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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Jueves 15 de octubre del 2020

Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes (Heb. 10:24).

En cierta ocasión en que Jesús estaba en la región de Decápolis, “le trajeron un hombre sordo y con un impedimento del habla” (Mar. 7:31-35). Él “se lo llevó aparte” y lo curó. ¿Por qué no lo hizo delante de todos? Quizás porque se dio cuenta de que, como era sordo, probablemente se sentía incómodo entre la multitud. Es verdad que nosotros no podemos hacer milagros. Pero sí podemos y debemos prestar atención a las necesidades y sentimientos de nuestros hermanos. Jesús trató a aquel sordo con consideración. Del mismo modo, debemos ser considerados con los mayores y los que tienen problemas físicos. La característica más importante de la congregación cristiana no es la eficiencia, sino el amor (Juan 13:34, 35). Este amor nos motiva a hacer todo lo que podamos por ayudar a los mayores y a los que tienen problemas físicos para que puedan ir a las reuniones y predicar. Y actuamos así aunque ellos no puedan hacer tanto como quisieran (Mat. 13:23). w18.09 29, 30 párrs. 7, 8.

¿Cuál es una manera de ayudar a nuestros hermanos a beneficiarse al máximo de las reuniones?

En muchos hogares Betel, hay hermanos mayores y enfermos. ¿Cómo les muestran los superintendentes su cariño y consideración? Encargándose de que puedan predicar por carta y por teléfono. Un hermano llamado Bill, que tiene 86 años y les escribe a personas que viven en zonas aisladas, dice: “Agradecemos la oportunidad de escribir cartas”. Nancy, que tiene casi 90 años, explica: “Para mí, escribir cartas es mucho más que meter papeles en sobres. Es predicar. La gente necesita conocer la verdad”. Ethel, que nació en 1921, cuenta: “Tengo dolores todo el tiempo. Hay días que me cuesta trabajo hasta vestirme”. Pese a todo, le encanta predicar por teléfono, y tiene algunas buenas revisitas. Y Barbara, de 85 años, comenta: “Como la salud no me acompaña, se me hace muy difícil participar en el ministerio con regularidad. Pero el teléfono me permite hablar con otras personas. ¡Gracias, Jehová!”. En menos de un año, un grupo de queridos hermanos mayores dedicó 1.228 horas a predicar, escribió 6.265 cartas, hizo más de 2.000 llamadas de teléfono y distribuyó 6.315 publicaciones. ¡Qué contento debe estar Jehová! (Prov. 27:11).

Seamos considerados en las reuniones. Si somos considerados con los hermanos, los ayudaremos a beneficiarse al máximo de las reuniones. ¿Cómo? Una manera es llegando a tiempo para no provocar distracciones innecesarias. Es verdad que de vez en cuando puede presentarse un imprevisto que nos retrase. Pero, si tenemos la costumbre de llegar tarde, deberíamos plantearnos qué cambios hacer para demostrar que tomamos en cuenta a nuestros hermanos. Además, recordemos que nuestros anfitriones son Jehová y su Hijo (Mat. 18:20). Y ellos sin duda merecen nuestro profundo respeto.

¿Por qué deben obedecer lo que dice 1 Corintios 14:40 los hermanos que tienen participación en las reuniones?

Otra manera de ser considerados en la congregación es obedeciendo el mandato de que “todas las cosas se efectúen decentemente y por arreglo”, es decir, de forma digna y ordenada (1 Cor. 14:40). Por ejemplo, los hermanos que tienen participación en las reuniones deben asegurarse de no pasarse de tiempo. Así demuestran que piensan tanto en el siguiente orador como en el resto de la congregación. ¿Por qué? Porque puede que algunos hermanos vivan muy lejos del Salón del Reino, otros viajen en transporte público y haya quienes tengan un cónyuge no Testigo que espere con impaciencia que vuelvan.

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