TESOROS DE LA BIBLIA, 5-11-Octubre-2026, Tengamos un punto de vista equilibrado de la protección de Jehová. Discurso Preparado.

Tengamos un punto de vista equilibrado de la protección de Jehová (10 mins.)
Cuando sufrimos una dificultad, ¿Qué es lo primero que hacemos? Es natural pedirle a Jehová que nos proteja. Confiamos plenamente en que él tiene el poder de ayudarnos y que se interesa de verdad por nosotros.
Pero hay algo importante que debemos recordar: nuestra confianza en la protección de Jehová necesita ir acompañada de equilibrio. Jehová puede librar a sus siervos de un peligro. Pero no ha prometido eliminar todos los problemas de la vida actual.
Los sucesos registrados en Jeremías, capítulos 40 y 41, nos ayudan a entender muy bien esta realidad. Allí encontramos dos experiencias muy distintas. Por un lado, Jeremías fue protegido después de la destrucción de Jerusalén. Por otro lado, Guedalías, un hombre que temía a Dios, murió violentamente.
Entonces, ¿significa eso que Jehová protegía a Jeremías, pero que no se interesaba por Guedalías? De ningún modo. Al analizar estos relatos, veremos que podemos sentirnos seguros bajo el cuidado de Jehová, pero sin esperar que él nos libre milagrosamente de toda prueba.
Jehová protegió a Jeremías (Jer 40:2-4; jr 189 párr. 16).
Jeremías había servido fielmente a Jehová durante muchos años, en una época sumamente peligrosa. Transmitió mensajes que muchas personas no querían escuchar. Como consecuencia, fue rechazado, amenazado y maltratado.
Sin embargo, después de la caída de Jerusalén, ocurrió algo notable. El jefe de la guardia babilonia liberó a Jeremías y le dio la posibilidad de elegir dónde vivir. Fijémonos en lo que le dijo.
VAMOS A LEER JEREMÍAS 40:2-4
“Entonces el jefe de la guardia apartó a Jeremías y le dijo: ‘Jehová tu Dios predijo esta calamidad contra este lugar, 3 y Jehová la ha traído tal como había dicho, porque ustedes pecaron contra Jehová y desobedecieron su voz. Por eso les ha pasado esto. 4 Hoy te quito las esposas que traes en las manos. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, vente y yo te cuidaré. Pero, si no quieres venir conmigo a Babilonia, no vengas. ¡Mira! Tienes ante ti el país entero. Vete adonde prefieras’.”
El jefe de la guardia le explicó que Jehová había predicho la calamidad que había sufrido Jerusalén y que esta había ocurrido porque el pueblo había pecado contra Jehová y desobedecido su voz. Después le quitó las esposas que llevaba en las manos y le dijo que podía ir con él a Babilonia o quedarse donde quisiera.
¡Qué cambio de circunstancias para Jeremías! Después de tantos años de oposición, ahora tenía libertad para decidir dónde vivir. Jehová protegió a Jeremías. Pero notemos algo: Jehová no había impedido que Jeremías pasara por situaciones dolorosas antes de aquel momento.
La protección divina no siempre consistió en apartarlo de toda oposición. Más bien, Jehová sostuvo a su profeta y, cuando llegó el momento apropiado, hizo posible que fuera liberado.
Esto nos enseña algo muy importante: aunque nuestras circunstancias parezcan inciertas, Jehová nunca pierde de vista a quienes le sirven con lealtad.
También podemos aprender de la manera sensata en que Jeremías actuaba ante el peligro. Su confianza en Jehová no lo llevó a ser imprudente ni a buscar enfrentamientos innecesarios.
Por ejemplo, cuando el falso profeta Hananías reaccionó con furia y rompió el yugo que Jeremías llevaba, Jeremías se fue por su camino. Más tarde volvió con el mensaje que Jehová le había mandado.
De modo que Jeremías sabía cuándo retirarse y cuándo hablar con valor. Nosotros podemos imitar ese equilibrio. Oramos por protección, pero también evitamos riesgos innecesarios y actuamos con buen juicio.
