TEXTO DIARIO, Martes 29 de noviembre del 2022, Todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar (Sant. 1:19).

Examinemos las Escrituras todos los días 2022

Martes 29 de noviembre

Todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar (Sant. 1:19).

Cuando acompañemos a un publicador a un curso bíblico, escuchemos con atención tanto al maestro como al estudiante. Solo así estaremos listos para ayudar si es necesario. Claro, debemos ser prudentes para no hablar demasiado, interrumpir la explicación del maestro o desviarnos del tema. Pero de manera breve podemos usar un comentario, un ejemplo o una pregunta para dejar claro el punto que se está analizando. A veces quizás nos parezca que no podemos aportar mucho al estudio. Pero, si felicitamos a la persona y nos interesamos en ella, la ayudaremos a progresar. Si lo vemos apropiado, podríamos contarle brevemente cómo aprendimos la verdad, cómo superamos una dificultad o cómo hemos visto la mano de Jehová en nuestra vida (Sal. 78:4, 7). Puede ser que esto sea justo lo que el estudiante necesita oír. Quizás fortalezca su fe o lo anime a dar pasos que lo lleven al bautismo. w21.03 10 párrs. 9, 10.

 ¿Por qué debemos recibir con cariño a los estudiantes que asistan a las reuniones?

Para que un estudiante progrese y llegue a bautizarse, debe asistir con regularidad a las reuniones y sacarles provecho (Heb. 10:24, 25). Es probable que la primera vez que un estudiante asista a una reunión en el Salón del Reino sea porque lo invitó su maestro. Entonces, todos podemos animarlo a seguir asistiendo. ¿Cómo podemos hacerlo?

Recibamos con cariño al estudiante (Rom. 15:7). Si hacemos que el estudiante se sienta bienvenido en el Salón del Reino, es probable que desee seguir asistiendo. Saludémoslo con cariño y presentémosle a otros hermanos, pero sin agobiarlo. No demos por sentado que alguien se está ocupando de él; puede que su maestro todavía no haya llegado o esté ocupado atendiendo algunas responsabilidades. Prestemos atención a lo que diga e interesémonos por él. ¿Qué efecto puede tener todo esto? Veamos lo que dice Dimitri, que se bautizó hace solo unos años y ya es siervo ministerial. Al recordar su primera reunión, cuenta: “Me quedé fuera del Salón del Reino esperando nervioso. Un hermano me vio y muy amablemente me llevó adentro. Me sorprendió que muchos se acercaran a saludarme. Quedé tan encantado que deseaba que hubiera reuniones todos los días. Nunca había sentido algo parecido”.

¿Qué efecto puede tener nuestra conducta en los estudiantes?

Demos un buen ejemplo. Nuestra conducta puede contribuir a que un estudiante se convenza de que ha hallado la verdad (Mat. 5:16). Vitali, un precursor de Moldavia, relata: “Al fijarme en cómo vivían, pensaban y se comportaban los hermanos de la congregación, me convencí de que los testigos de Jehová son la religión verdadera”.

¿Cómo podría nuestro ejemplo ayudar a alguien a seguir progresando?

Si un estudiante quiere reunir los requisitos para bautizarse, debe poner en práctica lo que está aprendiendo. Eso no siempre es fácil. Pero, cuando vea cómo nos beneficia poner en práctica los principios de la Biblia, puede que se sienta impulsado a seguir nuestro ejemplo (1 Cor. 11:1). Veamos el caso de Hanae, mencionada en el párrafo 8. Recuerda: “Los hermanos eran un reflejo vivo de lo que yo estaba aprendiendo. Al verlos, aprendí a animar a otros, a perdonar y a mostrar amor. Siempre tenían algo bueno que decir de los demás. Yo quería ser como ellos”.

En armonía con Proverbios 27:17, ¿por qué deberíamos hacernos amigos de los estudiantes que asisten a las reuniones?

Hagámonos amigos del estudiante. Cada vez que el estudiante asista a las reuniones, mostremos interés personal en él (Filip. 2:4). Sin invadir su privacidad, podríamos intentar conocerlo mejor preguntándole sobre la familia, sobre el trabajo o sobre cómo le va en el curso bíblico. También podemos felicitarlo por cualquier cambio positivo que haya hecho. Así podríamos ir haciéndonos amigos del estudiante y ayudarlo a progresar y llegar al bautismo (lea Proverbios 27:17). Hanae, que ahora es precursora regular, explica cómo se sentía cuando empezó a asistir a las reuniones: “A medida que hacía amigos en la congregación, más deseaba ir a las reuniones. No me las perdía aunque estuviera muy cansada. Disfrutaba de estar con mis nuevos amigos, y esto me ayudó a cortar la amistad con personas que no compartían mis creencias. Como quería estar más cerca de Jehová y de los hermanos, decidí bautizarme”.

¿Qué más podemos hacer para que un estudiante se sienta a gusto en la congregación?

 

A medida que el estudiante progrese, hagamos que sienta que forma parte de la congregación. Una manera de lograrlo es mostrándole hospitalidad (Heb. 13:2). Denís, un hermano que sirve en Moldavia, recuerda lo siguiente de cuando estudiaba la Biblia: “En muchas ocasiones, los hermanos nos invitaban a mi esposa y a mí a pasar tiempo con ellos. Nos animaba que nos contaran cómo Jehová los había ayudado en su vida. Aquellos momentos nos ayudaron a estar convencidos de que queríamos servir a Jehová y de que nos esperaba una vida maravillosa”. Cuando un estudiante se hace publicador, podemos invitarlo a predicar con nosotros. Un hermano de Brasil llamado Diego dice: “Muchos hermanos me invitaban a salir a predicar. Fue la mejor manera de conocerlos bien. Así aprendí mucho y me acerqué más a Jehová y a Jesús”.

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Por toolsjw

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