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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Jueves 1 de octubre del 2020

Lloren con los que lloran (Rom. 12:15).

Es cierto que nosotros no podemos leer el corazón de la gente, como lo hacen Jehová y Jesús, pero sí podemos intentar comprender sus emociones y necesidades (2 Cor. 11:29). A diferencia del mundo egoísta en el que vivimos, tratamos de hacer lo que dijo Pablo: “No vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás” (Filip. 2:4). En especial, los ancianos de congregación tienen que mostrar empatía. Saben que le van a rendir cuentas a Jehová por cómo tratan a las ovejas que él les ha encomendado (Heb. 13:17). A fin de ayudar a sus hermanos, tienen que ser comprensivos. ¿Cómo lo demuestran? Los ancianos comprensivos les dedican tiempo a sus hermanos. Les hacen preguntas y los escuchan con atención y paciencia. Esto es de particular importancia si una de las queridas ovejas de Jehová quiere abrirles su corazón pero no encuentra las palabras adecuadas (Prov. 20:5). Cuando los ancianos están dispuestos a dedicarles tiempo a los hermanos, se forman entre ellos fuertes vínculos de confianza, amistad y amor (Hech. 20:37). w19.03 17 párrs. 14-17.



¿Cómo podemos demostrar empatía?

Por supuesto, todos podemos demostrar empatía, no solo los ancianos. ¿De qué maneras? Tratemos de comprender los problemas por los que están pasando nuestros familiares y hermanos cristianos. Interesémonos en los jóvenes, los enfermos, los de edad avanzada y los que han sufrido la pérdida de un ser querido. Preguntémosles cómo están y prestemos atención a lo que nos respondan. Hagamos que sientan que de verdad comprendemos por lo que están pasando. Y ofrezcámonos a ayudarlos en lo que esté en nuestra mano. Cuando hacemos esto, demostramos amor de verdad (1 Juan 3:18).

¿Por qué debemos ser flexibles cuando tratemos de ayudar a otros?

Cuando tratemos de ayudar a otros, tenemos que ser flexibles, pues no todas las personas reaccionan igual ante los problemas. A algunos no les cuesta nada hablar, mientras que otros son más reservados. Así pues, aunque deseamos ayudarlos, no les haremos preguntas que los incomoden (1 Tes. 4:11). Incluso cuando alguien nos cuenta sus sentimientos, puede ocurrir que no estemos de acuerdo con lo que dice. Pero tenemos que entender que así es como él se siente. Por lo tanto, debemos ser prestos para escuchar y lentos para hablar (Mat. 7:1; Sant. 1:19).

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