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TEXTO DIARIO, De hoy Miércoles 6 de enero de 2021.

 

 

Miércoles 6 de enero de 2021

Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra (Juan 4:34).

La actitud de Jesús hacia el ministerio es un magnífico ejemplo para nosotros. Lo más importante para él era hablar del Reino de Dios. Caminó cientos de kilómetros para predicarles a tantas personas como pudiera. Aprovechó toda oportunidad para hablar con la gente en su hogar y en lugares públicos. Toda su vida giró alrededor del ministerio. Podemos imitar a Cristo creando oportunidades de hablar del Reino en cualquier momento y en cualquier lugar. Estamos dispuestos a sacrificar nuestra comodidad con el fin de participar en esta obra (Mar. 6:31-34; 1 Ped. 2:21). Algunos miembros de la congregación pueden ser precursores especiales, regulares o auxiliares. Otros han aprendido un nuevo idioma o se han mudado a un lugar donde se necesita ayuda para predicar. Y no podemos olvidar a los publicadores, que efectúan una gran parte de la obra de evangelizar y también se esfuerzan todo lo que pueden. Sea cual sea nuestro caso, Jehová no nos pide más de lo que podemos dar. w19.04 4 párrs. 7, 8.




¿Cómo dio prioridad Pablo a la predicación incluso cuando tuvo que trabajar? y ¿Qué indica Hechos 28:16, 30, 31 sobre la actitud de Pablo hacia el ministerio?

El apóstol Pablo es otro buen ejemplo. Cuando estuvo en Corinto durante su segundo viaje misionero, tuvo que trabajar un tiempo haciendo tiendas de campaña, pues no tenía mucho dinero. Sin embargo, él no consideraba que esa fuera su ocupación principal. Hizo este trabajo para ganarse el sustento y así poder declarar las buenas nuevas a los corintios sin que ellos tuvieran que pagarle sus gastos (2 Cor. 11:7). A pesar de tener que trabajar, continuó dándole prioridad al ministerio, y predicaba todos los sábados. Cuando mejoraron sus circunstancias, pudo prestarle más atención a la predicación. “Empezó a estar intensamente ocupado con la palabra, dando testimonio a los judíos para probar que Jesús es el Cristo” (Hech. 18:3-5; 2 Cor. 11:9). Tiempo después, cuando estuvo bajo arresto domiciliario en Roma durante dos años, predicaba a sus visitantes y escribía cartas (lea Hechos 28:16, 30, 31). Estaba decidido a que nada estorbara su servicio a Dios. Escribió: “Por eso, teniendo este ministerio […], no nos rendimos” (2 Cor. 4:1). Igual que Pablo, podemos hacer que la obra del Reino sea lo más importante en nuestra vida aunque tengamos que trabajar.

¿Cómo podemos cumplir plenamente con nuestro ministerio si tenemos problemas de salud?

¿Qué podemos hacer si la edad o la mala salud nos impiden ir de casa en casa tanto como nos gustaría? En tal caso, hay otras formas de predicar. Los cristianos del siglo primero predicaban a las personas dondequiera que estuvieran. Aprovechaban toda oportunidad para hablar de la verdad donde hubiera gente: de casa en casa, en lugares públicos y de manera informal (Hech. 17:17; 20:20). ¿Y si no podemos caminar mucho? Entonces, podríamos sentarnos en un lugar por donde pasen las personas y hablar con ellas. También podríamos predicar por teléfono, por carta y de manera informal. Muchos publicadores con limitaciones graves se sienten felices y satisfechos al predicar de estas otras maneras.

Así que podemos cumplir plenamente con nuestro ministerio aunque tengamos problemas de salud. Volvamos al ejemplo del apóstol Pablo. Él dijo: “Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder” (Filip. 4:13). Necesitó ese poder cuando se enfermó en uno de sus viajes. Les dijo a los gálatas: “Por una enfermedad de mi carne les declaré las buenas nuevas la primera vez” (Gál. 4:13). Del mismo modo, la mala salud quizá nos dé oportunidades de hablar del Reino con los médicos, los enfermeros y otros profesionales de la salud. Muchas de estas personas están trabajando cuando vamos a sus casas.

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