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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

Sábado 17 de octubre del 2020

¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso (Sal. 119:97).

Estudiar la Palabra de Dios es más que leer algo de manera superficial y subrayar las respuestas a ciertas preguntas. Cuando estudiamos, analizamos lo que la información nos dice sobre Jehová y su manera de pensar y actuar. Tratamos de entender por qué manda unas cosas y condena otras. Además, pensamos en los cambios que debemos hacer en nuestra forma de pensar y en nuestra vida. Claro, quizá no nos sea posible reflexionar en todo esto cada vez que estudiamos. Pero es bueno que dediquemos un rato a meditar en la información, tal vez la mitad del tiempo de estudio (1 Tim. 4:15). Si tenemos la costumbre de meditar en la Palabra de Dios, comprobamos por nosotros mismos que los pensamientos de Jehová son perfectos. Empezamos a comprender su manera de ver las cosas y llegamos a hacerla nuestra. Cuando rehacemos la mente, nuestra forma de pensar se hace nueva (Rom. 12:2). Poco a poco, llegamos a razonar como Jehová. w18.11 24 párrs. 5, 6.

LO QUE PENSAMOS INFLUYE EN LO QUE HACEMOS

¿Cómo ve Jehová las cosas materiales? y  Si pensamos como él, ¿a qué daremos siempre prioridad?

Lo que pensamos no solo influye en lo que sentimos, sino también en lo que hacemos (Mar. 7:21-23; Sant. 2:17). Para entenderlo mejor, veamos unos ejemplos. Primero, el punto de vista sobre las cosas materiales. Los Evangelios dejan muy claro qué piensa Jehová sobre ellas. Él escogió con cuidado a los padres que criarían a su Hijo en la Tierra, un matrimonio con pocos medios económicos (Lev. 12:8; Luc. 2:24). La Biblia dice que, cuando Jesús nació, María “lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el lugar de alojamiento” (Luc. 2:7). Si lo hubiera deseado, Jehová no habría tenido ningún problema en suministrar un lugar mejor para el nacimiento de su Hijo. Pero lo que en realidad le importaba era que creciera en una familia que pusiera en primer lugar las cosas espirituales.

Al analizar este relato, nos damos cuenta de cómo ve Jehová las cosas materiales. Algunos padres se empeñan en darles lo mejor a sus hijos, aunque la salud espiritual de estos sufra las consecuencias. Sin embargo, es obvio que para Jehová lo más importante es lo espiritual. ¿Y nosotros? ¿Hemos llegado a pensar como él? ¿Qué revelan nuestras acciones? (Lea Hebreos 13:5).

¿Cómo demostramos que pensamos igual que Jehová sobre hacer tropezar a otros?

Un segundo ejemplo tiene que ver con hacer tropezar a otros, es decir, hacer que pequen o dejen de servir a Jehová. ¿Qué piensa Dios al respecto? Jesús dijo: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen, mejor le sería que se le pusiera alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y realmente fuera arrojado al mar” (Mar. 9:42). Está claro que esto era algo muy grave para Jesús. Y, como él refleja a la perfección la personalidad de su Padre, podemos estar seguros de que a Jehová le parece igual de mal que a alguien no le importe que sus acciones hagan tropezar a un seguidor de Cristo (Juan 14:9).

¿Pensamos nosotros igual que Jehová y Jesús? ¿Qué revelan nuestras acciones? Supongamos que nos gusta vestirnos o arreglarnos de cierta manera, pero nos enteramos de que esta incomoda a algunos hermanos o de que puede despertar malos pensamientos. ¿Qué haremos? ¿Nos motivará el amor que sentimos por ellos a dejar a un lado nuestros gustos personales? (1 Tim. 2:9, 10).

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