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TEXTO DIARIO, De hoy Domingo 29 de noviembre del 2020

Examinando las Escrituras diariamente 2020

Domingo 29 de noviembre del 2020

Bendito sea el Dios que nos consuela en toda nuestra tribulación (2 Cor. 1:3, 4).

Desde que la humanidad cayó en el pecado y la imperfección, Jehová ha demostrado que es el Dios que da ánimo. Justo después de la rebelión de Edén, dio una profecía que daría ánimo y esperanza a los futuros descendientes de Adán. Esta profecía está en Génesis 3:15 y promete que con el tiempo se acabará con Satanás y todas sus malvadas obras (1 Juan 3:8; Rev. 12:9). Noé vivió en un mundo alejado de Dios, en el que los únicos que adoraban a Jehová eran él y su familia. Al ver que por todas partes había violencia y degradación sexual, podía haberse deprimido (Gén. 6:4, 5, 9, 11; Jud. 6). Pero Jehová le informó que iba a acabar con aquel mundo malo y le dijo qué hacer para que su familia sobreviviera (Gén. 6:13-18). Aquello debió animarlo mucho. w18.04 15 párrs. 1, 2.

¿Cómo animó Jehová a Josué?.

Años después, Josué recibió la enorme tarea de hacer que los israelitas ocuparan la Tierra Prometida. Para lograrlo, tenía que vencer a los poderosos ejércitos de las naciones que vivían en aquel territorio. Jehová sabía que Josué tenía razones de sobra para estar inquieto. Así que le mandó a Moisés que lo tranquilizara. Le dijo: “Comisiona a Josué y anímalo y fortalécelo, porque él es quien ha de atravesar delante de este pueblo y él es quien ha de hacer que hereden la tierra que tú verás” (Deut. 3:28). Y Jehová mismo también fortaleció a Josué con estas palabras: “¿No te he dado orden yo? Sé animoso y fuerte. No sufras sobresalto ni te aterrorices, porque Jehová tu Dios está contigo adondequiera que vayas” (Jos. 1:1, 9).

¿Qué ánimos le dio Jehová a su pueblo en tiempos antiguos? y ¿Cómo animó Jehová a su Hijo?

Jehová no solo dio ánimos a algunos de sus siervos, sino también a todos ellos en conjunto. Por ejemplo, como sabía que el pueblo judío necesitaría consuelo cuando estuviera cautivo en Babilonia, le hizo esta promesa: “No tengas miedo, porque estoy contigo. No mires por todos lados, porque soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré. Sí, yo verdaderamente te mantendré firmemente asido con mi diestra de justicia” (Is. 41:10). Los primeros cristianos tenían esa misma seguridad, y también la tenemos nosotros hoy (lea 2 Corintios 1:3, 4).

Jehová también le dio ánimos a su Hijo, Jesús. Cuando este se bautizó, oyó una voz decir desde el cielo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mat. 3:17). De seguro, estas palabras lo fortalecieron durante su ministerio.

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