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TEXTO DIARIO, De hoy Miércoles 17 de marzo del 2021.

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Miércoles 17 de marzo del 2021

A donde tú vayas yo iré. Donde mueras tú, yo moriré (Rut 1:16, 17).

Noemí fue una mujer leal que amaba a Jehová. Pero, tras la muerte de su esposo y sus dos hijos, quiso cambiarse el nombre por el de Mará, que significa “amarga” (Rut 1:3, 5, 20, nota, 21). Rut, una de las nueras de Noemí, estuvo a su lado en todas sus pruebas. No solo la ayudó de maneras prácticas, sino que también la consoló con lo que le dijo. Le expresó su amor y apoyo con palabras sencillas y sinceras. Cuando un hermano de la congregación pierde a su cónyuge, necesita nuestro apoyo. Un matrimonio se puede comparar a dos árboles que han crecido el uno junto al otro. Con el paso de los años, sus raíces se entrelazan. Si se arranca uno de ellos y muere, el otro puede sufrir graves daños. De manera parecida, la muerte de uno de los cónyuges puede provocar en el otro sentimientos muy intensos durante mucho tiempo. w19.06 23 párrs. 12, 13.

CONSOLEMOS CON NUESTRAS PALABRAS

¿Cómo podemos consolar a alguien que ha enviudado?

¿Cómo podemos consolar a alguien que ha enviudado? Lo primero que debemos hacer es hablar con esa persona aunque nos sintamos incómodos o no sepamos qué decir. Paula añade: “Comprendo que la muerte es un tema con el que la gente se siente incómoda. Les preocupa decir algo inapropiado. Pero no decir nada es peor que unas palabras poco acertadas”. Puede que la persona que está de duelo no espere que digamos algo muy profundo. Paula indica: “Agradecía que mis amigos simplemente me dijeran que lo sentían mucho”.

William, que perdió a su esposa hace algunos años, señala: “Me gusta que los demás me cuenten los bonitos recuerdos que tienen de mi esposa. Eso me demuestra que la querían y la apreciaban. Esta clase de apoyo es de gran ayuda para mí. Sus palabras me consuelan mucho, pues amaba a mi esposa con todo mi corazón y era una parte muy importante de mi vida”. Bianca explica: “Es un consuelo para mí que otros oren conmigo y que me lean uno o dos textos bíblicos. Me ayuda que me hablen de mi esposo y que me escuchen cuando les hablo de él”.

¿Qué debemos seguir haciendo por quienes han enviudado? y Según Santiago 1:27, ¿qué responsabilidad tenemos?

Tal como Rut se mantuvo al lado de Noemí, debemos seguir apoyando a quienes han enviudado. Paula, mencionada antes, dice: “Justo después de la muerte de mi esposo, recibí mucho apoyo. Con el paso del tiempo, la vida de la gente pareció volver a la normalidad. Pero mi vida había cambiado por completo. Es de gran ayuda que los demás entiendan que la persona que está de duelo necesita apoyo durante meses, incluso durante años”. Como es lógico, cada persona es distinta y vive el duelo de manera diferente. Algunas parecen adaptarse a sus nuevas circunstancias relativamente rápido. En cambio, otras sufren cada vez que hacen algo que hacían con la persona fallecida. No olvidemos que Jehová nos da el honor y la responsabilidad de cuidar de quienes han enviudado (lea Santiago 1:27).

¿Por qué necesitan nuestro apoyo quienes han sido abandonados por su cónyuge?

Otra situación que causa gran angustia y tensión a una persona casada es que su cónyuge la abandone. Por ejemplo, a Joyce su esposo la dejó por otra mujer. Ella confiesa: “El divorcio casi me dolió más que si mi esposo hubiera muerto. Si hubiera fallecido en un accidente o de una enfermedad, no habría sido decisión suya. Pero, en este caso, él decidió abandonarme. Me sentí humillada”.

¿Qué podemos hacer para ayudar a quienes ya no tienen a su cónyuge?

Quienes ya no tienen a su cónyuge necesitan buenos amigos más que nunca (Prov. 17:17). ¿Cómo podemos demostrarles nuestra amistad? Con pequeños gestos de bondad que les confirmen nuestro cariño. Tal vez podamos invitarlos a una comida sencilla, ofrecernos a pasar un rato agradable con ellos o salir juntos a predicar. También podríamos invitarlos de vez en cuando a nuestra adoración en familia. Si lo hacemos, alegraremos a Jehová, pues él está cerca de quienes tienen el corazón destrozado y protege a las viudas (Sal. 34:18; 68:5).

De acuerdo con 1 Pedro 3:8, ¿qué estamos decididos a hacer?

Pronto, cuando el Reino de Dios gobierne la Tierra, olvidaremos todas las angustias del pasado. Cuánto deseamos que llegue el tiempo en el que “las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón” (Is. 65:16, 17). Hasta entonces, apoyémonos unos a otros y demostremos con nuestras palabras y acciones que amamos a todos los que forman parte de nuestra familia espiritual (lea 1 Pedro 3:8).

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