Descargar Aplicación

Estudio del Libro de la congregación, 25-31 de octubre 2021, Capítulo 15, Párrafos 8-14, Respuestas Subrayadas.

Estudio bíblico de la congregación (30 mins.): rr cap. 15 párrs. 8-14.

“Te convertiste en una prostituta”

8-10. a) ¿Qué importante requisito de la adoración pura nos permite entender lo que siente Jehová hacia la religión falsa? b) ¿Qué ejemplo nos ayuda a entender esto?

En el libro de Ezequiel, Jehová usa la imagen de una prostituta para ilustrar una situación personal. Inspiró a Ezequiel para que escribiera dos relatos muy gráficos que reflejan el dolor de Jehová por la traición de sus siervos infieles e inmorales. ¿Y por qué los comparó con prostitutas?

Antes de responder, recordemos un requisito fundamental de la adoración pura que analizamos en el capítulo 5 de este libro. En la Ley que le dio a Israel, Jehová dijo: “No tengas otros dioses aparte de mí” o, según la nota, “para desafiarme”. Y añadió: “Yo, Jehová tu Dios, soy un Dios que exige devoción exclusiva” (Éx. 20:3, 5). Más tarde destacó la misma idea al decir: “No te inclines ante otro dios, pues a Jehová se le conoce como aquel que exige devoción exclusiva. Sí, él es un Dios que exige devoción exclusiva” (Éx. 34:14). Jehová no pudo haberlo dejado más claro: solo aceptará nuestra adoración si se la damos exclusivamente a él.

Para entender esto, pensemos en el matrimonio. Tanto el esposo como la esposa tienen el derecho de recibir de forma exclusiva ciertas atenciones o muestras de afecto. Si uno de los dos demuestra interés romántico o sexual por otra persona, el cónyuge tendrá razones para sentir celos y el dolor de la traición (lea Hebreos 13:4). Lo mismo pasa con la adoración, Jehová tiene razones para sentirse traicionado cuando sus propios siervos, personas dedicadas exclusivamente a él, adoran a otros dioses. En el capítulo 16 de Ezequiel, Jehová expresa con términos muy fuertes lo que él siente cuando lo traicionan.

11. ¿Qué fue lo que contó Jehová sobre Jerusalén y su origen?

El capítulo 16 contiene una intervención muy larga de Jehová; de hecho, es mucho más larga que sus otras intervenciones en el libro de Ezequiel. Se trata de una de las profecías más extensas de todas las Escrituras Hebreas. En ella, Jehová usa a la ciudad de Jerusalén para representar a la infiel Judá y cuenta la triste y estremecedora historia de su origen y su traición. Comienza pintándola como una recién nacida abandonada y sucia. Sus padres eran los idólatras cananeos de esa tierra. De hecho, Jerusalén estuvo mucho tiempo bajo el control de los jebuseos, una tribu cananea, hasta que David conquistó la ciudad. Jehová sintió lástima por esa recién nacida, así que la limpió y la cuidó. Tiempo después, ella se convirtió en su esposa. En realidad, los israelitas, que llegaron a ser los habitantes de la ciudad, ya habían hecho un pacto de forma voluntaria con Jehová en los días de Moisés (Éx. 24:7, 8). Cuando Jerusalén se convirtió en la capital del país, Jehová la bendijo, la enriqueció y la embelleció, tal como un esposo poderoso y adinerado podría honrar a su esposa con los mejores adornos (Ezeq. 16:1-14).

12. ¿Cómo se convirtió Jerusalén en una ciudad infiel?

¿Y qué pasó después? Jehová dijo: “Empezaste a confiar en tu belleza y, por tu fama, te convertiste en una prostituta. Te prostituías desenfrenadamente con cualquiera que pasaba por ahí y le entregabas tu belleza” (Ezeq. 16:15). En la época de Salomón, Jehová le dio tantas bendiciones y riquezas a su pueblo que Jerusalén llegó a ser una de las ciudades más prósperas; seguro que destacaba en todo el mundo antiguo (1 Rey. 10:23, 27). Pero poco a poco se introdujo en la ciudad la adoración falsa y, con ella, la infidelidad. Como Salomón trató de complacer a sus muchas esposas extranjeras, empezó a contaminar Jerusalén con la adoración a dioses falsos (1 Rey. 11:1-8). Después, algunos de los que heredaron el trono fueron todavía peores: extendieron la adoración falsa y contaminaron el país entero. ¿Qué pensaba Jehová de toda esa traición y prostitución espiritual? Él mismo  dijo: “Estas cosas no deberían pasar, no deberían suceder jamás” (Ezeq. 16:16). Pero su pueblo rebelde se hundió cada vez más en la depravación.

ILUSTRACION

Salomón mirando a una de sus esposas, que está de rodillas adorando un ídolo.

Salomón se dejó convencer por sus esposas extranjeras y terminó contaminando Jerusalén con idolatría. (Vea el párrafo 12).

13. ¿Qué atrocidades cometió el pueblo de Dios en Jerusalén?

Imaginemos el dolor de Jehová y el asco que sintió al denunciar la maldad de su pueblo escogido: “Tomaste a los hijos y a las hijas que habías dado a luz para mí y los sacrificaste a ídolos para que fueran devorados… ¿Es que no te bastaba con tus actos de prostitución? Mataste a mis hijos y los sacrificaste quemándolos en el fuego” (Ezeq. 16:20, 21). Esa terrible crueldad nos demuestra lo perverso que es Satanás. ¡Cuánto disfruta haciendo que el pueblo de Dios cometa ese tipo de atrocidades! Pero Jehová todo lo ve y puede reparar hasta las peores desgracias que ha causado el Diablo. Dios hará justicia (lea Job 34:24).

14. ¿Quiénes eran las dos hermanas de Jerusalén en la comparación que hizo Jehová? ¿Y cuál de las tres acabó siendo la peor?

Sin embargo, Jerusalén no se avergonzaba para nada de su propia maldad, siguió con su prostitución. Jehová dijo que era todavía más descarada que otras prostitutas porque era ella la que les pagaba a sus amantes (Ezeq. 16:34). Dios dijo que Jerusalén era igual que su “madre”, las tribus idólatras que habían dominado el país (Ezeq. 16:44, 45). Siguiendo con la comparación de la familia, dijo que la hermana mayor de Jerusalén era Samaria, que había empezado antes que ella a llevar una vida de prostitución espiritual. Dios también menciona a su otra hermana, Sodoma, la famosa ciudad a la que se hace referencia aquí porque había sido destruida mucho antes por su arrogancia y depravación. Jehová quiso destacar que la maldad de Jerusalén era peor que la de su hermana Samaria e incluso que la de su hermana Sodoma (Ezeq. 16:46-50). El pueblo de Dios hizo oídos sordos a todas las advertencias que recibió, y siguió con su repugnante estilo de vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *