TEXTO DIARIO, De hoy Lunes 7 de febrero del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022
Lunes 7 de febrero del 2022
Unifica mi corazón (Sal. 86:11).
El rey David vio a la esposa de otro hombre, llamada Bat-Seba, bañándose. Él conocía el mandato de Jehová que decía: “No desees a la esposa de tu prójimo” (Éx. 20:17). Pero se quedó mirándola. Su corazón llegó a estar dividido. Por un lado, deseaba a aquella mujer. Y, por otro, deseaba agradar a Jehová. Aunque había amado y temido a Jehová por mucho tiempo, se dejó llevar por su deseo egoísta. Como resultado, hizo algunas cosas muy malas. Manchó el nombre de Jehová y les hizo un daño terrible a personas inocentes, incluida su propia familia (2 Sam. 11:1-5, 14-17; 12:7-12). Jehová disciplinó a David, y este se recuperó (2 Sam. 12:13; Sal. 51:2-4, 17). Nunca olvidó los problemas y el sufrimiento que provocó por permitir que su corazón se dividiera. Sus palabras de Salmo 86:11 también se pueden traducir así: “Dame un corazón que no esté dividido”. ¿Le respondió Jehová? Sí, pues la Palabra de Dios dice más adelante que David “sirvió a Jehová su Dios con un corazón completo” (1 Rey. 11:4; 15:3). w20.06 11 párrs. 12, 13
Según Deuteronomio 32:2, 3, ¿Qué quiere Jehová que hagamos con su nombre?
Justo antes de que los israelitas entraran en la Tierra Prometida, Jehová le enseñó a Moisés la letra de una canción y le mandó enseñársela al pueblo (Deut. 31:19). Al meditar en parte de la letra, vemos con claridad que Jehová no quiere que ocultemos su nombre ni lo tratemos como si fuera demasiado sagrado para pronunciarlo (lea Deuteronomio 32:2, 3). Desea que todo el mundo lo conozca. Sin duda, para los israelitas fue un gran honor que Moisés les enseñara sobre Jehová y su glorioso nombre. Lo que aprendieron tuvo un efecto refrescante y fortalecedor en ellos, como una suave lluvia sobre la vegetación. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestra manera de enseñar tenga el mismo efecto en los demás?
¿Cómo contribuimos a que se santifique el nombre de Jehová?
Cuando prediquemos de casa en casa o en lugares públicos, usemos la Biblia para enseñarles a las personas el nombre de Dios. Podemos utilizar herramientas que honran a Jehová, como nuestras valiosas publicaciones, excelentes videos y nuestro sitio web. Sea que estemos en el trabajo, en la escuela o de viaje, busquemos oportunidades para hablar de nuestro querido Dios y de su personalidad. Hablemos de su maravilloso propósito para nosotros y para la Tierra. Cuando las personas escuchen estas cosas, puede que se den cuenta por primera vez de lo mucho que Jehová nos ama. Siempre que enseñamos la verdad sobre nuestro cariñoso Padre, contribuimos a que se santifique su nombre y desmentimos algunas de las calumnias que se han enseñado sobre él. Nada tiene un efecto tan refrescante en las personas como el mensaje bíblico que les llevamos (Is. 65:13, 14).
Cuando damos clases de la Biblia, ¿por qué no debemos limitarnos a enseñar las normas y leyes de Dios?
Cuando damos clases de la Biblia, deseamos ayudar a los estudiantes a conocer y usar el nombre de Jehová. Pero también queremos que conozcan bien la clase de Dios que es. ¿Lo lograremos si solo enseñamos instrucciones, leyes divinas y normas de conducta? Tal vez no. Puede ser que un buen estudiante aprenda cuáles son las leyes de Dios e incluso llegue a admirarlas. Pero ¿obedecerá a Jehová porque ha llegado a amarlo? Recordemos el caso de Eva. Ella conocía la ley de Dios, pero no sentía verdadero amor por él. Y lo mismo se puede decir de Adán (Gén. 3:1-6). Así que no debemos limitarnos a enseñar las justas normas y leyes de Dios.
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