Probablemente los falsos profetas. ¿Por qué? Porque su mensaje era cómodo. Y aquí encontramos una de las características más peligrosas de los falsos profetas: no siempre dicen algo que parezca completamente malo. Muchas veces dicen exactamente lo que las personas quieren escuchar.
El problema era que utilizaban el nombre de Jehová para dar autoridad a sus propias ideas. Eso hacía que su mensaje fuera especialmente peligroso. Además, sus palabras tenían un efecto negativo. Al ofrecer falsas esperanzas, hacían que las personas se sintieran tranquilas cuando, en realidad, necesitaban cambiar.
Era como si alguien estuviera caminando hacia un precipicio y otra persona le dijera: “No te preocupes. Sigue caminando. Todo está bien”. El mensaje puede sonar tranquilizador, pero no es amoroso. ¿Por qué? Porque no evita el peligro. Los falsos profetas de los días de Jeremías estaban haciendo precisamente eso. Y el resultado fue trágico.
Esto nos lleva a una pregunta muy importante: ¿Podría ocurrir algo parecido hoy? Por supuesto, hoy no tenemos a falsos profetas caminando literalmente por las calles de Jerusalén. Pero el principio sigue vigente. Satanás continúa utilizando personas e información para sembrar dudas y debilitar la confianza que tenemos en Jehová.
Tenemos que saber distinguir si una instrucción viene de la organización de Jehová o de los enemigos de Dios (w24.07 12 párrs. 13-15).
Hoy estamos rodeados de información. Podemos encontrar en internet miles de opiniones sobre prácticamente cualquier tema. También podemos encontrar comentarios sobre la Biblia, sobre los ancianos, sobre la organización de Jehová y sobre sus enseñanzas.
El problema es que tener acceso a mucha información no significa tener acceso a información confiable. Los enemigos de Dios pueden utilizar las redes sociales, blogs, foros y videos para sembrar dudas. Y, al igual que los falsos profetas del pasado, no necesariamente se presentan como enemigos de Dios.
Algunas personas pueden utilizar la Biblia, citar algunos datos correctos o decir cosas que parecen razonables. Pero mezclan algunas verdades con ideas falsas. Por eso debemos tener mucho cuidado.
¿Cómo podemos distinguir entre la guía confiable y las voces que intentan alejarnos de Jehová? Veamos tres puntos.
Examinemos el fruto
Jesús enseñó que podemos reconocer un árbol por su fruto. Por eso, cuando escuchamos una determinada enseñanza o seguimos cierta fuente de información, preguntémonos: ¿Qué efecto tiene esto en mi relación con Jehová?
La guía que recibimos mediante la organización de Jehová fomenta el amor, la unidad, la predicación y el respeto por toda la Palabra de Dios. Pero ¿Qué producen las voces de los apóstatas y otros opositores? Con frecuencia generan división, desconfianza, orgullo, amargura y una actitud crítica.
Pensemos en esto: Si una información está haciendo que desconfiemos de nuestros hermanos, que cuestionemos constantemente las decisiones de los ancianos, que perdamos el entusiasmo por la predicación o que dejemos de confiar en Jehová, ¿Qué efecto está teniendo en nosotros?
Debemos reconocer el peligro. No todo lo que parece una crítica razonable tiene buenas intenciones.
Rechacemos la curiosidad dañina
Este punto es especialmente importante en la actualidad. Tal vez alguien diga: “Yo solamente quiero ver qué dicen”. “Solo voy a leerlo por curiosidad”. “Quiero saber qué argumentos tienen”.
Pero pensemos en una comparación. Si nos ofrecen un vaso de agua y nos dicen que contiene una sola gota de veneno, ¿lo beberíamos para comprobar qué efecto produce? Claro que no. Entonces, ¿por qué alimentaríamos nuestra mente con información que sabemos que está diseñada para destruir nuestra fe?
Nuestra mente necesita protección. Por eso, no debemos exponernos innecesariamente a información apóstata o a contenido que tenga como objetivo debilitar nuestra confianza en Jehová y en su organización.
La curiosidad puede parecer inofensiva, pero puede convertirse en una puerta de entrada para las dudas.
Valoremos el propósito del mensaje
Recordemos a Jeremías. Su mensaje no siempre era agradable. Jehová le dio instrucciones que exigían cambios. Pero ¿cuál era el propósito? Salvar vidas.
Hoy también podemos recibir consejos que requieran sacrificios de nuestra parte. Tal vez se nos anime a simplificar nuestra vida, a revisar nuestras amistades, a tener cuidado con el entretenimiento que escogemos o a hacer ajustes en nuestra manera de pensar.
A veces podríamos pensar: “¿Por qué tengo que hacer este cambio?” Pero recordemos el ejemplo de Jeremías. El hecho de que una instrucción sea difícil no significa que sea mala.
Un buen médico puede decirle a un paciente que debe cambiar su alimentación, dejar un hábito perjudicial o seguir un tratamiento que no resulta agradable. El paciente quizás prefiera escuchar algo diferente, pero el consejo tiene como objetivo protegerlo.
De manera parecida, Jehová nos da consejos porque nos ama y quiere que conservemos nuestra amistad con él. Por eso, cuando recibamos una instrucción, no pensemos únicamente en si nos resulta cómoda o si coincide con nuestra opinión personal.
Preguntémonos: “¿Qué propósito tiene este consejo? ¿Me ayuda a acercarme a Jehová? ¿Protege mi espiritualidad?” Si hacemos esto, será más fácil reconocer la diferencia entre una advertencia amorosa y una mentira reconfortante.
Ilustración
La imagen de nuestra guía de actividades muestra a un grupo de hermanos pasando un rato juntos. Uno de ellos les muestra en su tableta una red social que contiene un video de jw.org. Esta ilustración nos muestra que, en un mundo lleno de noticias falsas, opiniones y mensajes que pueden debilitar nuestra fe, es importante acudir a fuentes confiables que estén de acuerdo con la Palabra de Dios.
Conclusión
Hermanos, volvamos por un momento a los días de Jeremías. El pueblo tenía dos mensajes delante de ellos. Uno era verdadero, aunque resultaba difícil de aceptar. El otro era falso, pero sonaba mucho más agradable.
Los que escucharon a Jeremías tuvieron la oportunidad de salvarse. Los que creyeron las mentiras de los falsos profetas sufrieron las consecuencias. Hoy también tenemos que elegir qué voz escucharemos.
Vivimos en un mundo lleno de información, opiniones y voces que intentan influir en nuestra manera de pensar. Por eso, no se deje engañar por los falsos profetas modernos.
Examinemos el fruto de lo que escuchamos. Rechacemos la curiosidad dañina. Y valoremos profundamente las instrucciones que Jehová nos proporciona mediante su organización.
Recordemos las palabras de Jehová a Jeremías: “Quizás escuchen y se aparten de su mal camino”. Qué hermoso saber que Jehová no desea nuestra perdición. Sus advertencias son una muestra de amor.
Así que, cuando Jehová nos dé una instrucción, no busquemos una voz que nos diga lo que queremos oír. Busquemos la voz que nos ayude a hacer lo que Jehová quiere.
Que nuestra resolución sea mantenernos firmemente adheridos a Jehová y a la guía que él proporciona. Porque en un mundo lleno de voces confusas, escuchar la voz correcta puede salvarnos la vida.
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