TESOROS DE LA BIBLIA, 12-18-Octubre-2026, Pidieron guía y luego la rechazaron. Discurso Preparado.

Pidieron guía y luego la rechazaron (10 mins.)
¿Cuántas veces le hemos pedido a Jehová en oración que nos guíe y nos ayude a tomar una buena decisión? Tal vez hemos tenido que decidir algo relacionado con el trabajo, la familia, el matrimonio, la educación o nuestro servicio a Jehová.
Cuando enfrentamos una situación difícil, es natural que queramos saber qué hacer. Y, sin duda, acudir a Jehová en busca de guía es lo más sabio que podemos hacer.
Pero imaginemos una situación. Supongamos que le pedimos a Jehová que nos muestre el camino. Después de orar, encontramos en la Biblia un principio muy claro. O quizás recibimos un consejo basado en la Palabra de Dios que nos ayuda a saber qué debemos hacer.
Pero entonces descubrimos que la respuesta no coincide con lo que nosotros queríamos. Nos parece difícil, poco conveniente o incluso descabellada. ¿Qué haríamos? ¿Aceptaríamos humildemente la guía de Jehová? ¿O intentaríamos encontrar una manera de hacer lo que ya habíamos decidido?
Algo parecido ocurrió con un grupo de judíos después de la destrucción de Jerusalén. Ellos pidieron la guía de Jehová, recibieron una respuesta muy clara y, aun así, decidieron rechazarla. Veamos cómo podemos evitar cometer el mismo error.
Antes de huir a Egipto, Johanán y toda la gente le pidieron a Jeremías que orara por ellos para que Jehová los guiara (Jer 42:1-3; it “Johanán” núm. 5).
Para entender la situación, tenemos que recordar lo que había ocurrido. Jerusalén había sido destruida por los babilonios. La tierra de Judá había quedado devastada y muchos habían muerto o habían sido llevados al exilio.
Los que habían quedado en el país tampoco estaban tranquilos. Ismael había asesinado a Guedalías, el gobernador que Babilonia había nombrado sobre ellos. Por eso, el resto del pueblo tenía mucho miedo. Pensaban que los babilonios tomarían represalias.
Joanán, hijo de Caréah, y los jefes militares pensaron que la solución era escapar a Egipto. Desde su punto de vista, Egipto parecía ofrecerles seguridad. Pero antes de marcharse hicieron algo que, en apariencia, demostraba una buena actitud: acudieron al profeta Jeremías para pedirle que consultara a Jehová.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 42:1-3
“Entonces todos los jefes del ejército, Johanán hijo de Caréah, Jezanías hijo de Hosaya y toda la gente, desde el menor hasta el mayor, se acercaron 2 al profeta Jeremías y le dijeron: ‘Por favor, escucha nuestra súplica. Órale a Jehová tu Dios por nosotros y por todo este resto porque, como puedes ver, solo quedamos unos pocos de los muchos que éramos. 3 Que Jehová tu Dios nos diga qué camino seguir y qué debemos hacer’.”
Ellos le dijeron a Jeremías, en esencia: “Ora a Jehová tu Dios por nosotros […] para que Jehová tu Dios nos diga qué camino debemos seguir y qué debemos hacer”.
¡Qué buenas palabras! Parecía que reconocían que necesitaban la dirección de Jehová. No confiaban en su propio criterio. Querían saber qué camino debían seguir.
Incluso más adelante aseguraron que obedecerían lo que Jehová les dijera. Pero había un problema. Su corazón no era completamente sincero.
Ya habían decidido que querían ir a Egipto. Lo que realmente buscaban era que Jehová aprobara la decisión que ellos ya habían tomado.
Esto nos enseña una primera lección muy importante. Cuando le pedimos a Jehová que nos guíe, tenemos que estar dispuestos a aceptar su respuesta, aunque no sea la que esperábamos.
De nada sirve pedirle a Jehová que nos muestre el camino si, en realidad, ya hemos decidido qué hacer y solamente estamos buscando su aprobación.
Por ejemplo, podríamos orar: “Jehová, ayúdame a tomar una buena decisión”. Pero quizás, en el fondo, ya hemos decidido qué queremos hacer. Entonces empezamos a buscar únicamente información que apoye nuestra decisión y dejamos de lado cualquier consejo bíblico que no nos guste.
