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 TEXTO DIARIO, De hoy Domingo 27 de junio del 2021

 

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

domingo 27 de junio del 2021

Hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes (Mat. 7:12).

Cuando pasamos por dificultades, agradecemos de corazón la ayuda que se nos da. Ryan, que perdió repentinamente a su padre en un trágico accidente, dice: “Hay muchas cosas rutinarias que te parece imposible hacer cuando estás sufriendo. Significa mucho para ti la ayuda que te dan los demás, aunque parezca insignificante”. Nunca restemos importancia a lo mucho que pueden aliviar a quien sufre nuestros sencillos gestos de bondad. El discípulo Marcos, del siglo primero, estaba muy ocupado. Pese a todo, dedicó tiempo a reconfortar al apóstol Pablo, y este tenía la confianza de pedir su ayuda. Ángela, que perdió a un familiar en una muerte violenta, agradeció que quienes la consolaron tuvieran esta disposición. Dice:

“Cuando los hermanos quieren ayudarte de verdad, es fácil dirigirte a ellos. No dudan en darte ayuda ni lo hacen a regañadientes”. Por eso, preguntémonos: “¿Piensan otros de mí que siempre estoy dispuesto a consolar a los hermanos?”. w20.01 11, 12 párrs. 14-16




¿A qué puede motivarnos meditar en 2 Corintios 1:3, 4?

No tenemos que rebuscar para encontrar a hermanos necesitados de consuelo. Tal vez podamos reconfortarlos con las mismas ideas que otros han usado con nosotros. Nino, una hermana que perdió en la muerte a su abuela, dice: “Jehová puede utilizarnos para dar consuelo a los demás si se lo permitimos” (lea 2 Corintios 1:3, 4). Y Frances, citada en el párrafo 5, dice: “Las palabras de 2 Corintios 1:4 son muy ciertas. Podemos consolar a otros con el consuelo que nosotros mismos recibimos”.

a) ¿Por qué temen algunos dar consuelo? b) ¿Cómo podemos reconfortar a los demás? 

Debemos buscar maneras de aliviar el sufrimiento de los demás pese a nuestros temores. Por ejemplo, quizás nos dé miedo no saber qué decir o qué hacer por alguien que está sufriendo. Un anciano llamado Paul recuerda lo que algunos hermanos hicieron cuando falleció su padre. Dice: “Me daba cuenta de que se les hacía difícil hablar conmigo. No sabían qué decirme. Pero sigo agradeciendo su deseo de apoyarme”. Y un hermano llamado Tajon dijo después de vivir un fuerte terremoto: “Sinceramente, no recuerdo lo que decía cada uno de los mensajes que recibí los días posteriores al terremoto. Lo que sí recuerdo es que quienes los enviaron se preocupaban por saber cómo estaba”. No cabe duda de que nuestro interés en otros puede hacer mucho bien.

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