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TEXTO DIARIO, De hoy Jueves 30 de septiembre del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Jueves 30 de septiembre del 2021

Sus pecados les han sido perdonados (1 Juan 2:12).

Saber que Jesús es el Rey del Reino de Dios y va a reparar todo el daño que nos causen Satanás y su mundo nos llena de esperanza (Is. 65:17; 1 Juan 3:8; Rev. 21:3, 4). Y, además, saber que Jesús está a nuestro lado apoyándonos en la difícil misión que nos ha encomendado para estos últimos días nos llena de valor (Mat. 28:19, 20). ¿Verdad que el consuelo, la esperanza y el valor son fundamentales para disfrutar de paz mental? Así pues, ¿cómo conservaremos la paz mental cuando suframos graves dificultades? Imitando a Jesús. Primero, no dejemos de orar jamás. Segundo, obedezcamos a Jehová y prediquemos con entusiasmo incluso en circunstancias difíciles. Y, tercero, aceptemos la ayuda de nuestros amigos. Entonces, la paz de Dios nos protegerá la mente y el corazón (Filip. 4:6, 7). Y, al igual que Jesús, superaremos cualquier prueba (Juan 16:33). w19.04 13 párrs. 16, 17

11-13. a) ¿Cómo demostraron ser amigos verdaderos de Jesús los apóstoles y otros discípulos suyos? b) ¿Qué efecto tuvieron en Jesús sus amigos?

Durante su ministerio, Jesús pasó por muchas situaciones difíciles. Pero los apóstoles fieles demostraron ser amigos verdaderos, como los que se describe en Proverbios 18:24, donde dice: “Existe un amigo más apegado que un hermano”. Jesús los valoraba mucho. Recordemos que en aquel entonces ninguno de sus hermanos carnales creía en él (Juan 7:3-5). Y hubo un momento en que sus familiares pensaron que se había vuelto loco (Mar. 3:21). Pero qué diferentes fueron los apóstoles fieles. La noche antes de morir, Jesús les dijo: “Ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas” (Luc. 22:28).

Hubo ocasiones en que lo decepcionaron. Pero no se fijó en sus errores, sino en la fe que tenían en él (Mat. 26:40; Mar. 10:13, 14; Juan 6:66-69). La última noche que pasó con estos hombres leales, les dijo: “Los he llamado amigos, porque todas las cosas que he oído de mi Padre se las he dado a conocer a ustedes” (Juan 15:15). No hay duda de que sus amigos fueron una enorme fuente de ánimo para él. La ayuda que le prestaron durante su ministerio lo llenó de alegría (Luc. 10:17, 21).

Además de los apóstoles, Jesús tuvo otros amigos y amigas que lo ayudaron de maneras prácticas durante su ministerio. Algunos le abrieron las puertas de su casa para que tuviera un lugar donde comer (Luc. 10:38-42; Juan 12:1, 2). Otros viajaron con él y usaron sus bienes para atenderlo (Luc. 8:3). ¿Por qué tuvo Jesús tan buenos amigos? Porque él mismo lo fue. Hizo cosas por ellos y no les exigió más de la cuenta. Aunque él era perfecto y ellos imperfectos, les agradeció el apoyo que le dieron. Y no hay duda de que lo ayudaron a conservar la paz.

a) ¿Cómo podemos hacer buenos amigos? b) ¿De qué maneras nos ayudarán?

Los buenos amigos nos ayudarán a ser leales a Jehová. Y la mejor manera de hacer amigos es siéndolo nosotros (Mat. 7:12). Por ejemplo, la Biblia nos dice que nos gastemos por los demás, en especial por los que pasan necesidad (Efes. 4:28). Pensemos en hermanos de la congregación que necesiten ayuda. ¿Hay algún publicador que no puede salir de casa? Quizá podamos hacerle la compra. O tal vez podamos ayudar con una comida a una familia con problemas de dinero. ¿Sabemos usar el sitio jw.org® y la aplicación JW Library®? En ese caso, podemos ayudar a algunos hermanos de la congregación a beneficiarse de su contenido. Si nos centramos en ayudar a los demás, es más probable que nos sintamos felices (Hech. 20:35).

Los amigos que hagamos nos apoyarán cuando afrontemos dificultades y nos ayudarán a conservar la paz. Igual que Elihú escuchó a Job desahogarse, nuestros amigos nos escucharán con paciencia cuando les contemos nuestras preocupaciones (Job 32:4). Claro, no debemos esperar que ellos tomen decisiones por nosotros, pero seremos prudentes si escuchamos los consejos bíblicos que nos den (Prov. 15:22). Y, cuando pasemos por momentos de necesidad, seamos como el rey David, que no permitió que el orgullo le impidiera aceptar la ayuda de sus amigos (2 Sam. 17:27-29). Sin lugar a dudas, esta clase de amigos son un regalo de Jehová (Sant. 1:17).

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