Eso no sería buscar la guía de Jehová con un corazón humilde. y el pueblo estaban a punto de cometer precisamente ese error.
La respuesta de Jehová fue clara: quédense en Judá, no vayan a Egipto (Jer 42:9, 10, 19).
Jeremías hizo lo que le habían pedido. Oró a Jehová. Pasaron diez días y Jehová respondió. Y la respuesta no fue ambigua. Jehová no les dio un mensaje que pudiera interpretarse de diferentes maneras.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 42:9, 10
“Les dijo: ‘Esto es lo que dice Jehová, el Dios de Israel, a quien ustedes me enviaron para presentarle su súplica: 10 “Si ustedes al final se quedan en este país, yo los edificaré y no los derrumbaré, los plantaré y no los arrancaré, porque sentiré pesar por la calamidad que les he causado”’.”
Jehová les estaba diciendo claramente que se quedaran en Judá. Pero todavía fue más específico. En el versículo 19 les dijo: “Oh, resto de Judá. No vayan a Egipto. Tengan bien claro que hoy les he advertido”.
Podríamos resumir la respuesta de Jehová en unas pocas palabras: “Quédense en Judá. No vayan a Egipto”.
Pero Jehová no solamente les dio una orden. También les explicó por qué debían obedecer. Ellos tenían miedo de Babilonia. Pensaban que, si permanecían en Judá, el ejército babilonio acabaría con ellos.
Pero Jehová les aseguró que no tenían que tener miedo. Si se quedaban en la tierra, él los protegería y los ayudaría. En cambio, si iban a Egipto buscando seguridad, no encontrarían la protección que esperaban.
Por eso, la guía de Jehová era realmente una muestra de amor. Ellos veían a Egipto como un refugio seguro. Jehová veía algo que ellos no podían ver.
Aquí encontramos otra lección muy importante: A veces, la guía de Jehová puede parecer difícil de entender desde nuestro punto de vista, pero él siempre ve el panorama completo.
Nosotros vemos solamente lo que está delante de nosotros. Jehová ve mucho más. Por eso, confiar en Jehová significa aceptar su dirección incluso cuando nuestros propios razonamientos nos dicen algo diferente.
Pensemos en algunas situaciones actuales.
Quizás una decisión relacionada con el empleo parece muy atractiva económicamente, pero podría afectar nuestra espiritualidad.
Tal vez una relación sentimental parece prometedora, pero existen señales que indican que no está de acuerdo con los principios bíblicos.
O quizás queremos elegir cierto tipo de entretenimiento porque pensamos: “No veo nada malo en esto”. Pero la Biblia y los principios cristianos nos ayudan a reconocer peligros que nosotros quizás no estamos viendo.
En esas situaciones, la pregunta no debería ser: “¿Cómo puedo hacer para que Jehová apruebe lo que yo quiero?”. Más bien deberíamos preguntarnos: “¿Qué quiere Jehová que haga?” Esa es la actitud que Jehová desea de nosotros.
Pero ¿Qué hicieron Johanán y el pueblo cuando recibieron la respuesta?
Ellos rechazaron la guía de Jehová (Jer 43:4-7).
Aquí es donde el relato da un giro triste. Jeremías había transmitido claramente la respuesta de Jehová. No había dudas. No tenían que preguntarse qué quería Jehová. Sin embargo, la respuesta no coincidía con lo que ellos querían hacer. Así que decidieron rechazarla.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 43:4-7
“Así que Johanán hijo de Caréah, todos los jefes del ejército y toda la gente desobedecieron la voz de Jehová y no se quedaron en la tierra de Judá. 5 En vez de eso, Johanán hijo de Caréah y todos los jefes del ejército se llevaron al resto de la gente de Judá que había vuelto a la tierra de Judá desde todas las naciones adonde había sido dispersada para vivir de nuevo allí. 6 Se llevaron a los hombres, las mujeres, los niños, las hijas del rey y a todos los que Nebuzaradán, el jefe de la guardia, había dejado con Guedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, así como al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías. 7 Entraron a la tierra de Egipto, pues no obedecieron la voz de Jehová, y llegaron hasta Tahpanhés.”
