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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

Viernes 16 de octubre del 2020

Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para la edificación de este (Rom. 15:2).

Para Jehová, todas sus ovejas son muy valiosas. Y también lo son para Jesús, que dio su vida en sacrificio (Gál. 2:20). Amamos con todo el corazón a nuestros hermanos y queremos cuidarlos con cariño. A fin de ser una fuente de consuelo para ellos, “sigamos tras las cosas que contribuyen a la paz y las cosas que sirven para edificación mutua” (Rom. 14:19). Cuánto deseamos que llegue el Paraíso, donde nunca más tendremos motivos para sentirnos desanimados. Las enfermedades, las guerras, la muerte debida al pecado, las persecuciones, los problemas familiares y las desilusiones habrán desaparecido. Cuando terminen los mil años, los seres humanos serán perfectos. Jehová adoptará como sus hijos terrestres a los que pasen la prueba final, que tendrán “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8:21). Sigamos demostrando el amor que edifica y ayudémonos unos a otros a entrar en el maravilloso nuevo mundo que Dios ha prometido. w18.09 14 párr. 10; 16 párr. 18.

¿Quién tiene la obligación de consolar a los que están desanimados? Explique.

Otro medio que usa Jehová para fortalecernos con amor es la congregación. Cuando amamos a los hermanos, demostramos que amamos a Dios. Hacemos todo lo posible por ayudarlos a ver que son valiosos para Jehová y que él los ama (1 Juan 4:19-21). El apóstol Pablo dijo a los cristianos: “Sigan consolándose unos a otros y edificándose unos a otros, así como de hecho lo están haciendo” (1 Tes. 5:11). En efecto, todos nosotros, no solo los ancianos, podemos consolar y animar a los hermanos igual que hacen Jehová y Jesús (lea Romanos 15:1, 2).

Algunos hermanos con trastornos emocionales quizá necesiten ayuda profesional y medicación (Luc. 5:31). Tanto los ancianos como otros cristianos reconocen con modestia que no son profesionales de la salud mental. Sin embargo, saben que es fundamental obedecer este mandato: “Hablen confortadoramente a las almas abatidas [es decir, a los deprimidos], den su apoyo a los débiles, tengan gran paciencia para con todos” (1 Tes. 5:14). Es necesario que todos demostremos amor, empatía y paciencia a los que están desanimados, y que les hablemos con cariño para consolarlos. Preguntémonos: “¿Soy yo una fuente de consuelo y ánimo? ¿Qué me permitirá ayudar mejor a mis hermanos?”.

Dé un ejemplo de cómo ayudó el amor de la congregación a una hermana.

¿Qué efecto puede tener nuestro cariño en los que sufren dolor emocional? Una hermana de Europa dice: “A veces, tengo ideas suicidas. Pero cuento con una buena red de apoyo. Mi congregación me ha salvado la vida. Los hermanos siempre me dan ánimos y cariño. Solo unos pocos saben que tengo depresión, pero todos siempre están dispuestos a ayudarme. Hay un matrimonio que me cuida como si fueran mis padres. Están dispuestos a ayudarme a cualquier hora del día o de la noche”. Es verdad que no todos pueden ayudar al mismo grado. Pero nuestras expresiones de apoyo sincero pueden significar mucho para los que sufren trastornos emocionales.

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