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TEXTO DIARIO, De hoy Domingo 8 de agosto del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Domingo 8 de agosto del 2021

Enséñenles a observar todas las cosas que yo les he mandado (Mat. 28:20).

Sea cual sea el tema que escojamos, pensemos en las personas con las que vamos a hablar. Imaginemos cómo las beneficiará aprender lo que la Biblia enseña de verdad. Cuando hablemos con ellas, es importante que las escuchemos y que respetemos su opinión. De este modo, las comprenderemos mejor y será más probable que nos escuchen. Antes de que una persona decida estudiar la Biblia, quizás tengamos que dedicar tiempo y esfuerzo a volver a visitarla varias veces. ¿Por qué? En primer lugar, porque es posible que no esté en casa cuando volvamos o que no pueda atendernos. Además, tal vez hagan falta varias visitas para que se sienta a gusto con nosotros y acepte el curso bíblico. Recordemos que es más probable que una planta crezca si la regamos a menudo. Del mismo modo, es más probable que crezca el amor de una persona por Jehová y Cristo si hablamos con ella con frecuencia de la Palabra de Dios. w19.07 29:1, 7-8

¿Por qué decimos que todos los evangelizadores ayudamos a encontrar a las personas sinceras?

Todos los evangelizadores cristianos ayudamos a encontrar a las personas sinceras. Nuestra labor podría compararse a la búsqueda de un niño perdido. ¿En qué sentido? Veamos un caso real. Para buscar a un niño de tres años que se había perdido, colaboraron unas quinientas personas. Por fin, unas veinte horas después de perderse el niño, un voluntario lo encontró en un campo de maíz. Pero no quiso llevarse el mérito por localizarlo, sino que dijo: “Lo encontramos gracias al esfuerzo de cientos de personas”.

Muchos se sienten perdidos como ese niño. No tienen esperanza, pero desean recibir ayuda (Efes. 2:12). Más de ocho millones de testigos de Jehová estamos buscando a esas personas. Quizás nosotros personalmente no encontremos a nadie que quiera estudiar la Biblia, pero otros publicadores que predican en el mismo territorio sí. Cuando un hermano encuentra a alguien que llega a ser discípulo de Cristo, todos tenemos motivos para alegrarnos.

Aunque no dirijamos un curso bíblico, ¿de qué otras maneras podemos contribuir a hacer discípulos?

Aunque ahora mismo no dirijamos un curso bíblico, podemos contribuir de otras maneras a hacer discípulos. Por ejemplo, cuando alguien nuevo viene al Salón del Reino, podemos darle la bienvenida y hacer que se sienta bien. Así lo ayudamos a convencerse de que el amor nos identifica como cristianos verdaderos (Juan 13:34, 35). Por otro lado, las respuestas que damos en las reuniones, aunque sean breves, pueden enseñarle a expresar sus convicciones con sinceridad y respeto. También podemos salir a predicar con un publicador nuevo y ayudarlo a usar la Biblia para razonar con las personas. Al hacer esto, le enseñamos a copiar el ejemplo de Cristo (Luc. 10:25-28).

¿Necesitamos aptitudes excepcionales para hacer discípulos? Dé un ejemplo.

No debemos pensar que necesitamos aptitudes excepcionales para enseñar a alguien a ser discípulo de Jesús. El ejemplo de Faustina, que vive en Bolivia, nos ayuda a entender por qué. Cuando conoció a los testigos de Jehová, no sabía leer, pero ha aprendido un poco. Ahora está bautizada, y le encanta enseñar la verdad a la gente. Por lo general, dirige cinco cursos bíblicos cada semana. Aunque Faustina no sabe leer tan bien como la mayoría de sus estudiantes, ha ayudado a seis personas a tomar la decisión de bautizarse (Luc. 10:21).

Aunque estemos muy ocupados, ¿Qué bendiciones podemos recibir si participamos en la obra de hacer discípulos?

Muchos cristianos tienen que atender importantes responsabilidades y por ello están muy ocupados. Aun así, sacan tiempo para dirigir cursos bíblicos, una obra que les da mucha felicidad. Veamos el ejemplo de Melanie. Era una madre sola con una hija de ocho años. Además, tenía un trabajo de jornada completa y ayudaba a cuidar a su padre, que padecía cáncer. Vivía en un pueblo apartado de Alaska, donde era la única testigo de Jehová. Una y otra vez le pedía a Dios que le diera fuerzas para salir a predicar a pesar del frío, pues deseaba encontrar a alguien a quien enseñar lo que dice la Biblia. Finalmente, encontró a Sara, que se emocionó al ver que Dios tiene un nombre. Pasado algún tiempo, esta mujer aceptó un curso de la Biblia. Melanie explica: “Los viernes por la tarde estaba agotada. Pero mi hija y yo íbamos a darle las clases de la Biblia, y eso nos hacía mucho bien. Nos encantaba buscar información para responder las preguntas de Sara, y nos hizo muy felices verla hacerse amiga de Jehová”. Sara se enfrentó con valor a la oposición, dejó su iglesia y se bautizó.

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