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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

Martes 27 de octubre del 2020

Considerémonos unos a otros, animándonos unos a otros, y tanto más al contemplar ustedes que el día se acerca (Heb. 10:24, 25).

Algo que nos alegra mucho es saber que aquellos a quienes ayudamos en el pasado siguen hoy sirviendo a Jehová. El apóstol Juan escribió: “No tengo mayor causa de sentir agradecimiento que estas cosas: que oiga yo que mis hijos siguen andando en la verdad” (3 Juan 4). Muchos precursores confirman que es muy animador saber que una persona a quien hace mucho le dieron clases de la Biblia sigue fiel a Jehová o incluso está en el precursorado. Así que, si le recordamos a un precursor desanimado todo lo que ha hecho por otras personas, puede sentirse mucho mejor. Muchos superintendentes de circuito han dicho lo bien que se han sentido ellos y sus esposas al recibir una simple nota en la que algún hermano les da las gracias por visitar su congregación. Y algo parecido les ocurre a los ancianos, misioneros, precursores y betelitas cuando se les agradece su servicio fiel. w18.04 23 párrs. 14, 15.

COSAS QUE TODOS PODEMOS HACER

¿Se necesita mucho para animar a alguien?

Si somos tímidos o de pocas palabras, no debemos pensar que no podemos animar a otros. En realidad, no es tan difícil hacerlo. Por ejemplo, cuando saludamos a un hermano, podemos intentar sonreírle. Si no nos devuelve la sonrisa, quizás sea porque tiene algún problema y necesita hablar con alguien. Puede que con tan solo escucharlo lo ayudemos a sentirse mejor (Sant. 1:19).

¿Qué ayuda recibió un hermano joven?

Veamos el caso de un hermano joven llamado Henri. Estaba muy desanimado porque varios parientes cercanos habían dejado la verdad, entre ellos su padre, que había sido un anciano respetado. Para animar a Henri, un superintendente de circuito lo llevó a una cafetería y lo escuchó mientras este le contaba cómo se sentía. Henri comprendió que la única forma de ayudar a su familia a regresar a Jehová era manteniéndose fiel. También lo consoló mucho leer el Salmo 46, Sofonías 3:17 y Marcos 10:29, 30.

¿Qué dijo el rey Salomón? y ¿Qué sugirió el apóstol Pablo?

¿Qué aprendemos de los ejemplos de Henri y de Marthe, mencionada en el párrafo 11? Que todos podemos ayudar a quienes necesitan ánimo. El rey Salomón escribió: “Una palabra a su tiempo apropiado, ¡oh, cuán buena es!”. Y también dijo que “el brillo de los ojos regocija el corazón” y que “un informe que es bueno engorda los huesos” (Prov. 15:23, 30). Si vemos que alguien está decaído, ¿qué podemos hacer? Tal vez podamos leerle La Atalaya o información de nuestra página de Internet. Por otro lado, Pablo escribió: “Sigan enseñándose y amonestándose [o animándose] unos a otros con salmos, alabanzas a Dios, canciones espirituales con gracia, cantando en sus corazones a Jehová” (Col. 3:16; Hech. 16:25). Como vemos, cantar juntos canciones del Reino también puede hacernos sentir mejor.

¿Por qué será cada vez más importante que nos animemos unos a otros, y qué debemos hacer?

Mientras más se acerque el día de Jehová, más importante será que nos animemos unos a otros (Heb. 10:25). Por eso, obedezcamos siempre este consejo del apóstol Pablo: “Sigan consolándose unos a otros y edificándose unos a otros, así como de hecho lo están haciendo” (1 Tes. 5:11).

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