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TEXTO DIARIO, De hoy Miércoles 22 de septiembre del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Miércoles 22 de septiembre del 2021

Por la fe, Moisés, cuando ya era adulto, se negó a ser llamado hijo de la hija del faraón (Heb. 11:24).

Moisés actuó de acuerdo con lo que aprendió. Cuando tenía unos 40 años, decidió ponerse del lado del pueblo de Dios, los hebreos, en vez de ser conocido como “hijo de la hija del faraón”. Moisés dio la espalda a una posición importante. Al ponerse de parte de los hebreos, que eran esclavos en Egipto, se arriesgó a sufrir la ira del faraón, un gobernante poderoso al que se consideraba un dios. Sin duda, Moisés demostró una extraordinaria fe y confianza en Jehová. Esa confianza es la base de una amistad permanente (Prov. 3:5). ¿Qué aprendemos? Que, igual que Moisés, todos debemos decidir si serviremos a Dios y seremos parte de su pueblo o no. Servir a Jehová quizás implique hacer sacrificios y sufrir la oposición de quienes no lo conocen. Pero, si confiamos en nuestro Padre celestial, estamos seguros de que nos ayudará. w19.12 17 párrs. 5, 6

¿Qué dijo Jehová sobre el rey David?

El rey David nació en una nación dedicada a Dios. Pero no se limitó a seguir las tradiciones religiosas de su familia. Él mismo se hizo amigo de Dios, y Jehová le tenía un cariño especial. De hecho, dijo que David era un hombre que complacía a su corazón (Hech. 13:22). ¿Cómo logró David tener una relación tan estrecha con Jehová?

¿Qué aprendió David sobre Jehová observando la creación?

David aprendió sobre Jehová gracias a la creación. Cuando era joven, pasó muchas horas en el campo cuidando las ovejas de su padre. Quizás fue entonces cuando empezó a meditar en lo que había hecho Jehová. Por ejemplo, cuando observaba el cielo nocturno, no veía solo un manto de estrellas, sino que también percibía las cualidades de quien las había creado. Por eso, se sintió motivado a escribir: “Los cielos declaran la gloria de Dios; las alturas proclaman la obra de sus manos” (Sal. 19:1, 2). También veía la inmensa sabiduría de Jehová cuando meditaba en cómo están hechos los seres humanos (Sal. 139:14). Al tratar de comprender la complejidad de las obras de Dios, se sentía insignificante (Sal. 139:6).

¿Qué podemos aprender si meditamos en la creación?

¿Qué lección aprendemos? Prestemos atención a la creación. No nos conformemos con vivir en este hermoso planeta que Jehová ha creado; dejémonos fascinar por él. Al realizar nuestras actividades diarias, meditemos en lo que nos enseña sobre Dios todo lo que nos rodea: las plantas, los animales y las personas. De ese modo, todos los días estarán llenos de lecciones sobre nuestro cariñoso Padre (Rom. 1:20). Y veremos crecer cada día el amor que sentimos por él.

Como muestra el Salmo 18, ¿Qué reconoció David?

David percibió la ayuda de Jehová. Por ejemplo, cuando defendió a las ovejas de su padre de un león y un oso, reconoció que pudo matar a esos animales salvajes gracias a la ayuda divina. Cuando venció al gigante Goliat, vio con claridad que Jehová lo guiaba (1 Sam. 17:37). Y también se dio cuenta de la intervención de Jehová cuando logró escapar del celoso rey Saúl (Sal. 18, encabezamiento). Una persona orgullosa se habría atribuido el mérito por todo eso. Pero David era humilde, y por eso pudo ver la mano de Jehová en su vida (Sal. 138:6).

¿Qué nos enseña el ejemplo de David?

¿Qué nos enseña su ejemplo? Que, además de pedirle a Jehová que nos ayude, debemos intentar ver cómo y cuándo lo hace. Si somos humildes y reconocemos nuestras limitaciones, nos resultará muy evidente que Jehová nos da lo que nos falta. Y, cada vez que percibamos su ayuda, nuestra amistad con él se hará más fuerte. Así le ocurrió a Isaac, un hermano de Fiyi que lleva muchos años sirviendo a Jehová. Dice: “Cuando pienso en lo que ha sido mi vida, me doy cuenta de cómo me ha ayudado Jehová desde que comencé a estudiar la Biblia. Eso hace que sea muy real para mí”.

¿Cómo le benefició a David tener una buena relación con Dios, y qué aprendemos de ello?

David copió las cualidades de Jehová. Dios nos creó con la capacidad de imitarlo (Gén. 1:26). Cuanto más sabemos sobre su personalidad, más podemos parecernos a él. David trataba a otras personas como lo haría su Padre celestial porque lo conocía bien. Pensemos en un incidente de la vida de este rey. Pecó contra Jehová cuando cometió adulterio con Bat-Seba y después hizo que mataran a su esposo. Pese a ello, Jehová fue misericordioso con él (2 Sam. 11:1-4, 15). ¿Por qué? Porque imitaba a Dios y había sido misericordioso con otras personas. Como David fue muy amigo de Jehová, llegó a ser uno de los reyes más queridos y aquel con quien Dios comparaba a los demás reyes de Israel (1 Rey. 15:11; 2 Rey. 14:1-3).

De acuerdo con Efesios 4:24 y 5:1, ¿Cuáles son los resultados de imitar a Dios?

¿La lección? Debemos imitar a Dios. Eso no solo nos beneficiará, sino que nos permitirá conocerlo mejor. Cuando procuramos que nuestra personalidad refleje la de Dios, demostramos que somos sus hijos (lea Efesios 4:24; 5:1).

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