TEXTO DIARIO, De hoy Lunes 10 de octubre 2022. Mi poder se demuestra plenamente en la debilidad (2 Cor. 12:9).

Examinemos las Escrituras todos los días 2022
Lunes 10 de octubre
Mi poder se demuestra plenamente en la debilidad (2 Cor. 12:9).
Cuando empezamos a estudiar la Biblia, tal vez aceptábamos con gusto que otros nos ayudaran, pues comprendíamos que en sentido espiritual éramos como niños y teníamos mucho que aprender (1 Cor. 3:1, 2). Pero ¿y ahora? Si llevamos años sirviendo a Jehová y tenemos mucha experiencia, quizás no estemos tan dispuestos a aceptar ayuda, sobre todo si nos la ofrece alguien que no lleva tanto tiempo en la verdad. Sin embargo, Jehová se vale a menudo de hermanos y hermanas para fortalecernos (Rom. 1:11, 12). Esta es una realidad que debemos asumir si queremos beneficiarnos del poder que nos da Jehová. El secreto del éxito no está en la fuerza física, la educación, las riquezas o la posición social, sino en la humildad y la confianza en Jehová. Por eso, sigamos adelante confiando en Jehová, aprendiendo lecciones de los personajes bíblicos y aceptando la ayuda de nuestros hermanos. Entonces, aunque nos sintamos débiles, Jehová nos hará fuertes. w20.07 14 párr. 2; 19 párrs. 18, 19.
¿Por qué parecía que David era débil?.
Cuando el poderoso guerrero Goliat vio a David, le pareció tan débil que “empezó a burlarse de él con desprecio”. A fin de cuentas, Goliat era mucho más grande y estaba mejor equipado y entrenado para la guerra. David no era más que un joven inexperto que no parecía estar listo para la batalla, pero confiaba en el poder de Jehová. Como resultado, lo que parecía ser una debilidad terminó siendo una ventaja, y al final derrotó a su enemigo (1 Sam. 17:41-45, 50).
¿A qué otro problema se enfrentó David?
David se enfrentó a otro problema que pudo haberlo hecho sentirse débil e indefenso. Él era un siervo leal de Saúl, el rey que Jehová había nombrado en Israel. Al principio, Saúl lo respetaba. Pero, con el tiempo, el orgullo hizo que le tuviera envidia a David. Empezó a tratarlo mal y hasta intentó matarlo (1 Sam. 18:6-9, 29; 19:9-11).
¿Cómo reaccionó David al trato injusto del rey Saúl?
Aunque Saúl lo trataba de manera injusta, David no le perdió el respeto, pues sabía que era el rey que Jehová había nombrado (1 Sam. 24:6). Tampoco culpó a Dios por las cosas malas que hizo Saúl. Al contrario, confió en que Jehová le daría las fuerzas para soportar esta prueba tan difícil (Sal. 18:1 y encabezamiento).
¿A qué situación parecida a la de David le hizo frente el apóstol Pablo?
El apóstol Pablo le hizo frente a una situación parecida a la de David. Tenía enemigos muchísimo más poderosos que él. Estaba rodeado de líderes influyentes que lo odiaban y que en muchas ocasiones lo mandaron golpear y lo metieron en prisión. Al igual que David, sufrió el maltrato de quienes debieron ser sus amigos. Incluso algunos en la congregación cristiana se pusieron en contra de él (2 Cor. 12:11; Filip. 3:18). Pero nunca se dejó vencer por sus enemigos. Siguió predicando a pesar de la oposición. Fue leal a sus hermanos incluso cuando estos lo decepcionaron. Y, por encima de todo, le fue fiel a Dios hasta el fin de sus días (2 Tim. 4:8). Aunque tenía tanto en su contra, salió victorioso porque confió en Jehová y no en sus propias fuerzas.
¿Cuál es nuestro objetivo, y cómo podemos lograrlo?
¿Tenemos que soportar insultos o persecución de compañeros de clase o de trabajo, o de familiares no Testigos? ¿Alguna vez nos ha tratado mal alguien en la congregación? Si es así, recordemos los ejemplos de David y Pablo. Sigamos “venciendo el mal con el bien” (Rom. 12:21). Claro, nuestro objetivo no es incrustarle a alguien una piedra en la frente, como hizo David, sino usar la Palabra de Dios para llegar a la mente y el corazón de quienes tengan una buena actitud. ¿Cómo podemos lograrlo? Empleando la Biblia para responder a las preguntas de las personas, mostrando bondad y respeto a quienes nos tratan mal, y haciéndole el bien a todo el mundo, incluso a nuestros enemigos (Mat. 5:44; 1 Ped. 3:15-17).
¿Qué no olvidó nunca Pablo?
Antes de hacerse discípulo de Cristo, el apóstol Pablo —conocido entonces como Saulo— era un joven insolente que perseguía a los seguidores de Jesús (Hech. 7:58; 1 Tim. 1:13). Pero el propio Jesús le habló desde el cielo, lo dejó ciego y le impidió que siguiera atacando a la congregación. Para recuperar la vista, Pablo tuvo que recurrir a las mismas personas a las que había perseguido. Fue humilde y aceptó la ayuda de un discípulo llamado Ananías, quien le devolvió la vista (Hech. 9:3-9, 17, 18).
Tiempo después, Pablo llegó a ser un miembro importante de la congregación cristiana, pero nunca olvidó la lección que Jesús le enseñó cuando le habló desde el cielo en el camino a Damasco. Mantuvo una actitud humilde y aceptó de buena gana que lo ayudaran sus hermanos y hermanas. Reconoció que ellos lo habían ayudado y fortalecido mucho (Col. 4:10, 11, nota).
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