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Estudio De La Atalaya, 20-26 de septiembre 2021, Alegrémonos por lo que podamos hacer, Respuestas Subrayadas.

1. ¿Por qué no nos compara Jehová con los demás?

A JEHOVÁ le encanta la variedad. Solo hay que ver su asombrosa creación, incluidos los seres humanos. No hay dos personas iguales, por eso Jehová nunca nos compara con los demás. Él se fija en nuestro corazón, en lo que somos por dentro (1 Sam. 16:7). También toma en cuenta nuestros puntos fuertes, nuestros puntos débiles y nuestro pasado. Y no nos pide más de lo que podemos dar. Tenemos que seguir su ejemplo y vernos como él nos ve. Si lo hacemos, demostraremos “buen juicio” y no pensaremos de nosotros mismos ni más ni menos de lo debido (Rom. 12:3).

2. ¿Por qué no es bueno que nos comparemos con los demás?

Claro está, no hay nada de malo en fijarse en el ejemplo de un hermano que sea muy hábil en el ministerio (Heb. 13:7). Eso nos puede ayudar a ser mejores maestros (Filip. 3:17). Pero no es lo mismo fijarse en el buen ejemplo de alguien para imitarlo que para determinar si somos mejores o peores. Si nos comparamos con los demás, podemos volvernos envidiosos, desanimarnos o hasta sentir que no valemos nada. Como vimos en el artículo anterior, competir con otros hermanos de la congregación también perjudicaría nuestra amistad con Jehová. Por eso él nos dice con cariño: “Que cada uno examine sus propias acciones, y entonces tendrá razones para alegrarse por lo que él mismo ha hecho, sin compararse con otra persona” (Gál. 6:4).

3. ¿Qué progresos en su servicio a Jehová lo hacen feliz?

Jehová quiere que todos nos alegremos por el progreso espiritual que hayamos hecho. Por ejemplo, si nos hemos bautizado, tenemos motivos para estar muy felices por haber alcanzado esa meta. Fue una decisión personal  motivada por nuestro amor a Jehová. Pensemos en lo que hemos mejorado desde entonces. Por ejemplo, puede que disfrutemos mucho más leyendo y estudiando la Biblia. Quizás nuestras oraciones sean más profundas y sentidas (Sal. 141:2). Tal vez tengamos más habilidad para iniciar conversaciones y para usar nuestras herramientas en la predicación. Y es posible que Jehová nos haya ayudado a cumplir mejor con nuestro papel de esposo, esposa, padre o madre. Podemos sentirnos felices y muy satisfechos por los progresos que hayamos hecho en estos campos.

4. ¿Qué veremos en este artículo?

Podemos ayudar a otros a alegrarse por lo que puedan hacer en su servicio a Jehová y a no compararse con los demás. En este artículo, veremos cómo los padres pueden ayudar a sus hijos, cómo los esposos pueden ayudarse entre sí y cómo los ancianos y el resto de la congregación pueden ayudar a sus hermanos. Y por último veremos algunos principios bíblicos que nos ayudarán a ponernos objetivos razonables que se ajusten a nuestras circunstancias y capacidades personales.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES Y LOS MATRIMONIOS

5. Según Efesios 6:4, ¿Qué no deben hacer los padres?

Los padres no deben comparar a un hijo con otro ni pedirle más de lo que puede dar. Las comparaciones negativas y las exigencias poco razonables pueden causarle mucha frustración a un hijo (lea Efesios 6:4). Una hermana llamada Sachiko * dice: “Mis maestros esperaban que sacara mejores calificaciones que mis compañeros. Además, mi madre quería que yo fuera una buena estudiante para dar un buen testimonio a mis maestros y a mi padre, que no es Testigo. De hecho, quería que mi puntuación en los exámenes fuera perfecta, pero eso era imposible. Aunque terminé la escuela hace años, a veces pienso que, por mucho que yo haga, a Jehová le parecerá poco”.

6. ¿Qué pueden aprender los padres de lo que dice Salmo 131:1, 2?

