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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

Sábado 3 de octubre del 2020

El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros al conocer lo bueno y lo malo (Gén. 3:22).

Cuando Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, dejaron claro que no confiaban en Jehová ni en sus normas. Decidieron elegir por sí mismos lo que está bien o mal. Pero ¿cuáles fueron las consecuencias? Perdieron su amistad con Jehová y la oportunidad de vivir para siempre. Además, les transmitieron a sus descendientes el pecado y la muerte (Rom. 5:12). Hay una enorme diferencia entre lo que Adán y Eva hicieron y lo que el eunuco etíope hizo cuando Felipe le predicó. Este hombre estaba tan agradecido por lo que Jehová y Jesús habían hecho por él que se bautizó de inmediato (Hech. 8:34-38). En nuestro caso, cuando le dedicamos la vida a Dios y, como el etíope, nos bautizamos, dejamos claro que agradecemos lo que Jehová y Jesús han hecho por nosotros. Además, demostramos que confiamos en Jehová y que aceptamos que es el único que tiene el derecho de decidir lo que está bien y lo que está mal. w19.03 2 párrs. 1, 2

OBSTÁCULOS QUE IMPIDEN A ALGUNOS BAUTIZARSE

Piensa en las bendiciones que recibimos cuando servimos a Jehová. Para comenzar, tenemos la posibilidad de que él nos conceda todo lo que Adán y Eva perdieron, como la oportunidad de vivir para siempre. Por nuestra fe en Jesucristo, Dios nos perdona los pecados y nos da una conciencia limpia (Mat. 20:28; Hech. 10:43). Además, llegamos a formar parte de la gran familia de siervos de Jehová, que cuentan con su aprobación y esperan un futuro maravilloso (Juan 10:14-16; Rom. 8:20, 21). Pese a que todos estos beneficios son obvios, algunos que ya conocen a Jehová dudan entre seguir el ejemplo del eunuco etíope o no. ¿Qué obstáculos les impiden bautizarse? Y ¿cómo pueden vencerlos?

¿Qué problemas tenían Avery y Hannah?

La falta de confianza. Los padres de un joven llamado Avery son testigos de Jehová. El padre tiene una reputación excelente como padre y como anciano. Aun así, Avery estaba retrasando la decisión de bautizarse. Cuenta: “Pensaba que no lograría estar a la altura de la reputación de mi padre”. Además, Avery creía que no sería capaz de atender las responsabilidades que tal vez le dieran en el futuro. Reconoce: “Me preocupaba que me pidieran orar en público, presentar discursos o sacar el grupo de predicación”.

Hannah, de 18 años, era una joven muy insegura. Aunque se crió en una familia de testigos de Jehová, tenía una autoestima tan baja que le parecía que no podría vivir según las normas divinas. A veces, se sentía tan mal que se autolesionaba, y esto empeoraba las cosas. Dice: “No le conté a nadie lo que hacía, ni siquiera a mis padres. Pensaba que Jehová nunca me aceptaría por lo que me hacía a mí misma”.

¿Por qué no se bautizaba Vanessa?

La influencia de los amigos. Vanessa, de 22 años, recuerda: “Tenía una muy buena amiga a la que conocía desde hacía casi diez años”. Pero esta amiga no estaba interesada en sus creencias y no la apoyaba en su meta de bautizarse, y eso le dolía. Explica: “Me costaba mucho hacer amigos y tenía miedo de que, si cortaba mi amistad con ella, nunca encontraría otra amiga así”.

¿De qué tenía miedo Makayla, y por qué?

El miedo a cometer un pecado grave. Makayla tenía cinco años cuando su hermano fue expulsado. Con el tiempo, fue viendo cuánto afectaban a sus padres las acciones de su hermano. Dice: “Tenía miedo de bautizarme, cometer un pecado, que me expulsaran y hacer sufrir todavía más a mis padres”.

¿Qué miedo tenía Miles?

El miedo a la oposición. Veamos el caso de un joven llamado Miles. Su padre y su madrastra son Testigos, pero su madre no. Miles explica: “Viví con mi madre dieciocho años. No me atrevía a decirle que me quería bautizar. Recordaba cómo reaccionó cuando mi padre se hizo Testigo. Me daba miedo que me hiciera la vida imposible”.

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