Quizás una conversación se está volviendo hostil. O tal vez percibimos una situación que podría ponernos en peligro físico o espiritual. No demostraríamos más fe por ignorar las señales de alerta. Al contrario, podemos tomar precauciones razonables y seguir confiando en que Jehová ve nuestros esfuerzos por hacer lo correcto.
Ahora bien, que Jehová protegiera a Jeremías no significa que siempre impida que sus siervos sufran. Eso lo vemos claramente en el caso de Guedalías.
Aunque Guedalías temía a Dios, Jehová no evitó que muriera (Jer 41:1, 2; it “Guedalías” núm. 4).
Después de la destrucción de Jerusalén, el rey de Babilonia nombró a Guedalías gobernador de los judíos que habían quedado en Judá. Guedalías residía en Mizpá, donde también se estableció Jeremías. Guedalías animó al pueblo a vivir en paz, servir al rey de Babilonia y recoger los productos de la tierra.
Todo parecía indicar que Guedalías quería hacer lo correcto. Sin embargo, se presentó una situación peligrosa. Johanán y otros jefes militares le informaron que Ismael hijo de Netanías planeaba asesinarlo. Incluso le propusieron intervenir para frustrar el complot. Pero Guedalías pensó que las acusaciones eran falsas y no tomó precauciones. ¿Qué sucedió?
VAMOS A LEER JEREMÍAS 41:1, 2
“En el séptimo mes, Ismael —hijo de Netanías, hijo de Elisamá—, que era de linaje real y uno de los hombres principales del rey, llegó con 10 hombres para ver a Guedalías hijo de Ahicam en Mizpá. Mientras comían juntos en Mizpá, 2 Ismael hijo de Netanías y los 10 hombres que lo acompañaban se levantaron y mataron a espada a Guedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán. Así fue como él mató a quien el rey de Babilonia había puesto al mando del país.”
El relato explica que Ismael llegó a Mispá con diez hombres. Mientras comían juntos, Ismael y sus hombres se levantaron y mataron a espada a Guedalías. Qué final tan trágico.
Pero pensemos en la pregunta que surge: ¿significa la muerte de Guedalías que Jehová había dejado de interesarse por él? No. Guedalías temía a Dios, pero Jehová no evitó que muriera.
Esto nos enseña que vivir de acuerdo con los principios de Jehová no significa que nunca sufriremos las consecuencias de vivir en un mundo imperfecto. Vivimos en un mundo donde existen la violencia, las malas decisiones y la imperfección. Jehová no ha prometido impedir milagrosamente todas esas consecuencias.
El relato también nos recuerda que confiar en Jehová no significa desatender consejos prudentes ni ignorar información seria que puede ayudarnos a protegernos. Por eso, cuando recibimos una advertencia basada en hechos o en principios bíblicos, no deberíamos pensar: “Si confío en Jehová, no necesito preocuparme por estas cosas”.
La confianza en Jehová y el buen juicio van de la mano.
Jehová no siempre nos libra milagrosamente de los problemas, las enfermedades o la muerte (cl 72, 73 párrs. 13, 14).
Este punto puede tocarnos profundamente. Un siervo fiel puede enfermar. Puede perder a un ser querido. Puede afrontar problemas económicos o sufrir las consecuencias de una guerra o de una situación fuera de su control.
En esas circunstancias, es normal que nos duela y que le roguemos a Jehová que nos ayude. Pero si la prueba no desaparece, no debemos concluir que hemos perdido el favor de Jehová.
Jehová sigue cerca de sus siervos. Puede darles la fuerza, la guía y el apoyo necesarios para mantenerse fieles durante las circunstancias más difíciles.
Jehová tiene poder para realizar milagros y, en tiempos bíblicos, a veces los hizo. Pero no se ha comprometido a darnos una vida sin problemas en este sistema.
Pensemos en esto: si Jehová eliminara milagrosamente cada dificultad que enfrentamos, podríamos llegar a servirle principalmente por la protección que recibimos.
Pero nosotros servimos a Jehová porque lo amamos y reconocemos que su manera de gobernar es justa. Por eso, una fe madura confía en Jehová tanto cuando nos libra como cuando permite que aguantemos una prueba.
Ahora bien, eso no significa que Jehová no nos proteja hoy. Al contrario, nos protege de formas muy reales. Una de ellas es mediante la sabiduría que encontramos en su Palabra.
