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TEXTO DIARIO, De hoy Jueves 26 de noviembre del 2020

 

 

Examinando las Escrituras diariamente 2020

Jueves 26 de noviembre del 2020

Caifás había aconsejado a los judíos que era en provecho de ellos el que un hombre muriera en el interés del pueblo (Juan 18:14).

 

Caifás envió soldados para que detuvieran a Jesús al amparo de la noche. Jesús era consciente de este acto tan cobarde. Por eso, durante la última cena con sus apóstoles, les pidió que buscaran unas espadas. Con dos sería suficiente para enseñarles una lección fundamental (Luc. 22:36-38). Esa misma noche, Pedro se indignó tanto por lo injusto de la situación que atacó con una espada a uno de los que llegaron para detener a Jesús (Juan 18:10). Pero Cristo le dijo a Pedro: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada” (Mat. 26:52, 53). Aquella clara lección concordaba con lo que Jesús había dicho en oración un poco antes: que sus discípulos no debían ser parte del mundo (Juan 17:16). Tenían que dejar que fuera Dios quien luchara contra las injusticias. Por eso, nosotros mantenemos la paz y la unidad. Sin duda, a Jehová le alegra ver el contraste que existe entre la división de este mundo y la unidad de su pueblo (Sof. 3:17). w18.06 7 párrs. 13, 14, 16.

“VUELVE TU ESPADA A SU LUGAR”

¿Qué era “la levadura” que debían evitar los discípulos de Jesús?

En los días de Jesús, la religión estaba muy mezclada con la política. El libro La vida cotidiana en Palestina en tiempo de Jesús explica que “las sectas religiosas en que se dividían los judíos correspondían”, más o menos, “a lo que llamamos partidos políticos”. Por eso, Jesús les dio a sus discípulos esta advertencia: “Mantengan los ojos abiertos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes” (Mar. 8:15). Al mencionar a Herodes, probablemente se refería a los partidarios de este. El otro grupo, los fariseos, estaba a favor de que los judíos se independizaran. Según el Evangelio de Mateo, Jesús también mencionó en esta conversación a los saduceos. Estos preferían continuar bajo el gobierno romano, pues muchos de ellos disfrutaban de poder político. Jesús les advirtió con firmeza a sus discípulos que no se contaminaran con “la levadura” de estos tres grupos, es decir, sus enseñanzas (Mat. 16:6, 12). Es digno de destacar que esta conversación tuvo lugar poco después de que los galileos quisieron hacer rey a Jesús.

¿Cómo ha ayudado la Palabra de Dios a los cristianos a evitar los conflictos? y ¿Qué contraste observa Jehová hoy día?

Los hermanos mencionados en el primer párrafo aprendieron esa misma lección y cambiaron porque deseaban ser como Cristo. La hermana del sur de Europa explica: “He visto que la violencia no trae justicia. Los que recurren a ella a menudo mueren y muchos otros acaban amargados. Aprender en la Biblia que solo Dios puede traer justicia verdadera a la Tierra me hizo muy feliz. Este es el mensaje que he predicado durante los últimos veinticinco años”. El hermano del sur de África ha sustituido la lanza por “la espada del espíritu”, es decir, la Palabra de Dios (Efes. 6:17). Ahora les predica un mensaje de paz a todas las personas, no importa de qué tribu sean. En cuanto a la hermana de Europa central, después de hacerse Testigo se casó con un hermano de un grupo étnico que antes odiaba.

¡Y qué importante es hacer estos cambios! La Biblia compara a la gente de este mundo con un mar revuelto, que nunca está en calma (Is. 17:12; 57:20, 21; Rev. 13:1). Las personas permiten que las cuestiones políticas causen división, enfrentamientos y violencia sin sentido. En cambio, nosotros mantenemos la paz y la unidad. Sin duda, a Jehová le alegra ver el contraste que existe entre la división de este mundo y la unidad de su pueblo (lea Sofonías 3:17).

¿De qué tres maneras podemos fomentar la unidad? y ¿Qué veremos en el siguiente artículo?

En este artículo, hemos visto tres maneras de fomentar la unidad cristiana. Primero, confiando en que el Reino celestial de Dios corregirá las injusticias. Segundo, no tomando partido en cuestiones políticas. Y, tercero, rechazando la violencia. Sin embargo, los prejuicios pueden a veces poner en peligro nuestra unidad. En el siguiente artículo, veremos cómo luchar contra los prejuicios, igual que hicieron los primeros cristianos.

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