TEXTO DIARIO, De hoy Martes 11 de octubre 2022. Demuestren esa misma diligencia a fin de que no se vuelvan perezosos, sino que imiten a los que por su fe y paciencia heredan las promesas (Heb. 6:11, 12).

Examinemos las Escrituras todos los días 2022

Martes 11 de octubre

Demuestren esa misma diligencia a fin de que no se vuelvan perezosos, sino que imiten a los que por su fe y paciencia heredan las promesas (Heb. 6:11, 12).

Un campo en el que se nos puede hacer difícil ser pacientes es cuando les predicamos a nuestros familiares. En Eclesiastés 3:1, 7, encontramos un principio que nos puede ayudar. Allí dice: “Hay […] un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar”. Aunque con nuestra buena conducta damos testimonio, siempre estamos pendientes de cualquier oportunidad para hablar de la verdad (1 Ped. 3:1, 2). Predicamos y enseñamos con entusiasmo, pero somos pacientes con todo el mundo, incluida nuestra familia. Hallamos buenos ejemplos de paciencia en los siervos fieles del pasado y de nuestros días. Habacuc deseaba ver el fin de la maldad, pero dijo con confianza: “Me mantendré de pie en mi puesto de guardia” (Hab. 2:1). El apóstol Pablo dijo que deseaba de corazón terminar su ministerio. Aun así, con paciencia siguió dando “un testimonio completo de las buenas noticias” (Hech. 20:24). w20.09 11, 12 párrs. 12-14.

¿Qué es la paciencia, y por qué es tan importante ahora?

La paciencia es la capacidad de esperar con calma a que una situación cambie. Sea que estemos esperando a que termine una situación desagradable o a que por fin suceda algo que hemos estado esperando por mucho tiempo, necesitamos paciencia. El profeta Habacuc deseaba que se acabara la violencia en Judá (Hab. 1:2). Los discípulos de Jesús “creían que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro” y los iba a librar del dominio romano (Luc. 19:11). Y nosotros anhelamos el día en el que el Reino de Dios quite la maldad y traiga un nuevo mundo de justicia (2 Ped. 3:13). Claro, debemos ser pacientes y esperar al momento que Jehová ha marcado. Veamos algunas maneras como Jehová nos enseña a ser pacientes.

¿Qué pruebas tenemos de la paciencia de Jehová?

Jehová es el ejemplo perfecto de paciencia. Le dio a Noé suficiente tiempo para que construyera el arca e hiciera su labor de “predicador de justicia” (2 Ped. 2:5; 1 Ped. 3:20). Escuchó a Abrahán cuando este cuestionó una y otra vez su decisión de acabar con los malvados habitantes de Sodoma y Gomorra (Gén. 18:20-33). Por siglos, Jehová le tuvo una inmensa paciencia a la infiel nación de Israel (Neh. 9:30, 31). Y hoy vemos que Jehová es paciente porque les está dando tiempo para arrepentirse a todas las personas a las que él trae para que sean sus amigas (Juan 6:44; 1 Tim. 2:3, 4; 2 Ped. 3:9). El ejemplo de Jehová nos da buenas razones para ser pacientes mientras seguimos predicando y enseñando a otros. Él también nos enseña a ser pacientes con una comparación que hallamos en su Palabra. Veamos cuál es.

¿Qué nos enseña el ejemplo del agricultor mencionado en Santiago 5:7, 8?

(Lea Santiago 5:7, 8). El ejemplo del agricultor nos enseña a ser pacientes. Es verdad que algunas plantas crecen rápido, pero a la mayoría les lleva más tiempo madurar, sobre todo a las que dan fruto. En Israel, la temporada de cultivo duraba unos seis meses: el agricultor sembraba las semillas después de las primeras lluvias, a mediados de octubre, y recogía la cosecha después de las últimas lluvias, a mediados de abril (Mar. 4:28). Si somos sabios, seguiremos el ejemplo de paciencia del agricultor. Ahora bien, puede que esto no sea fácil.

¿Cómo nos ayudará la paciencia en el ministerio?

Por nuestra imperfección, los seres humanos queremos ver de inmediato los frutos de nuestro esfuerzo. Pero, si alguien tiene un huerto y quiere que dé fruto, debe darle atención constante: tiene que cavar, plantar, deshierbar y regar. Lo mismo pasa con la obra de hacer discípulos. Tenemos que dedicar tiempo a desarraigar el prejuicio y la indiferencia del corazón de nuestros estudiantes. Cuando la gente nos rechaza, la paciencia nos ayudará a no desanimarnos. Pero también hay que ser pacientes cuando las personas responden bien, pues no podemos forzar el crecimiento de la fe del estudiante. A veces, hasta a los discípulos de Jesús les tomó tiempo entender el significado de lo que él enseñó (Juan 14:9). Recordemos que nosotros podemos plantar y regar, pero Dios lo hace crecer (1 Cor. 3:6).

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Por toolsjw

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