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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Martes 3 de noviembre del 2020

Me dio muchísimo miedo (Neh. 2:2).

¿Nos da miedo hablar de la verdad en público? Recordemos a Nehemías, quien servía en la corte de un poderoso rey. Al oír que las murallas y puertas de Jerusalén estaban en ruinas, se entristeció (Neh. 1:1-4). Podemos imaginarnos el nudo que se le hizo en el estómago cuando el rey le pidió que explicara por qué estaba tan decaído. Antes de responder, Nehemías hizo una rápida oración. Gracias a eso, el rey ayudó mucho al pueblo de Dios (Neh. 2:1-8). El ejemplo de Nehemías nos enseña la importancia de orar antes de contestar. Pensemos también en el caso de Jonás. Cuando Jehová le pidió que les hablara a los habitantes de Nínive, se asustó tanto que huyó en dirección contraria (Jon. 1:1-3). Pero, con la ayuda de Dios, llevó a cabo su labor y sus palabras beneficiaron mucho a los habitantes de aquella ciudad (Jon. 3:5-10). El ejemplo de Jonás nos enseña que Jehová puede ayudarnos a servirle sin importar cuánto miedo tengamos. w19.01 11 párr. 12.



CÓMO VENCER LOS TEMORES

¿Qué sentimos muchos de nosotros? y ¿Por qué podemos decir que tener miedo a comentar puede ser una buena señal?

¿Se le hace un nudo en el estómago cada vez que piensa en levantar la mano en la reunión? Si es así, no es el único. Lo cierto es que la mayoría de nosotros nos ponemos algo nerviosos al comentar. Pero, si eso le impide ofrecer comentarios, necesita averiguar por qué se siente así. ¿Es por miedo a quedarse en blanco o a decir algo mal? ¿Le preocupa que sus comentarios no sean tan buenos como los de los demás? En realidad, esos temores pueden ser una buena señal, pues revelan que es humilde y que considera que los demás son superiores a usted. A Jehová le encanta la humildad (Sal. 138:6; Filip. 2:3). Pero él también quiere que lo alabe y que anime a sus hermanos en las reuniones (1 Tes. 5:11). Él lo ama y le dará el valor que necesita.

¿Qué principios bíblicos pueden ayudarnos?

Veamos algunos principios bíblicos. La Palabra de Dios nos recuerda que todos nos equivocamos al hablar (Sant. 3:2). Jehová no espera que seamos perfectos, y tampoco lo esperan nuestros hermanos (Sal. 103:12-14). Son nuestra familia espiritual y nos quieren (Mar. 10:29, 30; Juan 13:35). Comprenden que a veces las palabras no nos salen justo como queremos.

 

 

 

 

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