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Estudio del Libro de la congregación, 27 de diciembre de 2021 a 2 de enero de 2022, Capítulo 18, Párrafos 1-8, Respuestas Subrayadas.

Estudio bíblico de la congregación (30 mins.): rr cap. 18 párrs. 1-8 y video.

1-3. a) ¿En qué desembocará la gran furia de Jehová? b) ¿Qué veremos a continuación?

Hombres, mujeres y niños cantan juntos una canción del Reino en una habitación. Luego un anciano hace una oración muy sentida para rogarle a Jehová su protección. Todos ellos saben muy bien que Jehová cuidará de la congregación, pero aún necesitan ánimo y apoyo. Desde allí oyen los ruidos de la batalla que hay afuera. ¡El Armagedón ya empezó! (Apoc. 16:14, 16).

Cuando Jehová ejecute a la gente en la guerra de Armagedón no lo hará con una mente fría, sino con “gran furia” (lea Ezequiel 38:18). En lugar de proyectar toda su ira contra un ejército o una nación, lo hará contra muchísimas personas que estarán por todo el planeta. “Los que Jehová mate ese día estarán esparcidos de un extremo al otro de la tierra” (Jer. 25:29, 33).

Si la Biblia dice que Jehová, el Dios de amor, es misericordioso, compasivo y paciente, ¿Qué lo lleva a sentir esa gran furia y a actuar así? (Éx. 34:6; 1 Juan 4:16). A continuación contestaremos esa pregunta. La respuesta nos dará mucho  ánimo y valor, y también nos dará fuerzas para seguir predicando.

¿Qué provoca la “gran furia” de Jehová?

4, 5. ¿Qué diferencia hay entre la ira de Dios y la ira del hombre?

Para empezar, hay que tener presente que la ira de Jehová es muy distinta a la de los seres humanos. Cuando una persona se llena de ira y explota, por lo general pierde la cabeza y las cosas terminan mal. Por ejemplo, el primer hijo de Adán, Caín, se enfureció porque Jehová rechazó su sacrificio pero aceptó la ofrenda de Abel. ¿Cuál fue el resultado? Caín asesinó a su hermano, “que era justo” (Gén. 4:3-8; Heb. 11:4). Pensemos ahora en David, de quien se dice que complacía a Jehová (Hech. 13:22). Hasta este hombre de buenos sentimientos estuvo a punto de provocar una masacre cuando oyó que Nabal, el dueño de muchas tierras, se puso a decir barbaridades contra él y sus hombres. A David y sus soldados les hirvió la sangre y “se colocaron su espada” con la intención de matar no solo al desagradecido Nabal, sino también a todos los hombres de su casa. Menos mal que la esposa de Nabal, Abigaíl, logró convencer a David y sus hombres para que no tomaran represalias (1 Sam. 25:9-14, 32, 33). No es de extrañar que Jehová dejara registradas en la carta de Santiago estas palabras: “La ira del hombre no produce la justicia de Dios” (Sant. 1:20).

A diferencia de los seres humanos, Jehová siempre controla su ira. Y, cuando se enoja, siempre está claro el porqué. Incluso cuando siente mucha furia, actúa con justicia. Al luchar contra sus enemigos, nunca destruye “a personas justas junto con la gente malvada” (Gén. 18:22-25). Además, los motivos por los que Jehová se enfurece son justos. Veamos dos de estos motivos y las lecciones que podemos aprender.

6. ¿Cómo reacciona Jehová cuando profanan su nombre?

Motivo: Cuando se profana el nombre de Jehová. Quienes afirman representar a Jehová pero actúan con maldad manchan la reputación de él y provocan su justa ira (Ezeq. 36:23). Como vimos en capítulos anteriores, la nación de Israel manchó gravemente el nombre de Jehová. Con razón, la actitud y los hechos de la nación hacían que Jehová se enfureciera. Pero él jamás perdía los estribos; castigaba a su pueblo solo “hasta el grado debido”, nunca se pasaba de la raya (Jer. 30:11). Y una vez que la furia de Jehová cumplía su propósito, él no se quedaba ni con una pizca de resentimiento (Sal. 103:9).

7, 8. ¿Qué lecciones aprendemos de la forma en que Jehová trató a los israelitas?

Lecciones: Al fijarnos en la forma en que Jehová trató a los israelitas, encontramos una advertencia muy seria para nosotros. Igual que los israelitas de la antigüedad, tenemos el honor  de llevar el nombre de Jehová. De hecho, somos testigos de Jehová (Is. 43:10). Lo que decimos y lo que hacemos influye en lo que otros piensan de nuestro Dios. Jamás querríamos hacer algo malo a propósito y así manchar el nombre de Jehová. Eso sería hipócrita de nuestra parte y sin duda provocaría su ira. Y está claro que tarde o temprano él haría algo para limpiar su reputación (Heb. 3:13, 15; 2 Ped. 2:1, 2).

¿Debería alejarnos de Jehová saber que él puede sentir esa gran furia? No. Él es paciente y está dispuesto a perdonar (Is. 55:7; Rom. 2:4). Pero hay que reconocer que sus buenos sentimientos no le nublan la razón. De hecho, cultivamos un profundo respeto por él, porque sabemos que desatará su furia contra quienes se empeñan en hacer el mal y que no permitirá que sigan siendo parte de su pueblo (1 Cor. 5:11-13). Jehová nos ha dicho claramente qué cosas le molestan. Ahora nos toca a nosotros evitar las actitudes y hechos que lo provocan a él (Juan 3:36; Rom. 1:26-32; Sant. 4:8).

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