Los padres pueden aprender una lección importante de lo que dice Salmo 131:1, 2 (léalo). El rey David dijo: “No aspiro a  cosas demasiado grandes ni a lo que está fuera de mi alcance”. Gracias a su humildad y a su modestia, se sentía “calmado y tranquilizado”. Esto les enseña a los padres que pueden ser humildes y modestos no solo en lo que esperan de sí mismos, sino también en lo que esperan de sus hijos. Deben tomar en cuenta sus puntos fuertes y sus puntos débiles a la hora de ponerles metas para que sus hijos se sientan bien consigo mismos. Una hermana llamada Marina recuerda: “Mi mamá nunca me comparó con mis tres hermanos ni con otros niños. Me enseñó que todos tenemos diferentes habilidades y que todos somos valiosos para Jehová. Gracias a ella, casi nunca me comparo con los demás”.

ILUSTRACION:

Unos padres y sus tres hijos hacen un arca de Noé y le ponen algunos animales.

Padres, muéstrenle a cada uno de sus hijos que valoran sus esfuerzos. (Vea los párrafos 5 y 6). *

7, 8. ¿Cómo puede el esposo honrar a su esposa?

Los esposos cristianos tienen que honrar a su esposa (1 Ped. 3:7). Eso significa que tienen que darle una atención especial y tratarla con respeto. ¿Cómo pueden hacerlo? Demostrándole que la valoran, no pidiéndole más de lo que puede dar y, desde luego, no comparándola con otras mujeres. ¿Qué efecto podrían tener estas comparaciones? Veamos el caso de una hermana llamada Rosa. Su esposo, que no es Testigo, tiene la costumbre de compararla con otras mujeres. Con sus palabras crueles, no solo ha hecho pedazos la autoestima de Rosa, sino que también la hace dudar de si alguien la quiere de verdad. Ella dice: “Necesito que me recuerden constantemente que Jehová me valora”. En cambio, los esposos cristianos le dan honra a su esposa, pues saben que así cuidan su relación con ella y con Jehová. *

Los esposos que honran a su esposa hablan bien de ella, le dicen que la quieren y la felicitan (Prov. 31:28). Eso es lo que hizo el esposo de Katerina, mencionada en el artículo anterior, para ayudarla a mejorar su autoestima. Cuando Katerina era pequeña, su madre la menospreciaba y muchas veces la comparaba con otras niñas, incluidas sus amigas. Así que Katerina empezó a compararse ella misma con los demás, incluso después de conocer la verdad. Pero su esposo la ha ayudado a luchar contra esta tendencia y a tener una opinión más razonable de sí misma. Ella dice: “Mi esposo me ama, me felicita por las cosas buenas que hago y ora por mí. También me recuerda las hermosas cualidades de Jehová y me ayuda a corregir mis pensamientos negativos”.

QUÉ PUEDEN HACER LOS ANCIANOS Y EL RESTO DE LA CONGREGACIÓN

9, 10. ¿Cómo ayudaron los ancianos a una hermana que tendía a compararse con los demás?

¿Cómo pueden ayudar los ancianos a quienes tienden a compararse con los demás? Veamos la experiencia de una hermana llamada Hanuni, a quien en su niñez casi nunca le decían que había hecho algo bien. Ella dice: “Era tímida y sentía que los otros niños eran mejores que yo. Hasta donde me alcanza la memoria, siempre me he comparado con otras personas”. Incluso después de hacerse Testigo, Hanuni siguió comparándose con los demás, y eso la hacía sentir que aportaba poco a la congregación. Pero ahora es una precursora feliz. ¿Qué la ayudó a cambiar?

Hanuni dice que recibió la ayuda y el cariño de los ancianos. Ellos le aseguraron que confiaban en ella y la felicitaron por su  buen ejemplo. Hanuni cuenta: “En ocasiones, los ancianos me pidieron que animara a algunas hermanas que necesitaban ayuda. Eso me hizo sentir que la congregación me necesitaba. Recuerdo que los ancianos me agradecieron con cariño que hubiera animado a algunas hermanas más jóvenes y luego me leyeron 1 Tesalonicenses 1:2, 3. Eso me llegó al corazón. Gracias en buena parte a esos excelentes pastores, ahora sé que tengo un lugar valioso en la organización de Jehová”.

11. ¿Cómo podemos ayudar a “los aplastados” mencionados en Isaías 57:15?

(Lea Isaías 57:15). Jehová se preocupa mucho por “los aplastados”. Todos nosotros, no solo los ancianos, podemos animar a nuestros queridos hermanos que se sienten así. Una manera de hacerlo es interesándonos de corazón en ellos. Jehová quiere que les demostremos cuánto ama a sus ovejas (Prov. 19:17). Otra manera de ayudarlos es siendo humildes y modestos. No atraemos la atención hacia nosotros mismos porque no queremos despertar envidias. Preferimos usar nuestras habilidades y nuestro conocimiento para animarnos unos a otros (1 Ped. 4:10, 11).

12. ¿Por qué a la gente humilde le gustaba estar con Jesús? (Vea el dibujo de la portada).

Podemos aprender mucho sobre cómo tratar a los demás fijándonos en cómo trató Jesús a sus discípulos. Aunque fue el hombre más importante de la historia, era “apacible y humilde de corazón” (Mat. 11:28-30). No iba presumiendo de su asombrosa inteligencia y de su inmenso conocimiento. Cuando enseñaba, utilizaba un lenguaje sencillo y ejemplos atrayentes que llegaban al corazón de la gente humilde (Luc. 10:21). Al contrario que los arrogantes líderes religiosos, Jesús hizo sentir a las personas que eran valiosas para Dios (Juan 6:37). Siempre trató con respeto a las personas comunes y corrientes.

ILUSTRACION:

Jesús y algunos de sus discípulos sentados alrededor de una hoguera. Uno de ellos toca la flauta y los demás cantan y dan palmadas.

A los discípulos de Jesús les gustaba estar con él porque nunca tuvo aires de superioridad. A él le encantaba pasar tiempo con sus amigos. (Vea el párrafo 12).

13. ¿Por qué decimos que Jesús trató a sus discípulos con bondad y amor?

Jesús trató a sus discípulos con bondad y amor. Sabía que tenían capacidades y circunstancias diferentes, así que no todos podrían asumir las mismas responsabilidades ni hacer lo mismo en el ministerio. Pero Jesús valoraba los esfuerzos de corazón que hacía cada uno. Podemos ver claramente su actitud comprensiva en la parábola de los talentos. En ese relato, habló de un amo que le confió trabajo a cada esclavo “según su capacidad”. Es cierto que, de los dos esclavos que cumplieron con su tarea, hubo uno que ganó más que el otro. Pero el amo los felicitó a los dos con estas mismas palabras: “¡Bien hecho, esclavo bueno y fiel!” (Mat. 25:14-23).

14. ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Jesús al tratar a los demás?

Jesús también nos trata a nosotros con bondad y amor. Sabe que tenemos capacidades y circunstancias diferentes, y se alegra cuando cada uno hace todo lo que puede. ¿Cómo podemos seguir su ejemplo? No queremos que ningún hermano se sienta inferior o avergonzado porque no puede hacer tanto como otros. Al contrario, busquemos siempre oportunidades de felicitar a nuestros hermanos por darle a Jehová lo mejor de sí mismos.

PONGÁMONOS OBJETIVOS RAZONABLES

15, 16. ¿Cómo ayudó a una hermana ponerse objetivos razonables?

Ponernos objetivos en nuestro servicio  a Jehová nos ayuda a mantener el rumbo y el propósito en la vida. Pero estos objetivos deben ajustarse a nuestras capacidades y circunstancias, no a las de los demás. De lo contrario, acabaremos frustrados y desanimados (Luc. 14:28). Veamos el ejemplo de una precursora llamada Midori.

Cuando Midori era una niña, su padre —que no es Testigo— la humillaba comparándola con sus hermanos y con sus compañeros de clase. Ella dice: “Sentía que no valía para nada”. Pero con los años su autoestima mejoró. Midori cuenta: “Leía la Biblia todos los días porque eso me daba paz interior y me hacía sentir el amor de Jehová”. Además, se puso objetivos razonables y le pidió a Jehová que la ayudara a alcanzarlos. De esa manera, se sintió alegre por lo que podía hacer en su servicio a Jehová.

ILUSTRACION:

Serie de imágenes: 1. Una hermana mira el calendario mientras su hijito juega cerca. 2. La misma hermana va predicando con otra hermana y le muestra un video a una señora. El hijito de la hermana sostiene un tratado.

Nos sentiremos felices si nos ponemos objetivos razonables y los alcanzamos. (Vea los párrafos 15 y 16). *

SIGAMOS DÁNDOLE A JEHOVÁ LO MEJOR DE NOSOTROS

17. ¿Cómo pueden los cristianos “seguir renovando su forma de pensar”, y cuáles serán los resultados?

Los sentimientos y los pensamientos negativos no desaparecen de un día para otro. De ahí que Jehová nos aconseje: “Deben seguir renovando su forma de pensar” (Efes. 4:23, 24). Claro, para lograrlo tenemos que orar, estudiar la Palabra de Dios y meditar en ella. No dejemos de hacer estas cosas y pidámosle a Jehová que nos dé fuerzas. Su espíritu santo nos ayudará a corregir la tendencia a compararnos con los demás. Jehová también nos ayudará a ver si nos hemos vuelto orgullosos o envidiosos, y a actuar de inmediato para liberarnos de esos defectos.

18. ¿Cómo lo consuelan a usted las palabras de 2 Crónicas 6:29, 30?

(Lea 2 Crónicas 6:29, 30). Jehová conoce nuestro corazón. También sabe  que estamos luchando contra el espíritu del mundo y contra nuestras propias imperfecciones. Cuando ve todos los esfuerzos que hacemos en esta lucha, el amor que siente por nosotros se hace cada vez más profundo.

19. ¿Qué ejemplo utiliza Jehová para expresar lo que siente por nosotros?

Para expresar lo que siente por nosotros, Jehová utiliza el ejemplo del amor que una madre siente por su bebé (Is. 49:15). Una madre llamada Rachel dice: “Mi hija Stephanie fue prematura. La primera vez que la vi parecía tan pequeñita e indefensa… Durante el primer mes, estuvo en una incubadora, pero el doctor me permitió tenerla en mis brazos todos los días. Esos bellos momentos crearon un vínculo muy especial entre las dos. Ahora tiene seis años y es más pequeña que otros niños de su edad, pero la amo con todo mi corazón porque se aferró a la vida. Me ha hecho muy feliz”. Cuando Jehová nos ve luchar con todas nuestras fuerzas por darle lo mejor, siente por nosotros un amor así de profundo. ¿Verdad que saber eso nos consuela mucho?

20. ¿Por qué podemos alegrarnos?

Cada siervo de Jehová ocupa un lugar especial y valioso en su variada familia. Jehová no nos trajo a él porque fuéramos mejores que otros, sino porque miró en nuestro corazón y vio que éramos mansos y estábamos dispuestos a que nos enseñara y nos moldeara (Sal. 25:9). Podemos estar seguros de que se alegra cuando hacemos todo lo que podemos en su servicio. Nuestro aguante y nuestra fidelidad demuestran que tenemos “un corazón sincero y bueno” (Luc. 8:15). Así que sigamos dándole a Jehová lo mejor de nosotros. Si lo hacemos, tendremos razones para alegrarnos por lo que nosotros mismos hemos hecho.

¿QUÉ CONTESTARÍA?

¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos a alegrarse por lo que puedan hacer en su servicio a Jehová?

Pueden ayudarlos al no compararlos, ni al hacerles exigencias irrazonables, ayudándolos a ver qué Jehová los ama y valora cada cosa que hacen por servirle.

¿Qué pueden hacer los ancianos para que quienes están a su cuidado se sientan queridos y valorados?

Pueden recordarles lo mucho que Jehová los ama. Pueden además, hacerlos sentir útiles, ayudando a otros en la congregación y felicitándolos luego por su buena labor.

¿Por qué nos alegra darle a Jehová lo mejor de nosotros?

Porque sabemos que el lo valora, Y el sabe lo tanto que queremos agradarle y eso hace que nos ame, tal como una madre a su bebé.

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