TEXTO DIARIO, De hoy Martes 3 de mayo del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022
Martes 3 de mayo del 2022
Si hay alguien que tiene motivos para confiar en la carne, ese soy yo. Si alguno piensa que tiene motivos para confiar en la carne, yo tengo más (Filip. 3:4).
El apóstol Pablo predicaba a menudo en las sinagogas judías. Por ejemplo, en la de Tesalónica, habló con los judíos y “durante tres sábados razonó con ellos usando las Escrituras” (Hech. 17:1, 2). Seguro que se sentía cómodo en la sinagoga, pues se había criado como judío (Hech. 26:4, 5). Entendía a los judíos y por eso podía predicarles con confianza (Filip. 3:5). Cuando sus enemigos lo obligaron a huir de Tesalónica y más tarde de Berea, se fue a Atenas. Una vez allí, de nuevo “se puso a razonar en la sinagoga con los judíos y con otras personas que adoraban a Dios” (Hech. 17:17). En cambio, cuando predicó en la plaza de mercado, se encontró con otro tipo de personas. Entre ellas había filósofos y otros gentiles para los que el mensaje de Pablo era una “nueva enseñanza”. Le dijeron: “Estás hablando de cosas que nos suenan extrañas” (Hech. 17:18-20). w20.04 9 párrs. 5, 6
De acuerdo con Hechos 14:14-17, ¿Cómo predicó Pablo de manera atrayente a los habitantes de Listra?
(Lea Hechos 14:14-17). Pablo se fijaba en lo que les interesaba a sus oyentes y adaptaba su presentación. Por ejemplo, la multitud a la que predicó en Listra sabía poco o nada de las Escrituras. Así que Pablo habló de cosas que les resultaban familiares, como las cosechas abundantes y la alegría de vivir. Usó palabras y ejemplos fáciles de entender.
¿Qué podemos hacer para averiguar lo que le interesa a una persona y adaptar nuestra presentación?
Tratemos de saber lo que les interesa a las personas de nuestro territorio y adaptemos nuestra presentación. ¿Cómo podemos averiguar lo que le interesa a una persona al acercarnos a ella o a su casa? De nuevo, seamos observadores. Quizás esté trabajando en el jardín, leyendo un libro, reparando un vehículo o haciendo cualquier otra cosa. Si lo vemos apropiado, podemos empezar la conversación hablando de lo que está haciendo (Juan 4:7). Hasta la ropa de la persona nos puede decir algo sobre ella: su nacionalidad, a qué se dedica o su equipo deportivo favorito. Un hermano llamado Gustavo dice: “Empecé una conversación con un joven de 19 años que llevaba en la camiseta la imagen de un cantante famoso. Le pregunté algo sobre su camiseta, y me dijo por qué le gustaba ese cantante. Aquella conversación resultó en un curso bíblico, y el joven es ahora uno de nuestros hermanos”.
¿Cómo podemos ofrecer un curso bíblico de forma atrayente?
Cuando le ofrezcamos a alguien un curso de la Biblia, hagámoslo de manera atractiva. Expliquémosle cómo le beneficiará personalmente (Juan 4:13-15). Por ejemplo, una mujer que mostró interés hizo pasar a su casa a una hermana llamada Hester. Cuando la hermana vio en la pared un diploma que indicaba que la mujer era profesora de Pedagogía, destacó que nosotros también enseñamos mediante cursos bíblicos y nuestras reuniones. La mujer aceptó estudiar la Biblia, fue a una reunión al día siguiente y poco después asistió a una asamblea de circuito. Al cabo de un año, se bautizó. Preguntémonos: “¿Qué les interesa a las personas a las que revisito? ¿Puedo explicarles de una forma atrayente en qué consiste nuestro programa de cursos bíblicos?”.
¿Cómo podemos adaptar el curso bíblico a cada estudiante?
Si hemos empezado un curso bíblico, preparémonos bien para cada sesión de estudio, teniendo en cuenta las circunstancias del estudiante y lo que le interesa. Pensemos en los textos que leeremos, los videos que le enseñaremos y los ejemplos que usaremos para explicar las verdades bíblicas. Preguntémonos qué llamará la atención del estudiante y le llegará al corazón (Prov. 16:23). En Albania, una mujer que estaba estudiando con una precursora llamada Flora afirmó: “No puedo aceptar la enseñanza de la resurrección”. Flora no insistió en el asunto. Dice: “Me di cuenta de que ella primero necesitaba conocer al Dios que promete la resurrección”. A partir de entonces, en cada sesión de estudio, Flora destacaba el amor, la sabiduría y el poder de Jehová. Con el tiempo, la mujer aceptó de buena gana esta enseñanza. Ahora sirve a Jehová con entusiasmo.
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