TEXTO DIARIO, De hoy Lunes 12 de septiembre del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022

Lunes 12 de septiembre del 2022

El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido (Luc. 19:10).

¿Cómo quiere Jehová que veamos a sus ovejas perdidas? Jesús nos dio el ejemplo. Él sabía que para Dios todas sus ovejas son valiosas. Por eso, hizo todo lo posible por ayudar “a las ovejas perdidas de la nación de Israel” a regresar a Jehová (Mat. 15:24). Como Jesús es el pastor excelente, también se esforzó al máximo por no perder a ninguna de las ovejas de su Padre (Juan 6:39). El apóstol Pablo les dijo a los ancianos de la congregación de Éfeso que debían copiar el ejemplo de Jesús. Les dijo: “Deben trabajar así de duro para ayudar a los que son débiles y […] deben recordar estas palabras que dijo el Señor Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’” (Hech. 20:17, 35). Como vemos, los ancianos tienen una seria responsabilidad. Un anciano de España llamado Salvador lo expresa así: “Cuando pienso en lo mucho que Jehová ama a sus ovejas perdidas, me siento impulsado a hacer todo lo que puedo por ayudarlas. No me cabe duda de que Jehová quiere que cuide de ellas”. w20.06 23 párrs. 15, 16

¿Qué podría suceder si no seguimos el consejo de Colosenses 3:13?

(Lea Colosenses 3:13). Hay siervos de Jehová que sienten que los ha herido un hermano. El apóstol Pablo reconoció que a veces quizás tendremos una razón válida para quejarnos de otro. Puede que hasta se nos haya tratado injustamente. Pero, si no tenemos cuidado, podríamos quedarnos resentidos y acabar alejándonos del pueblo de Jehová. Veamos el caso de un hermano de Sudamérica llamado Pablo. Lo acusaron falsamente de haber hecho algo malo y, como resultado, perdió una responsabilidad de servicio. ¿Cómo reaccionó? Él dice: “Estaba tan enojado que me fui alejando de la congregación”.

¿A qué nos pueden llevar los sentimientos de culpa?

También puede ser que quienes cometieron un pecado grave en el pasado sigan sintiéndose culpables e incluso crean que no son dignos del amor de Dios. Incluso si estaban arrepentidos y se les mostró misericordia, tal vez sientan que ya no merecen formar parte de su pueblo. Así es como se sentía un hermano de nombre Francisco. Él cuenta: “Me censuraron por caer en la inmoralidad sexual. Aunque al principio seguí yendo a las reuniones, me deprimí y sentí que no merecía estar dentro del pueblo de Jehová. Me molestaba la conciencia y estaba seguro de que Jehová no me había perdonado. Con el tiempo, dejé de predicar y de ir al Salón”. ¿Qué pensamos de los hermanos que se enfrentan a situaciones como las que hemos visto? ¿Los vemos con empatía? Y, más importante, ¿Qué piensa Dios de ellos?

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Por toolsjw

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