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TEXTO DIARIO, De hoy Martes 1 de diciembre del 2020

 

 

Examinando las Escrituras diariamente 2020

Martes 1 de diciembre del 2020

Se enterneció por ellos (Mar. 6:34).

Una de las facetas más atractivas y conmovedoras de la personalidad de Jesús es su capacidad de comprender los problemas a los que nos enfrentamos las personas imperfectas. Mientras estuvo en la Tierra, se alegró con los que se alegraban y lloró con los que lloraban (Rom. 12:15). Por ejemplo, cuando sus 70 discípulos regresaron muy felices por lo bien que les había ido en una campaña de predicación, Jesús “se llenó de gran gozo en el espíritu santo” (Luc. 10:17-21). Por otro lado, al ver la tristeza que provocó la muerte de Lázaro entre quienes lo amaban, “gimió en el espíritu y se perturbó” (Juan 11:33). Aunque Jesús era perfecto, fue muy misericordioso y compasivo con los seres humanos imperfectos. ¿Qué lo hizo ser así? Ante todo, el amor. Jesús sentía un cariño especial por las personas (Prov. 8:31). Eso lo motivó a conocer muy bien su manera de pensar. El apóstol Juan explica: “Conocía lo que había en el hombre” (Juan 2:25). w19.03 20 párrs. 1, 2.




¿Por quiénes mostró Jesús empatía? y Tal como se predijo en Isaías 61:1, 2, ¿por qué se enterneció Jesús por las personas a las que predicó?

Analicemos una ocasión en la que Jesús mostró empatía. Él y sus discípulos habían estado predicando sin darse un respiro. Ni siquiera habían tenido tiempo de parar a comer. Así que Jesús los llevó “a un lugar solitario” para que descansaran un poco. Pero una multitud fue corriendo adonde ellos se dirigían. ¿Cuál fue la reacción de Jesús cuando llegó y vio a toda aquella gente? “Se enterneció* por ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Mar. 6:30-34).

¿Por qué se enterneció Jesús? Porque vio que aquellas personas “eran como ovejas sin pastor”. Quizá se dio cuenta de que algunas de ellas eran pobres y tenían que trabajar largas jornadas para poner el pan en la mesa. Puede que otras hubieran sufrido la pérdida de un ser querido. Es probable que Jesús comprendiera bien cómo se sentían porque él mismo tal vez pasó por alguna de esas situaciones, como vimos en el artículo anterior. Su interés por los demás lo motivó a llevarles un mensaje consolador (lea Isaías 61:1, 2).

¿Cómo podemos imitar el ejemplo de Jesús?

¿Cómo podemos imitar el ejemplo de Jesús? Hoy las personas también son “como ovejas sin pastor” y están llenas de problemas. Pero nosotros tenemos lo que necesitan: el mensaje del Reino (Rev. 14:6). Así que hacemos lo mismo que nuestro Maestro y les llevamos las buenas noticias porque le tenemos “lástima al de condición humilde y al pobre” (Sal. 72:13). Nos compadecemos de la gente y queremos hacer algo para ayudarla.

CÓMO DEMOSTRAR EMPATÍA

Mientras predica, un hermano le presenta el video ¿Por qué estudiar la Biblia? a un hombre que lleva tatuajes y varias joyas pesadas

Pensemos en lo que necesita cada persona. (Vea los párrafos 8 y 9).

¿Qué puede ayudarnos a mostrar empatía en el ministerio? Dé un ejemplo.

A fin de mostrarles empatía a quienes predicamos, tenemos que hacernos una idea de lo que piensan y sienten, y tratarlos como nos gustaría que nos trataran* (Mat. 7:12). Vamos a ver cuatro cosas que pueden ayudarnos a hacer esto. Primero, pensemos en lo que necesita cada persona. Al predicar, se nos puede comparar a un doctor. El buen médico tiene en cuenta las necesidades de cada paciente. Hace preguntas y escucha con atención mientras la persona describe lo que siente. No le receta el primer tratamiento que le viene a la cabeza, sino que tal vez le hace pruebas para determinar qué tiene y recomendarle el tratamiento adecuado. De modo similar, nosotros no les decimos lo mismo a todas las personas a las que predicamos, sino que nos adaptamos a las circunstancias y puntos de vista de cada una.

¿Qué no debemos dar por sentado? y ¿Qué es mejor que hagamos?

No debemos dar por sentado que conocemos las circunstancias de las personas con las que hablamos ni lo que creen o por qué lo creen (Prov. 18:13). Es mejor tratar de averiguarlo haciéndoles preguntas con tacto (Prov. 20:5). Por ejemplo, podemos preguntarles por su empleo, su familia, sus opiniones y otros aspectos de su vida, si se considera apropiado donde vivimos. De esta manera, ellas mismas nos dirán por qué necesitan el mensaje del Reino. Una vez que lo sepamos, podremos interesarnos en sus necesidades y adaptarnos a ellas, tal como hizo Jesús (compare con 1 Corintios 9:19-23).

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