Descargar Aplicación

TEXTO DIARIO, De hoy Domingo 7 de noviembre del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Domingo 7 de noviembre del 2021

Predica la palabra (2 Tim. 4:2).

Aunque parezca que nuestra predicación no da fruto, no renunciemos a la esperanza de encontrar a posibles discípulos. Recordemos que Jesús comparó esta obra a la pesca. Los pescadores pueden estar muchas horas trabajando sin capturar un solo pez. A menudo trabajan durante la noche o de madrugada, y a veces tienen que navegar largas distancias (Luc. 5:5). De manera similar, algunos Testigos pasan muchas horas “pescando” con paciencia a horas y en lugares diferentes. Lo hacen para tener mayores posibilidades de encontrar a más personas. Quienes realizan este esfuerzo especial por lo general logran hablar con personas que se interesan en nuestro mensaje. ¿Podríamos predicar en un momento del día o en un lugar en el que sea más probable encontrar a la gente? ¿Por qué hace falta paciencia al dirigir cursos bíblicos? Una razón es que no solo tenemos que ayudar al estudiante a conocer y amar las enseñanzas de la Biblia. También debemos ayudarlo a conocer y amar a su Autor, Jehová. w19.07 18, 19 párrs. 14, 15

¿Por qué decimos que todos los evangelizadores ayudamos a encontrar a las personas sinceras?

Todos los evangelizadores cristianos ayudamos a encontrar a las personas sinceras. Nuestra labor podría compararse a la búsqueda de un niño perdido. ¿En qué sentido? Veamos un caso real. Para buscar a un niño de tres años que se había perdido, colaboraron unas quinientas personas. Por fin, unas veinte horas después de perderse el niño, un voluntario lo encontró en un campo de maíz. Pero no quiso llevarse el mérito por localizarlo, sino que dijo: “Lo encontramos gracias al esfuerzo de cientos de personas”.

Muchos se sienten perdidos como ese niño. No tienen esperanza, pero desean recibir ayuda (Efes. 2:12). Más de ocho millones de testigos de Jehová estamos buscando a esas personas. Quizás nosotros personalmente no encontremos a nadie que quiera estudiar la Biblia, pero otros publicadores que predican en el mismo territorio sí. Cuando un hermano encuentra a alguien que llega a ser discípulo de Cristo, todos tenemos motivos para alegrarnos.

Aunque no dirijamos un curso bíblico, ¿de qué otras maneras podemos contribuir a hacer discípulos?

Aunque ahora mismo no dirijamos un curso bíblico, podemos contribuir de otras maneras a hacer discípulos. Por ejemplo, cuando alguien nuevo viene al Salón del Reino, podemos darle la bienvenida y hacer que se sienta bien. Así lo ayudamos a convencerse de que el amor nos identifica como cristianos verdaderos (Juan 13:34, 35). Por otro lado, las respuestas que damos en las reuniones, aunque sean breves, pueden enseñarle a expresar sus convicciones con sinceridad y respeto. También podemos salir a predicar con un publicador nuevo y ayudarlo a usar la Biblia para razonar con las personas. Al hacer esto, le enseñamos a copiar el ejemplo de Cristo (Luc. 10:25-28).

¿Necesitamos aptitudes excepcionales para hacer discípulos? Dé un ejemplo.

No debemos pensar que necesitamos aptitudes excepcionales para enseñar a alguien a ser discípulo de Jesús. El ejemplo de Faustina, que vive en Bolivia, nos ayuda a entender por qué. Cuando conoció a los testigos de Jehová, no sabía leer, pero ha aprendido un poco. Ahora está bautizada, y le encanta enseñar la verdad a la gente. Por lo general, dirige cinco cursos bíblicos cada semana. Aunque Faustina no sabe leer tan bien como la mayoría de sus estudiantes, ha ayudado a seis personas a tomar la decisión de bautizarse (Luc. 10:21).

Aunque estemos muy ocupados, ¿Qué bendiciones podemos recibir si participamos en la obra de hacer discípulos?

Muchos cristianos tienen que atender importantes responsabilidades y por ello están muy ocupados. Aun así, sacan tiempo para dirigir cursos bíblicos, una obra que les da mucha felicidad. Veamos el ejemplo de Melanie. Era una madre sola con una hija de ocho años. Además, tenía un trabajo de jornada completa y ayudaba a cuidar a su padre, que padecía cáncer. Vivía en un pueblo apartado de Alaska, donde era la única testigo de Jehová. Una y otra vez le pedía a Dios que le diera fuerzas para salir a predicar a pesar del frío, pues deseaba encontrar a alguien a quien enseñar lo que dice la Biblia. Finalmente, encontró a Sara, que se emocionó al ver que Dios tiene un nombre. Pasado algún tiempo, esta mujer aceptó un curso de la Biblia. Melanie explica: “Los viernes por la tarde estaba agotada. Pero mi hija y yo íbamos a darle las clases de la Biblia, y eso nos hacía mucho bien. Nos encantaba buscar información para responder las preguntas de Sara, y nos hizo muy felices verla hacerse amiga de Jehová”. Sara se enfrentó con valor a la oposición, dejó su iglesia y se bautizó.

Todos los Derechos Reservados Copyright © 2020 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania JW.ORG.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *