TEXTO DIARIO, De hoy Sábado 6 de mayo 2023, Lo mismo sucede con mi Padre que está en el cielo: él no desea que ni uno solo de estos pequeños se pierda (Mat. 18:14).

Examinemos las Escrituras todos los días 2023
Sábado 6 de mayo
Lo mismo sucede con mi Padre que está en el cielo: él no desea que ni uno solo de estos pequeños se pierda (Mat. 18:14).
¿En qué sentido son los discípulos de Jesús como “pequeños”? Bueno, ¿a quiénes considera importantes el mundo? A los ricos, a los famosos y a los poderosos. Pero la mayoría de los discípulos de Jesús no son así. Por eso, la gente del mundo los considera “pequeños”, es decir, poco importantes, insignificantes (1 Cor. 1:26-29). En cambio, Jehová no los ve así. ¿Por qué habló Jesús de “estos pequeños”? Sus discípulos le habían preguntado: “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?” (Mat. 18:1). En aquella época, muchos judíos le daban gran importancia al prestigio y la posición social. Un especialista dice: “Los hombres vivían y morían ansiosos de disfrutar de honra, consideración, fama, aprobación y respeto”. Jesús sabía que sus discípulos tendrían que esforzarse mucho para dejar atrás ese espíritu competitivo que estaba arraigado en la cultura judía. w21.06 20 párr. 2; 21 párrs. 6, 8, 9.
PERDONEMOS DE CORAZÓN
¿Qué aprendemos de la parábola de Jesús sobre el rey y el esclavo?
Después de advertirles a sus discípulos que no hicieran tropezar a otros, Jesús les contó una parábola sobre un rey y uno de sus esclavos. El rey le perdonó al esclavo una deuda que era tan grande que nunca podría pagarla. Más tarde, ese mismo esclavo no quiso perdonarle a otro esclavo una deuda mucho más pequeña. Al final, el rey metió en la cárcel a aquel esclavo que no tuvo misericordia. ¿Qué aprendemos? Jesús afirmó: “Así es como mi Padre celestial los tratará a ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos” (Mat. 18:21-35).
Si nos negamos a perdonar, ¿cómo hacemos daño a los demás?
Lo que hizo aquel esclavo no solo lo perjudicó a él, sino a otros también. Para empezar, fue cruel con su compañero y “mandó que lo metieran en prisión hasta que pudiera pagar la deuda”. Y, además, hizo daño a otros esclavos que vieron lo que había hecho. Jesús dijo: “Cuando los demás compañeros esclavos se enteraron de lo que había pasado, se disgustaron mucho”. De manera parecida, lo que nosotros hacemos también tiene un efecto en los demás. Si alguien nos trata mal y nos negamos a perdonarlo, ¿qué puede pasar? Para empezar, le hacemos daño a él porque le negamos nuestro perdón y nuestro cariño, y quizás hasta lo ignoremos. Además, hacemos que los hermanos de la congregación se sientan incómodos al notar que no estamos en paz con esa persona.
¿Qué aprende de lo que le pasó a una precursora?
Perdonar a nuestros hermanos nos beneficia a nosotros y hace que los demás se sientan mejor. Ese fue el caso de una precursora a la que llamaremos Crystal. Ella recuerda lo mal que la hacía sentir una hermana de la congregación: “Sus palabras a veces eran tan hirientes como un cuchillo. Cuando salíamos a predicar, no quería que me pusieran ni siquiera en el mismo vehículo que a ella. Empecé a perder el entusiasmo y la alegría”. A Crystal le parecía que tenía motivos justificados para estar dolida. Pero decidió no guardarle rencor ni caer en la autocompasión. Fue humilde y aplicó los consejos bíblicos del artículo “Perdonemos de corazón”, de La Atalaya del 15 de octubre de 1999. Así que perdonó a la hermana. Dice: “Ahora entiendo que todos nos estamos esforzando por ponernos la nueva personalidad y que Jehová nos perdona todos los días con generosidad. Siento que me he quitado un enorme peso de encima y he recuperado la alegría”.
Según Mateo 18:21, 22, ¿qué problema parece que tenía el apóstol Pedro, y qué aprende usted de la respuesta de Jesús? y ¿Qué nos puede ayudar si nos vemos en la misma situación?
Sabemos que debemos perdonar porque eso es lo correcto. Pero aun así puede que nos cueste trabajo hacerlo. Parece que al apóstol Pedro también le pasó eso a veces (lea Mateo 18:21, 22). ¿Qué nos puede ayudar? Primero, meditar en todas las veces que Jehová nos ha perdonado (Mat. 18:32, 33). No merecemos su perdón, pero él nos lo da con generosidad (Sal. 103:8-10). Al mismo tiempo, “también tenemos la obligación de amarnos unos a otros”. Así que perdonar no es algo opcional; se lo debemos a nuestros hermanos (1 Juan 4:11). La segunda cosa que puede ayudarnos es meditar en lo que sucede cuando perdonamos. Ayudamos a la persona que nos trató mal, contribuimos a la unidad de la congregación, protegemos nuestra amistad con Jehová y nos quitamos un peso de encima (2 Cor. 2:7; Col. 3:14). La tercera ayuda es orar a Jehová, que es quien nos pide que perdonemos a los demás. No permitamos que Satanás altere la paz de la que disfrutamos con nuestros hermanos (Efes. 4:26, 27). Necesitamos la ayuda de Jehová para no caer en la trampa de Satanás.
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