El relato dice que Johanán, los jefes de los ejércitos y todo el pueblo “desobedecieron la orden de Jehová de quedarse en la tierra de Judá”.
¿Y qué hicieron? Se fueron a Egipto. Y no se fueron solos. Se llevaron al propio profeta Jeremías y también a Baruc.
¡Qué contraste tan grande! Primero habían dicho: “Ora a Jehová para que nos diga qué debemos hacer”. Ahora que Jehová les había respondido, hicieron exactamente lo contrario.
¿Por qué? Porque el miedo y sus propios razonamientos pesaron más que la confianza en Jehová.
Ellos pensaban que Egipto podía ofrecerles una seguridad que Judá no podía darles. Pero olvidaron algo fundamental: su seguridad no dependía de estar en Egipto o en Judá. Dependía de obedecer a Jehová.
Qué fácil sería pensar: “¿Cómo pudieron hacer algo así?”. Pero el relato no está solamente para que juzguemos las decisiones de Johanán y de aquellas personas. También está para que nos examinemos a nosotros mismos. Porque nosotros también podríamos caer en una trampa parecida.
Tal vez le pedimos a Jehová que nos guíe en oración. Pero cuando la respuesta bíblica no coincide con nuestros deseos, empezamos a buscar razones para hacer lo que nosotros queremos.
Podríamos pensar: “Esta vez es diferente”. “Jehová entenderá mi situación”. “Quizás este consejo no aplica realmente a mi caso”. “Yo sé lo que estoy haciendo”. Poco a poco, podríamos terminar justificando una decisión que ya habíamos tomado.
Por eso, cuando recibamos guía basada en la Palabra de Dios, preguntémonos: “¿Estoy dispuesto a obedecer, aunque esto implique renunciar a algo que deseo?” Esa es una verdadera prueba de nuestra fe.
La obediencia no se demuestra solamente cuando la dirección de Jehová coincide con nuestros deseos. La verdadera obediencia se demuestra especialmente cuando Jehová nos pide hacer algo que requiere fe, paciencia, humildad o sacrificio.
¿Qué podemos aprender nosotros?
Primero, cuando le pidamos guía a Jehová, hagámoslo con una mente y un corazón abiertos. No oremos simplemente para que Jehová bendiga una decisión que ya hemos tomado. Digámosle con sinceridad: “Jehová, quiero hacer lo que tú consideres mejor, aunque no sea lo que yo esperaba”.
Segundo, confiemos en que la guía de Jehová siempre busca nuestro bien. Quizás en determinado momento no entendamos por qué una instrucción o un principio bíblico es tan importante. Pero podemos estar seguros de que Jehová ve lo que nosotros no vemos.
Y tercero, cuando recibamos la guía, actuemos de acuerdo con ella. No basta con saber qué dice la Biblia. Tenemos que ponerlo en práctica.
Ilustración
La imagen de nuestra guía de actividades nos muestra que, en un automóvil, una hermana espiritualmente madura le da a una joven consejos basados en la Biblia sobre el noviazgo. Le muestra un artículo de “Los jóvenes preguntan” relacionado con este tema. Esto nos enseña la importancia de pedir guía sobre las decisiones que vayamos a tomar, pero, sobre todo, de estar dispuestos a aceptar esa guía.
Conclusión
Hermanos, Johanán y aquellos judíos cometieron un grave error: pidieron guía, pero no estaban dispuestos a aceptar la respuesta.
Que nunca nos pase lo mismo. Cuando acudamos a Jehová en oración, hagámoslo con un corazón humilde y dispuesto a obedecer. Y cuando su Palabra nos muestre qué camino seguir, confiemos en él, incluso si ese camino no es el que nosotros habíamos imaginado.
Recordemos las palabras de Proverbios 3:5, 6: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Tómalo en cuenta en todos tus caminos, y él hará rectas tus sendas”.
Si confiamos plenamente en Jehová y aceptamos su guía, nunca tendremos que lamentar haberle obedecido. Porque nuestro amoroso Padre celestial siempre sabe qué es lo mejor para nosotros.
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