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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Domingo 18 de octubre 2020

Somos colaboradores de Dios (1 Cor. 3:9).

En el siglo primero, el apóstol Pablo dijo que él y otros cristianos eran “colaboradores de Dios” porque plantaban y regaban la semilla de la verdad del Reino (1 Cor. 3:6). Nosotros también podemos ser hoy “colaboradores de Dios”. ¿Cómo? Dando con generosidad de nuestro tiempo, recursos y energías para llevar a cabo la misión que Dios nos ha confiado. ¡Qué extraordinario privilegio! Nos hace muy felices dedicar con generosidad a la predicación nuestro tiempo y energías. Muchos hermanos que han tenido la oportunidad de dar clases de la Biblia reconocen que esta es una de las actividades que más satisfacción les causa. Es un placer ver cómo se le ilumina el rostro a una persona cuando comprende las verdades de la Biblia, cómo crece su fe, cómo hace cambios en la vida y cómo empieza a hablar con otros de lo que aprende. Jesús se sintió muy feliz cuando los 70 discípulos a los que envió a predicar “volvieron con gozo” por los buenos resultados de su labor (Luc. 10:17-21). w18.08 20 párrs. 11, 12.

Aunque pocas personas acepten el mensaje, ¿cómo podemos sentir gozo en el ministerio?

En todo el mundo, los publicadores se alegran de ver el buen efecto del mensaje del Reino en la vida de la gente. Pensemos en el caso de Anna, una joven soltera que se mudó a una zona de Europa oriental donde hacen falta más publicadores.* Ella escribe: “Me encanta que tantas personas quieran recibir clases de la Biblia. La predicación me hace muy feliz. Cuando llego a casa, no me queda tiempo para pensar en mí misma. Estoy centrada en mis estudiantes y en sus problemas y preocupaciones. Busco maneras de animarlos y ayudarlos. Me he convencido de que ‘hay más felicidad en dar que en recibir’” (Hech. 20:35).

Aunque las personas no nos escuchen, nos hace sentir bien darles la oportunidad de aceptar las buenas nuevas. Al fin y al cabo, hoy nuestra misión es parecida a la que recibió el profeta Ezequiel. Jehová le dijo: “Tienes que hablarles mis palabras, sea que oigan o se abstengan” (Ezeq. 2:7; Is. 43:10). Incluso si algunas personas no aprecian nuestro mensaje, Dios sí valora nuestros esfuerzos (lea Hebreos 6:10). Un publicador dijo: “Hemos plantado, hemos regado y hemos orado con la esperanza de que Jehová haga crecer el interés” (1 Cor. 3:6).

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