VAMOS A LEER PROVERBIOS 4:5, 6
“Consigue sabiduría, consigue entendimiento. No te olvides ni te alejes de lo que te digo. 6 No abandones la sabiduría, que ella te protegerá. Ámala, que ella te defenderá.”
Qué hermosa manera de describir la protección que recibimos de Jehová. La sabiduría bíblica puede protegernos de decisiones que traerían consecuencias dolorosas. Nos ayuda a elegir bien nuestras amistades, evitar conductas peligrosas y responder con calma cuando estamos bajo presión.
Pero para recibir esa protección no basta con conocer lo que dice la Biblia. Tenemos que amar la sabiduría y no abandonarla. Eso significa permitir que los principios de Jehová influyan en nuestras decisiones diarias.
Cuando acudimos a Jehová en oración, estudiamos su Palabra y aceptamos la guía espiritual, demostramos que valoramos la protección que él nos brinda.
Jehová también nos protege mediante la congregación. Cuando estamos enfermos, tristes o débiles, nuestros hermanos pueden convertirse en una ayuda muy concreta. Una visita, una comida, unas palabras de ánimo o alguna ayuda práctica pueden aliviar una carga pesada.
No son simplemente gestos de amabilidad. Jehová puede utilizar el amor de la congregación para sostenernos cuando nuestras propias fuerzas parecen agotarse. Por eso, todos podemos preguntarnos: ¿Cómo puedo ayudar a un hermano que está pasando por una prueba?
La congregación puede brindar consuelo, pero también puede protegernos mediante una advertencia bondadosa cuando estamos a punto de dar un paso imprudente. Para que esa ayuda funcione, hace falta amor por parte de quien aconseja y humildad por parte de quien recibe el consejo.
Notemos la equilibrada exhortación que el apóstol Pablo dio en 1 Tesalonicenses 5:14: “Por otra parte, hermanos, les rogamos que adviertan a los indisciplinados, consuelen a los deprimidos, apoyen a los débiles y sean pacientes con todos”.
Pensemos en lo equilibrado de este consejo. Algunos necesitan una advertencia. Otros necesitan consuelo. Otros necesitan apoyo paciente. Cuando damos esa ayuda, colaboramos con Jehová en proteger a nuestros hermanos.
Y cuando nosotros somos quienes necesitamos ayuda, no tenemos por qué aislarnos. Podemos aceptar con gratitud el cariño y el apoyo de la congregación, convencidos de que Jehová sabe cómo cuidar de cada uno de nosotros.
Ilustración
En la imagen de nuestra guía de actividades podemos apreciar a un matrimonio joven que visita a un hermano mayor que está hospitalizado y acompañado por su esposa. El hermano más joven lo ayuda a caminar, mientras que la hermana más joven le entrega a la esposa una canasta con comida. Esto nos muestra que nosotros también podemos ser parte de la protección de Jehová al estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos y brindarles ayuda práctica y apoyo cuando más lo necesitan.
Conclusión
Así que, ¿qué hemos aprendido? Que Jehová puede protegernos y, cuando lo considera apropiado, puede librarnos de un peligro, como hizo con Jeremías. Pero también puede permitir que enfrentemos circunstancias dolorosas, como ocurrió con Guedalías. Eso no significa que haya dejado de interesarse por nosotros. Más bien, Jehová quiere que tengamos un punto de vista equilibrado de su protección.
No esperamos que nos libre milagrosamente de todos los problemas, las enfermedades o incluso la muerte. Pero sí confiamos plenamente en que nunca nos abandonará. Por eso, sigamos buscando la sabiduría que nos da su Palabra, tomemos precauciones sensatas y aceptemos con humildad la ayuda de nuestros hermanos.
Y cuando llegue una prueba que Jehová no elimine, sigamos confiando en él. Recordemos: Jehová puede librarnos de una prueba, pero también puede darnos la fuerza necesaria para soportarla. De una u otra manera, él seguirá cuidando fielmente de quienes lo aman.
Así que mantengamos siempre un punto de vista equilibrado de la protección de Jehová y sigamos confiando en nuestro Padre Celestial, seguros de que nunca pierde de vista a sus siervos fieles.
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